PARece —porque ya no sé si lo fingen o realmente lo creen— que en algunos rincones de nuestra geografía (pongamos, por ejemplo, Gudar), todavía quedan ejemplares en peligro de extinción (o no tanto) que piensan que el valor de una mujer se mide por el hombre que tiene al lado. Fascinante. Es como encontrar un fósil viviente, solo que habla, opina y, lo más preocupante, ocupa un cargo institucional. Resulta enternecedor ver cómo algunos “representantes públicos” siguen empeñados en evaluar nuestras capacidades no por lo que hacemos, decimos o defendemos, sino por con quién dormimos, si tenemos útero funcional o …


