Solo 8 de las 280 socias de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y los Cuidados pudieron solicitar el subsidio extraordinario

Oxfam Intermon ha publicado el estudio de Zaragoza "Cuidados esenciales, cuidados invisibles. Las trabajadoras del hogar y cuidados tras la pandemia". El estudio de seroprevalencia reveló que esta profesión tenía en 2020 un 16,3% de prevalencia de COVID-19, solo por detrás del personal sanitario.

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Portada del informe de Oxfam Intermon.

La llegada del COVID-19 ha mostrado que los factores sanitarios se entrelazan de tal manera con los económicos y sociales, que no podemos disociar la incidencia del coronavirus de la distribución desigual de la riqueza, de la jerarquía social o de un acceso diferencial a la salud o la vivienda. Factores todos ellos fuertemente atravesados por la clase, el género y la raza. Los efectos de la crisis sanitaria han sido desiguales y han afectado en mayor medida a los sectores más golpeados y precarizados, especialmente a las personas que trabajan en la economía informal. Y, si hay un sector laboral que condensa todas esas desigualdades, es el empleo de hogar y cuidados. tal y como se recoge en el estudio realizado en Aragón "Cuidados esenciales, cuidados invisibles. Las trabajadoras del hogar y cuidados tras la pandemia" que este 1 de diciembre publica desde Oxfam Intermón.

Si bien la pandemia ha hecho que escuchemos hablar más sobre los trabajos esenciales como el de los cuidados que antes, la falta de reconocimiento de éstos como sustento de la vida, continúa imperando en nuestra sociedad. El empleo doméstico sigue siendo un trabajo feminizado y racializado, con una remuneración, unos derechos y un prestigio social inferior al de cualquier otro.

El colectivo por detrás del personal sanitario con mayor prevalencia de COVID-19

Además, con la pandemia se ha agudizado un empeoramiento de las condiciones laborales y sociales de las trabajadoras de hogar y cuidados. No solo se han visto mermados sus ingresos, descansos, derechos o jornadas laborales, sino también su bienestar físico y emocional, así como su salud mental. Se ha producido un aumento evidente en los malestares psicológicos debido al aislamiento, la soledad, al encierro, el agotamiento o a la falta de ingresos.

Tal es así, que los datos proporcionados por la cuarta entrega del estudio de seroprevalencia del Ministerio de Sanidad, de diciembre del 2020, revelaron que entre los colectivos con mayor prevalencia estaban las mujeres que cuidan a personas dependientes en el domicilio (16,3%), solo por detrás del personal sanitario (16,8%).

“Sin la entrada de ingresos, la mayoría de trabajadoras del hogar no han podido hacer frente al pago del alquiler, de comida, de telefonía móvil, etc., además, de tener que cortar el envío de dinero para el sustento de sus familias en origen (remesas) con la sensación amarga que ello supone al dejar de cuidar a su propia familia”, explican desde Oxfam Intermon.

También se ha producido un aumento significativo del endeudamiento de las trabajadoras, como factor nuevo tras la COVID-19. “Hemos visto como la deuda contraída, tras meses de impago del alquiler o para poder mandar remesas, ha permitido nuevas formas de explotación al obligar a las trabajadoras a aceptar cualquier tipo de condiciones laborales frente a la obligación de pagar la deuda”, denuncian.

La deuda, junto a la situación administrativa irregular, flexibilizan de tal modo las condiciones de trabajo que deben aceptar las trabajadoras, que, en ese sentido, constituyen dispositivos eficaces de explotación, obediencia y violencia.

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Estatuas en Zaragoza. Foto: Trabajadoras de los cuidados de Zaragoza.

Las internas, exclavas del siglo XXI

Mención especial requieren las trabajadoras de cuidados internas: las esclavas del siglo XXI, apunta Marysol Ruberte, una de las autoras del estudio, ya que "si bien es cierto que vemos como las mujeres que desarrollaban su trabajo dentro de la modalidad de interna son las que menos han perdido su empleo durante la crisis sanitaria, no es menos cierto que son las trabajadoras que más vulneraciones de sus derechos laborales sufren, puesto que ninguna de las entrevistadas cobraba el salario mínimo marcado por la legislación, disfrutaba de vacaciones, pagas extras o días festivos".

Por otro lado, las instituciones públicas y políticas sociales no solo han mostrado sus límites a la hora de atender las necesidades de la ciudadanía, tras años de recortes; sino que, incluso las medidas extraordinarias puestas en marcha para proteger a ciertos colectivos laborales o a la población más vulnerable, siendo positivas, han dejado sin atención a la mayor parte de las trabajadoras de hogar y cuidados, por estar muchas de ellas en la economía informal o en situación administrativa irregular.

Gran parte de las dificultades sociales, laborales y psicológicas, junto a las trabas burocráticas que impone la administración pública, son consecuencia directa de una Ley de extranjería que “condena a la invisibilidad, a la exclusión social y a la falta más mínima de derechos a un gran número de trabajadoras de hogar y cuidados”, explican en el informe.

El subsidio extraordinario para las trabajadoras del hogar

De hecho, en Zaragoza apenas tuvo efecto la medida de protección institucional que se artículo en el Decreto-ley 11/2000 que proporcionaba un subsidio extraordinario para personas empleadas de hogar. La mayoría de las mujeres entrevistadas y consultadas para la elaboración de este estudio, no tuvieron acceso a estas medidas extraordinarias, de hecho, solo ocho de las 280 socias de la Asociación de Trabajadoras de Hogar y Cuidados de Zaragoza la solicitaron.

Aunque la Ley de Extranjería es la cara más visible de esta forma de inferiorizar a las personas migrantes, no olvidan que el racismo institucional no es un hecho puntual, sino que tiene un carácter sistémico y estructural.

Ante estas deficiencias, se ha recurrido a otras formas de autoorganización en la ciudad de Zaragoza como el apoyo del tercer sector, las redes de apoyo vecinal o el tejido asociativo de los barrios coordinado con la caja de resistencia que puso en marcha la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados de Zaragoza, pero también con algunas trabajadoras sociales y ambulatorios, con un resultado muy útil y positivo, que ha servido de fuente de empoderamiento y de herramienta eficaz de sostenimiento de la vida del colectivo, llegando a más de 90 mujeres.

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Foto: Trabajadoras del Hogar y los Cuidados de Zaragoza.

"Además, ha servido para que las trabajadoras del hogar y cuidados no se sintieran solas sino parte de una comunidad. Es decir, el apoyo no ha sido solo económico, sino también emocional. Por ello, entre las recomendaciones del estudio, incluimos seguir avanzando hacia un modelo socio-comunitario que ha funcionado, si bien es algo que debe de hacer la administración", explica Sofía Jiménez, una de las autoras del estudio.

Así pues, "es evidente que es urgente una transformación justa hacia otro modelo de cuidados y articular políticas que pongan los cuidados en el centro, implementando medidas que proporcionen las condiciones políticas, sociales, materiales y emocionales que permitan que todas las trabajadoras de hogar y cuidados, independientemente de su raza, género y clase, tengan no solo una vida digna sino una vida digna de ser vivida", afirma María José Gascón, representante territorial de Oxfam Intermón en Aragón.

El estudio recoge más de 45 medidas (legales, socio-laborales, fiscales y de ámbito territorial y municipal), propuestas por las propias trabajadoras, encaminadas a paliar tanto los problemas endémicos del sector, como las consecuencias recientes de la pandemia.

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