“Somos” como festejamos: rematan los Pilares de Zaragoza con denuncias y protestas sociales

El “Somos” y los fuegos ponen punto final a unos Pilares 2026 que reflejan, como es habitual, que también “somos” como festejamos: con una Zaragoza de tres almas de espaldas, la combativa de denuncias y protestas sociales, la resignada de rosario, uniforme y burladero, y la que festeja su supervivencia gracias a la primera y a pesar de la segunda

18 octubre, 2026. 19:29
Última actualización: 18 octubre, 2026. 22:50
8.400 personas han vivido el “Somos” en la plaza del Pilar | Foto: Ayuntamiento de Zaragoza

Los cuartos Pilares del Gobierno de Natalia Chueca llegan a su final con un balance que va más allá de los conciertos, las cifras de asistencia y la programación oficial. La última denuncia ha llegado del Sindicato de Inquilinas de Zaragoza, que acusa a Zaragoza Cultural de impedir que varios artistas cedieran sus escenarios para difundir la lucha por el derecho a la vivienda y la huelga del 11 de noviembre. Tampoco ha pasado inadvertida la decisión municipal de volver a prescindir de los Puntos Violeta específicos contra las violencias machistas, sustituidos por unos “Espacios Seguros” con menos ubicaciones y horas de atención que en 2024.

Las críticas al modelo festivo del PP también han llegado desde los barrios y los movimientos sociales. Las comparsas de cabezudos reclamaron su lugar en las fiestas frente a las restricciones municipales; la cultura popular volvió a reivindicar espacios propios y la movilización antitaurina exigió unos Pilares libres de maltrato animal. A ello se sumaron las denuncias por la privatización del espacio público, las dificultades para organizar actividades fuera del programa institucional y el modelo de ciudad que la Coordinadora Juvenil Socialista cuestionó bajo el lema “Zaragoza entera para la clase obrera”.

Frente a ese modelo, la ciudad ha vivido también unos Pilares organizados desde abajo. El Anti-Pregón de Radio Topo volvió a contraponer al discurso institucional las reivindicaciones de los movimientos sociales y la defensa de los servicios públicos. La Noche Morada, Pilares Insumisos, los conciertos del Arrebato y los XX Pilares Solidarios del PCE Aragón ampliaron una programación popular que no necesitó esperar a la iniciativa municipal. En la recta final, CGT sumó un vermú solidario con las luchas de limpieza y enseñanza, mientras La Revuelta y Kike Mur trasladaron su fiesta antirrepresiva a Torrero, tras escuchar las quejas vecinales por la saturación de actividades en la Madalena.

La Coordinadora Juvenil Socialista también convocó una concentración en la Madalena bajo el lema “Zaragoza entera para la clase obrera”, contra la privatización del espacio público y las trabas a unos Pilares populares. Una reivindicación que enlaza con buena parte de las protestas de estas fiestas: quién puede utilizar las calles, quién decide sobre ellas y qué espacio queda para la cultura y la organización popular fuera del programa oficial.

Chueca por dios y por España | Foto: Daniel Marcos / AZ

Las cifras del Ayuntamiento de Zaragoza y lo que no cuenta el balance oficial

El Gobierno de Natalia Chueca cierra las fiestas exhibiendo 2.918.700 asistencias, un 2,22% más que en 2025. Una cifra que el Ayuntamiento presenta como prueba del éxito de su modelo festivo, aunque las asistencias acumuladas no equivalen a personas diferentes ni permiten conocer el grado de satisfacción de la ciudadanía. Los datos miden cuánta gente pasa por las actividades, pero no si las fiestas son más accesibles, participativas o populares.

El propio balance municipal ofrece un contraste significativo: mientras los grandes recintos y conciertos acumulan 901.719 asistencias, las actividades descentralizadas por los barrios registran 7.310. Son categorías distintas y no abarcan necesariamente toda la programación fuera del centro, pero la diferencia invita a cuestionar el alcance de la descentralización que reivindica el Gobierno municipal. También resulta llamativo que el Escenario de la Raíz, heredero del antiguo Pilar Folk tras su cambio de nombre y ubicación, figure con apenas 4.000 asistencias, muy lejos de otros espacios musicales.

El Ayuntamiento destaca asimismo las 11.156 atenciones de sensibilización e información realizadas en los “Espacios Seguros”, pero no especifica cuántas estuvieron relacionadas con las violencias machistas, cuántas correspondieron a otras consultas ni cuántas requirieron intervención especializada. Sin ese desglose, el volumen de contactos no permite valorar la eficacia del dispositivo frente a las agresiones sexistas. Una diferencia importante entre contabilizar atenciones y rendir cuentas sobre la prevención.

El balance también refleja el peso de las grandes propuestas comerciales: 494.400 asistencias al Recinto Ferial, 224.040 a las Food Trucks y 219.000 al Espacio Zity. Son datos de afluencia, no de beneficios económicos, pero muestran qué actividades ocupan un lugar destacado en la evaluación municipal. En cambio, el documento no aporta indicadores sobre la participación de las asociaciones y colectivos en la organización de las fiestas, el acceso a los espacios públicos o las autorizaciones concedidas y denegadas. El Ayuntamiento ha contado asistentes, pero deja sin responder cuánto espacio ha tenido la ciudadanía para hacer sus propias fiestas.

Y al balance municipal le falta precisamente la valoración de la ciudadanía. Tras trece años realizando la tradicional encuesta sobre las Fiestas del Pilar, el Ayuntamiento de Zaragoza ha confirmado que esta edición se quedará sin nota debido a un “error metodológico insalvable” atribuido a la empresa encargada del estudio. Así, mientras el Gobierno Chueca exhibe cifras de asistencia y celebra el éxito de su modelo festivo, desaparece del balance uno de los indicadores que permitían conocer qué opinan realmente los zaragozanos y zaragozanas sobre sus fiestas. En 2025, la encuesta municipal otorgó a los Pilares un 7,9 sobre 10. La ausencia de resultados en 2026 impide también comparar la valoración ciudadana entre ambas ediciones.

Foto: Ayuntamiento de Zaragoza

Menos Puntos Violeta y dos agresiones sexuales denunciadas

Uno de los asuntos más preocupantes de estos Pilares ha sido la decisión municipal de volver a prescindir de los Puntos Violeta específicos sustituyéndolos por los denominados “Espacios Seguros”. La medida, cuestionada por Zaragoza en Común, supone reducir las ubicaciones y las horas de atención respecto al dispositivo de 2024: de ocho Puntos Violeta y 225 horas de atención se ha pasado a siete Espacios Seguros y 186,5 horas.

El Ayuntamiento cifra en 11.156 las atenciones de sensibilización e información realizadas por estos espacios durante las fiestas. Un dato que refleja actividad preventiva, pero que no resuelve el debate sobre la suficiencia, la distribución y la accesibilidad de los recursos destinados a la prevención y atención de las violencias machistas.

La polémica ha cobrado especial relevancia tras las dos agresiones sexuales denunciadas durante las fiestas, por la que, en ambos casos, fue detenido el presunto autor. Lo que vuelve a situar en primer plano la necesidad de disponer de recursos adecuados y accesibles para prevenir las agresiones, atender a las víctimas y garantizar que las fiestas sean espacios seguros para todas las personas.

La discusión no puede reducirse a un recuento de atenciones. La reducción de puntos y horas respecto a 2024 plantea interrogantes sobre la cobertura efectiva del dispositivo y sobre las prioridades de un Gobierno municipal que presenta el balance de las fiestas como un éxito de participación.

Una Zaragoza que también se organiza al margen del programa oficial

Las denuncias y movilizaciones de estos días han mostrado que la programación institucional no agota la vida festiva de Zaragoza. Desde el Anti-Pregón de Radio Topo hasta la Noche Morada, Pilares Insumisos y los XX Pilares Solidarios del PCE Aragón, la ciudad ha mantenido espacios propios de encuentro, reivindicación y solidaridad.

Los Pilares Solidarios han cumplido veinte años utilizando la celebración como herramienta de apoyo económico a los movimientos sociales. La iniciativa del PCE Aragón ha vuelto a instalar sus barras en la calle Mayor, con colectivos invitados que reciben los fondos recaudados durante sus respectivas jornadas. Una fórmula que contrapone a la lógica puramente comercial la idea de que la fiesta también puede sostener las luchas sociales.

En esa misma línea se han situado el vermú solidario de CGT, vinculado a los conflictos de limpieza y enseñanza, y las actividades de La Revuelta y el CSO Kike Mur, trasladadas a Torrero después de las quejas vecinales por la concentración de propuestas en la Madalena. La decisión recuerda que la convivencia festiva también requiere escuchar a los barrios y repartir los espacios y las actividades sin saturar unas zonas mientras otras quedan al margen.

La reivindicación de las comparsas de cabezudos, las protestas antitaurinas y las denuncias de artistas y colectivos por las trabas a la utilización de escenarios y espacios públicos forman parte de un mismo debate: qué se entiende por fiesta popular y quién tiene capacidad para organizarla.

La denuncia del Sindicato de Inquilinas de Zaragoza sobre las dificultades para que artistas difundieran la lucha por la vivienda y la huelga del 11 de noviembre, respaldada públicamente por diez proyectos musicales, añade una dimensión laboral y política a ese conflicto. No se trata solo de decidir qué actuaciones entran en un programa, sino de determinar si las fiestas dejan espacio para que quienes las habitan expresen sus reivindicaciones y hagan visibles los problemas que atraviesan la ciudad.

Foto: Frantic St Anger

“Zaragoza entera para la clase obrera”

La concentración convocada por la Coordinadora Juvenil Socialista en la Madalena, bajo el lema “Zaragoza entera para la clase obrera”, ha sintetizado buena parte de estas críticas. El colectivo ha cuestionado la privatización del espacio público y las dificultades para desarrollar unos Pilares populares, reivindicando unas calles que no queden subordinadas a los intereses comerciales ni a las decisiones del Gobierno municipal.

La protesta conecta con una tensión que se repite en las últimas ediciones: mientras el Ejecutivo de Chueca presenta las fiestas como una celebración abierta y descentralizada, los movimientos sociales denuncian las limitaciones para organizar actividades al margen de la programación oficial y la pérdida de espacios para las expresiones culturales y políticas que no encajan en el modelo institucional.

La ciudad que se organiza desde abajo no constituye un añadido decorativo al programa, sino una parte esencial de la vida colectiva. Las iniciativas autogestionadas, las barras solidarias, los conciertos reivindicativos y las movilizaciones muestran que la fiesta también puede servir para fortalecer redes comunitarias, visibilizar conflictos y defender los servicios públicos.

Un “Somos” distinto y muy coral para cerrar

La clausura musical de estos Pilares ha tenido como protagonista al “Somos” de José Antonio Labordeta, que este año contado con una interpretación muy distinta a la de ediciones anteriores. El violinista Ara Malikian ha encabezado el homenaje, con la participación de Nacho del Río, Beatriz Bernad, el pianista cubano Iván “Melón” Lewis y el Coro Ixena, en una actuación que han seguido 8.400 personas en el escenario Ámbar Fuente de Goya, en la plaza del Pilar.

La elección contrasta con la versión de Tako, la banda aragonesa que interpretó el tema en el cierre de 2025, coincidiendo con sus cuarenta años de trayectoria. El “Somos” ha vuelto así a ocupar un lugar simbólico en la despedida de las fiestas, con una propuesta que reúne el violín de Malikian, las voces ligadas a la tradición musical aragonesa y la participación coral.

La canción de Labordeta se ha convertido en uno de los momentos reconocibles del final de los Pilares. Su significado, sin embargo, no pertenece en exclusiva al escenario institucional: forma parte de una memoria colectiva que también se expresa en las calles, en la cultura popular y en las reivindicaciones de quienes defienden otra manera de vivir y organizar Zaragoza.

Tras la actuación, los fuegos artificiales y la traca final desde el entorno del parque de Macanaz y el río Ebro han puesto el broche ruidoso y luminoso previsto. La meteorología no ha impedido despedir las fiestas con 500 kilos de pólvora, a pesar de que la lluvia ya había obligado a suspender o modificar parte de la programación de este domingo.

Un balance que no cabe en una cifra

El Ayuntamiento de Zaragoza también destaca la repercusión digital de las fiestas, con 12,4 millones de impresiones en las plataformas municipales, un 19,2% más que en 2025, y más de 5,5 millones de visualizaciones de vídeo. Las oficinas municipales de turismo han atendido 12.555 consultas entre el 9 y el 17 de octubre, mientras que los servicios de limpieza habían recogido, hasta el día 15, cerca de 194.000 kilos de residuos de los dispositivos especiales, además de los 3.812.000 kilos de la recogida habitual.

En movilidad, los datos municipales provisionales contabilizan 2.369.715 usos del autobús urbano y 927.181 del tranvía entre el 9 y el 15 de octubre. El Ayuntamiento subraya el funcionamiento de los servicios públicos durante las fiestas y el incremento de usuarios, aunque advierte de que la comparación con 2025 debe tener en cuenta la distinta distribución de los días festivos.

Son indicadores útiles para conocer la dimensión de la celebración, pero insuficientes para valorar por sí solos el modelo festivo. Las cifras de asistencia, el alcance en redes o la actividad económica no responden a las preguntas planteadas por las organizaciones sociales: quién decide sobre el espacio público, qué recursos se destinan a prevenir las violencias machistas, qué lugar ocupan las reivindicaciones laborales y sociales y qué posibilidades tienen los colectivos de construir una programación propia.

Los Pilares de 2026 llegan así a su final con una imagen que va más allá del balance oficial. Una Zaragoza que llena escenarios y calles, pero también denuncia, protesta y reclama espacios para organizarse, una ciudad en la que conviven la celebración institucional y la resistencia popular, a menudo sin encontrarse. El “Somos” y los fuegos pondrán el punto final a las fiestas, pero las disputas sobre el modelo de ciudad y el derecho a disfrutarla colectivamente seguirán abiertas.


Más sobre los Pilars 2026 aquí.

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