Reivindicar la libertad: la lucha contra la homofobia en Rumanía

El sábado 14 de agosto no fue un día más en Bucarest. En el centro de la ciudad hubo dos concentraciones: una por la libertad y otra en contra. Tolerancia e intransigencia, esperanza y desesperanza se encontraban a pocos metros de distancia.

Imagen: José Antonio Mérida Donoso.

La organizadora Accept estima que el número de participantes en la Marcha del Orgullo de Bucarest 2021 fue de aproximadamente 10.000 personas. Accept es una ONG que aboga por los derechos de las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero (LGBT) en Rumania desde 1996. Mucho se ha avanzado en el país desde aquel año, cuando estaba en vigor el artículo 200 de la Constitución Rumana que penalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo. Hasta entonces, la homosexualidad había sido prohibida desde 1937, con el rápido ascenso del fascismo en Europa, bajo el régimen autoritario del rey Carlos II. Durante el período comunista, la criminalización de la homosexualidad en el Código Penal se preservó y fortaleció, clasificándose como delito grave contra el orden socialista. El Código Penal de 1968 preveía prisión de 1 a 5 años para los que mantuvieran relaciones sexuales con personas del mismo sexo. Accept tuvo una posición decisiva en la derogación de dicho artículo en el 2001.

 

Mucho ha llovido desde entonces. La apertura a una sociedad tolerante ha ido calando gota a gota, por mediación de personas que han sabido erosionar el pensamiento mayoritario y conservador para luchar por una sociedad libre. Sin embargo, conforme se ha gestado este avance, algunos partidos de extrema derecha, que proclaman la necesidad de "luchar" contra la llamada "ideología LGBTQ", han ido ganando acólitos. Así ocurre con la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR, Alianța pentru Unirea Românilor), el partido fundado en 2019 que en las elecciones legislativas del 2020 obtuvo 31 escaños en el parlamento, bajo el eslogan de los cuatro valores principales que dicen defender: familia, nación, fe cristiana y libertad. Consideran la homosexualidad una depravación moral y reclaman que se importe la ley del primer ministro húngaro Viktor Orban contra “la propaganda gay”, la misma que mezcla la pedofilia con la homosexualidad y la transexualidad. Por su parte, la antigua ONG Nueva Derecha (Noua Dreaptă), convertida en partido político desde el 2015 y seguidora de los ideales de la Guardia de Hierro y del movimiento legionario de entreguerras, había convocado previamente una contramanifestación al mediodía bajo el hiriente lema Marșul Normalității (Marcha de la Normalidad).

A pesar de ello, miles de personas no se amedrentaron y proclamaron su ansia de libertad por Calea Victoriei, una de las arterías principales que atraviesan Bucarest. Eran principalmente jóvenes, ataviados con los colores del arco iris los que los que inundaron la avenida. El recorrido se prolongó hasta la Plaza de la Universidad (Piața Universității) donde las banderas del Orgullo parecieron multiplicarse. Sin embargo, muy cerca de ahí, en la fuente de la misma plaza, permanecían algunos simpatizantes de la Nueva derecha. Armados con iconos, banderas y pancartas en contra de la homosexualidad. Ese era el contraste que ofreció el sábado Bucarest, y con él un país al que le queda un largo recorrido para llegar a la plena igualdad entre las minorías sexuales y el resto de la ciudadanía.

No en balde, se trata de uno de los países más religiosos de Europa, con una Iglesia Ortodoxa que se opone abiertamente a las relaciones homosexuales y que, presentada como símbolo de identidad nacional, mantiene un papel fundamental en la opinión pública. Así las cosas, no es de extrañar que en las manifestaciones de partidos de sesgo abiertamente fascista, los autoproclamados baluartes de un pretendido “espíritu rumano” de moralidad hueca entremezclen banderas, cruces y símbolos religiosos en un mismo discurso: el de la intolerancia y el enfrentamiento. Toda una reivindicación de identidad nacional anclada en la asunción de distintos tipos y grados de sentimiento de odio, temor e intransigencia que pretende imponerse frente a la identidad de la libertad exigida por muchas y muchos.

Pasado y futuro, un enfrentamiento que, sin duda alguna, no es nada nuevo en Europa.

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