Tour 2021: magia, récords, pedalear y producir

Tercera y última crónica del Tour 2021

Pogačar celebra su victoria tras disputar la crono final.

El serrablés Jorge Arcas (Movistar) debutaba en un Tour -el último aragonés que lo acabó fue Ángel Vicioso, hace 5 años-. El 8 de julio cumplió 29 años, lleva seis de profesional. El sueño de acabar la carrera de carreras es una realidad. Su función ha sido la de gregario, por eso no luce en la general (puesto 91º) ni apenas le vimos en escapadas. Otros lo tendrán más difícil. Como Robert Power (Team Qhubeka), que tiene una historia digna de contar. Se trata de un prometedor ciclista australiano, buen escalador, que justo cuando iba a debutar en profesionales le diagnosticaron una extraña enfermedad ósea que le generaba dolores en la rodilla. Una dolencia cuya curación podía durar hasta dos años enteros. Una progresión rota que no impidió que volviese a competir. De hecho, ha participado en las dos últimas Vueltas y con 26 años, aún puede repetir el sueño de Arcas. La vida no suele ser tan lineal y perfecta como lo vivido por Tadej Pogačar.

Esta tercera semana comenzaba con una jornada de transición, con puertos duros pero alejados de la meta entre Pas de la Casa y Saint-Gaudens, 169 km, con las subidas de Port, La Core y Portet d’Aspet, ideal para fugas de calidad. Y el guion se cumplió perfectamente. El pelotón dejó hacer la fuga y se desentendió (13 minutos respecto al vencedor). El elegido para la gloria fue Patrick Konrad (Bora), y lo suyo fue de mucho mérito, viniendo desde atrás con la escapada ya formada, tiró de calidad subiendo y su insistencia tuvo premio, rebasando a los dos grupos ya formados. El austriaco hizo su ataque definitivo en el Aspet, abandonando a sus compañeros de cabeza de carrera (Doubey y Bakelants), y ya no lo vieron más, en un buen pulso de 40 km en solitario. Ni Colbrelli ni Matthews ni Périchon, nadie de la fuga pudo echarle el guante. Un gran estreno como profesional para este escalador de 29 años, que ya había sido segundo en la etapa de Quillan, ganada por Mollema.

UAE trabajó duro para que su líder consiguiera un triunfo de etapa de montaña en la subida más dura de este Tour. Y así fue. En el col du Portet, a 2.215 m de altura, en medio de una boira que se arremolinaba sobre ciclistas, aficionados y paisaje. Esa es la historia de la 17ª etapa de este Tour, que ha ido de más a menos y eso que la jornada era de las elegidas para romper la carrera. 178 km entre Muret y el Portet, la prolongación de 9 km sobre Pla d’Adet que fue estrenada en 2018, con victoria de Quintana -que también lo intentaría esta vez, pero sin éxito-, en aquella mini-etapa de 65 km. Esta vez se evitaron ese esperpento para un deporte de gran fondo. Antes de la subida final, se encadenaba el Peyresourde y Val Louron. 30 años de la gesta de Miguel Induráin -su primer maillot amarillo-, en aquella mítica etapa Jaca-Val Louron, de 232 km, calor asfixiante, y que pudimos disfrutar en las reposiciones televisivas durante el confinamiento del año pasado. Pero volvamos al esloveno de oro, con 22 años, que maltrató psicológicamente a los dos ciclistas que aguantaron sus arrancadas en el puerto final. Urán había cedido, y Vingegaard y Carapaz tenían una oportunidad ideal para sacar una renta de garantías de cara a la crono final -los tres estaban envueltos en 15 segundos-. Todo fue muy voraz, engulleron al valiente Anthony Perez y el Portet planteó su dureza. Enric Mas se había quedado hacía un mundo, igual que Lutsenko. Se clarificaba la realidad de la lucha por el podio. Y Tadej se llevó la etapa en un rush final demoledor, Vingegaard y Carapaz reforzaban el segundo y tercer puesto del cajón final. Urán, a minuto y medio en la general. O’Connor y Kelderman en tierra de nadie.

La última etapa de montaña fue casi un calco de la vivida en el Portet. Con algunos detalles que varían, pero lo sustancial queda igual. En una jornada de menos kilometraje (129 km), entre Pau y Luz Ardiden. Me daba lástima alguien como Wout Poels, esprintando para afianzar su maillot de la montaña en los últimos rampones del Tourmalet, dejando sin aliento a Woods -otro de los aspirantes-, o tratando de minimizar segundos en la subida final; la victoria de Pogačar le dejó sin su sueño de topos rojos. Los ciclistas franceses naufragaron en su día nacional, y en esta etapa también buscaron ser protagonistas, desde Alaphilippe a Périchon, pasando por Madouas, Latour o el resucitado Gaudu -el último que aguantó de la fuga, engullido en los primeros km de Luz Ardiden-, pero el esloveno intratable volvió a imponerse en esta cima mítica. Antes, el paso por el Tourmalet fue a la marcheta, sin dejar mucho margen a la fuga. Se confirmó que Urán ha terminado sin fuerzas en esta tercera semana, se quedó en este coloso pirenaico, llegando a 9 minutos del líder (cayendo al 10º de la general). Ya hemos comentado que Tadej no desaprovechó la ocasión; esta vez, Vingegaard llevaba a Kuss, Carapaz ansiando un triunfo para Ineos y Enric Mas, recuperado de sus debilidades el día anterior. Pero un volcán anda desatado y su éxito confirma que sólo hay uno que domina todos los terrenos.

La decimonovena etapa se selló con la última fuga con éxito de la carrera. Entre viñedos y carreteras juguetonas, más de 200 km con salida en Mourenx y la meta en Libourne, frontera histórica y lingüística de la Gasconha. Presenciamos un bello desenlace en el que Matej Mohorič repitió táctica para enfundarse su segundo parcial del Tour. No lo tenía fácil, con rivales como Politt, Ballerini, Valgren, Gisbert o Van Moer, por nombrar a algunos, y equipos como Trek que filtraron a tres integrantes (Stuyven, Bernard y Theuns). La fuga cuajó a mitad de la etapa, y ya en la parte final, empezaron los ataques y contrataques; Mohorič dio el estacazo definitivo a 25 km de meta, llegando en solitario, con un gesto crítico hacia la redada policial que había sufrido su equipo Bahrain esta misma semana. El pelotón, a 20 minutos, esperaba la cita definitiva del día siguiente: la última contrarreloj.

En 1996, otro año olímpico, la última crono del Tour también se disputó por esta zona. 63 km entre Burdeos y Saint-Émilion, el doble que en 2021. Fue la edición en la que cayó el imperio Induráin, momento impactante para toda una generación de aficionados, y en esta crono se coronó un tal Bjarne Riis, que arrasó literalmente con todos sus rivales -la lectura de su biografía Nubes y claros, esclarece esta oscura época regada con EPO-, a pesar de que esta etapa la ganaría Jan Ullrich, rodando a más de 50 km/h. En esta ocasión, Wout Van Aert se desquitó de la primera crono, dejando a Kasper Asgreen (Deceunick) a 21 segundos de su marca, y a Jonas Vingegaard -2º en la general-, a medio minuto. Poco más. No hubo cambios de posiciones entre los diez primeros, e incluso Pogačar hizo un tiempo más terrestre. ¿Para evitar las típicas y tópicas especulaciones sobre su rendimiento?

El paseo parisino se convirtió en una pequeña tragedia para el afortunado de Cavendish. Wout Van Aert, en un sprint prodigioso, bien colocado y con potencia, le batió sin concesiones. La mitología ciclista tiene sus equilibrios y aquí, la mala colocación de Cavendish, provocó que al final, tenga que compartir récord con Eddy Merckx. Ni tan mal. Otro que se coló en la lucha por la última etapa fue Philipsen, que se ha hartado de segundos y terceros puestos en este Tour. Hasta seis, en total.

La victoria de Tadej Pogačar tiene letras mayúsculas. Se convierte en el primer ciclista en la historia que hace tres podios en grandes vueltas con menos de 23 años. También en el ciclista más joven en ganar dos Tours, con 22 años y 300 días, superando 107 años después, a Philippe Thys, que realizó esta hazaña en 1914 con 23 años y 291 días. La Primera Guerra Mundial ya había estallado.

Suena a tópico, pero es difícil para muchos equipos llevarse un botín decente de la principal carrera ciclista del mundo. Para los modestos es casi una odisea. B&B Hotels ha tenido presencia en fugas, con Pierre Rolland o Quentin Pacher, aunque ha destacado la insistencia de Franck Bonnamour. Este corredor bretón se ha llevado el premio al más combativo -incluso lo intentó en los Campos Elíseos-. El Intermarché-Wanty ha tenido una historia similar. Igual que Team Total Energies, con un buen Pierre Latour. Y así podríamos seguir con una buena parte de las escuadras participantes (Qhubeka, DSM o BikeExchange). Llama la atención el caso de Ineos, por presupuesto y por la trayectoria que llevaban en vueltas durante esta temporada (Giro, Suiza, Romandía, Dauphiné). Iban a por todas y el tercer puesto de Carapaz es un botín escaso para un equipo que lleva dominando el Tour la última década; sin victorias de etapa, con un Geraint Thomas sin opciones en ningún momento de brillar, con Tao Hart difuminado... El equipo británico es la antítesis del Jumbo-Visma, que se rehízo totalmente tras el abandono de su líder, Roglič, en la primera semana de carrera. Las tres victorias de Van Aert -en montaña, contrarreloj y en el sprint de París-, la exhibición de Kuss en Andorra o el sólido Vingegaard (2º en París), el único capaz de poner en “apuros” a Pogačar. Del UAE, otro de los grandes por puntos UCI, poco se puede decir, ya que se llevan el premio gordo, con un equipo a años luz del potencial dominador de bloques como Sky o Jumbo. Esta ha sido la magia de este Tour que cerramos, con un líder incontestable, pero con la carrera muy lejos de ser bloqueada. Ahí está Deceuninck, con un grueso botín, gracias a Cavendish (cuatro etapas y regularidad) y Alaphillipe (una etapa). O AG2R y Cofidis, metiendo a O'Connor y Martin entre los diez primeros. Lo de Movistar suena a una mala pesadilla, la era pos-Quintana se les está haciendo dura. Ni Mas ni López tuvieron opciones de brillar, y Valverde casi da en la diana de Andorra. Lo de Van der Poel queda lejos, pero será recordado por mucho tiempo. Magia y récords. O gestas.

Revisando el top ten del año pasado, nos damos cuenta de este ciclismo líquido. Sólo repiten en el mismo, Tadej Pogačar y Enric Mas. Las caídas han condicionado mucho la carrera. Hacía 20 años que llegaban tan pocos ciclistas a París. Uno de ellos fue Chris Froome, 133 en la general, sólo ocho ciclistas con peor tiempo, a cuatro horas y pico de Pogačar. Pura magia para quien ganó cuatro Tours hace no mucho. Historias para contar. Leía hace poco que la racionalización tecnocientífica del ciclismo amenaza el espectáculo de toda la vida, la emoción. El control de las fugas, los ataques para YouTube, el chequeo constante de vatios, la selección de las etapas a disputar. Pedalear y producir. Pero siempre habrá espacio para la magia. Al fin y al cabo, escribimos y disfrutamos del deporte más duro que existe.

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