Defensorxs de los Derechos Humanos en Colombia: “O nos mataba el virus o nos mataba el Gobierno” | PARTE 2

Seguimos hablando de Colombia de la mano de Eliécer Cáceres, María Fernanda Yath y Santiago Salinas, del futuro del paro pero también de música, del maldito J Balvin, de pintar las paredes, de quemar comisarias y convertirlas en bibliotecas, de lo importante de contar las buenas noticias... y de Erika, sobre todo de Erika

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Eliècer Cáceres, María Fernanda Yath y Santiago Salinas. Foto: Rocío Durán.

Todavía quedaba mucho por hablar, incluso por reír, porque en medio de la crudeza de lo que ocurre en Colombia, siempre hay tiempo para reírse de la policía y, si toca, de una misma.

Nos podéis hablar de cuál es la situación en relación al Paro Nacional, ¿tenéis el pulso de lo que está pasando en las calles?

M. F. Y: El Paro Nacional empezó en 2019 pero la crudeza de los asesinatos de líderes sociales y sumado a lo que fue la pandemia y la situación terrible de lo que queda de la salud en Colombia fue tremendo. Eso fue el detonante de la movilización.

La primera respuesta del Estado siempre fue desde los inicios mandarnos a la Policía y desde el principio hubo muertos a lo ‘George Floyd’, que les ponían el pie en el pecho hasta que se asfixiaban. Desde el inicio la respuesta del Gobierno fue “no nos importa lo que ustedes están haciendo, no nos interesa cuáles son sus molestias, vayan a casa porque el virus los va a matar” pero resultaba que el hambre ya estaba matando.

Y resulta que muchas cosas estaban matando, a muchos nos estaban matando. No había miedo la verdad, no había ningún tipo de dudas, y cada día se sumaba más gente. Las enfermeras cansadas, agotadas, llegaban zapateros, gentes, llegaban camioneros... Todo el mundo llegaba a los puestos de control.

Estábamos convencidos de que había que hacer ruido, había que generar una molestia en el Gobierno para denunciar muchas cosas pero resultó que nunca tuvo la intención de escuchar. Es un Gobierno que evidentemente quiere seguir viviendo del narcotráfico, de lo que las multinacionales puedan darle, de la corrupción, no tiene ninguna intención de paz, ninguna intención de avanzar en ese horizonte del buen vivir que es lo que finalmente se estaba pidiendo.

Unas cosas muy básicas, no estamos pidiendo el quinto castillo de la reina Isabel, estamos pidiendo que niños de muchas regiones no mueran de hambre, estamos pidiendo que podamos tener más acceso a la educación, que los comedores de las escuelas públicas no estén corrompidos. Hemos visto denuncias de niños que les dan comida que se ha pasado, es decir, hay una deshumanización de parte del Gobierno con el resto.

Rommel Durán Colombia
Guardia Indígena en el Paro Nacional. Foto: Comité de Solidaridad Internacionalista

S. S: Sumado a que al Gobierno en el peor contexto económico y social que hemos tenido en muchas décadas decide presentar una Ley de Reforma Fiscal que mantenía la exenciones a los grandes capitales y gravaba los impuestos de las rentas básicas, de los productos básicos, entre esos, los alimentos.

En Colombia en 2020, 17 millones de colombianos vivían en pobreza extrema, al punto del cierre de la pandemia eran 21 millones. La pobreza, el hambre iba aumentando en una escala impresionante y en ese contexto de encierro, de contención, el Gobierno dijo que no a una Renta Básica Universal, a un sistema de subsidios mientras pasábamos por los periodos de encierro, de confinamiento, como estrategia antes de la vacunación.

En ese contexto, el Gobierno presenta esa reforma fiscal, entonces se llama a paro, que legalmente es una movilización, y el llamamiento a paro es excedido por las necesidades de la gente.

Como dice María Fernanda, todos los sectores salen y finalmente se encuentran en ese escenario de movilización, organizados y no organizados, desde reivindicaciones políticas históricas como la del campesinado sin tierra, como reivindicaciones del cumplimiento del Acuerdo de Paz, a la necesidad de que pararan las masacres. Habían ocurrido 88 masacres en ese periodo de tiempo y la sensación de una pérdida de valor generalizado de la sociedad colombiana estaba latente. O nos mataba el virus o nos mataba el Gobierno.

E. C: Se escucha que estas movilizaciones se dieron más en las ciudades principales pero realmente fueron casi 700 municipios de 1.103, donde hubo esta movilización pues no se había dado una movilización, un paro tan grande como el de 1977. Empezó en noviembre de 2019 pero sobre todo la juventud entró en abril de este año, pero es precisamente porque estos jóvenes marcan una historia, sobre todo en Cali.

Son hijos de hijos de desplazados, de un conflicto de 60 años que se desplazaron a las grandes ciudades con todas las necesidades del mundo, despojados de sus pertenencias y que de pronto sus padres ya murieron pero que ahora quedan esos hijos que son los papás de estos jóvenes y que han sabido de toda la vida que han sido víctimas del conflicto.

En este contexto, desempleados, con hambre, sin acceso a la educación, prácticamente humillados por un Gobierno y salen a protestar pero fíjense que se encuentran con un Gobierno asesino.

No solamente utiliza sus armas aturdidoras, de goma, sino que utilizan armas letales, sus pistolas y fusiles, contra estos manifestantes y fuera de eso a través de la guerra sucia, paramilitar, cogen a muchos muchachos, los capturan y los desaparecen y los torturan. Y aparecen a los tres, cuatro, cinco días por el río Magdalena, descuartizados, sin cabeza…

Un Gobierno tan asesino y ¿nadie es capaz de buscar eso? Personas de civil, disparando a los indígenas, volviendo a la historia, masacrando a los indígenas y, ¿para esas personas no hay justicia? ¿Para esos policías asesinos no hay justicia? Ya hay jóvenes en la cárcel investigados por violencia de no se qué cosa, por el simple hecho de salir a protestar con un escudo de latas y piedra, con cauchera, a esos sí los están juzgando y, ¿a los policías asesinos no los juzgan?

M. F. Y: Los chicos de las primeras líneas, eran chicos que vivían en las comunas y que todos los días se enfrentaban a la Policía, le tienen el tirito a la Policía. En el sentido de que saben, se miraban a los ojos y se identificaban. Las manifestaciones tenían una dinámica así, salíamos, llegábamos a un punto ahí se intentaba hacer un sancocho, una sopa, y bloqueábamos las calles y la Policía llegaba a tirar bolas.

Teníamos la intención de quedarnos allí porque queríamos que nos escucharan, queríamos tener una conversación con el Gobierno y entonces esta gente surgió de la primera línea. Es la gente que no le tiene miedo a la Policía defendiéndonos a nosotros. Era la única defensa que había. Sabíamos con quien estábamos tratando, qué clase de Gobierno tenemos.

Mucha gente que salía ingenuamente, por decirlo de algún modo, o que salía simplemente porque quería apoyar pues si quería hacerlo necesitábamos protecciones. ¿Cómo se defiende la gente que iba con sus hijos o que iban con niños? Al final no se podía ir con niños.

Sin ellos no habríamos llegado tan lejos. Cali lo hizo porque su primera línea era de las más fuertes, claro, pero en Cali como dice Eliécer hay comunas grandísimas.

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María Paula, hermana del joven de 16 años Daniel Stiven Sánchez, quemado vivo por la policía en el interior de un Dollar City.
Imagen: Comité de Solidaridad Internacionalista.

¿Cuál es el futuro del paro?

M. F. Y: En estos momentos se está pensando más la cuestión de las elecciones.

S. L: El paro es un movimiento reivindicativo que adoptó la forma de la pelea en las calles ante la falta de otro escenario. Como no había otro mecanismo que pudiera canalizar las aspiraciones de transformación del pueblo colombiano, el paro ocupa las calles y ante la represión del Gobierno de entablar un diálogo serio.

Nosotras no tenemos un interés de ocupar las calles por ocupar las calles y ahora como María Fernanda lo plantea existe una ventana de oportunidad de dirigir esa indignación a una transformación institucional porque llega un periodo electoral.

El Congreso de los Pueblos comprende esa decisión y apostamos definitivamente por un proyecto de cambio pero las elecciones no son para nosotros el escenario principal de transformación. El royo con las elecciones es que puede no generar grandes cambios pero te puede montar un tirano, te puede subir a dictador. Por eso no es algo que se pueda dejar a la deriva y decidimos apostar por un proyecto de coaliciones amplias que es el pacto histórico en el que grandes partes de la sociedad colombiana ven reflejadas sus aspiraciones.

Muy probablemente lo que tengamos sea una coyuntura electoral en el que las fuerzas de resistencia serán otras. La corrupción ha sido el mecanismo de captura del poder electoral pero también el incremento de la judicialización. El coletazo de sanción a quienes se movilizaron, a quienes tuvieron el coraje de alzar la voz, de pararse en las calles lo van a tener que pagar con cárcel.

Parte del ejercicio de la defensa de los derechos humanos está orientado en este momento de lograr evitar el encarcelamiento masivo de la juventud.

Curiosamente cada vez que se nos asoma una esperanza, más violento es el sistema de represión. Ocurrió durante los diálogos, ocurrió durante el periodo electoral y nuevamente vemos cómo esa estrategia combinada con lo ilegal, ocupando los territorios los paramilitares que empiezan a tener presencia en municipios profundos, con declaraciones estigmatizantes en contra de las comunidades, de intimidación de los colectivos, vuelve a aparecer en escena las amenazas masivas, los ataques personales y los homicidios selectivos empiezan a dominar la escena.

Con esta esperanza de continuidad del paro a través de otra vía tendremos que enfrentar otra vez el recrudecimiento de la violencia en los territorios.

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El uribista Iván Duque, presidente de Colombia cuando ganó las elecciones en 2018.

Eliécer, trabajas en la emisora de radio Arauquita Stereo, sin duda, una labor fundamental para difundir y comunicar lo que está pasando pero entiendo que también para crear comunidad.

E.C: La emisora es una emisora comunitaria con licencia del Ministerio de Comunicación pero realmente está al servicio de la comunidad, de aquellas personas campesinas que están en el territorio. La programación no es toda comunitaria porque hay diversidad de oyentes pero sí, lo que hacemos es tratar de mostrar esas voces comunales que están allí con sus necesidades.

Además de eso, hacemos parte de una red de emisoras comunitarias a nivel departamental y regional y tenemos un medio de comunicación digital, también sale un periódico y tenemos un noticiero de media hora que también se pasa por las red de emisoras comunitarias que se llama Trochando Sin Fronteras. Y a través de ese medio estamos prestos a los movimientos sociales.

Todas las tareas, todos los planes de vida que tienen esas comunidades en esa región lo vamos visibilizando y vamos generando como una información de qué es lo que se hace, cuáles son las propuestas de las comunidades. Y bueno cuando estamos en paro somos los que estamos ahí dando a conocer al mundo lo que está pasando porque los medios de comunicación masivos no lo hacen.

Estamos creciendo, estamos siendo reconocidos a nivel nacional e internacional como un medio muy eficaz para esas comunidades. En la región existe la empresa de servicios de acueducto y a nivel nacional es la mejor agua tratada del país. Se consume la mejor agua en la región y es una empresa administrada por las comunidades, la única empresa de esas magnitudes de servicios públicos que es administrada por las comunidades en Colombia y ha dado un buen resultado. Allí no hay corrupción y no hay nada como ocurre en las demás empresas que el servicio es caro y además desaparecen la plata para la reinversión de esos servicios.

Este proyecto y muchos más los damos a conocer para que la gente sepa qué hacen las comunidades allí. Somos un medio perseguido sí, muchos de los compañeros periodistas están señalizado y estigmatizados. Yo, por ejemplo, estoy perseguido y apunto de ser judicializado por un montaje judicial porque en el paro estuve muy presto con las comunidades.

Se dice que el periodista debe de ser objetivo e imparcial pero realmente con esa injusticia uno se hace al lado de las comunidades. Por ese hecho, estoy en un montaje judicial apunto de ir a la cárcel. No sé si al regreso pueda ir a la cárcel, señalado seguiré, pero corro el peligro de que pueda bajarme del avión y ser capturado por la policía y llevado a la cárcel.

Y aún así sigues haciendo tu trabajo...

Uno podría decidir exiliarse, esconderse, pero darle la espalda a esa comunidad que cree en mí y que está pendiente de que vuelva para que siga trabajando, eso sería desleal y desmotivante para mí.

Andrea Aldana es una periodista muy reconocida en Colombia, es cronista, y es muy de ir a las comunidades más abandonadas e informar al respecto. Todavía no ha pedido el exilio pero está en Madrid y creo que va a pedir el exilio porque realmente no puede volver a Colombia. A ella hasta la pueden asesinar y hacerla desparecer, corre más peligro.

No hay garantías de que sea un trabajo digno, ni garantía de hacer un trabajo real.

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Eliécer Cáceres, María Fernanda Yath y Santiago Salinas. Foto: Rocío Durán Hermosilla.

Tu proyecto, María Fernanda, está enfocado al uso del arte como herramienta para la lucha contra la homofobia, la transfobia y, ahora, en el paro.

M. F. Y: El arte se convirtió en el inicio en la excusa para juntarnos pero también se convirtió en el mensaje que se quería transmitir. La pared se convirtió en el periódico que no nos permite hacer la denuncia, en los medios de comunicación… Las paredes junto al arte, junto a la música eran las formas de hacer las denuncias, como las vías únicas que encontrábamos en estos momentos. El movimiento social explota como una indignación pero también se quiere transmitir, se quiere contagiar y se quiere invitar y se quiere reivindicar y eso fue posible a través del arte. No hay otros canales.

Ya lo sabíamos antes, por ejemplo, con todo lo queer, por ejemplo, cuando queríamos hablar de la pandemia del VIH, los incrementos del VIH o lo que es homofobia, la única forma que teníamos para comunicarnos, por ejemplo, con prostitutas, era hacer graffitis o pintar la pared. Poner quién lo había hecho y luego dejar un número. Eso es muy común en Colombia, el pintor deja su número en la pintura para que lo contraten.

De esta forma nos comunicábamos. El arte se convirtió en ese mecanismo directo para comunicarnos con el otro, para dejar mensajes en apoyo a otros lugares, sobre todo la pintura pero también la música. Las manifestaciones fueron un carnaval en un primer momento, se pensaban como un carnaval, había músicos, había maracas, todos los instrumentos. Eso era un festival hasta que llegaban los gases y ya era otra cosa. La música y el arte es una herramienta política, de lucha, además que en Colombia hay tanta diversidad étnica. Los indígenas tienen su música, los negros tenemos nuestra música…

El arte se convirtió en una herramienta política para nosotros pero también de comunicación, de apoyo. También fue como la llamada hacia los más jóvenes. Cuando los más jóvenes salían a la calle, salían por ahí y veían que había cualquier música, bailes, teatro, telas… y empezábamos a hablar con ellos, y a escucharlos a ellos. Y nos decían, “yo soy gay y para mí es imposible salir de noche o decírselo a mis papás”, y se creaba una red de apoyo y todo gracias al arte. Fue la mejor excusa para integrarnos.

Al respecto de la música, durante el paro hubo una polarización de artistas, de artistas que se posicionaron a favor y luego artistas que se posicionaron en contra. Por ejemplo, J Balvin se posicionó en contra del paro pero luego estuvo a favor de la movilización en Cuba…

M. F. Y: J Balvin se escucha más fuera que dentro de Colombia, tienes que saberlo (nos reímos).

E. C: J Balvin hace parte de un listado de artistas que han estado fuera de Colombia, viven en Miami… No saben de la realidad que hay en Colombia. Yo creo que esos artistas no saben lo que es aguantar hambre.

M. F. Y: Pese a que el reguetón es un género de barrio...

E. C: Un ejemplo, una arepa es de barrio pero cuando se convierte en una mercancía deja de ser de barrio. Es eso, el reguetón es de barrio pero se convierte en una mercancía y es vendido en muchos países y ya deja de ser realmente popular. Los artistas que viven fuera del país y que hacen caso a las políticas del Gobierno simplemente lo hacen por estar bien con el ‘establisment’ pero realmente no saben qué pasa allí.

A uno le causa risa que hay artistas que no son de Colombia, por ejemplo, Residente de Calle 13, que sienten más empatía por lo de Colombia que los mismos artistas colombianos. Una vez que se mercantilizan y son consumo global dejan de ser populares.

Por otro lado, hubo artistas que ganaron popularidad al posicionarse a favor del Paro Nacional.

M. F. Y: Se posicionaron cantantes independientes como ‘los artistas de las movilizaciones’ y ganaron mucho reconocimiento. Y siguen componiendo para eso porque se posicionaron.

S. S: J Balvin había mandado pintarse a sí mismo en uno de los barrios de Medellín y cuando lo dijo la gente fue con un pincel y le tapó la boca. Le hicieron el ‘ban’ gigante.

M. F. Y: Los políticos utilizan la pared para anunciarse y todo eso también se borró. Se limpiaron las calles.

E. C: ...Y los monumentos a personajes españoles fueron derribados.

S. S: A Sebastián de Belalcázar, Jímenez de Quesada… Hubo un juicio histórico sobre la reconstrucción de la memoria combativa de los pueblos indígenas contra la colonización. Una de las consecuencias de este juicio histórico, de su aplicación en la tierra era reivindicar el lugar de ellos en el mundo. Y para eso había que quitar de un espacio tan histórico estas estatuas.

Eso hizo un dominó en el que la disputa del espacio público y la imagen en el espacio público se volvió central en las manifestaciones. Desde construir monumentos a Dílan Cruz, el primer estudiante asesinado en vídeo en el marco de las movilizaciones, a la construcción de murales gigantes rechazando los falsos positivos, respaldando la jurisdicción especial para la paz, denunciando los 402 casos de ejecuciones extrajudiciales y se empezó a disputar el espacio.

Al punto de que en la madrugada por la noche los chicos hacían la pinta gigante, en la mañana iban miembros de la Policía militar con bastones y pintura a borrar. En la noche volvían a pintar o cogían otra cuadra. Era la disputa sobre el espacio público, sobre la resignificación. También cambiaron el nombre de las calles, quitaron las estatuas y arrancaron las placas. Poner nuestros signos era una forma de volvernos a disputar nuestra idea de pueblo contra la idea de pueblo que se impone.

M. F. Y: Incluso también los CAI (Comandos de Atención Inmediata) de la Policía (las comisarías). En Colombia ahí se viola, se agrede… Realmente hay un terror a que te agarren y te lleven a un CAI. Las quemaban una noche y luego al día siguiente era una biblioteca y la llenaban de libros, flores, fotos de gente que había muerto… Una cosa bellísima. Nunca los CAI fueron tan bellos.

S. S: Eso fue una reacción muy concreta, cuando asesinan a un abogado de Bogotá, hay una protesta que se inicia en la ciudad en contra de este abuso policial y en una noche se destruyeron 32 CAI porque estaba acumulada esa sensación de abuso de la fuerza pública. No se ataca a los policías, se destruye la infraestructura física pero la Policía sí mata a la gente, a 17 personas esa noche. Al otro día lo que se hace es llevar la memoria de estas personas a estos espacios destruidos y resignificarlos.

Santiago, eres abogado de DDHH, no sé si nos podrías contar alguno de los casos que has llevado para que las lectoras de esta parte del globo entiendan más de cerca qué es ser una defensora de los derechos humanos en Colombia.

M. F. Y: Esta es la pregunta más extraña que te han hecho como abogado, siempre le preguntan por la constitución (risas).

S. S: Para mí es más fácil, no es más fácil emocionalmente, pero es más fácil porque lo conozco de primera mano que además es el caso por el que estoy aquí. Bajo otras circunstancias habría sido ella la que estaría aquí definitivamente.

Imagínese que usted es defensora de los derechos humanos y la llaman en la noche porque hay un desalojo, un desahucio en un barrio muy pobre de Bogotá, 70 familias de las más pobres que llegaron a ocupar una ladera por la crisis del COVID-19. Familias de vendedores ambulantes que ya no pueden salir y que vivían del día a día y por las decisiones de encierro ya no tenían cómo pagar sus alquileres y los expulsaron.

Entonces se fueron al borde de Bogotá y construyeron sus casas de tabla y plástico allá pero como había la intención de utilizar ese espacio para usos inmobiliarios pues deciden desalojarlas en medio de la pandemia sin un plan de reubicación. Familias de ancianos, de niños, de migrantes, todas las personas que estaban con una mayor condición de vulnerabilidad son desalojadas por tres días por la fuerza pública en un operativo y usted llega allá.

Se promueven las acciones disciplinarias contra la intimidación, contra las acciones irregulares de los funcionarios públicos que participaron allí, contra la falta de una orden judicial que avalara ese desahucio porque se estaba haciendo de la forma más ilegal posible y sin un plan de rehubicación y se logra detener este desahucio y se obliga además a que se entreguen las ayudas a las que tienen derecho por ser población en extrema pobreza.

Ya cumplió su tarea y se va para su casa y una noche le despierta uno de los perros gruñendo y usted ve que alguien ha entrado a su casa y que está huyendo por uno de los tejados. Llama a la policía y llega, se sube al tejado y luego le dice que no ha pasado nada que no es nada grave y se va. Si no hay robo y no se han perdido las cosas aunque haya evidencias de que estuvieron dentro de su casa pues parece que no hay nada grave.

Cuando usted da la vuelta a su casa encuentra una pañoleta, una bandana, con los emblemas de la guerrilla amarrados en las cercanías de su casa. Usted entendiendo que es un país con ese grado de conflicto, usted lo entiende como una amenaza y va a la Fiscalía que es el órgano que investiga este tipo de cosas, usted tiene la claridad de que eso es una amenaza a su vida y pone una denuncia de la Fiscalía.

Más o menos un año después no hay noticias sobre su caso pero le notifican que tiene una orden de captura, que usted está siendo investigada por rebelión agravada. La pena inicial empieza en cuatro años, los de detención preventiva, y 15 años de condena.

Bueno, es el caso de Erika Prieto, ella es la persona por la que yo soy defensor de derechos humanos y es mi esposa (se le quiebra la voz). Es mucho más diestra que yo.

Erika Colombia
Erika durante su discurso. Foto: Comité de Solidaridad Internacionalista.

Es impresionante, en las interlocuciones con la fuerza pública que además son estos tipos enormes, ella siempre ha hecho acompañamiento a las comunidades, es animalista, es feminista y pertenece a los procesos campesinos en las zonas de conflicto y la situaciones son muy violentas y en los procesos de negociación con la fuerza pública, procesos sumamente tensos, con muertos de por medio, ella había sido siempre la persona que había representado a la comunidad porque había procesos en los que salir de la comunidad implicaba no volver. Entonces alguien de afuera tenía que hacerlo.

Recuerdo mucho esta anécdota, habían bloqueado una vía los hombres del escuadrón móvil antidisturbios que son una unidad especial de la Policía acorazada, unos tipos enormes. Y ella se para al frente y dice que necesita que despejen la vía porque se ha acordado un corredor humanitario y entonces uno de ellos comienza a decirle que no pueden despejar la vía mientras las personas que vienen no dejen los machetes y entonces le dice que son campesinos, que el machete es una herramienta de trabajo no su arma y que de todas formas no se los van a entregar porque se ha acordado que se van a retirar del punto.

Y otro tipo igual de grande interviene en la conversación, entonces ella le pregunta, “¿quién está al mando aquí?”, uno señala al otro y le dice (Erika), “bueno entonces hablo con usted y usted vuelva a su lugar”. El hombre estaba contrariado porque medía tres veces lo que ella, estaba armado y le estaban diciendo que se devolviera a su lugar que no iba a hablar con él. Y era una mujer la que se lo estaba diciendo.

[Erika Prieto se entregó a la Policía el pasado domingo y este miércoles ha quedado en libertad provisional tras quedar demostrada la alteración de las fotografías que utilizaron para identificarla. El procedimiento continuará pero ella de momento no ha tenido que hacer frente a la prisión preventiva que en Colombia puede durar hasta cuatro años.]

¿Cómo ha sido vuestra visita a Zaragoza?

E. C: Se cumplió el objetivo de visibilizar lo que pasa allí en Colombia además de nuestra problemática personal porque somos ejemplos de lo que ocurre allí. Pudimos estar con todo el tejido social de acá, también pudimos estar en espacios comunicacionales como este (AraInfo) donde nos dieron la oportunidad de hablar y de visibilizar lo que pasa allí en Colombia.

Encontrarnos con experiencias similares en otras partes del mundo como el Sáhara que es peor. Esa lucha que llevan por la libertad de sus tierras es la misma lucha que nosotros, entonces, hay un enemigo global de muchas comunidades que piden a gritos su libertad y sus derechos.

Ha sido una experiencia muy bonita, también conocer gente tan de enorme corazón aquí en España que dices… Fueron los que invadieron pero no todos son malos (nos reímos), no hay que olvidar la memoria histórica. Como dijo Santiago ayer a pesar de la brisa fría que hace, el cierzo, tienen un corazón muy cálido y hacen que uno se sienta acompañado en la lucha.

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