Tour 2021: una purga de nueve días

Esta es la crónica de las nueve primeras etapas del Tour 2021, una emocionante purga que merece ser degustada paso a paso

Mathieu van der Poel con el maillot amarillo.

Breizh, la Bretaña, es el territorio elegido para el inicio de la Grande Boucle, en su vuelta al mes de julio, tras el Tour de 2020, pospuesto para septiembre. Un país peculiar, el bretón, asimilado por Francia en el siglo XVI y que conserva con celo sus señas de identidad como el idioma, el celtismo o una idiosincrasia política propia. Tiene la mitad de la superficie de Aragón y unos tres millones de habitantes. Su lema patrio, Kentoc'h mervel eget bezan saotret (“La muerte antes que el deshonor”) explica a la perfección lo sucedido en las primeras nueve etapas de este Tour.

Mientras Francia tenía su foto soñada, con Julian Alaphilippe alzando los brazos, victorioso, tras imponerse en la jornada inaugural, el parte de guerra del día era jugoso: dos montoneras en el tramo final, con Marc Soler llegando justo delante del coche escoba con la muñeca rota (adiós al Tour), un Chris Froome también magullado y algunos favoritos dejándose un tiempo precioso (López y Porte, a unos dos minutos). Antes de esto, Ide Schelling rodó libre una buena parte de la etapa, como último superviviente de la fuga del día. El holandés del Bora sabía que el pelotón, lo engulliría tarde o temprano, de premio iba a lucir el primer maillot de la montaña. Una etapa entre Brest y Landerneau, de 197 km, rompepiernas y con un final marcado para el lucimiento del ídolo francés. Y no falló en la subida final a la Fosse aux Loups, 3 km al 5% de pendiente media, con un ataque intenso y sostenido, que ahogó literalmente a sus rivales más directos (Van der Poel o Van Aert). Pogačar y Roglič se vigilaban. Y al final, el sprint de un grupo seleccionado de 20 unidades.

La tragicomedia del Tour, justo en el día en el que nos liberábamos de la obligatoriedad de las mascarillas al aire libre, hizo que las carreteras bretonas se convirtieran en una emboscada adornada por la imprudencia de una mujer, que, con pancarta en la mano, quiso saludar a su yayo, sin fijarse en lo que significa un pelotón enfilado. Una montonera masiva y lapidación de la imprudencia. En busca y captura. Esto no es nuevo y se lleva tiempo en el filo de la navaja. Al día siguiente, un tipo absurdo, totalmente desnudo, corriendo en paralelo al pelotón. ¿Hay excesivo celo en este ciclismo moderno de vatios, pinganillos y programaciones al milímetro? Debate abierto.

El festival de los “uphill finishers” continuó el domingo. El final en el Mûr-de-Bretagne, tras 183 km, con salida en Perros-Guirec, de terreno pestoso, con un circuito final con dos subidas completas a esta colina de casi 300 m de altura, y que nos llevó a la exhibición portentosa del chico de oro, Mathieu Van der Poel (Alpecin), imponiéndose con una maestría brutal. Adelantando paso en la primera subida y secando los ataques de Quintana y Colbrelli en el momento decisivo. Mathieu pasa a la historia por esta mitología tan característica del ciclismo, homenajeando a su abuelo, Raymond Poulidor, Pou Pou, el eterno segundo, quien nunca pudo vestir el maillot amarillo. Ese sueño lo cumplió su nieto. Todo de película de Hollywood. Por detrás, Pogačar, Roglič y Kelderman. El resto a pocos segundos.

Las dos siguientes etapas eran de transición. Pero este concepto en el Tour siempre es relativo. En la tercera (Lorient-Pontivy, 182 km), las caídas volvieron a ser protagonistas. Hubo de todo y para todos. Bahrain se quedaba sin su teórico líder para la general, Jack Haig. Jumbo perdía a Robert Gesink, un buen escudero para la montaña. Pero la lotería siguió con Roglič haciendo el afilador, a poco más de 10 km de meta, dejándose 1:22 con el grupo cabecero, o también los incidentes de Superman López y Geraint Thomas -el galés, al principio de la jornada-. De esta forma, el pelotón quedó reducido a 17 corredores, ganando el sprint Tim Merlier (Alpecin), segundo fue el lanzador de su equipo, Jasper Philipsen, y tercero, Nacer Bouhanni. En la misma volata, Caleb Ewan y Peter Sagan se fueron también al suelo. De los favoritos, solamente Carapaz entró en el grupo de cabeza. La cuarta etapa (Redon-Fougères, de 150 km), última por Bretaña fue para Mark Cavendish al sprint. 31 victorias parciales adornan su trayectoria en el Tour, desde 2008 -a tres de Eddy Merckx-, para un talento bastante maleducado que a sus 36 años ha vuelto al equipo de Patrick Lefevere, el Deceuninck. El excampeón del mundo se impuso a Philipsen y Bouhanni.

Cavendish celebra su victoria en Châteauroux.

En aragonés el verbo trigar significa seleccionar, entre otras acepciones. La contrarreloj del último día de junio fue una selección para la general en la que Tadej Pogačar mostró un poderío absoluto y casi indiscutible. Una crono corta, de 27 km, por un terreno quebrado, con muchos cambios de ritmo, por los alrededores de Laval, entre el Anjou y Normandía. El ganador del año pasado se impuso con contundencia, 19 segundos le sacó al especialista Stefan Küng, y unos pocos más a un sorprendente Vingegaard y a Van Aert. El líder Van der Poel resistió y podrá llevar el maillot amarillo hasta que llegue la alta montaña. De los favoritos, Roglič ejecutó una crono digna (a 44 segundos de Tadej) y otro especialista, como Thomas, se quedó a 1:18. Ambos han pagado sus problemas físicos provocados por las caídas. El resto, en torno a los dos minutos o más.

Antes de la montaña, otra oportunidad que no fue desaprovechada por los velocistas. No es país para las fugas, por lo menos en esta trepidante primera semana. Kluge y Van Avermaet apostaron fuerte, y cayeron a 2 km de meta, para mayor gloria de Mark Cavendish, quien vuelve a ganar sobre Philipsen, Bouhanni, Démare o Sagan. Una etapa entre Tours y Châteauroux, en la que se esperaban abanicos y no pasó nada más. Acumulación de esfuerzos. 48 km/hora de media. Duelen las piernas antes del primer contacto con la media montaña.

Para cuando la carrera pasaba por Autun, una localidad que conserva una preciosa catedral románica, todo estaba destrozado y los nervios a flor de piel. En la antesala de los Alpes, la séptima etapa abrazó unos 249 km, entre Vierzon y Le Creusot, una distancia de clásica. Y fue una jornada de locos, por la fuga-bidón que se formó a más de 200 km de la meta. Una escapada de unos treinta galgos, con buenos rodadores, de los que hacen daño en el llano, gente supuestamente peligrosa para la general como Nibali, un Van Aert desatado y el propio líder Van der Poel. UAE tuvo que sudar tinta ya que se rodó rapidísimo. Los puertos esperaban en el tramo final y ahí el más listo fue Matej Mohorič (Bahrain) que atacó lejos y tiró de capacidad de sufrimiento. Por detrás, en la subida al Signal d’Uchon, Roglič cedía (unos 4 minutos respecto al grupo de favoritos), Carapaz lo intentó, pero Movistar trabajó para que no cogiera tiempo en la general. Al final, una etapa épica que pasaría factura en las jornadas siguientes. De esta forma, en Le Creusot, antiguo epicentro borgoñón de la producción acerera, la clasificación general reforzaba a gente de la escapada y dejaba intuir lo que se vería al día siguiente.

Pogačar, vencedor de la primera crono del Tour.

Quedaba por concluir la purga, ya en beneficio de Pogačar. Y eso fue lo que sucedió en la etapa del sábado, entre Oyonnax y Le Grand Bornand, corta y trepidante, encadenando en la parte final las ascensiones a tres puertos de primera (Mont-Saxonnex y los durísimos Romme y la Colombiere), con la meta tras el rápido descenso de este último. Hizo un día de lluvia, feo y la carrera volvió a romperse. No hay guiones y la fuga tuvo fortuna, aunque costó que se formara, entre ataques y contraataques. UAE puso su ritmo y a unos 30 de meta, Pogačar decidió que era hora de jugar con fuego real. Una distancia poco lógica para el ciclismo de hoy en día. Lo hizo en la subida al col de Romme, Carapaz le aguantó pero fue un espejismo. Tadej no tiene rival. Roglič hacía muchos kilómetros que naufragaba y otros como Geraint Thomas llegaron al borde del fuera de control. El parcial fue para un certero Dylan Theuns -la segunda consecutiva de Bahrain-, que descolgó a Woods en la última subida y mantuvo cierto margen sobre un Pogačar que iba como una apisonadora. De hecho, ¿ha sentenciado el Tour? Los diez primeros van variando su posición, pero la sensación apunta a que la disputa se centrará por el podio.

Esta primera crónica la cerramos con la novena etapa, entre Cluses y Tignes, la jornada reina de este efímero paso por los Alpes. 144 km, con un perfil de dientes de sierra y ascensiones largas, como Saisies, Pré, Cormet de Roselend y los 21 km finales a Tignes. Otro día de lluvia y mucho movimiento para conformar la fuga buena. Por allí aparecieron Quintana, Woods, Higuita, Hamilton y O’Connor. La gloria fue para este último, el australiano de AG2R, el más fuerte, incluso llegó a soñar con ponerse líder. Atrás, Carapaz lo intentó en la subida final, pero Pogačar está inconmensurable. Batallas menores, como la de Nairo Quintana, ya primero en la clasificación de la montaña, o detalles como las lágrimas de Cavendish tras superar el fuera de control y poder seguir optando al récord de Merckx. Van der Poel ya está en casa, preparando los Juegos Olímpicos. Roglič también, con La Vuelta como objetivo. Y la general del Tour, un sube y baja de opciones, con Pogačar en plan dominador, recordando a épocas pasadas.


La previa de esta 108 edición la tenéis aquí. Y aquí, resúmenes y ganadores de etapa.

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