Un año de tristeza

Las consecuencias del genocidio llevado a cabo en Palestina ya se están haciendo notar en nuestras sociedades, lejanas físicamente a la tragedia que viven en la Franja de Gaza, a la expulsión de familias palestinas de sus hogares en Cisjordania o a los bombardeos letales en el Líbano, pero para nada inmunes a la viralidad de las imágenes y opiniones en las redes.

Gaza, un año de genocidio | Foto: UNRWA

Hace unos días llamé a un amigo israelí que vive con su pareja y su hijo en Europa. Son antisionistas y hace un tiempo ya que decidieron abandonar Israel donde trabajaban activamente por concienciar a la sociedad israelí sobre la Nakba y donde cada vez era más insoportable ver crecer a su hijo libre de la propaganda bélica que incluso llegaba a ocupar espacio en los jardines de infancia. De hecho, la gota que colmó el vaso fue el día en el que su pequeño llegó con un “trabajo de manualidades” que habían estado haciendo en la guardería: un tanque militar hecho con rollos de papel higiénico.

Ante el reciente bombardeo iraní a Israel, le pregunté cómo estaba su familia a la que –me confesó– quiere convencer de que dejen ese país. “Están bien, tienen refugios, búnkeres… Fue un shock pero tienen donde protegerse… No como en Gaza”, dijo. Después le pregunté por su pequeño: “Bueno, el otro día tuvo un mal momento cuando unos niños le dijeron que era un judío y que los judíos estaban matando a niños en Palestina. Y, ¿cómo está vuestro pequeño?”.

Entonces le conté que un día le prometí a mi hijo que iríamos a visitar a su abuela a Deir al Balah (centro de la Franja de Gaza) pero me respondió que no podíamos ir porque nuestra casa ahí estaba “rota” y había “niños muertos”. A este comentario le siguió esta pregunta: “Mamá, y esta casa donde estamos ahora… ¿cuándo la van a romper ellos? ¿Nos van a matar?”.

Está claro que las consecuencias del genocidio llevado a cabo en Palestina ya se están haciendo notar en nuestras sociedades, lejanas físicamente a la tragedia que viven en la Franja de Gaza, a la expulsión de familias palestinas de sus hogares en Cisjordania o a los bombardeos letales en el Líbano, pero para nada inmunes a la viralidad de las imágenes y opiniones en las redes sociales.

Dos niños, uno nacido en Israel, teniendo que asumir las repercusiones de un gobierno israelí que está siendo investigado por crimen de genocidio, y otro niño, palestino, nacido en Beirut, al que los niños del colegio le dicen que su familia en Gaza está siendo bombardeada en una guerra, mientras su madre y padre prefieren hacer comentarios sobre su situación en inglés para que no entienda las atroces palabras de destrucción y muerte.

Son dos niños, pero no son dos mundos distintos: son dos niños que tendrán que esforzarse por tejer un futuro común y traer la justicia, la libertad y la paz a Palestina.

Un año después del 7 de octubre, Israel ha matado a más de 42.000 personas en la Franja de Gaza y ha dejado a cerca de 100.000 heridas, según el ministerio de Salud de la Franja. En Cisjordania, desde esa misma fecha, han sido cerca de 700 las palestinas y palestinos asesinados. Israel ha bombardeado el 87% de los colegios en la Franja, tal y como indican las evaluaciones realizadas por la ONU a través de satélite, y cada semana llegan noticias de nuevos bombardeos a colegios, e incluso el orfanato de Gaza, que han sido atacado mientras acogían a familias. El desplazamiento forzoso ya afecta al 90% de la población de la Franja, según indicia Amnistía Internacional.

Mientras, las personas asesinadas por bombardeos israelíes en el Líbano son, a fecha de 4 de octubre, 1.600 (ONU), y al menos 346.000 se han visto desplazadas bajo las amenazas de bombardeos principalmente en el sur, sureste y este del país.

Una de las frases más repetidas entre las personas judías antisionistas es que el Estado de Israel es el mayor peligro que existe para los judíos en el mundo. Israel está haciendo que se cumpla el peor de los escenarios pensados a partir del 7 de octubre de 2023, una “guerra multi-frentes”. Este viernes, el Ejército israelí anunció que un dron “lanzado desde Iraq” había matado a dos soldados de las fuerzas Golani.

Palestina, El Líbano, Siria, Yemen, Irán, Iraq son los frentes –deshumanizados por Israel– que Netanyahu no dudaría en bombardear masivamente por aire.

Bombardeo en el corazón de la clase obrera

El pasado 29 de septiembre, Israel bombardeó un apartamento en el barrio de Cola, una zona a la que se llega con una plácida caminata desde el centro de Beirut y que es un nudo de comunicaciones que conecta la capital con todo el Líbano. También es la puerta al mal llamado “bastión de Hezbollah”, el suburbio sur de Beirut (Dahiya), un barrio originalmente cristiano y que todavía hoy cuenta con una sustancial población cristiana, y donde -ciertamente- viven también chiíes y se encuentran instalaciones de Hezbollah: oficinas, centros de conferencias y eventos, etc.

La última vez que paseé por Dahiya, lugar al que iba habitualmente por trabajo, estaba embarazada y es de justicia decir que era el único lugar en Beirut donde el caótico tráfico se paraba en seco para dejar pasar a una mujer encinta –a veces tenía que pelear para que el de los bocadillos me dejase pagarle–.

Desde Cola a Dahiya la causa palestina es “la causa principal” y Jerusalén, “la brújula de la lucha”. El gobierno de Israel es “el enemigo común”, “el pequeño Satán” como le denominó Jomeini. El barrio de Cola, durante la Guerra del Líbano del 82 fue un lugar estratégico, el centro neurálgico de la izquierda combatiente palestina y libanesa contra las tropas sionistas. Un viejo excombatiente del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) me relató un día en la corniche de Beirut como en Cola, donde estaba la fábrica de Pepsi Cola, resistieron bloqueando hasta que pudieron con sus katiusha (lanzacohetes) la entrada del ejército israelí.

Lo cierto es, aún con la derrota que acabó con la presencia del frente palestino-libanés armado en el Líbano, Cola –como cuenta en un libro publicado recientemente George Mehrabian, exmilitante y comunista libanés de descendencia armenia– se convirtió en –esto sí es así– bastión de la clase obrera palestinolibanesa de Beirut por la presencia de dos importantes fábricas. Justo detrás del edificio que el 29 de octubre Israel bombardeó, asesinando a tres figuras militares del FPLP, viví una corta temporada al llegar a Beirut en 2017, junto a periodistas palestinos que nos acogieron hasta mudarnos a “Ashrafeek”, como satíricamente le llama el cantante libanés y comunista Ziad Rahbani, el barrio cristiano con cierto olor rancio a falange cristianolibanesa de Ashrafiyyeh.

Si de Cola a Dahiyeh la defensa de Palestina era un asunto social, viajar de Ashrafiyeh a Cola a veces me costaba un sufrimiento, no solo por aguantar conversaciones cargadas de desprecio y racismo contra personas palestinas y sirias refugiadas, sino por encontrar a un solo taxista que quisiese pasar por el checkpoint de Amal que había antes de llegar a mi oficina.

Desde que comenzaron los bombardeos masivos israelíes en el Líbano, miles de familias se encuentran sin techo, durmiendo en las aceras, bajo lonas de plástico en los mejores casos, devolviendo a la isla de Beirut un baño de realidad: Israel es el enemigo del pueblo libanés. Pero la maquinaria propagandística libanesa, haciendo uso de una portavocía que publica videos dirigidos a la población en árabe, está intentando disuadir a la población de que ellos solo quieren “su seguridad” cuando realmente les ordenan abandonar sus casas que posiblemente encontrarán luego hechas escombros.

En la Franja de Gaza, el Ejército israelí está impidiendo llegar a sus casas a cualquier persona desplazada que se acerque para buscar enseres, ropa o porque ya no encuentra un lugar fuera donde protegerse. Lo hace disparándoles con sus drones armados con ametralladora, algo que no sucede cuando son ladrones quienes se acercan a una casa vacía. La ocupación no dispara ni a ladrones ni a provocadores porque ellos también son ladrones y provocadores.

"Un año de tristeza” es el título de este artículo, pero no es de mi autoría sino de la fotoperiodista palestina Samar Abu Elouf que así lo escribía el otro día en sus redes sociales:

No encuentro mejores palabras para describir estos últimos doce meses a los que puede que se sumen otros tantos si los responsables israelíes no son detenidos, esposados y puestos ante la justicia.


Más información del genocidio en Palestina en este especial.

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