Esta extraña cita del ciclista Guillaume Martin resume bien ese equilibrio entre mente y cuerpo, y la lucha de tipos como el, por filtrarse en fugas que este año terminan siendo devoradas por el duelo de superhéroes que viene marcando el Tour en sus últimas ediciones. En la vida hay que estar preparado para todo y la mente (la confianza) mueve montañas.
El ciclismo está lleno de mil historias. No todo es hablar de la general y del duelo histórico entre Pogacar y Vingegaard. Así que empezamos por otras cosas. Mads Pedersen, un ciclista todoterreno que nos alegra la primavera de las clásicas, tuvo que abandonar en la 8ª etapa, tras su caída en el sprint de Saint-Vulbas. En el Bora no están teniendo suerte. Aleksandr Vlasov sufrió una dura caída en la etapa de Troyes. Tobillo fracturado y para casa. De Roglic escribiremos más adelante. Otros como Fred Wright fuera de tiempo en Le Lioran, mientras que Fabio Jakobsen abandonaba tras acabar a un mundo en esta etapa. “No me siento físicamente al 100%”, explicación tópica para el neerlandés del Team dsm. Michael Morkov, escudero de Cavendish en el Astana, abandona por Covid-19 en la misma jornada que Fabio. Igual que Tom Pidcock también dejaba la carrera, antes de llegar al Tourmalet. Las retiradas como pauta de las competiciones de tres semanas. Pello Bilbao tuvo que retirarse en la 12ª etapa, enfermo y agotado. Lejos queda su victoria del año pasado.

Para la segunda semana teníamos seis etapas. Tres llanas, una de media montaña y dos el fin de semana, en los Pirineos, con llegadas en alto, duras, para despejar ecuaciones.
Una de cal y otra de arena. Ya escribimos en la crónica de la primera semana sobre la actitud de muchos equipos y corredores en las etapas llanas. La velocidad media es lo de menos, siempre por encima de los 42 km/h, dependiendo del viento y la orografía, el problema viene con ese pacto silencioso de no dejar y que los equipos con sprinters -que son muchos- decidan sobre la resolución de la carrera. Así fue la 10ª etapa, entre Orléans y Saint Amand Montrond, localidad natal de Alaphilippe. Victoria al sprint, para Jasper Philipsen (Alpecin), tras un genial trabajo como lanzador de Van der Poel.
El miércoles 10 llegó uno de los momentos clave de la carrera. Tuvo que ser en el Macizo Central, por las cuestas imposibles del Cantal, en una jornada de 211 km entre Évaux-les-Bains y Le Lioran. En los últimos 45 km se encadenaban los ascensos a Néronne, Pas de Peyrol, Pertus y Font de Cère. Puertos breves de longitud pero con rampas que invitaban al ataque. Y así fue, con una fuga de calidad, que UAE no dejó hacer, con Carapaz, Healy y Lazkano, luchando contra lo inevitable. El líder Tadej atacó en el último kilómetro de Peyrol, haciendo buena escabechina en el descenso. Vingegaard se rehizo, soltando a Roglic en la siguiente subida, y deshaciendo la ventaja del esloveno, del cual no sabíamos si tenía un problema mecánico o se le había agotado el depósito de los carbohidratos. A partir de aquí, los dos últimos ganadores del Tour, abriendo hueco. 25” sobre Evenepoel y Roglic, y a casi dos minutos el resto de perseguidores directos. El danés de Visma vence al sprint a Tadej, de manera contundente, mostrando que ha vuelto para defender su corona. Pocas veces una etapa por estas montañas nos dejaba unas diferencias tan marcadas entre los favoritos de la general.
El landismo continúa vivo en este Tour, un tema recurrente, del que ya plasmamos alguna reflexión el año pasado. La eterna esquizofrenia entre los deseos y la realidad se ha equilibrado para el bueno de Mikel. Cuando no acude de líder, parece liberar su cuerpo. En estos momentos, tras el segundo día de descanso, 5º en la general, con opciones de mejorar su posición.
12ª etapa. 203 km de recorrido entre Aurillac y Villeneuve-sur-Lot para que el rutilante rey de los sprints de este Tour, lograse su tercera victoria. Biniam Girmay ganó a Van Aert y Ackermann, desatando la locura en Asmara, capital de Eritrea. La pasión va por barrios y no todo es fútbol para entender el bullicio africano ante una gesta histórica. La ecuación se complicó para Roglic, damnificado por una montonera a 11 km de la meta, llegando a más de 2 minutos del pelotón. Al día siguiente no estuvo en la mesa de firmas, 6º en la general. El Tour no quiere a Primoz, retirado en combate en sus últimas tres participaciones.
La jornada del viernes fue de todo menos tranquila. La clásica llegada a la capital del Béarn, Pau. El viento y los abánicos fueron protagonistas. Con Pogacar y Evenepoel jugando, igual que Visma o Lotto. Nervios, mucha rapidez. 165 km que nos dejaron la segunda victoria de Philipsen, venciendo a Van Aert y Ackermann. Esta vez sí que hubo alguna escabechina previa, con movimientos en el tramo final de Stuyven, Van Moer o Grellier. No todo va a ser monotonía en las etapas de transición. Juan Ayuso se retiraba por Covid-19, el gregario de lujo de Pogacar no terminará la carrera en su debut en la Grande Boucle.

Tanto en Pla d'Adet como en Plateau de Beille la victoria fue para Tadej Pogacar. Un corredor de época, que no especula y mira a la historia de los grandes del ciclismo. El sábado UAE puso su ritmo, sin grandes algaradas, en Tourmalet y Hourquette d'Ancizan, para que a mitad de la ascensión final a la estación de Saint-Lary, en la zona dura, el esloveno hiciera su apuesta ofensiva. Un poco diferente, ya que Adam Yates había hecho de avanzadilla, para propulsar el ritmo de su jefe de filas. El bueno de Ben Healy fue el último que aguantó de la fuga. Pero un minuto y poco no era suficiente. Tadej ganó con solvencia, unos 40” sobre Vingegaard, Evenepoel demostrando una gran adaptación a los encadenados de alta montaña, llegaba a un minuto y poco.
Al día siguiente, mismo resultado pero un teatro mucho más impresionante. Más calor, más kilómetros -rozando los doscientos- y un encadenado con Peyresourde, Menté, Aspet, Agnes y Plateau de Beille -todos con pendientes medias por encima del 7%-. Para los baroudeurs de la montaña, está siendo un Tour difícil. Muchos lo intentaron en esta etapa, como Carapaz, De Plus, Mas, Johannessen y Hindley, pero la voracidad de la lucha por la general no admitía treguas. Vingegaard hizo una apuesta valiente, desde abajo del puerto final, se soldó a su rueda Pogacar, sin mirar atrás ni concesiones. El resto de uno en uno, con explosiones importantes como la de Carlos Rodríguez. A 5 de meta, el esloveno vio que el desafío danés agonizaba. Jonas subía piñones y miraba para atrás. Muestra de debilidad y zarpazo para obtener su 14ª victoria de etapa en el Tour. Otro minuto más sobre Vingegaard y dejar una jornada de descanso con los deberes hechos y casi todas las ecuaciones despejadas.
Deporte de gestas y de récords. Pogacar invirtió 39'50” en la subida de Plateau de Beille, tres minutos más rápido que Marco Pantani en 1998. ¿La mejor actuación escalando de todos los tiempos?, pues lo dudo mucho. Aunque la gente se ha vuelto loca, comparando de aquí para allá. Se subió muy rápido desde abajo, de hecho los tiempos de los primeros clasificados rompen todos los esquemas. Como siempre, la sombra de la trampa, y todas estas especulaciones tan inherentes al deporte más duro del mundo.
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