El PP ante el fracaso de Azcón y su "victoria": menos votos, menos escaños y más ultraderecha

El líder del PP en Aragón celebra una “victoria” que empeora sus resultados de 2023, fracasa en su objetivo de gobernar en solitario y deja a la ultraderecha más fuerte que nunca. El adelanto electoral impuesto desde Génova ha costado diez millones de euros, ha debilitado al PP en Aragón y ha convertido a Vox en socio imprescindible. Pese a ello, Azcón no se arrepiente de convocar elecciones.

09 febrero, 2026. 08:30
Azcón celebra su pírrica victoria en la noche electoral | Foto: PP

Jorge Azcón ha ganado las elecciones, sí. Pero no ha convencido, no ha mejorado su posición política y no ha logrado ninguno de los objetivos que justificaron el adelanto electoral. Al contrario: ha salido más débil, más dependiente de la ultraderecha y con menos apoyo social que en 2023. Menos votos, menos escaños y más Vox.

El adelanto electoral —anunciado el 13 de diciembre tras la incapacidad del Ejecutivo del PP para aprobar los presupuestos de 2026— ha tenido un coste aproximado de 10 millones de euros para las arcas públicas, casi el doble de lo invertido en los comicios de 2023. Un gasto extraordinario que no ha servido para cumplir ninguno de los objetivos que Azcón se marcó: ni mayoría suficiente, ni “quitarse a Vox de en medio”. Solo ha conseguido una cosa: catapultar a la ultraderecha en Aragón.

El balance del PP es incontestable: unos 14.000 votos se ha dejado por el camino. Los de Azcón pasan de 28 a 26 escaños y retrocede del 35,50% al 34,26% de los votos, con 224.797 papeletas frente a las 237.817 de hace dos años. Pierde más de 5.000 votos y un escaño en la circunscripción de Uesca, otros 5.000 y otro escaño en la de Zaragoza, y cerca de 3.000 votos en la Teruel. Un balance que, en términos políticos, supone un fracaso evidente para un presidente que forzó elecciones anticipadas prometiendo estabilidad y fortaleza.

Pese a ello, Azcón no solo no ha hecho autocrítica, salió eufórico la noche del 8F y este lunes ha afirmado sin matices: “No me arrepiento de convocar elecciones”. Una declaración que refuerza la sensación de desconexión entre el relato triunfalista del PP y la realidad de las urnas: menos apoyo social y más dependencia de Vox. Menos PP, más extrema derecha. Esa es la verdadera “victoria” del 8F.

Una campaña sin Aragón, en clave española

Azcón planteó la campaña en clave estatal, relegando los problemas de Aragón a un segundo plano. Su discurso giró obsesivamente en torno a “derribar” a Pedro Sánchez y atacar a Pilar Alegría, alineándose con los marcos de Feijóo y Ayuso. Incluso en la noche electoral insistió en esa línea, proclamando: “Desde Aragón decimos tic-tac, tic-tac. El sanchismo se acaba”.

Ese enfoque españolista no solo no le ha servido para reforzarse, sino que ha debilitado su posición en Aragón y ha alimentado el crecimiento de Vox. El cierre de campaña fue el colofón: un acto compartido con el agitador ultraderechista Vito Quiles —regado con dinero público— y un grupo musical que canta consignas franquistas y machistas. Sin disimulos ni matices, el PP optó por competir con la ultraderecha en su propio terreno.

El verdadero ganador: la ultraderecha

El principal resultado del adelanto electoral es el fortalecimiento del bloque ultra. Vox pasa de 7 a 14 escaños y duplica su representación, mientras que el conjunto de la extrema derecha —sumando también a SALF, que se quedó a las puertas de entrar— supera los 135.000 votos, frente a los 75.000 de 2023. Este es el único éxito político atribuible a Azcón.

Las izquierdas aragonesas, por su parte, resisten. CHA, IU y Podemos suman algo más de 89.000 votos y siete escaños —seis para CHA y uno para IU—, mejorando en votos y escaños respecto a 2023 —con 82.000 votos y seis escaños— pese a la salida de Podemos de las Cortes. El PSOE, en cambio, sufre un duro retroceso y pasa de 23 a 18 escaños, con una pérdida de casi 40.000 votos —de 197.919 a 159.000 votos—.

Lejos del anunciado “guardiolazo”, Azcón ha protagonizado su propio “azconazo”: una maniobra electoral fallida que debilita al PP, refuerza a Vox y deja Aragón en una situación de mayor inestabilidad política. Un ridículo comparable al que hizo su amiga María Corina Machado entregando su Nobel a Donald Trump.

Vox vuelve a ser opción de gobierno para el PP

Después de escenificar en campaña una beligerancia fingida entre PP y Vox, este lunes, el portavoz de los populares en las Cortes, Fernando Ledesma, ha despejado cualquier duda sobre el futuro inmediato al reconocer públicamente que no descartan volver a gobernar con los de Santiago Abascal. “No estamos cerrados a la posibilidad de que Vox vuelva al Gobierno, como ya estuvo en 2023”, afirmó.

Por su parte, Vox ya ha mostrado su disposición de volver a formar gobierno. Eso sí, con condiciones más elevadas. Entre otras cuestiones, racistas, xenófobas, machistas y negacionistas, la ultraderecha exige “combatir la inmigración ilegal”, “cero adoctrinamiento en las aulas”, “bajadas de impuestos” y oposición frontal al Pacto Verde europeo. También reclama consejerías con “presupuesto y estructura”.

Así, el presidente que convocó elecciones para librarse de la ultraderecha se encuentra hoy más dependiente de ella que nunca. Con menos votos, menos escaños y más Vox, Azcón encara la nueva legislatura atrapado en su propia estrategia: un adelanto electoral inútil, caro y profundamente dañino para Aragón.


Todo sobre el 8F en este especial.

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