En los últimos años estamos viendo cómo se han ido normalizando las organizaciones neonazis, sus discursos y también su violencia. No son casos aislados ni situaciones puntuales, sino parte de una tendencia que pretende mover los límites de lo que se considera aceptable y facilitar la entrada de la ultraderecha en todos los espacios de la sociedad. Además, como ya hemos señalado, no hace falta que grupos abiertamente nazis lleguen al poder para que sus planteamientos influyan en la agenda política: ideas que antes se propagaban abiertamente en organizaciones sin capacidad de gobierno, como Núcleo Nacional o Democracia Nacional, ahora son asumidas y reproducidas por partidos como Vox, Alianza Catalana o el PP. Véase, por ejemplo, el ideario racista de la “remigración”, la propuesta de expulsión de personas migrantes o la constante vinculación entre migración y delincuencia.
Un ejemplo reciente ilustra hasta qué punto el clima se ha fascistizado. El historiador estadounidense Marc Bray, autor de "Antifa. El manual antifascista", se vio obligado a abandonar Estados Unidos junto a su familia tras recibir amenazas de muerte. En paralelo, el movimiento Make America Great Again (MAGA) ha puesto al antifascismo en el punto de mira, designándolo Donald Trump como “organización terrorista”. La estrategia es conocida: primero se dispara con el lenguaje; después, con las balas que ese lenguaje legitima. Ahí están los escuadristas del ICE (United States Immigration and Customs Enforcement).
Mientras el trumpismo se expande, partidos de extrema derecha gobiernan o condicionan la agenda política en buena parte del planeta. Frente a este avance, el movimiento antifascista —diverso, y con múltiples expresiones— ha intensificado su labor de denuncia y resistencia.
La amenaza es real y la violencia no solo viene de las instituciones. Lo vimos recientemente en Torre Pacheco, donde se perpetraron actos terroristas contra personas migrantes. La ultraderecha mediática había calentado el ambiente días antes, difundiendo bulos que prepararon el terreno. Entre los autores intelectuales de esta campaña estaban Daniel Esteve de Desokupa, Roberto Vaquero del Frente Obrero o el agitador ultraderechista Vito Zopellari Quiles —que cerró campaña electoral con el PP de Jorge Azcón—, entre otros.
Campañas públicas de señalamiento
Entre las distintas herramientas que están utilizando los colectivos antifascistas, destaca una que ha cobrado fuerza en los últimos tiempos: las campañas públicas para señalar y denunciar los espacios que acogen actos de extrema derecha. Se trata de iniciativas que ya cuentan con aprendizajes previos; sin embargo, a diferencia de etapas anteriores, cuando la difusión se hacía principalmente a través de panfletos, fanzines o páginas web más limitadas, hoy se apoyan en las redes sociales. Esto les permite alcanzar a un público mucho más amplio y multiplicar su impacto. A todo esto, hay que sumarle la relevancia que alcanzan dichas investigaciones cuando, además, medios de comunicación se hacen eco de estas.
Estas campañas están permitiendo tejer un hilo común entre colectivos y coordinadoras, compartiendo aprendizajes sobre cómo hacer frente a la fascistización social. Aunque no siempre se logre frenar el acto en cuestión, sí resultan especialmente útiles para limitar su expansión, ya que no solo señalan a quienes organizan actividades fascistas, sino también a quienes les ceden o facilitan los espacios. En ese sentido, su simple difusión ya supone un avance: cuando existen campañas activas de denuncia, muchos propietarios se lo piensan dos veces antes de ceder o alquilar hoteles, gimnasios u otros locales a organizaciones de extrema derecha.
Veámoslo con algunos ejemplos que han ido sucediendo en diversos puntos del Estado español en los últimos tiempos.
Zaragoza
En Zaragoza, la Coordinadora Antifascista lanzó una campaña en redes sociales de denuncia de locales que acogían actos de extrema derecha, cuyo lema era “Actúa, señala, difunde”. En la publicación se señalaba: “Animamos a que todas las organizaciones, colectivos, personas… actúen, señalen y difundan que no los queremos aquí ni en ningún lugar”. Entre otras acciones, lograron que un hotel cancelara un evento convocado por la Fundación Nacional Francisco Franco con motivo del 50º aniversario de la muerte de Francisco Franco. Posteriormente, tal y como destapó AraInfo, el acto terminó celebrándose en el colegio concertado Colegio San Vicente de Paúl, lo que amplió la campaña de denuncia de la coordinadora, incluyendo una recogida de firmas para exigir responsabilidades a la directora del centro.
Illes Balears
En Illes Balears, el colectivo Antifeixistes Mallorca denunció públicamente que un hotel iba a acoger un acto del grupo Comunidad Identitas, señalando su vinculación con postulados de nacionalismo étnico y discursos xenófobos. Bajo el lema “Echemos al fascismo de nuestros barrios”, la campaña, con eco también mediático, logró que el establecimiento cancelara el evento un día antes de su celebración.
Valladolid
En Valladolid, la Coordinadora Antifascista ha denunciado reiteradamente que el club Real Valladolid habría cedido su grada de animación a los Ultras Violetas, grupo neonazi que ha perpetrado agresiones a personas de izquierdas, racializadas y del colectivo LGTBIQ+. Más allá de la denuncia pública, el trabajo ha incluido labores de investigación y difusión de información para alertar a posibles víctimas y prevenir agresiones. Pues la información, además de denunciar, también permite alertar y concienciar sobre la realidad de cada territorio con el fin de prevenir agresiones o saber cómo actuar ante ellas.
Santander
En Santander, en 2025 el colectivo Las calles contra el fascismo denunció la celebración del Galerna Fest, un evento organizado por la Asociación Cultural Alfonso I. Además de exigir al Gobierno de Cantabria y al Ayuntamiento de Santander que actuaran para frenarlo, consiguieron hacer una manifestación en respuesta que reunió a cientos de personas bajo el lema “Las calles contra el fascismo”. "No queremos que las calles de una ciudad tan bonita como Santander se vean asustadas o atemorizadas ante grupos fascistas", afirmaba Arantxa Fernández, de la Asociación LGBTI de Cantabria. La lucha contra el Galerna Fest ya viene de antes. En 2024 también se denunció y se movilizaron en las calles y “gracias al antifascismo organizado” los neonazis perdieron “su primera opción de local”, según informaron.
Barcelona
En Catalunya, la organización nazi Núcleo Nacional anunció la apertura de una delegación en Barcelona. El antifascismo lanzó una alerta que se articuló rápidamente en redes y en la calle, con llamamientos a una “respuesta unida” y “organizada” por parte del movimiento antifascista el día del acto. La presión obligó a trasladar su acto a un chikipark ubicado a 40 kilómetros de Barcelona, en un polígono industrial en Sentmenat, teniendo que hacer dicho acto protegidos por un amplio despliegue de antidisturbios y Mossos d’Esquadra que, una vez más, no cargaron contra los neonazis sino contra las protestas antifascistas.
Más allá de las campañas de denuncia
Estos ejemplos representan solo una parte de la realidad. Pero el antifascismo también está teniendo que hacer frente a la proliferación de organizaciones parapoliciales violentas que atacan a la clase obrera expulsándolas de sus viviendas, denominadas “empresas de desokupación”, denunciándolos públicamente, investigándolos y plantándoles cara en territorios como Euskal Herria, Vallekas y tantos otros lugares donde se les ha enfrentado de forma organizada.
El antifascismo, como es sabido, no se limita ni mucho menos a este tipo de acciones. Es un movimiento amplio y diverso que actúa en muchos frentes: frena desahucios, lucha por la memoria histórica, se moviliza en defensa de la educación y la sanidad pública, destapa policías infiltrados, ocupa espacios para generar tejido social, combate los recortes, impulsa actividades antirracistas, defiende los derechos del colectivo LGTBIQ+ y los feminismos, participa en la acción sindical, se organiza en las gradas de fútbol para frenar el avance neonazi, se moviliza por Palestina y da la batalla cultural en el cine, la música o la estética. En definitiva, interviene en distintos ámbitos a la vez que construye comunidad.
Por último, conviene señalar que estas acciones de señalamiento no solo las impulsan colectivos o coordinadoras, sino también personas anónimas que aportan su granito de arena investigando y difundiendo información, periodistas y gente de distintos ámbitos que facilitan datos para que puedan hacerse públicos y denunciarse. También desde la música se desarrollan iniciativas en esta línea, como la asociación Rock contra el Fascismo, que ha destapado y denunciado diversas salas y grupos vinculados a la extrema derecha. Porque la lucha, al final, siempre es colectiva.

