Deportes

Le Tour 2019: desarrollo final y fiesta colombiana

Una clasificación muy apretada, la menor diferencia en la historia entre el primero y el tercero. Un Tour intenso y extraño, con la figura central de Julian Alaphilippe, valiente y agonístico. Con Peter Sagan ganando el maillot verde de la regularidad por séptima vez. Y muchos equipos con una actuación gris (UAE, Astana, CCC), mientras otros han arrasado. La carrera que todo lo da, y todo lo quita. El exceso hecho ciclismo. Ya queda menos para el Tour de 2020.  
| 1 agosto, 2019 10.08
Le Tour 2019: desarrollo final y fiesta colombiana
La ascensión al Tourmalet, siempre tan impresionante. Foto: @letour

El bearnés Victor Fontan pudo ganar el Tour de 1929 -ver Chris Sidwells, Maillots Ciclistas, Libros de Ruta, 2017-. Lo tuvo en la mano pero se le escapó. Lo tenía todo controlado, tras una espectacular escapada por los Pirineos. Al día siguiente, sólo se habían cubierto 7 km de los 323 que tenía la etapa, cuando Victor sufrió una caída en la que rompió la horquilla de su bicicleta. En esa época, las reglas de la organización dejaban usar una bicicleta de repuesto, pero siempre que los jueces de carrera verificasen que era totalmente imposible continuar con la bici de inicio de etapa. El caso es que tanto los jueces como el camión con las bicicletas de recambio iban ya muy por delante, así que Fontan tuvo que ir andando hasta el pueblo más próximo para que le prestaran una bici. Cuando solucionó el problema, se lanzó en una persecución desesperada, con la bici rota atada a la espalda, ya que debía demostrar que estaba inservible. No logró su objetivo, y para la historia queda la entrevista de la radio, en la que postrado en una fuente en Saint- Gaudens (Sent Gaudenç, en occitano) lloraba de rabia, maldiciendo su suerte. Había perdido el Tour. Se provocó tal revuelo, que al año siguiente cambiaron las normas, pudiendo usarse la bici de un compañero en caso de avería.

Mikel Landa podría leerse esta historia y muchas más que recorren la historia del Tour. Justo o no, como la vida misma. La rueda de prensa del vasco en el día de descanso que antecedía al segundo bloque de carrera, se traduce en una ruptura de la supuesta bicefalia con Quintana en favor del colombiano. Dos corredores que dejarán la escuadra telefónica el año que viene. La etapa previa a la montaña trascurrió entre Albi y Toulouse, muy plácida, con honor y gloria para los fugados (Anthony Perez, Stéphane Rossetto, Lilian Calmejane y Aimé de Gendt), engullidos cerca de Tolosa, el sprint fue para Caleb Ewan (Lotto) en una increíble remontada sobre el poderoso Groenewegen.

La primera jornada por los Pirineos reprodujo el guión esperado. Una jornada de 200 y pocos km entre Toulouse y Bagnères de Bigorre, con Peyresourde y Hourquette d’Ancizan. Este último, un puerto en toda regla, descubierto para el Tour hace poco tiempo, pero que lleva camino de convertirse en un clásico, un paso rocoso por donde hace unos años merodeaba la osa Franska, azote del lobby antiosos, pero aquí lo que cuenta es la dureza del puerto (10 km al 7,5%). Fue un día para los cazaetapas, de hecho la fuga fue excesiva en número -unos cuarenta ciclistas-, pero bien resuelta por Simon Yates (Mitchelton); el ganador de la Vuelta fue seleccionando el grupo, hasta jugarse la victoria con Pello Bilbao y Gregor Muhlberger. Los favoritos guardaron fuerzas para la crono.

La contrarreloj de Pau mediatizó todo el bloque de montaña pirenaico. 27 km en un trazado de pedalear, durillo, por carreteras estrechas. Pensemos en el nombre de referencia, Geraint Thomas (2º en la general), a menos de dos minutos tenía a unos diez ciclistas de variado perfil, como Quintana, Kruijswijk, Adam Yates, Buchmann o Pinot. La crono fue bastante emocionante, por lo igualados en los tiempos. Impresionante la defensa del liderato de Alaphilippe, ganando la etapa y sacándole 14 segundos al favorito Thomas. La puesta en escena del dorsal 1 fue buena pero no súper, sacó tiempo a todos sus rivales,  pero las prestaciones de estos fueron altas (casos de Urán, Porte, Kruijswik, Pinot o Fuglsang). Una mención especial para el 3º de la etapa, Thomas de Gendt, que se marcó un tiempo que casi le vale para ganar su segundo parcial. Quintana y Landa fallaron en su especialidad maldita, dejándose casi dos minutos respecto a Alaphilippe. Y una nota negativa, la caída de Van Aert, cuando estaba marcando un buen tiempo, tras negociar mal una curva estrecha; el joven campeón del jumbo se va para casa.

El Tourmalet, el Puerto con mayúsculas de la historia del ciclismo. En 1910, el patrón de la carrera, Henri Desgrange, mandó a un tal Steinés, uno de sus colaboradores a inspeccionar este puerto; el caso es que el ayudante mintió a su jefe, ya que no pudo completar la subida entera por culpa de la nieve, eso sí le mandó un telegrama que decía “Pasado Tourmalet. Stop. Buena carretera. Stop. Perfectamente practicable. Stop”. Una salvaje mentira de 19 km al 7,4% de pendiente media. Pero hay más historias ocultas en este puerto del Círculo de la Muerte, como la de Marta Heisse, que en 1902, ya subió al Tourmalet, en una prueba-concurso para probar componentes de bicicleta; Marta subió con tres velocidades y no tuvo que echar pie a tierra en ningún momento. Eso dicen las crónicas, el resto de participantes, masculinos ellos, cederían ante el gran coloso. Personalmente, lo subí hace cinco años, con triple plato, y así fue. Coroné, pero parando en variadas ocasiones.

Ineos (antes Sky), ha ganado siete de los últimos ocho Tours. Foto: Ineos

Mucho se hablaba de esta jornada, con un kilometraje corto y el final en el rey de los puertos, pero lo cierto es que quedó un tanto decepcionante. La fuga no pudo cuajar, ya en el Soulor el ritmo del Movistar se cobraba víctimas como Bardet. Todo se concentró en el Tourmalet, donde no hubo ningún ataque de los favoritos -de ahí la decepción-, el personal cayó como la fruta madura. Uno de ellos fue Nairo Quintana, asfixiado por el ritmo de sus compañeros, se quedó con mucha subida por delante (se dejaría 3 minutos y pico). Y sin avisar por el pinganillo, muy raruno todo. Pero también reventaron Dan Martin, Adam Yates o Enric Mas. Todo quedó para los dos kilómetros finales, con un ritmo endiablado de David Gaudu para Pinot, mientras Thomas cedía también. En el sprint final, victoria merecida para el de Groupama, antecediendo a Alaphilippe, Kruijswijk, Buchmann, Bernal y Landa.

El domingo 21 presenciamos la última etapa de los Pirineos, casi dos km entre Limoux y el final inédito de Prat d’Albis, con los pasos previos y encadenados de Lers y el Muro de Péguère (con sus 3 km finales al 12% de pendiente media), antes de afrontar la subida final, al pie de la ciudad de Foix, una montaña de 11 km al 7% de media. Terreno suficiente y así se demostró, con una fuga numerosa y de calidad (con gente como Quintana, Dan Martin, Bardet o Simon Yates). La traca la desató Landa en el tramo más duro de Péguère, coronando con ventaja y con compañeros del Movistar intercalados de la fuga. Una apuesta por la etapa y la general, pero Simon Yates va como un tiro en estas jornadas montañosas, y acaba imponiéndose en solitario. La subida final fue un teatro de emociones, casi faltaban cámaras para cubrir todo lo que estaba pasando, Thibaut Pinot hizo su apuesta, con demarrajes secos, haciendo hueco, reventó al líder, y también impuso su marcha sobre un correoso Egan Bernal. Alaphilippe pagaba los esfuerzos de días pasados, cediendo incluso sobre Thomas y Kruijswijk. De esta forma, Pinot, que llegaba a meta junto a Landa, recortaba un minuto y pico sobre el maillot amarillo. Antes del día de descanso, en un Tour muy abierto, tenemos del 2º al 6º en la general en menos de un minuto.

Este Tour realizó un paso fugaz por la Provenza, tras el descanso del lunes, la 16ª etapa tenía salida y llegada en Nimes, la penúltima oportunidad para los velocistas. Y ahí emergio el poderoso talento de Caleb Ewan (Lotto), para imponerse sobre Viviani, Groenewegen y compañía, y enfundarse su segundo parcial (tercero para su equipo). Sin acariciar el Mediterráneo, uno de los aspirantes al Tour, Jakob Fuglsang abandonaba la carrera, una caída en la parte final frustró los sueños de uno de los corredores del año. La jornada siguiente, deparaba 200 km entre Pont du Gard y Gap, un aperitivo antes del tríptico montañoso de los Alpes. El pelotón dejó hacer a la fuga del día, con gente de muchísima calidad (Gorka Izagirre, Mollema, Van Avermaet, Clarke, Asgreen…), pero fue el campeón europeo, Matteo Trentin (Mitchelton), quien se llevó el gato al agua, manejando muy bien sus fuerzas en la cota a 9 km de meta. El momento feo del día se vivió entre Tony Martin y Luke Rowe, enzarzados en una pelea por la posición en cabeza; muy triste, ya que quedaron ambos expulsados del Tour.

Avanzar, finiquitar y controlar. Esto es lo que hizo Egan Bernal para ganar este extraño Tour. La primera etapa de los Alpes prometía, por los colosos a ascender y el desnivel acumulado (5.000 m), con final en Valloire (Saboya), tras descender el Galibier. Pero fue un poco fraude para el espectador, ansioso de guerra y ataques ante una general tan ajustada. El caso es que en la fuga del día, se coló Nairo Quintana, que llegó a ser prácticamente líder virtual en el Izoard, mientras por detrás, su equipo de la mano de Marc Soler metía un ritmo para preparar un ataque de Landa, que nunca llegó. El bueno de Nairo, que tiene calidad de sobra, reventó al resto de fugados (Bardet, Caruso, Lutsenko…) en la zona más dura del Galibier, dando una exhibición de talento en su terreno favorito, una gran victoria para el colombiano. Por detras, muy poca cosa, el detalle, ese ataque de Bernal, un avance en el Galibier, una renta de 30 segundos, minimizada por Thomas, suficiente, para mostras las debilidades de todos, especialmente de Alaphilippe, que hacía aguas en el Galibier, pero se repuso en un descenso prodigioso, para llevar, un día más, el maillot amarillo.

El viernes 26 de julio, la etapa transcurriría entre Saint-Jean-de-Maurienne y Tignes, 126 km, con el encadenado final del Iseran y el ascenso final a la mencionada estación de esquí. El col de l’Iseran, 2.770 metros, no se subía por esta vertiente desde 1963; en el recuerdo la mítica cabalgada de Claudio Chiappucci en 1992, camino de Sestrieres, 226 km de fuga de los 254 totales, que puso contra las cuerdas al imperial Indurain, en una de esas jornadas históricas, que quedan en la memoria del buen aficionado. En el Iseran, el Diablo llegó a ser líder virtual del Tour, un tipo con carisma, que nunca reblaba.

Una jornada decisiva, que empezó con las lágrimas de Thibaut Pinot, no pudo más con sus problemas musculares, iba 5º en la general y era el único que había doblegado a Bernal en la alta montaña. Para el colombiano, fue el hachazo en medio del caos. Egan Bernal atacaba a unos 6 km de la cima del Iseran, por encima de los 2.000 m de altura, antes lo había intentado Thomas, sin éxito, pero mostrando que el líder agonizaba en estas largas subidas. El nuevo capo del Ineos coronaba con paso firme, un minuto sobre el grupo de favoritos, y a más de dos minutos pasaba Alaphilippe. La carrera destrozada, guiños a que sería una etapa épica, pero la climatología barrió el fondo del valle, con una granizada que dejaba impracticable la carretera. Se veían imágenes de una excavadora limpiando una colada de barro. Un momento de caos, ya que la organización tuvo que notificar que se tomaban los tiempos para la general en la cima del Iseran, y que no habría ganador de etapa. El caso es que a Bernal le sobraba para auparse como nuevo líder, aunque el debate en redes se centraba sobre la sensación de improvisación que dejaba la carrera; máxime, cuando la etapa del día siguiente era recortada, quedando una especie de cronoescalada a Val Thorens, de 59 km, digna de cualquier carrera juvenil. Seguramente, habría recorridos alternativos, no entraré a valorar, para eso hay referentes que lo explican mejor, pero cuando diseñas con kilometrajes reducidos, cualquier cambio, termina echando por tierra el verdadero significado de un deporte de gran fondo.

Las lágrimas de Pinot, la otra cara del ciclismo. Foto: @letour

La vigésima etapa, última en los Alpes, se desarrolló en unas dos horas, lo que tardó Vincenzo Nibali en escalar esos larguísimos 33 km a Val Thorens. El ganador de la triple corona (Tour-Giro-Vuelta) no defraudó, liquidando una fuga numerosa, en la que aguantaron hasta su último ataque, Zakarin, Woods, Gallopin y Périchon. El siciliano demuestra, una vez más, su personalidad combativa, salvando los muebles en un Tour discreto. Y por atrás, nadie atacó a Bernal, el ritmo de Jumbo-Visma fue suficiente para desbancar a un desfondado Alaphilippe del podio. De esta forma Kruijswijk accede a la tercera plaza, y el galés Thomas queda como segundo en la general. Y quedaba el paseo final hasta París, con champán, fotos para la historia, esa fuga que busca lo imposible en el adoquinado de los Campos Elíseos, y un sprint poderoso y difícil de Caleb Ewan -el velocista de esta edición-, imponiéndose a Groenewegen, Bonifazio y Richeze. Hasta aquí, la crónica de la 106 edición de la Grande Boucle.

En el caos final, salió victorioso un ciclista tranquilo, muy joven, y con una proyección que puede marcar una época. Egan Bernal, el chaval tranquilo de Zipaquirá, con su aspecto aguileño, que ya venía avisando; muy completo en todos los terrenos y tácticamente un prodigio… ¿marcará una época? No se sabe, por ahora ya tiene un Tour, el sueño de tantos ciclistas durante toda su carrera profesional. Echamos un vistazo a la anterior crónica, para valorar el papel del resto de favoritos. Geraint Thomas acompaña en el podio, como 2º, a su compañero Bernal; la jerarquía en Ineos estaba clarísima, si su ataque en el Iseran hubiera fructificado estaríamos hablando, seguramente, de su segundo Tour. Pero no tuvo las piernas del año pasado. En el tercer puesto tenemos al holandés Steven Kruijswijk, muy regular pero poco ambicioso ante la oportunidad de su vida; con 32 años su palmarés de victorias es muy escueto, ninguna prueba o etapa del World Tour, sólo la Arctic Race of Norway en 2014. Entiendo que para su equipo el objetivo era meterse en el podio. A Roman Bardet se le ha pasado el arroz con el Tour, 15º en la general y la clasificación de la montaña por los pelos; debe reinventarse en otras grandes vueltas, fuerza y combatividad le sobran. Mikel Landa firma un 6º puesto, tras hacer 4º en el Giro; quizá le pesaron las piernas tras la corsa rosa, atacó muy poco y esa caída camino de Albi marcó sus opciones reales de podio. Dan Martin estuvo lejos de brillar, 19º en la general, cuando era un habitual del top ten, y sin un parcial que llevarse a casa. Nairo Quintana ha hecho algo parecido a lo del 2018, sin opciones en la general tras perder mucho tiempo en el Tourmalet, logró ganar con autoridad la etapa reina de Valloire y terminar el 8º en la general; el exceso de liderazgos en Movistar y su fichaje por Arkéa indican también este final de etapa para el escalador colombiano. Thibaut Pinot volvía con ganas al Tour, y estuvo brillantísimo mientras el físico le aguantó, ganando la etapa del Tourmalet y mostrando una fuerza descomunal cuando la carretera se empinaba, pero este deporte no tiene compasión y una lesión muscular lo dejó k.o. Con Richie Porte había cierta expectación, su mala suerte otros años escondía las prestaciones de un ciclista muy completo, pero perdió el 10º en Val Thorens; estuvo ahí, aguantando con los mejores. Poca cosa. Rigo Urán hizo 7º, muy regular, poco ofensivo, su techo ya pasó, si bien es cierto que en la etapa suspendida iba bien posicionado para dar un salto en la general. De los hermanos Yates, cal y arena. Adam no pudo con la montaña, quedando descolgado a primeras de cambio (29º en la general). Y Simon, logró triunfos parciales en la montaña, de muchísima calidad (en Bagnéres-de-Bigorre y Prat d’Albis), yendo en cabeza de carrera en la jornada suspendida de Tignes. Vincenzo Nibali tenía claro desde la primera semana que su estado de forma no iba para la general, se dejó llevar y a base de intentarlo en las etapas de montaña, consiguió una victora en Val Thorens, tras un pulso inmenso con el grupo de favoritos. De Enric Mas se escribieron muchas cosas en los días previos a la carrera, debutaba en el Tour y eso requiere de un aprendizaje; salió muy bien posicionado tras la contrarreloj pero perdió sus opciones en los Pirineos, siendo de buena ayuda para Alaphilippe. Su 22º en la general vale oro con 24 años. Y finalmente, Jakob Fuglsang, que tuvo que retirarse antes de los Alpes, cuando iba  9º clasificado; me da que más allá del top ten no hubiera pasado.

Es un extenso repaso, en el que falta un tal Emanuel Buchmann (4º en la general), a menos de medio minuto del podio, muy regular durante las tres semanas. O Alejandro Valverde (9º), un top ten más, sin gran brillo. Una clasificación muy apretada, la menor diferencia en la historia entre el primero y el tercero. Un Tour intenso y extraño, con la figura central de Julian Alaphilippe, valiente y agonístico. Con Peter Sagan ganando el maillot verde de la regularidad por séptima vez. Y muchos equipos con una actuación gris (UAE, Astana, CCC), mientras otros han arrasado. Una mención especial para el Wanty, un equipo muy luchador toda la carrera, que ha metido a Guillaume Martin y Xandro Meurisse entre los destacados de la general. La carrera que todo lo da, y todo lo quita. El exceso hecho ciclismo. Ya queda menos para el Tour de 2020.

1 agosto, 2019

Autor/Autora

@Danilerin


Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR