Mirando de frente y sin gafas oscuras

En la mayoría de las ocasiones, con asuntos tan delicados como una guerra, lo sencillo es articular un “No a la guerra”, añadir “No a Putin” y un tímido “No a la OTAN” y quedarse al pairo

27 febrero, 2022. 12:07

Creo que en mi caso, me exijo algo más. Me exijo gritar sin duda alguna “No a la guerra ni a Putin ni a la OTAN”, pero también explicar los antecedentes, el marco geoestratégico, la calderilla que suena detrás de los disparos y pedir, además, a quienes lean el artículo, que contrasten, que averigüen si estos datos son ciertos. Tener criterio propio significa cotejar la información; refuerza lo manifestado en público porque además de sentir, lo has razonado. Este es el fondo del artículo. Por hacerlo concreto, pero resumido, evito, en la medida de lo posible, las concreciones de fechas, porcentajes o datos. En todo caso, el lector debería ir a varias fuentes para convencerse, o no, de la fiabilidad de lo expuesto.

Antecedentes

En 2014, en Ucrania, era presidente de Gobierno Viktor Yanukovych. Había ganado en 2010 de manera amplia (52%). Elecciones llevadas a cabo bajo observadores internacionales, juzgadas libres y los resultados justos. En febrero, en la llamada “Revolución Naranja” inducida por movimientos paramilitares, se dio un golpe de estado violento que depuso a presidente y Gobierno. Golpe de estado con el apoyo de parte de Europa y OTAN. (Conscientemente, no juzgo ideologías, solo relato hechos que cualquiera puede verificar).

A partir de ahí, la represión en los ruso-parlantes del país (casi la mitad de los 42 millones, con zonas en donde la densidad alcanza al 80 y al 90% como Crimea y el Donbáss). A raíz de un referéndum en donde un 90% de la población solicitaba adherirse a la Federación Rusa, Crimea lo hizo. Las regiones del Donbáss, con referéndum de parecidos resultados, se independizaron bajo dos nuevas repúblicas: Donetsk y Lugansk. El ejército de Ucrania y las bandas paramilitares que impulsaron el golpe de estado arremetieron militarmente. En seis meses de combates contra sus milicias hubo 14.000 muertos, también docenas de miles de refugiados.

El 5 de septiembre de 2014 se firmaba el protocolo de Minsk con el objeto de parar la guerra en el este de Ucrania. Este acuerdo se hizo bajo el auspicio de la OSCE europea e implementó un alto el fuego de inmediato. Los firmantes del citado protocolo fueron: la representante de la OSCE, Heidi Tagliavini, el representante ucraniano, expresidente de Gobierno, Leonid Kuchma, el representante ruso, Mijail Zurábov, y los líderes de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, Alexander Zajárchenko e Igor Plonittski. El protocolo consta de 12 puntos que cualquiera puede consultar. Entre los acuerdos, sobresalían la descentralización de esta región mediante un estatuto especial de autonomía, creación de una zona de seguridad entre Rusia y Ucrania, garantizar la realización anticipada de elecciones locales, retirada de los grupos armados ilegales, de los combatientes y de los grupos mercenarios de Ucrania (paramilitares). (En la misma línea, solo relato y expongo hechos, sin juzgarlos. Cualquiera puede verificar si son ciertos.)

Durante estos 11 años y medio, los acuerdos no se han cumplido por el gobierno de Ucrania a la par que generalizó la guerra abierta en el territorio. En estos momentos, hay dos zonas con gobiernos de las citadas repúblicas y otras dos zonas de la región regidas por el ejército ucraniano y los paramilitares.

El Gobierno actual de Ucrania (formalmente debería ser disuelto y realizar unas elecciones con supervisión de la ONU puesto que es fruto del golpe de Estado de 2014) estableció relaciones con la OTAN para pedir su ingreso y convertirse en país con armamento nuclear.

Los acuerdos entre la OTAN y la Federación rusa, Clinton y Yeltsin, Primakov y Solana como secretario general de la OTAN, en mayo de 1997, decidieron qué países podrían entrar en la OTAN en la cumbre del 8 de julio de ese año. De esta manera dejarían cerrado el statu quo de las nuevas relaciones entre la Organización y la Federación Rusa. Este documento se llamó Acta Fundacional OTAN-Rusia y venía a ratificar el freno de la expansión de OTAN hacia el Este de Europa. En la Cumbre, realizada en Madrid, se invitó a Chequia, Polonia y Hungría a integrarse en OTAN. Con estas integraciones se daban por supuestos los límites a los avances de esta Organización hacia el Este.

Posteriormente, la OTAN, motu propio, aumentó sus miembros en el Este con la incorporación de los países Bálticos y Rumanía. La posible incorporación de Ucrania, con miles de kilómetros de frontera con Rusia ha sido la gota que ha desbordado el vaso del continuado acoso de la Organización hacia Rusia, quebrando aquel statu quo firmado por Clinton y Yeltsin.

Posiciones actuales

En estos últimos meses, la Federación rusa plantea la firma por escrito de la preservación de Ucrania como país neutral.

Ucrania y la OTAN abanderada por Estados Unidos, defienden romper el compromiso de 1997 (roto ya en varias ocasiones) y ve con buenos ojos la admisión de Ucrania en la Organización. (Imaginemos la cara que pondría Estados Unidos si se pusieran misiles nucleares a diez kilómetros de sus fronteras. Ya pasó con la crisis de los misiles de Cuba en 1962 en la que el mundo estuvo en las puertas de una guerra nuclear por la instalación de misiles rusos a ciento cincuenta kilómetros de sus costas.)

Las repúblicas que se han independizado pedían —ahora, al hacerlo de facto, la petición será distinta— la formalización de los acuerdos de Minsk nunca puestos en práctica. Al contrario, en las zonas en donde el ejército ucraniano y los paramilitares mandan, se ha prohibido el uso del idioma ruso que es el idioma madre de toda la región.

Ante estas peticiones, el Gobierno de Ucrania ha hecho oídos sordos continuados en la creencia de que serían asistidos por la OTAN. Escalofriante manera de no querer acuerdos.

No olvidemos la parte económica de la cuestión. En todas las guerras hay un apetitoso bocado económico. Caso de que el gas ruso no llegue a Europa por la razón que sea, está el gas americano presto para arribar en barcos metaneros, licuarlo en las plantas de gas (hay 6 en España de las 20 europeas) y una monumental tajada de la tarta gasística pasaría a los bolsillos americanos. El montante del gas importado de Rusia es de 180.000 millones de metros cúbicos con un valor aproximado de 100.000 millones de euros.

Las guerras piden armas y las armas piden guerras. Otra causa económica de la mayoría de las inmensas estupideces que son las guerras cometidas al amparo de dioses, banderas, lenguas, egos. El fondo del conflicto es tan cínico como los doblones que se meten al bolsillo los fabricantes de armas.

No a la guerra, no a Putin ni a la OTAN

Ahora, después de esta explicación para tratar de entender las causas, puedo decir sin excusa alguna, sin peros en la bocamanga, mi repulsa más infinita a esta nueva guerra que, como todas, solo causa males, destrucción, muerte, curiosamente, solo a los de abajo. Nunca a los dueños de los bancos, de las armas, a los generales, a los que quieren ser dueños del mundo.

Ahora puedo decir, en voz alta y mirando de frente, que, independientemente de los antecedentes y de las posiciones, Vladimir Putin es un tipo mesiánico que encarcela a manifestantes, que encarcela a cientos de militantes del partido comunista ruso. Putin es un individuo nacionalista, de los del imperio, parecidos a esos de por aquí que andan, continuamente, diciendo eso de “por el imperio hacia dios”. Hay que decirlo claro y alto, Putin está rozando el filo-fascismo y es lo más parecido, personalmente, a lo que puede ser Trump en Estados Unidos, Netanyahu en Israel, Orban en Hungría o algunos de Vox en el Estado español. Con la particularidad de que, tanto su homólogo americano como él, tienen un potencial nuclear capaz de hacer saltar el planeta cientos de veces. Putin tiene de izquierdas lo que Jeff Bezos, el amo de Amazon, tiene de menesteroso.

Hace años, cuando Putin y Trump se reunieron sonrientes y se retrataron dándose la mano, en la confianza de ser tal para cual, escribí eso mismo en un artículo publicado y mi horror de que semejantes sujetos pudieran estar juntos.

Hoy, lo más importante que podemos hacer a escala planetaria es salir a la calle con ese grito de “No a la guerra ni a Putin ni a la OTAN”. Hoy, lo más importante que pueden hacer los comunistas y gentes demócratas en Rusia es salir a la calle a decir lo mismo. Es difícil porque el riesgo es la represión, idéntica a la nuestra hace 40 años, pero es lo que puede hacer callar, no solo a las armas, sino a esa mesiánica escalada armamentística que nos podría conducir a un holocausto. Y tan peligroso es Putin con su arsenal como la OTAN con el suyo. Al planeta, y a cualquier ciudadano de él, creo que le daría lo mismo morir de una inmensa explosión nuclear con la firma en inglés de la OTAN que con la firma rusa en cirílico.

Hay que parar esta guerra —por cierto, también la del Yemen, la represión del pueblo palestino, la guerra de Marruecos contra el pueblo saharaui. Aunque no suceda en Europa ni los muertos sean rubios, eslavos o mediterráneos, la guerra del Yemen, por ejemplo, alentada por Arabia Saudí y por los Estados Unidos, lleva ya cien mil muertos a sus espaldas ¡CIEN MIL! Y nadie ha puesto sanciones ni condenado a los causantes de dichas agresiones. Un muerto yemení o saharaui o palestino debería valer lo mismo que un muerto ruso o ucranio. ¿A cuánto se cotiza el muerto yemení? ¿Cinco, diez, por cada uno europeo? ¿Quién da más?—, hay que pararla lo antes posible para ir a un marco de negociación real.

Y pedir que se cumplan los acuerdos, todos los acuerdos. Y que la palabra sea la determinante, pero la palabra de todos. De Ucrania, de los rusos ucranianos que se quieren independizar, de los ucranianos que tienen derecho a vivir en paz en un país neutral que es, hoy día, el mejor argumento para alcanzar esa paz fiable y duradera.

Rabiosamente, sin peros: "No a la guerra, a cualquier guerra, a Putin, a la OTAN".


Más información en este especial.

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