#ViolenciasMachistas  Política

Más de 100.000 mujeres en Aragón han sufrido violencia sexual en algún momento de su vida

Los datos del informe elaborado por el IAM y la Universidad de Zaragoza aseguran que los agresores más frecuentes son sus parejas, seguido de sus jefes o sus compañeros de trabajo y los amigos. Sin embargo, más del 70% de las víctimas no pidió ayuda y cerca del 90% de los agresores no han sido juzgados.
| 4 abril, 2019 14.04
Más de 100.000 mujeres en Aragón han sufrido violencia sexual en algún momento de su vida
Santiago Boira y Natalia Salvo. Foto: Gobierno de Aragón.

El 15,5% de las aragonesas ha sufrido violencia sexual en algún momento de su vida, lo que supone alrededor de 103.000 mujeres, y las que más la padecen son las menores de 30 años. Estas son dos de las conclusiones que se extraen del estudio sobre “Violencia sexual contra las mujeres en Aragón”, impulsado por el Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) en cumplimiento del Pacto de Estado en materia de Violencia Machista y llevado a cabo por un equipo de investigación de la Universidad de Zaragoza. El estudio se ha basado en estos tres tipos de violencia: malos tratos sexuales a las mujeres, abuso sexual a niñas y adolescentes, y acoso sexual.

La directora del IAM, Natalia Salvo, y el director del Máster Universitario de Relaciones de Género, profesor e investigador de la Universidad de Zaragoza, Santiago Boira, han presentado hoy los resultados de este estudio y de otro sobre la “Percepción de la violencia contra las mujeres en la población aragonesa”.

El equipo que ha llevado a cabo el estudio señala que el hecho de que los estudios muestren que hay una mayor incidencia de casos de violencia sexual entre las mujeres jóvenes puede responder a que ellas tienen un mayor conocimiento que las más mayores sobre lo que es la violencia sexual y por lo tanto la pueden identificar más fácilmente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define violencia sexual como “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.

Tal y como ha expuesto Boira, la tipología de agresor más frecuente es el marido o pareja en el 38% de los casos, seguido por el jefe o compañero de trabajo (17,7%), conocidos o amigos (16,5%), hombre desconocido (15,2%) y padre, padrastro o alguien del círculo familiar cercano (10,2%). El estudio también recoge que el 38% de las mujeres sufrieron agresiones sexuales muchas veces y el 13% indicaron haber padecido dos o más tipos de violencia sexual.

El estudio también revela que el 45% de las agresiones se produjeron en el hogar, el 20,3% en el trabajo y el 19% en espacios públicos. También se extrae que la violencia sexual dentro del ámbito de la pareja sigue sin ser considerada como tal.

Como demuestran las investigaciones, la población aragonesa considera que los motivos por los cuales los hombres agreden sexualmente a las mujeres son el no aceptar el rechazo (89,1%), tratar de controlar o someter a las mujeres (87,7%), el consumo de alcohol y drogas (82%), problemas mentales (64,7%), no poder controlar impulsos sexuales (54,2%) o haber padecido abusos sexuales en la infancia (45,6%).

El alcohol es percibido como un eximente de la conducta del agresor, contrariamente a lo que sucede cuando es la mujer la que lo ha ingerido, lo que implica culpabilidad por parte de la misma.

Boira ha expuesto que, como consecuencias de una agresión sexual, el 53,2% de las mujeres dijeron haber padecido ansiedad o estado de shock, el 26,6% lesiones físicas externas y el 7,6% internas; 6,3% fracturas o esguince, un 5,1% pérdida de conciencia y el 3,8% tuvieron que ser hospitalizadas. A nivel emocional, el 84,8% sufrieron rabia y el 81% impotencia, además, el equipo de investigación encuentra preocupante que las jóvenes sean las que más experimentan miedo, vergüenza y culpa porque ello conlleva una mayor probabilidad de inacción ante una agresión.

El estudio muestra que el 77,2% de las mujeres víctimas no pidió ayuda tras la agresión sexual y que no se suele denunciar, de hecho, el agresor no ha sido juzgado en el 88,6% de los casos. Según apunta el estudio, solo el 51,95% de las mujeres agredidas sexualmente recibió ayuda de sus amigos o familiares, un 29,1% acudió a los servicios psicológicos especializados, un 24,1% recibió ayuda sanitaria, un 6,3% fueron a los servicios sociales y únicamente un 5,1% recibió ayudas económicas.

El miedo es el principal motivo por el que la población aragonesa cree que las mujeres no denuncian, lo que podría estar relacionado con el temor a ser cuestionadas, señaladas o puestas en evidencia, y con la falta de confianza en el proceso judicial y la dureza del mismo. Las profesionales inciden en que se percibe que los procesos penales son largos, frustrantes y generan victimización secundaria.

El estudio muestra que un 50,6% de los hombres y un 32,4% de las mujeres consideran que el 41% de las denuncias son falsas, cuando las profesionales señalan que estas son prácticamente inexistentes.

Otro dato que arroja el estudio es que el 5,7% de las mujeres aragonesas ha sufrido acoso sexual en el trabajo o en el lugar de estudio. Se trata de una de las formas más frecuentes de violencia machista que, sin embargo, es la que en menor medida se ha percibido como frecuente en los estudios.

Las profesionales encuestadas demandan una mayor red de colaboración, más y mejores protocolos de actuación y más recursos para trabajar multidisciplinarmente ya que consideran que, a pesar del aumento de recursos, no se están obteniendo resultados proporcionales en la población. Piden que las penas de los agresores se traduzcan en programas de reeducación y reinserción en la sociedad para aquellos agresores que sean recuperables.

Otro dato al que se refieren los y las profesionales es un exceso de desinformación entre la juventud, así como un alto consumo de pornografía como fuente de aprendizaje. Por todo ello, demandan mayores esfuerzos institucionales para promover la educación en igualdad y, particularmente, educación afectivo-sexual para prevenir la violencia sexual. Además, según el estudio de percepción, una parte de la juventud alberga ideas, conceptos y actitudes que mantienen las desigualdades de género.

Natalia Salvo ha explicado que los dos estudios presentados, además de enmarcarse en el cumplimiento del Pacto de Estado en materia de Violencia Machista, también responden a “la necesidad que el IAM detecta de profundizar en el conocimiento y la investigación de la violencia contra las mujeres, a fin de ofrecer respuestas a los diagnósticos y conclusiones que se nos presentan”, como ha apuntado.

4 abril, 2019

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