Ixo Rai! nos hizo bailar en cada plaza de nuestros pueblos al ritmo somarda del Aragón rebelde

Quedamos con el Jota y el Flip en el Entalto de Zaragoza. Aparecen, nos abrazamos con mascarilla, y comenzamos a charrar como si no hubieran pasado unos cuantos añicos sin vernos. Los cuatro somos largos de conversación y risas. Así es imposible una entrevista al uso, por eso, os presentamos un resumen de nuestra larga charrada entre amigos como aperitivo de su esperado regreso al escenario.

El Jota y el Flip bajo el mural de Ixo Rai en el Entalto de Zaragoza | Foto: Chorche Tricas y Diego Marín (AraInfo)

Labordeta dijo de Ixo Rai que fue aire puro en mitad de la mierda, gracias a ese desgarro anarco-nacionalista que inventaron. Lo primero lo tenemos claro, lo segundo no tanto, pero lo que sí sabemos, es que Ixo Rai fue un reflejo y consecuencia cultural del Aragón de los años noventa. Fueron hijos de la Zaragoza insumisa, de ese Aragón rebelde que no se resignaba a asumir, sin más, su asimilación. Fueron unos cronistas que, con mucho humor, pusieron en valor la identidad de los pueblos del país.

Ixo Rai, fue un grupo comprometido, pero sobre todo, somarda, labordetiano, que rechazó, aunque pueda parecer lo contrario, enarbolar banderas y abanderar luchas. Como ellos dicen, fueron esos hijos bastardos del folk, que supieron modernizar la tradición musical aragonesa, que llevaron la protesta a los pueblos, y la vida rural a los movimientos sociales urbanos, logrando aceptaciones mutuas, que hicieron que los heavies escucharan ritmos latinos y que los folkis se aclimataran a las guitarras eléctricas.

Fueron los cronistas de esa época y, menos mal que, como dice Jota, “no hubo ningún interés por formar un grupo de música con el cual tocar, hacer bolos, grabar discos o ser conocidos. Nos juntábamos en el Entalto, y antes en la Federación de Barrios, donde después de cenar a gusto los viernes, nos bajábamos a ensayar, nos lo pasábamos genial, y contábamos lo que vivíamos. Si hubiésemos sido de Francisco de Vitoria o León XIII pues igual hubiésemos contado otras cosas, pero claro, éramos gente de pueblo y de barrio”, y además, como apunta Flip, “estábamos todos en nuestro movimiento social”.

Ixo Rai no pretendió enarbolar ninguna bandera, ni ser la voz de ningún movimiento social, aunque, por unas u otras cosas, fueron un poco la voz de muchos movimientos sociales, “éramos muy descriptivos”, dice Jota, “a nuestra bola, contar, contar y contar, y somos tan contradictorios, tan machistas y tan autoritarios como todos. Nosotros contamos, y luego tú ibas al concierto y podías interpretar como quisieras lo que vieras allí. No hubo ningún interés por liderar movimientos, no liderábamos la música insumisa aquí, pero claro, a mí me iban a juzgar, pues qué menos que sacar el tema”.

Flip dice que contaban sus vivencias particulares, “cuando hablábamos sobre internacionalismo sin ningún problema, era porque lo estábamos viviendo en nuestros ambientes, en nuestros grupos, en nuestras parroquias algunos, o sobre el movimiento asociativo, el movimiento rural, historias de jipis que le estaban dando una nueva oportunidad al territorio. Lo estábamos contando porque lo estábamos viviendo, y eso se puede interpretar como una actitud política, no estamos militando, pero estamos contando lo que vivimos, como en “A fuesa unibersal”, o “Chuan Garcés”, que es una historia ejemplar, que se nutre de casos reales, o de ese cura rural que se emborracha entre misa y misa, como en “Wine religion”.

Foto: Chorche Tricas y Diego Marín (AraInfo)

Sin embargo, si Ixo Rai fueran hijos del mundo de hoy, ¿A qué le cantarían? “Sabes que hoy siguen siendo totalmente válidas las mismas canciones, se desvían de poquito eh”, dice Flip. “Entonces”, señala Jota, “muchas letras, muchas canciones también eran lo mismo que cantaba Labordeta o La Bullonera, y decías, esto es triste eh. Nosotros estábamos con el túnel de Canfranc, con las líneas de alta tensión, y ahora son las mismas víctimas, pero cambiando un poco el escenario, es la misma política de ir allí, de engañar, de dividir a la gente. Hay historias nuevas, otras que se cerraron, como la insumisión, que la ganamos y fue un ejemplo de movimiento colectivo no violento, muy integrador, que vinculaba a familias y a todo dios, y puede servir hoy de ejemplo para otras historias. A los insumisos nos decían que éramos delincuentes, heroinómanos, era ridículo cuando decían esas cosas, pero abrimos el movimiento e integramos a mucha gente, y el gobierno tuvo que cambiar los mensajes. Ahora no sé si haríamos las mismas letras, pues supongo que sí pero, de entrada, te lo pensarías. El Flip, que dibujó aquellos billetes del primer disco, con el rey con cabeza de cerdo, hoy iría a la Audiencia Nacional. Entonces ni te lo planteabas, ni nadie te decía nada, y ahora dirías, ¿Qué hago? Venga sí, lo voy a hacer, pero a ver qué pasa. Sí que se ha retrocedido, sí”.

Ixo Rai, en opinión de muchos, terminó justo en el momento de su madurez musical. En 2001 salió su último disco de estudio “Con el agua al cuello”, primer y único disco grabado fuera de Zaragoza y producido por alguien externo al grupo, Eugenio Muñoz, técnico de sonido de Rosendo. Jota dice que eso “le dio un sonido distinto, otro rollo”, y a pesar de que a él le gusta, “hay gente del grupo a la que no le gusta tanto, por eso mismo, porque era un sonido diferente a lo que se ensayaba”. Un disco que parecía premonitorio, como su propio título, y es que “sale el disco, recién puesta la pasta y acto seguido quiebra la discográfica y desaparece el disco de las tiendas, ya no hay promoción. La gente ni se entera de que existe ese disco, y de hecho hay gente que no lo conoce” dice Flip. Y es que a pesar de que su “Olé por la música” es una de las primeras canciones, fue en su última etapa cuando el choque con la industria los dejó heridos. “Eso nos hizo mucho daño” dice Flip. “La canción del desengaño da muchas pistas de todo ese proceso, porque nos sumergimos en la industria, hubo puñaladas, o nos dejaron en dique seco para potenciar a otros que tenían más tirón, o les dejamos la pasta de la gira del verano para poder grabar el disco. Fuimos tontos en esa historia”. Fueron los mismos años de “Circo Rai” (2000), un directo que repetía los mismos temas del “Entalto” (1999), el disco anterior, y es que la primera discográfica (Fonomusic) no cedió los derechos de los temas de los tres primeros discos. “Fue una cagada integral. La mierda de las discográficas y estas hostias”, se lamenta Jota, “que además a muy mala ostia sacaron algún recopilatorio sin avisarnos ni pedirnos permiso, y de repente, lo vimos en la tienda”.

Sin embargo, en su San Martín no influyó solamente la quiebra de Desobediencia, su última discográfica, sino que coincidió también con una serie de procesos personales de varios miembros del grupo, “Yo, a título personal, Jota, pues dije, se ha acabado ya mi ciclo, no ya en Ixo Rai, sino en la música. Ya tengo un hijo de cuatro años y me acaba de nacer otro, los veranos se los jodo porque no tienen vacaciones y estoy trabajando de noche, y además con los dos curros, porque nunca dejé mi curro de educador, ni yo, ni casi ningún miembro del grupo. Recuerdo hacer empalmadas para volver a currar después de un bolo en Murcia o Alicante. Yo dije, hasta aquí, y supongo que a Flip y Eugenio, que coinciden en el mismo verano, les pasaría lo mismo. Fueron esas decisiones personales de tres personas fundadoras del grupo, las que pesaron en un colectivo entonces de ocho personas. Al final de esa última gira que Flip y Eugenio ya no hicieron, pero yo sí, se sumó también Juanito. Cuando acabara la gira, yo saldría y el grupo seguiría. Sin embargo, los que se quedaron, que eran en ese momento Ixo Rai, creo que de una manera coherente dicen, es que Ixo Rai era con todos, y esto, igual hay que dejarlo, nos despedimos y ya. Y así fue”.

“Los músicos profesionales siguieron con otros proyectos, y ellos han aguantado tocando, y yo no” dice Flip, que señala a Jota diciendo que él sí tuvo algún escarceo. Jota replica que sí, que alguna colaboración, “un día subías con el Comando Cucaracha o con los Cachirulos XL y te hacías una canción o dos. Más esas cosicas, colaboraciones, pero ponerme a ensayar… buf”. “O ese montaje de Labordeta que hicisteis” dice Flip. “Ah, es verdad, con Eugenio y Juanito, y a esto se sumó Paco Medina, el hermano de Juanito y otro músico. Hicimos un espectáculo teatral de la obra de Labordeta, que era narrativa, poesía y música. Pensábamos que iba a tener más recorrido, pero en Aragón, en cuanto te subes más de dos a un escenario, ya nada. Entonces claro, un espectáculo de teatro con seis músicos y dos técnicos, no lo contrataba ni cristo. Fue una cosa que estuvo maja. Aún hicimos una quincena de bolos”. Flip dice que “era un proyecto que se tenía que haber merecido muchísimo más”.

Foto: Chorche Tricas y Diego Marín (AraInfo)

Hubo un momento, no pequeño en el tiempo, en el que decir Ixo Rai fuera de Aragón, era decir Aragón mismo, “Claro”, dice Jota, “pero fíjate que poco nos cundió, o sea, en Hegoalde hicimos dos bolos, uno en Iruña, en el garito del Boni, y otro en Vitoria, pero ya al final. Sin embargo en Iparralde hicimos tres o cuatro bolos. Decías, hostias, pues yo pensaba que era un producto que podía funcionar por allí, y no. Se nos conocía, como me dijeron los Oskorri, pero no se nos contrataba. Sin embargo, en Catalunya sí. Allí trabajamos mogollón y solo podemos tener agradecimientos de lo bien que se nos trató, de lo bien que nos lo pasamos”. “Y los amigos que hicimos entre los campesinos del Priorat”, dice Flip, “fue una gozada total. Qué nivel de conciencia y organización campesina”. Jota recuerda que en Catalunya “había siempre toma de tierra, no había remolques, eso lo primero, y aplaudían. Tocamos mucho en el Priorat, y cuando íbamos a Barcelona era un puntazo, porque tenías al público catalán y al aragonés. Entonces Barcelona era la segunda ciudad de Aragón. En los años 70 y 80 Barcelona tenía 200.000 aragoneses, entonces claro, venían los hijos de los emigrantes a ver a Ixo Rai. Cuando tocamos en un cine okupado del barrio de Guinardó, nuestro público eran los okupas, los punkis, y luego los hijos de los emigrantes, que venían con la camiseta metidica por el pantalón, arregladicos, y estaban tan a gusto allí. Tocamos en la Celeste, en Cambrils, en Reus…”

Fueron años de una especie de renacimiento y éxito del folklore aragonés, con Biella Nuei en Radio 3, recuerda Jota que “cuando arrancamos nosotros había un festival del Consejo de la Juventud a nivel estatal, en la que tenía que ganar un equipo por Comunidad Autónoma, y luego competían entre todos y se grababa un disco. Pues durante tres años seguidos, ganó un año Cornamusa, otro Hato de Foces y otro La Orquestina del Fabirol, es verdad que el folk pegaba en Aragón. Y nosotros salimos de allí, claro, luego ya pillamos otra dirección, pero evidentemente salimos de allí. Mucha gente aún cuando nos tiene que situar no sabe si ponernos en el rock o en el folk. También era un momento político, cultural y social muy concreto”, en el que “nos hacía falta mucha autoestima” apunta Flip. Recuerda Jota que cuando “nosotros empezamos, los gaiteros se contaban con los dedos de una mano, literal. Ixo Rai nace en ese momento, de hecho, empezamos a hacer cosas que tocábamos cuando nos emborrachábamos, o sea, el “Jazz Lorenzo” lo hizo el Luismi con el Mario en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras, en los encierros de las huelgas de estudiantes… y nosotros decíamos, esto hay que hacerlo en un escenario”.

Fueron también los años de los movimientos en defensa de la lengua propia, del aragonés, e Ixo Rai fue un grupo comprometido con la cultura aragonesa, según Flip, “hacíamos lo que tendría que haber sido normal, la gente tiene que comunicarse en las lenguas que habla, sin más, y hacer cultura en las lenguas que habla, darles dignidad, darles respeto y utilizarlas. Nosotros las utilizamos con normalidad. Ha habido gente que le parecía muy raro, o muy paleto, y que nos lo decía con un punto muy despectivo, que además, me lo dijeron a mí, que se sentían ciudadanos del mundo como para utilizar ese tipo de lenguas, y digo yo, ¿pero no has oído tú eso de desarrolla tu cultura local, que es la única manera que tienes de contribuir a la riqueza global? Lo único que hicimos fue normalizar algo, sin hacer tampoco gran gala del tema”. Añade Jota, que así es, que “Mallacán sí que fue un grupo que hizo todo en aragonés, o Prau, o Nuei ahora, pero nosotros sólo teníamos tres canciones en todo el repertorio. En aragonés teníamos el nombre del grupo y los créditos de los discos, entonces había como una presencia natural de la lengua, pero tampoco forzada”. Sin embargo, Ixo Rai sí fue el primer grupo fuera del folk que grabó temas en aragonés. “Eso es cierto, sí”, reconoce Flip, “había gente que te decía, es que pensábamos que no se podía, que no tenía capacidad la lengua, que no podríamos crear, que no había corpus, que no había peso cultural, y habéis demostrado que se puede crear como en cualquier otra lengua. Eso era un complejo muy gordo”. Jota añade que “en ese momento sobre un escenario o en discos solo podías escuchar aragonés a la Val d’Echo y en un disco de Mario Garcés, que fue el primer disco feito en aragonés, editado por el Consello d´a Fabla, y creo que algo de Gonzalo Orna, de La Almunia”.

E incluso entre círculos cercanos a la cultura aragonesa, la cuestión de la lengua no estaba del todo asumida, como recuerda Flip, “me tocó convencer a Labordeta para que grabara un tema en aragonés en A Ixena, y no estaba reticente, pero decía que no lo veía claro. Al final dice, sí, pero voy a elegir yo la canción. Eligió una de Mariví Nicolas, y yo, perfecto, adelante, nada que objetar. Al final entró, aunque yo lo veía en otra dinámica, pero al final quiso estar ahí, y fíjate, que luego acabó metiendo en el repertorio el “Aqueras Montañas”. Con nosotros grabó la parte en aragonés y en catalán de “Un País”, ahí en el estudio haciéndole cantar en aragonés, que además, no dejaba de ser una macarrada de su propia letra. La verdad que la relación con El Abuelo para nosotros fue un hito, porque notábamos el cariño que nos tenía, y en cuanto estábamos tocando por aquí y se podía escapar, se nos colaba en el escenario, y se quitaba de los políticos, como si fuera algo que le pesaba demasiado”.

Foto: Chorche Tricas y Diego Marín (AraInfo)

Ixo Rai se ganó el cariño de la gente, entre otras cosas, porque sus miembros eran gente corriente, alejada del esnobismo y poco dada al mundillo de la farándula y el artisteo, “teníamos poca conciencia de clase de músicos” dice Jota. “Nunca vivimos de la música, y eso creo que también nos dio lucidez y no perdimos la cabeza, porque al final éramos gente que se levantaba a currar todos los días, que estabas en el barrio y que te relacionabas”. “Los de la movida zaragozana nos miraban raro” dice Flip, “y teníamos un cierto tinte de paletos, les dábamos un poquito de no se sabe qué, pues porque no vivíamos la misma realidad. Teníamos otras conexiones que hacían que la gente de los pueblos se lo pasara muy bien con nosotros y que la gente de los movimientos también, cosas que en cierto modo son antitéticas, el mundo rural y los movimientos sociales urbanos. Gustábamos en la peña del pueblo y en cualquier movilización zaragozana de pro”.

Jota dice que nunca estuvieron “en el rollo del rock, y además éramos los hijos bastardos del folk y de la música popular”, y Flip añade que “nos reíamos del folk y por eso ha habido gente del folk que estaba muy mosqueada con nosotros”. Pero, además, como dice Jota, “para nosotros los Héroes del Silencio era una marcianada total. Les hicimos el rap aquel que decía, “Héroes del Brasil, niños del Silencio, se la habéis clavao al ayuntamiento”, porque estábamos en la Plaza San Felipe, y ese año tocaron en La Romareda y les soltaron un pastizal. Es el año que sale el grito de Ixo Rai a la Romareda. Estábamos en otro rollo, tanto que al principio Matías Uribe, por ejemplo, nos ignoró total. Y cuando salía alguna crítica era porque no le quedaba más remedio. Sin embargo otros, como Losilla, Luis Lles o Gonzalo de la Figuera sí que nos tuvieron en cuenta desde el comienzo”. Flip recuerda que en los últimos años, “el chocar con el mundillo profesional del espectáculo, el famoseo, fue detestable, o sea, no iba con nosotros para nada, las zonas vips y esas jaulas de circo”.

Bendita y alabada sea la serendipia de aquella cincomarzada de 1988 en la que, sin quererlo ni beberlo, nació uno de los colectivos musicales más reconocidos del Aragón de los años noventa. Un capricho del azar que cambió la historia de la música aragonesa. Ese fue el primer escenario que concentró a varios jóvenes librepensadores de izquierdas, amantes del folklore y del rock, cronistas de la protesta y de la ruralidad aragonesa, que después de veinte años tras su disolución, han decidido darse el gusto y juntarse de nuevo, como dice Flip, “esta vuelta es un interés emocional, se nos han removido los posos con toda esta juntada a partir del libro”. Se refiere al libro recientemente publicado por Alfonso Urbén, bajista de Ixo Rai, que ha posibilitado la reunión. Jota nos dice que “la noche en la que se presentó el libro en L’Almozara, luego fuimos todos a cenar a casa del Alfonso, y hubo muy buen rollo, luego lees el libro y dices, ostia es verdad, es que nos lo pasábamos tan bien”.

Alfonso ya cuenta en su libro que plantear la vuelta es algo que no se contempla, y así dice también Jota, “el caso es que en estos 20 años siempre habíamos negado, como San Pedro, no tres veces, sino trescientas, que no nos juntábamos más”, sin embargo, “pasaron los meses, e imagínate, la pregunta obligada de siempre ¿Bueno, y no os vais a juntar otra vez? Que no seremos exigentes. ¡Qué no! Pero hubo un momento que dijimos, pues tampoco estaría mal juntarnos una vez, y nos damos el gusto ese de cerrar, porque para la gente el último concierto de la Multiusos fue como un coitus interruptus total. Entonces claro, el volver casi es cerrar en condiciones”.

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