Hoy, he recibido una petición de una ONG solicitando ayuda para los palestinos de Gaza. Para los que no lo recuerden, el territorio de Gaza es la mayor cárcel del mundo: poco más de 300 km2 totalmente cercado por el mar y por un ignominioso muro israelí y con más de dos millones de palestinos dentro.
Una situación terrible e inhumana de bloqueo ante la pasividad internacional; los israelíes deben de ser “los buenos” de la historia por lo visto y los bautizados así por la OTAN y USA son intocables, como si fueran unos “Juan Carlos” cualesquiera. Las frecuentes incursiones aéreas y terrestres del ejército israelí destruyen, cíclicamente, las escasas infraestructuras de la Franja: hospitales, escuelas, desaladoras, centros de comunicación, centros productores eléctricos… El resultado: dos millones de personas sin apenas médicos y medicinas, una educación sin medios ni profesores, dos millones de personas sin empleos ni futuro, sin electricidad ni calefacciones, dos millones de personas racionando un bien tan preciado como el agua, sin poder salir siquiera a pescar. Dos millones de personas llevando una marca, parecida a la llevada por los judíos en la Europa Hitleriana, marca —acreditación en este caso— que los permite salir, o no, de su cárcel.
"El año pasado —cuenta la citada ONG— cientos de personas enfermas solicitaron permiso a las autoridades judías para recibir tratamiento médico fuera de la franja. Cuatro de cada diez se denegaron o retrasaron por Israel, reduciendo la supervivencia de estas personas enfermas. Muchos de estos enfermos eran ancianos o niños. Y la comunidad internacional no hace nada".
Pero algunos que se llaman periodistas, siquiera sea porque tienen un título en el bolsillo vendido al mejor postor: Ristos, Angels, Anas-Rosas, Antonios, Pacos o Eduardos que, como Zipi y Zape, Flick o Flock, son líderes absolutos de las “fakes”, sí deberían recordar ese calvario permanente. Calvario que dura setenta y cinco años y es consecuencia de la expulsión de todo un pueblo de su territorio, concediéndole, de limosna, unos pocos kilómetros cuadrados en la Cisjordania. Justo para que, luego, los Netanyahu y Cía. se los roben de manera miserable estableciendo, por cañones, asentamientos judíos. Eso pese a decenas de declaraciones de las Naciones Unidas.
Desde el año 2000 hasta la fecha, unos doce mil palestinos —75% población civil— han muerto en esas razias del estado israelí —cifras procedentes de fuentes tan poco sospechosas de izquierda como Amnistía Internacional, Vanguardia o Telesur— por bombardeos indiscriminados, francotiradores de élite o tanques que pasaban por allí.
Si algunos que se llaman periodistas pero que, fundamentalmente, son diplomas vendidos a muy buen precio a costa de propagar noticias sesgadas, se hubieran arremangado y empleado la décima parte del tiempo que dedican a las consignas, todas idénticas, todas con la misma finalidad, repetidas hasta la saciedad en la guerra entre Ucrania y Rusia —una sola cara de la moneda—, las disposiciones emitidas de Naciones Unidas, probablemente por la presión de la sociedad, ya se hubieran desarrollado.
Pero los palestinos son pobres, no tienen grandes empresas que publicitar, no son anglosajones, ni siquiera europeos o arios, tampoco cristianos de ojos claros. Así que, para semejante cuadrilla de cínicos "Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables, como dice la RAE del cinismo", solo interesan los dineros, los negocios, la cuenta de resultados de la publicidad, los privilegios, el poder, la mentira y la especulación. ¡Qué más da unos pocos miles de muertos pobres! ¡Qué más da que la rabia y la injusticia estén a mil kilos de presión en una cárcel como Gaza!
Señores periodistas tan bien pagados —lo primero es discutible aunque poseen diplomas muy bien comprados—, a muchas personas que tenemos poco más que nuestra dignidad y honestidad no nos producen envidia sus grandes emolumentos, sus grandes transacciones entre sus verdades sesgadas contra salarios jugosos, ni sana ni de la otra. Seguramente, el término más aproximado que produce su hipocresía informativa es una mezcla de pena, grima y vergüenza ajena.
Seguramente se seguirán forrando, seguirán diciendo verdades a medias, seguirán utilizando sus grandes altavoces mediáticos para llenar horas y horas de mensajes canalizados, con sponsor incluido, en vez de buscar motivos, de analizar las dos caras del espejo, de decir no a todas las guerras, no a cualquier plataforma militar cuyo ingrediente básico son los conflictos, decir no a Putin pero, también, no a la OTAN. En vez de investigar los motivos económicos de la guerra, de cualquier guerra y ejercer de verdaderos periodistas y no, solamente, de voceros.
Dentro de un tiempo, de unos años, de idéntica manera que en otras guerras, el tiempo, ese Cronos que pone a todos en su sitio, la verdad se impondrá en esta, lo mismo que en todos los conflictos y saldrán los motivos económicos, los estratégicos, los de verdad.
La OTAN matando y bombardeando civiles en Yugoeslavia, desmembrando un país en otros siete más irrelevantes; la de Yemen, azuzada por un esbirro de la OTAN, Arabia Saudí, dechado de tiranía, y con 375.000 muertos a la fecha en un país de veinte millones de personas, casi todos civiles; las falacias sobre “armas de destrucción masiva” que dieron lugar a la invasión y destrucción de Irak con un millón de muertos a la espalda y los tres señores de la guerra, responsables de matanzas —Blair, Aznar y Bush—, campando tan tranquilos sin sanciones, juicios ni censuras. Seguirán los palestinos presos en su inmensa cárcel y, de cuando en cuando, morirán unos cuantos cientos, o miles, de ellos, casi todos civiles, muchos ancianos y niños, para gloria y medallas de genocidas israelíes. Seguirán cientos de miles de saharauis sin país, sin futuro, sin casas siquiera puesto que el sátrapa de Marruecos es un protegido de la geo-estrategia americana y tiene bula para invadir un país y encarcelar, torturar o matar a quienes protesten.
Nadie, de los que la OTAN y USA considere de los “buenos”, estará encausado, imputado o entre rejas. Por no estar, ni siquiera el que asesinó al cámara español Couso.
Permítanme señores y señoras periodistas que responden a semejante retrato: todos esos individuos, repito, todos, que se creen por encima del bien y del mal, que acometen guerras, matan a personas, invaden territorios, deshacen países, pasan de las voluntades populares, bombardean con napalm, se enriquecen con las ventas de armas, de gas, trigo o tierras raras, que mueven como marionetas a infinidad de gobernantes, muñecos obedientes que comen de sus manos, dan asco, son un baldón para una civilización humana que renquea entre lo maravilloso y lo despreciable, siempre lo han sido.
Pero, permítanme señores y señoras periodistas que responden a la descripción, ustedes tienen mucha responsabilidad en ese asco.
Más información de la Guerra en Ucrania y el Donbass en este especial.

