Una inoportuna pesadilla me despierta sobre las tres de la madrugada. Casi no puedo abrir los ojos, es como si me los hubieran pegado. Soy consciente de que yo mismo he acelerado el fin de esa pesadilla que atormentaba sin piedad mi noche confinada. Nunca recuerdo esos sueños, al despertar los olvido, en cuanto me hago dueño de mi realidad. Pero esta vez no va a ser así, me levanto a oscuras dándome golpes contra las paredes en busca de papel y lápiz, rápidamente lo apunto todo antes de que el olvido me pueda. Mi desmemoria avanza. La pesadilla tenía …




