Sobre el nuevo ciclo: hipótesis y militancia. Apuntes estratégicos desde Anticapitalistas Aragón

Desde hace varios meses, militantes de movimientos sociales y de diversas organizaciones de la izquierda transformadora parecemos estar dándole vueltas a la misma vieja pregunta: ¿Qué hacer?

Aragón
Lajos Kassak.

Cómo logramos avances políticos significativos en un momento marcado por múltiples crisis y una parálisis social en la respuesta, ¿qué formas organizativas nos resultan ahora mismo más útiles para acentuar los antagonismos de clase? ¿Cómo recuperamos una pulsión revolucionaria que empuje hacia futuros emancipadores mientras lo mejor que la izquierda institucional es capaz de ofrecer es el mantenimiento del orden establecido?

Es nuestra responsabilidad, la de aquellas organizaciones y militantes que nos esforzamos día a día en construir el movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual, tomarnos en serio estas preguntas. Teoría y praxis deben combinarse y hacerse cuerpo en la forma partido.

El diagnóstico que hacemos del momento histórico y nuestra comprensión de la realidad, por tanto, tienen necesariamente implicaciones concretas en nuestra práctica política diaria. En este artículo queremos presentar la forma que toman algunas de estas consecuencias sobre Anticapitalistas Aragón, adaptando la hipótesis a la fase.

Neoliberalismo compasivo y crisis de acumulación del capital

El marco político en el que nos movemos está marcado por una crisis prolongada del capitalismo global, con unas tendencias depresivas de la tasa de ganancia desde hace décadas. Esto nos sitúa en un escenario de incremento de la explotación laboral, del expolio de recursos naturales y de las desigualdades, tanto al interior de las sociedades como entre países. El capital ya no tiene dónde desplazarse y necesita reiniciar sus ciclos de recuperación.

Hay tres factores claves que se repiten con el propósito de aumentar la acumulación de capital: la mercantilización de los servicios públicos, el ataque a los salarios y la expulsión fuera del terreno de los derechos de todo lo relacionado con la reproducción social.

Estas dinámicas se acentúan todavía más con la combinación de inflación, remilitarización y crisis ecológica. La inflación que estamos sufriendo en estos momentos es una herramienta para la recomposición de los beneficios y de la tasa de ganancia del capital. Nos enfrentamos, por tanto, a una fase política en la que se van a acentuar los antagonismos de clase y la explotación.

Las consecuencias del caos climático y el declive en la disponibilidad de recursos naturales aumentarán todavía más la presión sobre la clase trabajadora y los países del Sur global. Solo un proyecto político ecosocialista podrá hacerse cargo de estas crisis sucesivas y entrelazadas mediante transformaciones estructurales que cuestionen las relaciones de propiedad de los medios de producción.

Plantearlo en estos términos puede parecer utópico o alejado de los problemas inmediatos a los que debemos enfrentarnos. Estamos demasiado acostumbradas a una miopía y una ausencia de imaginación política que nos impide enfocar la vista más allá del estrecho cerco de lo urgente y lo posible en términos inmediatos.

Es justamente esa nubosidad en la visión revolucionaria lo que provoca una enorme desorientación y un trabajo político errático, sin horizonte, tanto en los movimientos sociales como en colectivos, organizaciones, sindicatos y partidos.

Actualizar los mapas

En 2013, Anticapitalistas tomó la importante decisión de impulsar Podemos a nivel estatal, así como múltiples frentes electorales a nivel municipal. La hipótesis política en la que se fundaba esta decisión se basaba en la existencia de un campo popular dinámico, abierto, y fluido, en ruptura con las organizaciones políticas y sociales tradicionales, que buscaba nuevas formas de participación y representación política. Este movimiento no era homogéneo y las posiciones rupturistas no eran mayoritarias.

Las demandas no eran anticapitalistas, pero sí antineoliberales. En este contexto, consideramos que la obligación de las fuerzas anticapitalistas estaba en integrarse, sin disolverse, en este proceso defendiendo un programa rupturista y un horizonte alternativo de sociedad. Por eso pusimos nuestra organización a trabajar en la construcción de un partido-movimiento antineoliberal y anti-régimen.

Lo que ha ocurrido entre 2014 y ahora ya lo conocemos, y hemos compartido públicamente nuestros análisis al respecto. El rumbo marcado por la dirección del “espacio del cambio” ha terminado adoptado un programa paliativo del neoliberalismo o, simplemente, la imposible postura de un neoliberalismo compasivo.

A través de la vía de los hechos, se ha renunciado a la ruptura con el sistema político del Estado español, ajustando continuamente su acción al campo de lo posible dentro del régimen y buscando continuamente el cogobierno con el socioliberalismo del PSOE. Por nuestra parte, consideramos que la consumación de este giro cancela la hipótesis con la que habíamos trabajado durante los años previos.

Asumimos que estamos en una nueva fase. Y, desde Anticapitalistas, entendemos como un error cualquier propuesta que pase por un frente amplio con las fuerzas que afirman defender un programa antineoliberal pero que renuncian a los métodos para conseguir llevarlo a la práctica.

Al mismo tiempo, nuestra apuesta tampoco pasa por la vuelta a una hipótesis basada en la unidad de pequeñas organizaciones de la extrema izquierda, que en demasiadas ocasiones se ha demostrado inoperante, cargada de sectarismos e incapaz de impulsar procesos amplios de autoorganización de la clase.

Si bien nuestras tareas políticas en el anterior ciclo estuvieron orientadas hacia la construcción de una corriente revolucionaria dentro de un bloque antineoliberal, ahora mismo nuestras tareas se centran en la construcción de un polo radical y anticapitalista, que siente las bases para ampliar el campo de la lucha política y se prepare para nuevos acontecimientos. Tenemos por delante un periodo de acumulación de fuerzas, rearme y fortalecimiento.

En ese sentido, apostamos por centrarnos en reforzar Anticapitalistas como proyecto político independiente, y en impulsar y acompañar la construcción de aquellos espacios y movimientos potencialmente capaces de forzar una mejora en la correlación de fuerzas a favor de la clase trabajadora, tratando de dotar de unidad y perspectiva estratégica revolucionaria a los movimientos emancipatorios.

Con esto nos referimos también a defender la autonomía de los movimientos sociales y sindicales frente al Estado, evitando caer en una dinámica clientelar o “demandista”, y trabajando sobre una agenda propia y con independencia organizativa. Traducir la resignación en consignas, ideas y propuestas fuertes que amplíen la conciencia de las mayorías trabajadoras.

Poner en práctica la unidad de acción y las alianzas programáticas como única vía para resistir, recomponer el movimiento popular y tomar el impulso necesario para levantar alternativas sólidas al neoliberalismo autoritario que gobierna el mundo. Asumimos, por tanto, nuestra obligación como revolucionarias en volcarnos hacia generar una voluntad colectiva que dispute a largo plazo la cuestión del poder: es decir, qué clase gobierna.

De la impotencia del progresismo (y sobre el cambio de rumbo de Zaragoza en Común)

En 2019 se produjo la ruptura de Podemos Zaragoza con el gobierno de Santisteve y Zaragoza en Común (ZeC). Este posicionamiento actuó como correa de transmisión del Gobierno de coalición estatal en la ciudad, a lo que se sumaba la entrada de Podemos Aragón en el gobierno cuatripartito de Lambán. Todo esto hizo que Zaragoza en Común apareciera públicamente como contrapeso a la subalternización política al socioliberalismo y como propuesta de izquierdas independiente.

Nuestra lectura en ese momento fue doble: por un lado, era necesario reforzar la hipótesis de Zaragoza en Común frente a la de Podemos Zaragoza; por otro, estaba abierta la posibilidad de construir un polo de izquierdas con autonomía política respecto al socioliberalismo. Por tanto, nosotras apostamos por participar en Zaragoza en Común para favorecer que este espacio plural fuese capaz de ejercer de contrapeso a otros sectores, como Podemos, que estaban entrando a reforzar las políticas y los gobiernos del PSOE y del PAR.

En todos estos años, los pasos dados por Zaragoza en Común no han respondido a un plan general debatido internamente ni a una orientación estratégica clara, sino que han sido más bien una suma de movimientos tácticos ante acontecimientos externos y, muy especialmente, ante los movimientos de las diferentes familias del progresismo a escala aragonesa y estatal.

Por nuestra parte, hemos intentado reiteradamente, sin éxito, abrir un debate en el seno de Zaragoza en Común donde poder explicitar las diferentes posturas que sabemos que existen y debatir democráticamente sobre orientación y alianzas. Los dos momentos clave para esto han sido la entrada en el gobierno de la Diputación Provincial de Zaragoza de manera subordinada al PSOE, y los acercamientos al proyecto de Yolanda Díaz.

Actualmente, podemos decir que Zaragoza en Común ha entrado en la órbita de la dinámica del progresismo, aceptando el horizonte del co-gobierno con el socioliberalismo. La disputa ha pasado de darse a la interna de ZeC por la independencia política del espacio y la diferenciación clara con respecto al PSOE, a darse entre ZeC y otras organizaciones por ver quién logrará imponerse como base local del yolandismo. Se ha producido, por tanto, un cambio de rumbo que supone el reforzamiento de las tesis políticas de Unidas Podemos y Sumar, así como un claro acercamiento a sus posiciones políticas de subalternización al socioliberalismo.

Reconocemos que, por nuestra parte, no hemos sido capaces de trabajar con la suficiente fuerza y convicción en Zaragoza en Común como para forzar un cambio en la correlación interna de fuerzas y convencer a otros sectores de no hacer este cambio de rumbo. Seguimos pensando que tomamos una decisión correcta en 2019 iniciando nuestra andadura en este espacio, y hacemos un balance positivo de muchas de las iniciativas políticas desplegadas por ZeC y de la acumulación de experiencia que ha supuesto el trabajo de todas las personas comprometidas que participan y han participado en sus diferentes instancias, asambleas de barrio, grupos sectoriales, etc. Además, la existencia electoral de Zaragoza en Común ha constituido, en sí misma, un valor enormemente positivo para la ciudad y para todo Aragón.

Los procesos electorales constituyen momentos de excepcionalidad donde se abre la puerta al debate político a amplias capas populares y donde es posible transmitir mensajes más allá de los limitados círculos de difusión habituales.

En estos momentos, la presencia electoral de una fuerza procedente de las clases trabajadoras y con independencia política puede ser desencadenante de un proceso de politización de masas para sectores tradicionalmente no vinculados a la izquierda radical, además de ganar posiciones institucionales desde las que presionar políticamente en muchos sentidos.

Sin embargo, existen unos andamios mínimos que deben estar presentes para embarcarse en proyectos electorales amplios de este tipo. Ante el cambio de rumbo de Zaragoza en Común, se genera un vacío sobre el tipo de apuesta electoral que consideramos necesaria para la lucha política, lo cual es sin duda una mala noticia y nos obliga a constatar el fin de nuestro camino conjunto.

Aspiramos a que en el futuro pueda darse una fuerza así en Aragón y, por nuestra parte, dedicaremos todas nuestras energías desde este momento para contribuir a ello, impulsando todos los espacios y conflictos que puedan favorecer el surgimiento de unas condiciones cualitativamente diferentes sobre las que se abran nuevas posibilidades.

¿Mejor esto que nada? Un alegato a la organización política

En definitiva, y como hemos dicho anteriormente, constatamos el inicio de un nuevo ciclo político y asumimos como organización los errores cometidos en el pasado, tratando de extraer de ellos lecciones que nos preparen para intervenir mejor en el nuevo periodo. Sabemos que la situación es difícil. La política de la ilusión, que moviliza pasiones sin ofrecer una base sólida sobre la que reposarlas, ha devenido en un “no hay alternativa” donde la única opción a los monstruos de las derechas parece ser la gestión caritativa de las migajas (y demos gracias).

El apoyo descreído y resignado del “mejor esto que nada” no sólo se ha demostrado incapaz de frenar el deterioro de la vida de las clases trabajadoras, sino que es además profundamente inútil para hacer frente a las grandes urgencias del momento (guerra, inflación, emergencia climática, etc.).

La lucha contra la apatía política no puede hacerse a través de proclamas vacías ni de teatrillos parlamentarios/institucionales, pero tampoco desde el insulto y el desprecio al conjunto de la clase trabajadora revestido de paternalismo de izquierdas. Muy al contrario, la realidad nos exige ser capaces de romper con la lógica de diferenciación y construcción de gueto que tan frecuente ha sido dentro de la izquierda, para actuar en base a una lógica antagonista, sí, pero también y sobre todo con voluntad de agrupamiento.

Desde Anticapitalistas queremos hacer un llamamiento a la organización política y a la militancia revolucionaria, entendidas éstas no desde un prisma idealista ni desde una óptica del sacrificio infértil. Sino desde la comprensión de que acuerparnos, instruirnos, hacer colectiva nuestra imaginación y unir nuestros esfuerzos, son la única manera de incidir en la realidad y de forzar un cambio de rumbo en la crisis del capitalismo.

Una militancia no auto-referencial y proselitista, sino impulsora de un movimiento unitario, amplio y de clase, que interseccione las luchas, las dote de un horizonte estratégico y permita acumular fuerzas a la clase trabajadora en la pugna por el poder político. Puede parecer una tarea ingente, pero es desde luego mucho más fructífera que el refugio cobarde en el “esto es mejor que nada”.

Militar, para nosotras y nosotros, compromete un sentido de responsabilidad hacia los desconocidos. Un compromiso revolucionario y comunista que nos exige no conformarnos, no quedarnos nunca cómodos, sino tratar de adaptar siempre nuestra hipótesis de construcción política a la realidad de cada ciclo, tratando de no perder por ello el horizonte. Esa es nuestra propuesta.

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