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Diario de la Marcha del Ebro: El lindano y los embalses de Biscarrués y de Yesa

De igual modo en el cementerio de Navata se han podido seguir los trabajos de exhumación de una fosa común que ha contado con el acompañamiento de las nietas de uno de los republicanos asesinados al comienzo de la insurrección fascista
| 15 abril, 2019 10.04
Diario de la Marcha del Ebro: El lindano y los embalses de Biscarrués y de Yesa
Foto: RAPA.

La Marcha se ha dividido en dos grupos en Chaca. Un grupo de ciclistas ha recorrido la Canal de Berdún hasta la localidad de Artieda que es el símbolo vivo de la resistencia contra la política hidráulica desarrollista que, no solamente ignora la realidad necesaria del entorno y de sus habitantes, sino que asume y bendice el despilfarro económico. Otro grupo en el vehículo de apoyo que está prestando servicio en la marcha, se ha desplazado hasta la localidad de Murillo de Gállego que es parada obligatoria de nuestra caravana por el doble motivo de verse afectados por la contaminación de Lindano y el proyecto de regulación del río Galligo en Biscarrues.

La visita a Murillo se ha completado con un paseo por el río para presenciar el proceso de preparación de las navatas que bajarán el Galligo dentro de 3 semanas. De igual modo en el cementerio se han podido seguir los trabajos de exhumación de una fosa común que ha contado con el acompañamiento de las nietas de uno de los republicanos asesinados al comienzo de la insurrección fascista. Sirva esta visita como sentido homenaje de los participantes de esta marcha a todas las víctimas de la represión llevada a cabo para abortar el nacimiento de libertades que tal día como hoy ponían en el corazón de muchos pueblos la esperanza de un mundo igualitario.

La contaminación por lindano del Galligo

La empresa Industrias Químicas del Noroeste–INQUINOSA, se instaló en 1975 en Samianigo para fabricar insecticidas y plaguicidas sobre la base del lindano. La propia ubicación de la fábrica transgredía las normas que exigían una distancia mínima de 2 km de cualquier núcleo urbano, estaba a 200 m de Samianigo –  y a más de 1 km de cualquier río – y estaba en el dominio aluvial del Galligo -.

Tras demostrarse que el lindano es altamente tóxico para los seres humanos, además de cancerígeno, la Unión Europea ilegalizó su uso, lo que motivó  el cierre de la planta en 1994. Mientras funcionó la empresa tiró los deshechos, cargados de lindano y otros tóxicos, a los vertederos de Bailín y de Sardas, además de a diversos barrancos en los términos de Chaca, Samianigo y Puente la Reina, contaminando, no sólo las aguas del río, sino también los terrenos. Se estima que en Bailín hay unas 150.000 toneladas de sustancias tóxicas, otras 120.000 en Sardás y una cantidad indeterminada en la propia fábrica. A pesar de la grave y sistemática contaminación del Galligo, por el lixiviado de estos terrenos contaminados, tanto la DGA como el Gobierno español han eludido durante mucho tiempo dar seguimiento a esa contaminación y sigue pendiente el control del impacto de estos contaminantes sobre la salud pública.

No olvidemos que el Galligo abastece el agua de boca de 40.000 personas y el regadío de 150.000 hectáreas. En todo este tiempo, nunca se ha asumido un proyecto serio de limpieza de los espacios contaminados, aunque si se han abordado algunos proyectos parciales y mal ejecutados, que lejos de reducir la contaminación, movilizaron los contaminantes y dispararon la toxicidad de las aguas, como ocurrió en 2014. Mientras, de forma absurda, en los Presupuestos Generales del Estado se siguen previendo decenas de millones de Euros para construir la presa de Biscarrués, tan inútil como cara e impactante, cuyo proyecto, para colmo, fue anulado por sentencia de la Audiencia Nacional.

El embalse de Biscarrués

El proyecto de embalse de Biscarrués, sobre el río Galligo, que en un principio tenía una capacidad prevista de casi 200 hm3, habría inundado el pueblo de Erés y la práctica totalidad del tramo fluvial en el que se practican las actividades de aguas bravas, bajo los Mallos de Riglos, con las que La Galliguera ha encontrado un motor de desarrollo comarcal sin precedentes. Éstas fueron las principales razones que levantaron una oposición frontal a la presa en toda la comarca. Como consecuencia de esta oposición, el proyecto acabó reduciéndose a una capacidad de 33 hm3, para no inundar Erés.

El objetivo pasó a ser el de «regular puntas crecida en años de sequía», para Riegos del Alto Aragón. La Declaración de Impacto Ambiental precisó incluso la exigencia de que fuera una «presa de agujero», lo que suprimió del proyecto la turbina de producción hidroeléctrica prevista. La presa sólo retendría caudales cuando bajen más 120 m3/s (caudal máximo que admite el agujero), para luego irlos liberando progresivamente. Simulado este funcionamiento de la presa sobre la base de los caudales de los últimos 25 años, el volumen real de agua que regularía el embalse, en media, sería de unos 10 hm3/año. Sin embargo, en los años de sequía que hubo durante estos 25 años, no hubo ninguna crecida con más de 120 m3/s, lo que invalidaría la utilidad de la presa en lo referente a su objetivo central.

Con la inversión prevista de 130 millones de euros, el coste de amortización y gestión sería de 5,15 millones de euros al año. Repartido este coste entre los 10 millones de metros cúbicos regulados anualmente, el coste sería de casi 0,5 €/m3.

Más allá de su irracionalidad económica, el proyecto supondría, en todo caso, un importante impacto sobre las actividades de aguas bravas, al afectar al tramo bajo en el que se realizan las actividades con niños y niñas que suponen un 30% de la facturación, razón por la que la oposición al nuevo proyecto en la comarca se mantiene.

En cualquier caso, la Audiencia Nacional dictó sentencia anulando el proyecto.

Sería por tanto necesario pensar sobre las siguientes alternativas, que permitirían ofrecer caudales para el regadío, especialmente en sequía, de forma mucho más eficaces y económica, al tiempo que menos impactante; como montar una estación de bombeo en el Grado, a la entrada del canal, para bombear, a mínimo coste, riegos de emergencia en sequía; o establecer baterías de pozos de sequía sobre el acuífero del Galligo y negociar un acuerdo entre ambos sistemas, Galligo y de RRAA, para ciclos de sequía.

El recrecimiento del embalse de Yesa

Refiriéndose al Recrecimiento, René Petit, el ingeniero que construyó este pantano en tiempos de Franco, decía: «A mi me daría mucho miedo … En su día ya hubo sus más y sus menos sobre si aguantaría o no … pero, al ampliar el volumen, aumentan considerablemente las posibilidades de un fallo geológico…». La combinación de una falla activa, la notable sismicidad de la zona y la inestabilidad de las laderas, hacen de ella una de las grandes presas más peligrosas del Estado español; y esos riesgos se multiplican si se llegara a llenar a los 1000 hm3 que permitiría el Recrecimiento.

Aunque los costes han triplicado ya lo presupuestado, los problemas de inseguridad no se han resuelto. Los estudios de los profesores Casas y Aretxabala, de las Universidades de Zaragoza y Nafarroa, venían denunciando los riesgos de deslizamiento en las laderas sobre las que se apoya la presa cuando, a pesar de los rotundos desmentidos de la CHE, en 2013 se inició un deslizamiento que llevó a expropiar y demoler dos urbanizaciones que había sobre la ladera derecha. Miles de familias en Zangoza/Sangüesa y aguas abajo viven bajo el riesgo que conllevaría el llenado de la presa recrecida. Si colapsara no habría siquiera tiempo de evacuar. El Gobierno navarro ha encomendado un estudio internacional y exige que no se llene, mientras no se tengan garantías de seguridad.

Si estuvieran vigentes las normas legales de seguridad en materia de deslizamientos de ladera que rigen en EEUU o en Portugal, entre otros países, el Recrecimiento sería ilegal.

Expertos de la propia Administración recomiendan que la presa recrecida no se llene más allá de los 400 hm3 que permite la presa actual. En tal caso, el recrecimiento serviría tan sólo para reforzar las laderas. Si se llenara y comenzara un deslizamiento, aunque no supusiera de momento el colapso de la presa, la recomendación sería bajar el embalse al nivel del Canal de Bardenas, con lo que el sistema de riegos quedaría si caudales.

Ante este riesgo real, gana más fuerza la alternativa que la Fundación Nueva Cultura del Agua viene defendiendo desde hace una década: priorizar la construcción progresiva, en función de las necesidades reales, de presas de regulación en tránsito, con el fin de avanzar en la modernización del sistema, al tiempo que se asegurarían los caudales de riego, aún en caso de deslizamientos en la zona de Yesa, ya que esos embalses se llenarían fuera de temporada de riego, con los canales baldíos. Entre esas piezas de regulación están: Marracos y l Orés, con opciones diversas de envergadura; Carcastillo 2; Erla SE, 1, 2 y 3.

15 abril, 2019

Autor/Autora

Feminista, ecologista, de izquierdas (@MaribelMtnez)


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