La voz de cuatro médicas de familia y comunitarias: “Tengo miedo a desaparecer. A ser una médica que solo sabe hacer papeles”

En 2015 recogimos las voces de Carmen, Mónica, Clara y Marta para analizar la precariedad de la Atención Primaria. Cinco años después las volvemos a reunir, una forma de abrir la mirada al análisis de lo que está pasando.

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Foto: Markus Frieauff (Unsplash).

En mayo de 2015 publicamos una entrevista a varias médicas de familia y comunitaria que desde sus perspectivas y desde diferentes territorios analizaron la situación precaria de la Atención Primaria. Han pasado más de cinco años desde entonces y la emergencia social suscitada por COVID-19 no ha hecho sino poner sobre la mesa los déficits por los que atraviesa este servicio público esencial, en una llamada “crisis sanitaria” resultado de años de políticas de recortes y menosprecio, que se está saldando con demasiadas pérdidas.

Recuperamos las voces de Carmen, Mónica, Clara y Marta como una forma de abrir la mirada al análisis de lo que está pasando.

Hace más de seis meses que la pandemia irrumpió en nuestras vidas. Lo primero, ¿cómo estáis?

Carmen: ¡Regulinchi! Vivir en Madrid tener dos hijas y ser médica de atención primaria es un cruce de vulnerabilidades y de mucho trabajo, que junto a algunas enfermedades de familiares están haciendo de esta época mía un reto personal relevante.

Mónica: Últimamente la sensación que más prevalece en mi vida es nerviosismo. Tengo la impresión que en cualquier segundo va a cambiar mi vida. La incertidumbre baña todos los aspectos de mi vida. No poder hacer planes ni a corto plazo me pone nerviosa.

Además estoy preocupada porque parece que todo vale o todo se justifica en esta pandemia. Estamos actuando desde el miedo y nos hace tomar decisiones muy equivocadas y sin perspectiva.

Marta: Más inestable, intentando navegar en este escenario. Me siento apagando fuegos e intentando adaptarme según las circunstancias, con la sensación de no decidir nada.

Clara: También regular. En los últimos meses hemos vivido una situación constante de incertidumbre, de pérdida de control, de no entender… Y de que las relaciones se han hecho más difíciles, no sólo por la distancia sino porque tengo la sensación de que nos cuesta encontrar claves comunes a lo que sufrimos individualmente. Y encontrar ilusiones dentro de esta situación.

Desde que hablamos juntas, ¿qué creéis que ha cambiado?

Mónica: Pues desde aquel entonces, tengo plaza como médica de Atencion Primaria, de mañanas, en una zona rural y despoblada en el Sistema Aragonés de Salud, dos hijas y una hipoteca. Todo esto condiciona mi vida, mis decisiones personales y profesionales.

Clara: Laboralmente, yo tengo la sensación de que el viaje me ha cambiado. La última vez estaba a punto de incorporarme a mi plaza y estaba asustada pero ilusionada por el reto. Cinco años después, con sus altibajos, siento que he experimentado la longitudinalidad y he visto las cosas que se podrían hacer si las condiciones fueran favorables, y que se me han escurrido entre los dedos.

Carmen: En mi vida profesional lamentablemente ha cambiado poco. Tras casi 5 años, el año pasado hicimos una OPE en Madrid (la única este tiempo) y esperando tras haber aprobado el examen si con mi antigüedad entro o no entro a un contrato “de primera división” o me quedo fuera…(hay bastantes aprobados y la antigüedad va a ser la clave, solo por edad me faltan 3 años para completar el máximo, y por otras razones -año de master y reducción de jornada que cuenta la mitad- pierdo casi dos). El examen fue hace casi un año…

Marta: La precariedad sigue existiendo. He aprobado esos exámenes de oposiciones, pero aún no se materializan en ninguna plaza de propiedad.

En su día charramos sobre cómo se conjugaba la precariedad con el poder social de las médicas. Ahora que se cuestiona tanto el cómo se ha pasado del aplauso diario a las críticas (e incluso agresiones) hacia un colectivo sanitario que parece no estar atendiendo a las demandas de la población, ¿cómo vivís esto?

Clara: Me da pena ver las potencias del sistema para ponerse a favor de la población, y que sin embargo a menudo nos encasillamos en trazar una línea entre “ellas” y “nosotras”, en peticiones de mejora basadas en el status o en colectivos profesionales aislados. Estoy convencida de que las causas del deterioro de la Primaria son las mismas que las que tienen mis pacientes cada vez más precarias, más angustiadas, más prisioneras. Y creo que la brecha actual es un signo de que no estamos sabiendo entender ni transmitir esto.

Mónica: Mal, muy mal, me da mucha rabia que se plantee que desde Atención Primaria no estamos haciendo nada, que estamos cerrados, cuando, a mi parecer, nunca hemos trabajado tanto y tan mal. Saturadas de burocracia, de protocolos cambiantes, de llamadas y más llamadas, intentando atender a la gente lo mejor posible y que no se te escape nada importante… Frustrada…

Marta: Así como dice mi compañera, con desilusión, hastío y…[respiro hondo]... No encuentro palabras ni aliento para seguir. La pandemia ha hecho subrayar la deficiencias que veníamos sufriendo durante años.

Carmen: Vivo mi situacion laboral y mi precariedad con pena, tristeza y desmotivación. Perder capacidad resolutiva, sentirse invisible dentro del sistema hospitalocéntrico, que hacer el trabajo que precisa la pandemia dificulte hacer lo importante de nuestro trabajo -o hacerlo rápido y corriendo-, ver que hay poco apoyo institucional, que nos aplaste cierta burocracia, trabajar sin parar apagando fuegos y no llegar y que además piensen que estamos cerrados, los conflictos en los equipos, el turno reducido porque es en horario de tarde ahora que hay cole y que digan que no hay médicas... ¡¡Ay que pena!! Creo que tengo que recalcular mi posición y mi rol profesional. Pero sobre todo creo que a nivel colectivo seria muy importante dar un golpe de timón y que los valores de Atención Primaria se apoyen y se valoren… A veces siento que, por lo menos en las grandes ciudades, tendemos a desparecer. ¿Sería lo mejor? ¿Aportamos valor?

La pandemia no ha hecho sino poner sobre la mesa todas las deficiencias del sistema, las desigualdades, etc. ¿Qué es lo que más os preocupa de la situación actual?

Marta: Que favorezcamos aún más las desigualdades, siguiendo la atención según la Ley de cuidados inversos y al solo llegar a atender "lo covid"... ¿Qué habremos dejado de atender? ¿Qué pasará?

Clara: Que sólo sepamos salir de estas transformaciones sociales con más individualismo y más desigualdad. Profesionalmente, que la Atención Primaria se convierta en una sombra, como dice Carmen. Y cómo colocarme en esa situación.

Carmen: Creo que lo he respondido antes. Tengo miedo a desaparecer. A ser una médica que solo sabe hacer papeles y resolver problemas muy deprisa. A perder mi enfoque clínico, reflexivo y resolutivo. A que mi falta de motivación por incapacidad de desarrollo profesional me lleve a perder 20 años de trabajo por mi profesión.

Mónica: Que la brecha de las desigualdades cada vez se está haciendo más ancha y profunda, lo que conlleva más morbilidad y mortalidad a medio/largo plazo, y si la pandemia ha hecho que afloraran nuestras carencias, con el aumento de las desigualdades vamos a claudicar completamente.

Del “Todo va a salir bien”, “vamos a salir mejores”, ¿pensáis que queda algo?

Carmen: Yo estoy ya en el “Todo va salir regulinchi”. Creo que esta etapa está siendo transformadora inevitablemente y que hay muchos aprendizajes a muchas esferas que cuando coloquemos pueden hacernos más resilientes. Lo malo es que la crispación social, el cansancio y la agitación no dejan tiempo a la reflexión… Creo que el confinamiento creó una pausa reflexiva que dio paso a los pensamientos optimistas que nombras. Quizás tenemos que volver a encontrar esa pausa más a menudo y espacios de reflexión como este que propones. En Madrid al menos, entre la agitación política y la sobrecarga asistencial no hay espacio para una práctica médica de calidad.

Mónica: Yo también pensaba que esto nos iba a hacer salir mejores, más solidarias, comprometidas con el medio ambiente, con la comunidad… En este momento pienso que nos vamos a volver, en general, más individualistas, más capitalistas, más “¡sálvese quien pueda!”, que estamos empezando a justificar que “todo vale” para “protegernos”... pero también me queda un halo de esperanza en que siga habiendo una masa crítica que sigamos cuestionándonos las cosas, cuidándonos a nivel comunitario, a nivel medioambiental, etc.

Marta: “Que paren el mundo que me bajo”, como dijo Quino en Mafalda. No encuentro ahora ese optimismo que tuve en su momento y que suelo intentar buscar. Precisamos organizarnos colectivamente y repensar en grupo para lograr cambios.

Clara: Creo que las moderadas esperanzas de cambio (a mejor) que teníamos al principio han quedado ahogadas por la inercia de sostener lo económico-comercial y el sistema redoblando esfuerzos para defenderse. No soy muy optimista a corto plazo, pero creo que es fundamental que encontremos formas de ilusionarnos de nuevo.

Vosotras sois todas médicas de familia y comunitaria, trabajáis en diferentes espacios y territorios, ¿qué iniciativas conocéis que puedan estar disminuyendo el impacto en salud de la pandemia?¿qué pensáis que se podría hacer?

Carmen: Las iniciativas que han surgido en los barrios, con los bancos de alimentos organizados desde las asociaciones de vecinos, los mercados municipales fueron muy potentes. Lamentablemente creo que la llegada de la nueva normalidad y el verano obligado los han debilitado… Me interesan mucho iniciativas en entornos de movilidad más sostenible que están haciendo en algunos territorios, no en Madrid, que falta harían... Ahí estamos empujando….

Otro grupo muy potente que está siendo de mucha ayuda es la pedazo de labor de docentes y directores de coles y grupos de madres y padres haciendo mucho trabajo de concienciación y de unión dentro de esta situación dificil. Que los coles estén abiertos a pesar de todo creo que esta trayendo mucha salud de nuevo, a los niños y las niñas y a la calma en los hogares…

Mónica: El apoyo de la población entre sí. Durante el confinamiento hemos visto muchas iniciativas de ayuda mutua entre vecinxs, de cuidar a lxs más vulnerables, de arrimar el hombro en lo que haga falta. Y ahora que la cosa se está poniendo de nuevo complicada en nuestra zona, igual.

Creo que lo que nos queda pendiente es el tema del Medio Ambiente, del decrecimiento, del autosostenimiento, del consumo de cercanía, de hacer ciudades más pequeñas y sostenibles… En la zona rural esto es mucho más fácil… si potenciamos lo rural, será más factible la supervivencia a largo plazo en el planeta.

Clara: Creo que las redes de apoyo en los barrios han sido lo más positivo aunque en muchos sitios han trabajado no sólo contra la necesidad y la pandemia sino contra barreras institucionales. Aunque ha habido iniciativas de poner en valor y tejer redes como el Observatorio de Salud Comunitaria y COVID-19. Pienso mucho en lo que dice Rosa Jiménez (creadora de ‘La Escalera’) de que es necesario avecindarse.

Ya, por terminar, si mañana os dicen que esto ya está, se acabó, ¿qué os gustaría hacer?

Mónica: Creo que he dejado de pensar en eso y he pasado al “¿cómo hago lo que quiero hacer con esto y sus medidas?”. Aunque por supuesto que hay cosas que me encantaría hacer y en esta situación no las veo factibles, como ir a Cochabamba, Bolivia, a ver a mis seres queridos.

Clara: Yo me cansé de vivir emocionalmente en eso que Marina Garcés llama “la condición póstuma”, el “hasta cuándo”, y he decidido parar y reinventarme en otro espacio. Aprender cosas nuevas, escucharme, tomar distancia.

Carmen: Se acabó, me tumbo en la arena, a esperar que suba la marea…

Marta: Para mí sería, vernos y darnos un gran abrazo.

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