Ninguno de los tres breves discursos, protagonizados por Pilar Palomero, Paula Ortiz y Javier Macipe desde el balcón del Ayuntamiento de Zaragoza durante el pregón, parecerían del agrado del tono adquirido por el equipo de gobierno de Natalia Chueca. Cada uno, con un formato muy distinto y un enfoque muy plural, rompieron con esa ciudad de discurso único —y vacío— con el que PP y Vox pretenden impregnar las fiestas de la capital aragonesa. También destacó que todos ellos y ellas, allí estaban también Pepe Lorente, Blanca Torres y Arantxa Ezquerro, lucieron unas visibles chapas con la bandera palestina en sus camisas o chaquetas.
Pero si uno de ellos resultó demoledor, ese fue el de Paula Ortiz. Como hemos escrito en nuestra crónica del pregón, "su vibrante intervención fue más que un discurso: fue un manifiesto". Ortiz consiguió emocionar a la Zaragoza rebelde con un tono que en varios momentos sonó poético. Nos consta que a estas horas sus palabras corren por las aplicaciones de mensajería como si fueran un antídoto frente a la ola reaccionaria que trata de apoderarse de todas las esferas de la vida, incluidas la cultural y la festiva.
"¡Maños y mañas!", exclamó para arrancar. "Hoy, aquí, somos todos una. Somos ciudad. Somos foro. Somos asamblea, hogar. Lo somos a pesar de la dureza del viento, del polvo, de la niebla y del sol abrasador", continuó.
"A pesar de que falten aceras, profesores en los colegios públicos, médicos en los hospitales, casas de juventud. A pesar de las guerras que nos avergüenzan y los genocidios a los que asistimos, y de quienes nos reprochan denunciar esa vergüenza. A pesar de todo eso, somos una gran ciudad que recibe a quien llega sin preguntar", aquí la cara de Chueca ya era un poema y las miradas se cruzaban en lateral.
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La cineasta añadió desde la memoria, "y lo somos gracias a un carácter sencillo y noble que forjaron nuestras madres y abuelos, que resistieron y soñaron grande. Lo somos gracias a los barrios, que siguen siendo barrios. Gracias a la gente en la calle". Tampoco olvidó el carácter popular de la ciudad acordándose de "las madejas y los vermús, a las migas y los capazos", pero también de "las maestras que enseñan y a los padres que educan".
Ortiz definió en una frase una parte del carácter aragonés. Para ella somos lo que somos "gracias a la rasmia y a nuestra alma guerrera". Y también gracias a "Goya, Chomón, Buñuel, Saura, Borau. A Labordeta, a María de Ávila y a Carbonell. A Agustina de Aragón, a Miguel Servet, y a Ramón y Cajal".
"Gracias a nuestros versos, a nuestro teatro, nuestra danza, nuestras jotas, nuestro hip hop, nuestro rock and roll…" prosiguió. Tampoco pasó por alto como el entorno ha forjado la forma de ser de los zaragozanos y las zaragozanas: "Lo somos gracias al desierto que nos rodea, gracias al Ebro que nos atraviesa, gracias al Huerva, al Canal, a los pinares".
Frente a los excluyentes también, destacó que "somos gracias a los que se quedan, y a los que se van también. Somos un hogar por ser ciudad de paso, ciudad que acoge, ciudad que se celebra en estas fiestas".
Concluyó con toda una declaración de principios: "Los que hacemos cine trabajamos con la imaginación y con la convicción de que otros mundos son posibles". Y por ello manifestó que "tenemos la tarea de soñar fuerte: La ciudad que ríe, canta, baila y se abraza al mundo entero. La que ofrece frutos y flores. La que empuja el cierzo. La que no abandona a los débiles. La que se hace fuerte en los inviernos. La que cuida a quienes nos cuidaron, y a los que están por venir".
Sus últimas palabras resultaron evocadoras del futuro, al mismo tiempo que reivindican la memoria: "Porque fueron, somos. Porque somos, seremos la ciudad que soñamos. ¡Viva Zaragoza!".
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