Por unos momentos, los que han durado la entrega de las 2.000 firmas ciudadanas que rubricaron su apuesta por la paz y contra las guerras con la Asamblea Ciudadana, el Pignatelli, sede de nuestro gobierno aragonés, ha podido parecer el centro de un ente por esa paz que ansiamos los y las ciudadanas.
Dos mil firmas pidiendo, expresamente, el cese de las guerras y, por ende, que se desarrolle una ley aragonesa de Cultura por la Paz.
Firmas que algunos, seguramente quienes están a favor de continuar los conflictos por activa o por pasiva, afirmarán que son pocas en términos absolutos; pero que los integrantes de la Asamblea Ciudadana por la Paz y contra las Guerras, un grupo de los cuales ha apoyado con su presencia la entrega, inciden en su elevado número proporcional si se atiende a los medios (muy pocos), apoyos mediáticos (nulos) y al tiempo para su recogida (escaso).
Firmas que son avanzadilla de los cientos de miles de aragoneses y aragonesas en contra de las guerras existentes, contrarios a la política armamentística y temeraria, política del miedo, a la que nos llevan, desde Bruselas, unos cuantos políticos aprovechados de carrera, personajes que ofenden la acepción del término. Una Bruselas que simboliza, cada vez más, la brecha existente entre esa cúspide venal y los estándares de libertades y bienestar de vida que debería seguir simbolizando Europa.
Probablemente, y ojalá esta apreciación sea error o equivocación, los sosias de Bruselas que gobiernan en el Pignatelli, no harán ni caso a estas firmas y a lo que se pide. Probablemente, quienes están en el gobierno dedicarán sus esfuerzos a implementar la industria de las bombas existente hasta convertirla en un Hub militar descabellado e irresponsable. Esto último, con la ayuda inestimable del otro partido que, casi y simplificando, es como hermano mellizo, que no gemelo.
No quieren la paz, sus dos lenguas lo atestiguan. Descalifican despacito, muy bajo de volumen no sea que Netanyahu y Trump se enteren, los horrores de un genocidio mientras que, con la otra, con la que, verdaderamente importa, les ríen las gracias a ambos de una manera servil e hipócrita.
Aquí, en este tema, quienes representan a dos tercios del país, se comportan parecido. Con parecido cinismo. Ambas cúspides tienen dos lenguas, si bien, una de ellas, la lengua del veneno es más tóxica; ambas cúspides hablan bajito de la barbarie, pero, en la práctica, se sigue alimentando la guerra exportando armas, servicios desde bases americanas, blanqueando a criminales de guerra o manteniendo relaciones con un país cuyo gobierno se ha vuelto, decididamente, nazi. Ambas cúspides están de acuerdo en el Hub armamentístico, en la locura del gasto desmesurado en armas, en negarse a crear una fuerza de paz armada en la Franja de Gaza o un apoyo decidido en la guerra de la OTAN contra la Federación rusa, en Ucrania.
Seguiremos concienciando, seguiremos en el camino de argumentar por la paz y no por una vorágine bélica que destrozaría al planeta y aniquilaría a cientos de millones de vidas, sobre todo de vidas populares. Las élites, como ellos mismos se llaman, vivirían un poquito más en sus búnkeres de tres al cuarto o en sus retiros del fin del mundo.
"Paremos la guerra, ganemos la paz"
Con la entrega de firmas se cierra el ciclo "Paremos la guerra, ganemos la paz". Organizado por la Asamblea Ciudadana por la Paz y contra las Guerras de Zaragoza, arrancó el lunes 13 de enero. En estos meses se han sucedido los actos con diversas personas como protagonistas: Tica Font, presidenta del Centre Delas; Shigemitsu Tanaka, superviviente de la bomba atómica; José Antonio Zorrilla, exembajador en Georgia y excónsul en Milán, Shanghái y Moscú; Carmen Magallón, presidenta del Seminario de Investigación por la Paz; o Juan José Tamayo, cofundador de la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Dentro de la programación también ha habido teatro, música, arte y poesía. Y el 30 de enero, Zaragoza fue escenario de una manifestación con el lema “Todas las voces, todas, por la paz”.

