Tecnolatría

01 julio, 2026. 06:30

Aunque no se mencione en la información meteorológica en la TV aragonesa, lo cierto es que el rocío de la tecnolatría está empapando el mapa de Aragón.

Desde los boletines oficiales emanan día tras día con la infinita perseverancia de un dios perverso, declaraciones de impacto ambiental, autorizaciones administrativas previas y permisos de construcción de todo tipo de manifestaciones del tecno-feudalismo: centros de datos, fábricas de hidrógeno o instalaciones de almacenamiento energético. Regados con el dinero que no cobrarán los ayuntamientos a través del ICIO, crecen los Proyectos y Declaraciones de Interés General para Aragón. Con ello, el gobierno aragonés extiende su alfombra roja más tupida sobre sus paisajes hasta las sedes de las empresas del oligopolio y los grupos inversores, para que el neoliberalismo desbocado no manche sus zapatos en su paseo triunfal por los territorios ocupados.

Estos calurosos días, el oligopolio de la energía rebaña el plato de las irregularidades observadas y vuelven a poner sobre la mesa proyectos que fueron apartados tras no autorizarse sus líneas de evacuación (ejemp. Valmuel-Begues). Mientras Forestalia no parece especialmente preocupada por todo el barullo legal que gravita sobre sus actuaciones, bendecidas siempre desde el Pignatelli y continúa en el oscuro mercado de las energías renovables y sus negocios aledaños.

Algún optimista hubiera podido pensar que tras las gravísimas noticias sobre las gestiones de  Forestalia y el propio Ministerio, los proyectos gestionados por este grupo promotor/especulador se paralizarían, ante las sospechas/evidencias de fraude en sus Declaraciones de Impacto Ambiental. Pero parece que en el imaginario colectivo aragonés cabe poco optimismo. Penuria optimista que no mejora viendo el comportamiento del poder judicial en otras esferas de esa actualidad que nos bombardea constantemente.

Cuando hay juzgados que redactan sus condenas apoyándose en meras sospechas, cuando informes policiales (¡Ojo al patriotismo de las fuerzas de orden!), sin pasar por ningún juicio, se convierten en condenas públicas, no es de extrañar que la gente también condene a perpetuidad con parecida frivolidad. En este enmarañado laberinto plagado de incertidumbre y falsedad, la gente de a pie juzga sin ser jueces y los propios jueces a su vez acusan escasez de buen juicio. Como resultado: la morrocotuda confusión de una población desnortada a la que se ha sustraído la brújula del estado de derecho y los valores democráticos. Habrá que seguir la trama del caso Forestalia que a buen seguro, nos deparará alguna que otra interjección.

No hay que olvidar que la justicia no ha llegado a este emporio empresarial investigando lo que las plataformas ciudadanas venían denunciando, con sus comisiones parlamentarias y toda la pesca, se puede decir que ha sido un "beneficio colateral" del que si hay suerte, igual se destile una porción de justicia. Todo ello en medio de un tratamiento mediático claramente sesgado hacia la parte a la que, mira por donde, parece haberse constatado su conchaveo con los investigados en un caso de corrupción gubernamental.

Pese a todo, contra toda lógica y casi imperceptiblemente, también en forma de rocío, la conciencia ciudadana adopta mayoritariamente sin mayores ambages el discurso único del progreso infinito en base a una creencia ciega en que las tecnologías resolverán los problemas que de su aplicación se derivan. No pasa nada, todo ira a mejor y el espectáculo, el vodevil o el esperpento, según el gusto del espectador, seguirá su tournée por las pantallas y los cerebros de los aragoneses a los que, como al resto de españoles, parece preocupar más el futbol y las vacaciones que la realidad en la que navegan/naufragan sus vidas.

Solo así puede explicarse que algo tan identitariamente aragonés como la lucha contra el Trasvase del Ebro vaya a parar al cesto de las banalidades patrias y que a nadie le extrañe que el gobierno aragonés se halla gastado en tres meses en medios de comunicación 3,2 millones de euros, el triple de lo que gastó el de Lambán en un año.

La NUBE, que se pretende embalsar en el cielo aragonés, gran demandante de energía y agua, es la nueva versión de trasvase que nadie quiere mirar. La revisión tecnólatra de los embalses de los años 50-60 que se ofrecía a los pueblos inundados como el gran motor de aquel Aragón de unos planes de desarrollo que desarrollaron otras tierras distintas a las que regulaban el agua. Exactamente el mismo formato con que la gobernanza de la Aljafería está seduciendo a sus ciudadanos de hoy.

Debe ser que los aragoneses nos hemos acostumbrado a vivir con las habitaciones llenas de elefantes y ya no causa extrañeza este revival tardo-franquista que se quiere imponer como nueva normalidad.

Llegados al inevitable párrafo de la esperanza, cuesta teclear las razones para mantener limpios los canales de la vida en medio de tanta inmundicia anímica como la que trasiegan nuestros propios representantes públicos. Tendrá que ser, como siempre, de la lectura pausada de la historia natural, de la humana y del pensamiento acumulado desde el final de la II Guerra Mundial, de donde puedan extraerse los motivos para compensar toda la maldad acumulada por la banalidad en los últimos tiempos. También puede ser interesante recurrir a la Inteligencia Natural, esa que surge del sueño, de la conversación con "el otro", del trabajo cotidiano, de la empatía con el distinto y de la fe en una sociedad igualitaria.

La teatralidad del mundo político se ha tornado tan patente, que el teatro parece  el reinado de la realidad. Hannah Arendt

Firma

Noticias relacionadas

· “ESTAMOS CON VENEZUELA” ·
· PUBLICIDAD ·
· CANAL TELEGRAM ARAINFO ·
· CANAL WHATSAPP ARAINFO ·