Pocas veces la iglesia se Santa Isabel de Zaragoza, o San Cayetano, se vistió con tantas y buenas galas como este sábado 15 de febrero. Más de trescientas personas siguieron, encantadas, el concierto de “Corales por la Paz” con que la Asamblea Ciudadana por la Paz y contra las guerras cerraba el ciclo de conciertos diversos para clamar, exigir a nuestros representantes tomar partido por una paz activa y efectiva en vez de por unas guerras continuadas apoyadas en grandes, cada vez mayores por lo que acuerdan entre bastidores y de tapadillo, sistemas empresariales de armamentos. En Aragón, simbolizadas por lo que es el mayor campo de maniobras militares de Europa “El Castellar” y un grupo fabril —Instalaza— que construye bombas y que, con el visto bueno del ministerio, ampliará por tres o por cuatro su fabricación mortal.
El coro escolar del CP Andrés Oliván, al frente su directora, Belén García, maravilló con sus trece pequeñas voces, pero rotundas, cantando a la concordia, al acuerdo, a los juegos de paz que no a los de guerra. Y sí, alzaron la voz e hicieron “performances” con sus cuerpecitos y brazos a la espera de que se les escuche. Las naves repletas de una iglesia que había olvidado esa sensación de contener multitudes sintieron, estremecidas, palabras que las gentes de a pie, las que abogan porque ningún menor deba morir por las bombas de Instalaza, o de cualquier otra fábrica de muerte, en las escombreras de Gaza, aplaudimos con sonrisas en los labios.
Detrás de las niñas y niños, la Agrupación Coral San Ivo, coro del Colegio de Abogados de Zaragoza con su directora, Beatriz Larque al frente, remacharon similares cantos de armonía. Una agrupación nacida hace treinta años con el fin de hacer hablar a sus voces por encima de los fusiles, misiles o tanques. Palabras que, siempre, deberían oírse más que las bombas, pero que, en nuestros circos de los horrores, esos con los que una parte de la humanidad, aquella que busca comerciar y enriquecerse con la muerte, siempre con la muerte de otros más débiles, les ponen sordina para que sobresalga el sonido de las explosiones.
Unos versos rasgaron el silencio emplazando al aire calmo de la paz para, después, esas treinta voces armónicas derramaran cinco piezas musicales cosechando aplausos de amistad y conformidad.
Paz sin fin, paz verdadera.
Paz que al alba se levante
Y a la noche no se muera.
Lo grita Juan Panadero,
Juan en paz, un Juan sin guerra
En nombre del mundo entero.
Un poema del Juan Panadero pueblo de Alberti, abrió la tercera interpretación coral de la palabra contra la guerra. El Coro ASSAI, con Jorge Apodaca como director, insistió en el poder de la palabra sobre la muerte, de la inteligencia sobre la brutalidad, de la concordia sobre el mayor acto de crueldad que puede hacer el género humano, una parte de él, siempre la misma, la que quiere más privilegios, más beneficios, la que no le importa el cómo sino el cuánto y, por ello, le importan poco las vidas, siempre que sean las de los otros.

Probablemente, ni nuestra ministra de la guerra, persona a la que, quizá, le hubiera gustado más el oficio de generala en acción que el de jueza, ni nuestro presidente aragonés, ni una alcaldesa, más atenta a colocarse una sonrisa de disfraz que a los cantos de paz, escuchen el clamor de buena parte de la sociedad, representada por estos tres coros y la gente que atestaba la iglesia, pidiendo el desmantelamiento progresivo de unas fábricas de muerte y de muertos.
Al parecer, solo escuchan, maravillándose, el silbido de las balas, el ruido de las explosiones, el lamento de los padres llorando a sus hijos. Tan maravillados por el horror que quieren construir en nuestra tierra un "hub de defensa” como llaman, eufemísticamente, al concentrador de muertos y de muerte que supondría un complejo militar con fábricas de armas y centros de datos militares.
Sólo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente.
Todos, en el interín o un poco más alto, cantamos la última pieza universal del cantante argentino León Gieco. Ojalá, algún día, a las fábricas de la muerte, les llegue su San Martín.
"Paremos la guerra, ganemos la paz"
El ciclo "Paremos la guerra, ganemos la paz", organizado por la Asamblea Ciudadana por la Paz y contra las Guerras, arrancó el lunes 13 de enero con la presencia de Tica Font. En estos días también han participado en los actos Shigemitsu Tanaka, superviviente de la bomba atómica, José Antonio Zorrilla, Carmen Magallón y Juan José Tamayo. El 30 de enero, Zaragoza fue escenario de una manifestación con el lema “Todas las voces, todas, por la paz”. La programación del ciclo continuará hasta primeros de marzo con diversas actividades en la capital aragonesa. Aquí puedes leer todas las noticias.





