¿Qué come un lobo los 356 días que no come ganado?

Varios ejemplares de ese gran carnívoro campan por el país desde hace al menos cinco años mientras el mismo Gobierno que no aclara su número y procedencia advierte de cómo los perros asilvestrados atacan a los rebaños con más ferocidad y provocan una mayor mortalidad de reses

Aragón reúne las condiciones geográficas, ambientales y ecológicas para convertirse en el territorio de conexión del lobo ibérico y el alpino | Foto: Mohamed Hassan / PxHere (CCO)

El consejero de Agricultura, Joaquín Olona, admite que “se han registrado varios ataques de perro en los que, cada uno de ellos, ha superado en una noche el número de ovejas muertas por lobo en cuatro años en Aragón”, en una respuesta parlamentaria sobre la tipología de los asaltos de rebaños por depredadores registrados en Os Monegros, en la que añade que “los ataques a ganado registrados (….) en los últimos cinco años han sido protagonizados mayoritariamente por perros (canis lupus familiaris), con una proporción anecdótica atribuible a lobo (canis lupus) a partir de los hallazgos de necropsia”.

“Es también habitual que los perros sigan persiguiendo ovejas aun después de haber matado varias (aún en mayor medida que los lobos), dando lugar a numerosas muertes por amontonamiento y asfixia de las reses. Mortandades de cientos de ovejas son comunes en ataques de perro”, añade Olona, tras explicar las diferencias entre las técnicas y los hábitos de una y otra especie, nocivas en ambos casos para el ganado aunque con mayores frecuencia e intensidad en el caso de la versión doméstica del lobo que vuelve a monte, ya sea por abandono de su dueño o por iniciativa propia.

Los datos vienen ratificando esa tesis desde que, hace ya casi cinco años, en la primavera de 2017, se detectó por primera tras varias décadas la presencia de un ejemplar de lobo en Aragón.

En ese primer año, y siempre según los datos del Gobierno de Aragón ejemplares aislados o grupos de perros asilvestrados provocaron la muerte o hirieron a 226 reses, mayoritariamente ovejas, en los nueve ataques que desataron en al menos seis comarcas de Aragón, mientras que los 22 atribuidos a lobos “o en los que existe una duda razonable al respecto” resultaron afectadas 152, con 117 cadáveres y 35 lesiones: más del doble de ataques y apenas dos tercios de víctimas.

En cualquier caso, a esas menores virulencia y mortandad se les añade una clara tendencia a la baja de los ataques a ganado que coincide con una mayor, o más frecuente presencia, de ejemplares de lobo en el territorio: tras los 20 episodios que se le atribuyeron en 2017, la cifra nunca pasó de diez, con una cadencia de ocho en 2018, nueve en 2019, uno en 2020 y cinco el año pasado, según los datos facilitados por la Consejería de Agricultura.

Son menos de nueve ataques anuales de media. Entonces, ¿qué es lo que come un lobo los 356 días que no se alimenta del ganado que caza en un corral o en el monte?

Un mapa con puntos en la Ribagorça, Monegros, Chacetania y Teruel

“Solo podemos acreditar los ataques atribuidos a lobo por las necropsias realizadas”, explicaron fuentes de ese Departamento, que anotaron que “las estadísticas con las que contamos sobre ataques de perro no son en absoluto representativas de este tipo de incidentes”, ya que “los ataques de perro no se nos comunican de manera habitual, sino solo cuando existen dudas, justificadas o no, de que puedan ser de lobo”.

Vistos los datos, la autoría del lobo acaba siendo descartada en la mayoría de las ocasiones en las que los técnicos del Centro de L'Alfranca realizan las necropsias a los animales muertos en los ataques.

Esas necropsias ponen al alcance del Gobierno de Aragón, mediante los análisis de ADN del animal que desata el ataque, una información clave para conocer la presencia del lobo en la comunidad y el origen de los ejemplares, algo que parece fundamental en un territorio que, por motivos tanto geográficos como ambientales y ecológicos, tiene muchos números para acabar siendo el escenario en el que contacten la población ibérica de la zona occidental de España y la alpina que llega al noreste a través de los Pirineos.

Sin embargo, Agricultura no muestra ninguna prisa ni en soltar esos datos ni en negar que los tenga. Así, Olona lleva todo lo que va de año sin responder a una pregunta en la que el diputado del PP, Antonio Romero, se interesa por saber: “¿Cuál es el número de ejemplares de lobo de los que el Gobierno de Aragón tiene constancia y en que comarcas han sido avistados?”. Este miércoles presentó una queja formal ante la Mesa de las Cortes por no haber obtenido respuesta del ejecutivo en el plazo que este tiene para contestar.

“Hasta este verano, en Aragón se tenía constancia de un lobo en Ribagorça y otro en Os Monegros. Luego, tras un ataque, se confirmó un tercero en Jacetania”, narra el parlamentario, que añade que “en octubre se detectó la presencia de dos ejemplares en las provincias de Zaragoza y Teruel, donde se identificó genéticamente a dos hembras de origen ibérico”. Hay indicios de la presencia de un ejemplar en Nafarroa, cerca de las Cinco Villas, y de otro en el Baixo Aragón.

Un territorio de conexión entre el lobo ibérico y el alpino

Las probabilidades de que las dos poblaciones entren en contacto crecen, ya que el primer ejemplar detectado en Os Monegros era un macho de origen alpino, el mismo que, siguiendo las rutas migratorias del lobo desde el sur de Francia, debería tener, en principio, el de la Ribagorça. Y también el localizado en el Parc Nacional d’Aigüestortes, en el extremo noroeste de Lleida.

Hasta hace poco, las localizaciones oficiales del lobo se concentraban en ocho municipios aragoneses, según los datos del Gobierno: Laspaúles, diez con huecos de hasta nueve y trece meses; Bisaurri, cuatro con separaciones que llegan a los dos años; Valle de Bardají, con un avistamiento en abril de 2018, y Benas, con dos en la primavera y el otoño de 2020, en La Ribagorça, y, en Os Monegros, Tardienta, con cinco entre mayo y noviembre de 2019; Zuera, con cinco entre 2017 y 2021; San Mateo, con cuatro en 2019, tres al año siguiente y una el pasado, y Lecinyena, donde más frecuente (y especialmente en invierno) se ha hecho su presencia con trece entre mayo de 2017 y febrero de 2021.

“Aragón reúne unas condiciones excepcionales para la llegada de estos depredadores”, explica el ambientólogo Jorge Echegaray, que anota que “en Aragón llevan entrando lobos desde los años 90, tanto ibéricos como italianos, y puede ser un lugar clave para la conexión, el encuentro, entre esas dos comunidades”.

El territorio es un eje de conectividad para esas razas, además de estar rodeado de zonas hostiles para el lobo como Euskal Herria y Nafarroa. “Si la especie se está retirando hacia zonas menos inseguras es lógico que vaya hacia Aragón. Lo extraño es que en el Pirineo solo se localicen ejemplares de la población francoitaliana y no de la ibérica”, apunta.

¿Y cuáles son esas condiciones favorables? Básicamente, una elevada presencia de animales ungulados que les sirven de presa, de alimento, como los corzos y los ciervos, además de superpoblaciones de otros dos que también se encuentran en un escalón inferior de la cadena trófica, como los jabalíes y los conejos.

“Son las actividades humanas las que hacen que esos animales se extiendan”, señala Echegaray, que destaca dos condiciones especialmente favorables para el asentamiento de los conejos que, a su vez, actúan como un atractivo para el lobo: cultivos agrarios intensivos y suelos fácilmente excavables para instalar sus madrigueras, como son los abundantes taludes de infraestructuras.

“¿Por qué no se asienta ninguna población tras treinta años de flujo?”

En Aragón, no obstante, no hay poblaciones asentadas y con capacidad reproductiva sino individuos en dispersión que a veces desaparecen, ante lo que “precisamente hay que preguntarse por qué carecemos de ellos. Iban a llegar más pronto que tarde porque antes lo han hecho en abundancia los animales que les sirven de alimento”, plantea el ambientólogo, que llama la atención sobre otro aspecto: “la principal causa de desaparición de los ejemplares de lobo es humana”, en ocasiones por atropellos y en otras por furtivismo.

“¿Por qué no se asienta ninguna población después de 30 años de flujo? ¿Por qué desaparecen? ¿Por qué se van? ¿Porque los matan?”, cuestiona, antes de plantear que “no se entiende que no haya planes de recuperación de especies que deberían estar catalogadas”.

No ocurre lo mismo en territorios cercanos. Una investigación desarrollada en Francia concluye que si bien tras “la recolonización de los bosques franceses por parte de los lobos (…) la atención se centra en la depredación de los lobos sobre el ganado”, hay otros aspectos de “beneficio potencial del regreso” de esta especie como “uno de los servicios prestados por los lobos, a saber, la reducción de las colisiones entre la fauna y los vehículos en Francia. Estimamos que en 2018 el consumo de corzos y jabalíes por lobos ahorró entre 2,4 y 7,8 millones de euros al evitar víctimas y daños materiales en colisiones en carretera”.

Aquí queda un amplio margen tanto para plantear estudios de este tipo como para poner en marcha planes de turismo de naturaleza centrados en la observación del lobo, similares a los de las grullas en Gallocanta, como los que se desarrollan en El Cerrato palentino. Aquí la cosa, al menos por ahora, va de otra cosa.

El consejero de Agricultura, que en septiembre y en noviembre envió al Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) sendos requerimientos previos a la judicialización de la declaración del lobo como especie protegida, comparecerá este jueves en las Cortes para dar, a petición del PP, “su opinión acerca del anteproyecto de ley de protección, derechos y bienestar de los animales, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 18 de febrero de 2022, y sobre los efectos que esta ley tendrá en Aragón”.

Si sale tal y como está redactada de inicio, conllevará las obligaciones de colocar chips de identificación a todos los perros y de registrar su titularidad, algo que, si bien no asegura que mengüe la ferocidad de los perros asilvestrados, sí va en la dirección de que a alguien pueden comenzar a salirle caros (en dinero) sus ataques y de que, en paralelo, haya quien comience a preocuparse de que no descuidar a sus perros como paso previo a evitar que se asilvestren.

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