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Le Tour 2019: eterno Merckx, primera semana intensa y Giro Rosa

El gran objetivo de la temporada se prepara con mimo y la nómina de posibles favoritos se amplía respecto a otras carreras. El Tour. La carrera por excelencia, la que justifica todo, da y quita.
| 16 julio, 2019 10.07
Le Tour 2019: eterno Merckx, primera semana intensa y Giro Rosa
El ataque de Alaphilippe para llevarse etapa y liderato en Épernay. Foto: @LeTour

“Los ciclistas viven con dolor. Si no puede manejarlo no ganará nada”.- Eddy Merckx

23 de julio de 1987. El primer recuerdo personal que tengo del Tour, con mis nueve años, viendo en la tele una etapa de montaña que terminaba en la ascensión final a La Plagne, la imagen de Stephen Roche con una mascarilla de oxígeno, tapado con una manta de aluminio, me impactó terriblemente. El duelo del irlandés con Pedro Delgado fue brutal en esa etapa y durante toda la carrera. Al final, la contrarreloj de Dijon decidió la prueba en favor de Roche, por muy pocos segundos. Me había enamorado del ciclismo, del Tour. La carrera por excelencia, la que justifica todo, da y quita, y os hago una recomendación literaria, ‘El último Tour del siglo XX: una crónica de la Grande Boucle de 1989’, editado por Contra, el autor (Josep María Cuenca, periodista y docente) narra uno de los Tours más emocionantes de la historia, el cual marcará un antes y un después del ciclismo moderno.

El primer líder del Tour que vistió el maillot amarillo fue Eugène Christophe, en tiempos del ciclismo autodidacta y con una historia peculiar a sus espaldas. Hay debate sobre la elección del color amarillo, que si era la tonalidad del periódico deportivo L’Auto -cuyo editor era Henri Desgrange, alma mater de la carrera-, o que tal vez no dio tiempo a encargar tallas suficientes para ese Tour de 1919, y el único color disponible era el amarillo. En todo caso, un siglo de la prenda mítica del ciclismo. Medio siglo de la primera victoria en el Tour de Eddy Merckx -96 veces ha llevado la prenda de líder-. En aquel 1969 arrasó de principio a fin, ganando seis etapas, y llevándose todas las clasificaciones posibles. El Caníbal en estado puro. Considerado el mejor ciclista de todos los tiempos por el Cycling Hall of Fame de la UCI, un listado que hay que relativizar, ya que cada época y generación son únicas.

El Canibal de líder en el Tour de 1969.

El gran objetivo de la temporada se prepara con mimo y la nómina de posibles favoritos se amplía respecto a otras carreras. En un año en el que no será de la partida el dominador de los últimos tiempos, Chris Froome -fracturado de fémur, codo y costillas en un entrenamiento-, el panorama se abre bastante, con su compañero Geraint Thomas defendiendo el dorsal 1, al frente del equipo que ha manejado la carrera en los últimos años, el Team Ineos -antiguo Sky-. La baja de última hora de Tom Dumoulin o el descanso de Primoz Roglic, deja a la Grande Boucle sin tres de los cuatro primeros clasificados de 2018. Repasando el top ten del 2018 nos aparecen nombres que perfectamente pueden estar en el podio, como Kruijswijk, Bardet, Landa, Dan Martin o Quintana. Pero los aspirantes no acaban aquí, ni mucho menos: Pinot vuelve tras un año de ausencia, Porte buscará su redención definitiva, Urán soñara con ese Tour del 2017, los hermanos Yates, Nibali, el joven Enric Mas, y dos nombres a destacar. El colombiano Egan Bernal, 22 añicos, un prodigio que acaba de ganar de forma imperial la Vuelta a Suiza, la jerarquía en Team Ineos marca que trabajará para Thomas, pero nunca se sabe -esta historia ya la hemos vivido-. Y el otro referente, Jakob Fuglsang, por ahora el ciclista del año, que viene ganando carreras desde febrero, ganó Dauphiné y tiene un bloque poderosísimo en el Astana. Me he centrado en los favoritos, pero al Tour viene lo mejor de cada casa: velocistas, cazaetapas de postín, clasicómanos buscando su segundo pico de forma… Y de los cuatros equipos invitados, tenemos a tres locales -Cofidis, de Jesús Herrada; Total Direct Energie, de Lilian Calmejane o Niki Terpstra; y Arkéa, de Warren Barguil- y a los belgas del Wanty, con Guillaume Martin a la cabeza.

Con un recorrido eléctrico, muy dado para las emboscadas, con pocos kilómetros contrarreloj, y muchísima media montaña, de hecho se sucede el paso de la caravana por las cuatro áreas montañosas del hexágono, por este orden, Vosgos-Macizo Central-Pirineos-Alpes, dejando de lado todo el territorio atlántico. Los organizadores siguen la línea de la Vuelta: etapas de montaña de corto kilometraje, búsqueda de emoción en cada jornada, pocas opciones para los especialistas contra el crono, bonificaciones en cada pancarta. Me falta alguna gran etapa de montaña de más de 200 kilómetros, de gran fondo, con final en alto. La llegada en alto al Tourmalet promete y la jornada alpina entre Embrun y Valloire también (subidas a Vars, Izoard y Galibier).

La 106 edición del Tour arrancó en Bruselas, con una etapa en línea, que guiñaba al Tour de Flandes -subidas al Kapelmuur y Bosberg-, y que se resolvió al sprint, con victoria sorprendente para Mike Teunissen (Jumbo), por delante de Sagan y Ewan. Y como siempre, algún favorito se iba al suelo, le tocó a Fuglsang, que gracias a sus compañeros pudo volver al pelotón. El domingo 7, la contrarreloj por equipos, 27 kilómetros por los alrededores de Bruselas, y los favoritos ganando con autoridad, el Jumbo-Visma marcó 20 segundos menos que el Ineos. Teunissen conservaba el liderato. Del resto de formaciones, el AG2R de Bardet se dejaba minuto y pico, Movistar lo hizo algo mejor pero los 40 segundos sobre el Ineos podrían ser un lastre. La tercera etapa tuvo un final de clásica de primavera en toda regla, final en Épernay, un homenaje publicitario al champán, y allí en una cota al 12%, corta y explosiva, emergió la figura de Julian Alaphilippe (Deceuninck). El Mosquetero arrasó literalmente con el fugado Wellens, y se adjudicó con suficiencia el parcial, además de auparse al primer puesto en la general, en un día con una media altísima, a 46 km/h. Las dos siguientes etapas, se resolvieron al sprint, sin opciones para las fugas; gran victoria de Viviani en Nancy, y en la siguiente etapa, más quebrada, con final en Colmar, levantará los brazos el gran Peter Sagan, imponiéndose a Van Aert y Trentin. De esta forma, entramos en los bellos paisajes alsacianos, con esa imagen que nos ofreció el helicóptero, del castillo de Koenigsbourg, símbolo de la Europa feudal y de esta tierra de fronteras e identidades diversas.

Y el jueves 11, la llegada de la montaña, con 160 kms entre Mulhouse y La Planche des Belles Filles, varios puertos encadenados y un final terrible, cuestacabrista. Esta montaña alberga una terrible leyenda, cuenta la tradición oral que durante la Guerra de los Treinta Años, allá por el siglo XVII, un grupo de mujeres de Plancher-les-Mines huyeron hacia este monte, por miedo a los soldados suecos, y se arrojaron a un estanque para evitar que fueran violadas y asesinadas. Belles Filles, una trágica historia, sobre todo cuando pensamos en los asesinatos y violaciones que siguen sufriendo las mujeres por todo el mundo. Ni una más, ni una menos.

La etapa se rodó a un ritmo trotón, lo que dejó todas las posibilidades a la fuga del día; una escapada de calidad, al final quedó en un mano a mano entre Giulio Ciccone (Trek) y Dylan Teuns (Bahrein), con victoria para el belga y liderato para el italiano. Entre los favoritos, poca cosa, un ataque poco exitoso de Landa y el arreón final en el último kilómetro, de tierra compactada, en el que Thomas se confirma que está de vuelta.  Y muy pocas diferencias entre los favoritos. La séptima etapa, llana, la más larga de esta edición (230 km) con final en Chalon-sur-Saône, tuvo a dos fugados que aguantaron más de 210 km buscando su sueño, Stéphane Rosseto (Cofidis) y el combativo Yoann Offredo (Wanty), pero la volata era casi obligatoria, con tanto sprinter sediento. Esta vez le tocó a Dylan Groenewegen (Jumbo), que se impuso de manera ajustada a Ewan, quedando tercero Sagan.

Thomas de Gendt, único en su estilo.

La llegada del Macizo Central nos dejó una etapa para el recuerdo entre Mâcon y Saint Étienne, un recorrido de media montaña que dejaba en las piernas de los corredores casi 4.000 metros de desnivel positivo, con siete cotas puntuables y muy pocos kilómetros llanos. Territorio De Gendt, y el incombustible corredor del Lotto, allá que iba en la fuga del día, junto a Ben King, Nikki Terpstra y Alessandro De Marchi. Deceuninck y Astana pusieron un ritmo duro de persecución, con la mente puesta en la cota final, pero De Gendt fue reventando a sus rivales de escapada, con su ritmo constante, dándolo todo, y se llevó la etapa de forma magistral. En la última cota, sucedió el esperado ataque de Alaphilippe, que se llevó a rueda a Pinot, abriendo suficiente distancia para que el primero recuperase el liderato y el segundo se posicionara como el mejor clasificado entre los favoritos. Pero aún sucedieron más cosas, Nibali se dejó más de 4 minutos con el grupo de favoritos, y el susto de Ineos, con caída grupal antes de la última subida, pero Thomas tuvo suerte y pudo enlazar. ¿Ciclismo aburrido? Jejeje. El domingo 14, Día en el que se celebra el supuesto inicio de la Edad Contemporánea, el Tour entra en Occitania, otro recorrido rompepiernas, entre Saint Étienne y Brioude, el pelotón se lo tomó con tranquilidad, eso permitió que una escapada numerosísima cogiera una minutada para disputar con tranquilidad el desenlace de la etapa en Saint-Just (3 km al 7%) y el más fuerte fue Daryl Impey (Dimension Data) que le ganó el sprint a Benoot. Impey, sudafricano de 34 años, logra su primera victoria en una gran vuelta.

Y el colofón antes del primer día de descanso, vino en Albi, ciudad de herejías y ladrillos rojos, que dejó al pelotón en mil pedazos gracias al viento y los abanicos. A falta de 30 km, Deceuninck provoca el corte, Fuglsang, Pinot y Bennett quedan rezagados. Mikel Landa, que iba delante, sufre el infortunio de engancharse con el ciclista bretón, Warren Barguil, que lo derriba de forma involuntaria. El vasco pierde más de dos minutos en meta. El jodido ciclismo. Victoria al sprint del talentoso Wout van Aert (Jumbo) y un reguero de favoritos dejándose bastante tiempo en meta (de minuto y medio en adelante). Thomas y Bernal quedaron indemnes. Y así se cierra esta primera fase de la Grande Boucle.

Terminamos con ciclismo femenino. Ya que el Tour, con toda su grandeza, no tiene interés en organizar una prueba por etapas, nos trasladamos a territorio Bella Ciao. El Giro de Italia femenino comenzó el pasado 5 de julio, con inicio en Cassano Spinola (Piamonte) y final, tras diez etapas, en Udine (Friuli-Venezia Giulia), un recorrido íntegro por el norte de la península Itálica. Popularmente conocido como Giro Rosa, cumple su trigésima edición, una prueba de enorme nivel y prestigio, que tiene a Fabiana Luperini como ciclista con más victorias (5 Giros en su palmarés).

Se trata de la única carrera femenina con más de una semana de competición. Escuadras como Movistar y Bizkaia-Durango fueron de la partida. Tras la crono por equipos del primer día, con victoria para el Canyon-SRAM de Katarzyna Niewiadoma, llegó la primera victoria al sprint de Marianne Vos (CCC), en un recorrido pestoso con final en Viù. Repite victoria la holandesa, tras un ajustado sprint con Lucy Kennedy, en el final de Piedicavallo, tras una larga ascensión final. La cuarta etapa, con final en Carate Brianza, fue para la fuga del día, con sorpresa en la victoria de la joven Letizia Borgheresi (Aromitalia), imponiéndose a sus compañeras de escapada, Perini y Quagliotto.

La ganadora del Giro 2018 y número uno del circuito tenía bien marcada la primera etapa de alta montaña, 100 km y las subidas a Teglio-Fine Salita Carona y al Lago di Cancano -se suprimió la meta en la cima del mítico Gavia-. Simplemente Annemiek van Vleuten (Mitchelton) fue la más fuerte, atacando en el puerto final,  ganando el parcial, con casi tres minutos de ventaja sobre el reducido grupo de favoritas. La maglia rosa era suya. Una clasificación que remató al día siguiente, la cronoescalada de Teglio (12 km), con otra victoria de autoridad, aventajando en casi un minuto a Van der Breggen -que no termina de carburar como el año pasado-.

La holandesa Annemiek Van Vleuten con la maglia rosa. Foto: @MitcheltonSCOTT

La séptima etapa, con un perfil accidentado y final en San Giorgio di Perlena, tuvo un bonito desenlace, con escaramuzas varias y llegada del grupo de elegidas donde Vos impuso su potencia ante Van der Breggen. En la octava etapa, con meta en Maniago, costó que se formara la fuga, con ciclistas que ansiaban un triunfo en esta competición, la ganadora fue la británica Lizzie Banks (Bigla), sacando medio minuto a sus rivales. La jornada del sábado 13 era la última de alta montaña, con un final monopuerto en Chiusaforte, Anna van der Breggen (Boels-Dolmans) se desquitó en un mano a mano con la líder Van Vleuten.

Y la jornada final en Udine, fue otra exhibición de Marianne Vos, con cuatro etapas en este Giro y 217 victorias en toda su carrera deportiva. Una trayectoria deslumbrante para una ciclista que combina la ruta con el ciclocrós, y que también ha competido en pista. Annemiek van Vleuten consolida su extraordinario dominio en el circuito profesional femenino, le acompañaron en el podio, Van der Breggen y la australiana Amanda Spratt. Es el segundo Giro consecutivo de Annemiek, un talento que nunca mira atrás cuando ataca.

16 julio, 2019

Autor/Autora

@Danilerin


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