#Refugees  Movimientos

Ibrahim, historia de un anónimo en Velika Kladusa

Las activistas zaragozanas en los Balcanes continúan su trabajo en la zona y relatan la historia de Ibrahim, que buscando el sueño europeo encontró tortura y humillación
| 1 agosto, 2019 07.08
Ibrahim, historia de un anónimo en Velika Kladusa

Las activistas zaragozanas que están trabajando en la zona de los Balcanes describen una situación complicada, sobre todo para las personas que están varadas en la zona y que, día tras día, tratan de cruzar la frontera entre Bosnia y Croacia. En el blog alasombradesuvalla reflejan claramente a qué se refieren relatando el caso, anónimo, de una de las personas que, intentando alcanzar un lugar donde tener un futuro mejor, solamente ha encontrado rechazo y violencia por parte de una supuesta amable y acogedora UE. Este es su relato:

Buscando el sueño europeo encontró tortura y humillación. Ibrahim, historia de un anónimo en Velika Kladusa.

En Diciembre de 2017 Ibrahim salió de Argelia, sin problemas políticos previos y dejando atrás una vida que él califica de totalmente normal. “Tenía casa, familia, amigos, conducía, era una persona normal, sólo buscaba crecer. Acabé la carrera de Ciencias Políticas y el Máster de Relaciones Internacionales, así que mi idea inicial fue llegar a Francia y trabajar. Hablo francés».

Así, el anhelo de un futuro mejor que le permitiese prosperar y desarrollarse en Europa le llevó hasta aquí, a Velika Kladusa, donde día a día va conociendo las múltiples caras del lejano sueño europeo. ” En Argelia no soñaba con un futuro, la convulsión política, la corrupción y la falta de contactos que me pudieran proporcionar un buen puesto de trabajo me hizo salir de mi país. Allí todo funciona así. Ahora, ya es tarde para volver con las manos vacías. Voy cambiando de planes y de destinos a menudo, pero volver a Argelia significaría un fracaso para mí y mi familia, por eso sigo intentándolo hasta que lo consiga. Llevo unos días pensando en que me gustaría llegar a algún país nórdico, Finlandia, Noruega…”. Pensó que llegar a Europa y encontrar un trabajo sería cuestión de días o como mucho de meses, nunca imaginó que llegaría a intentar cruzar la frontera de Bosnia con Croacia en 16 ocasiones, sólo en el año que lleva aquí.

Su historia es larga, una de tantas que provocan estremecimiento, una de tantas con protagonistas anónimos.

A través de Turquía y en bote, Ibrahim llegó a Lesbos. Describe “la barca” como una colchoneta hinchable para niños, sin ningún tipo de sofisticación y por supuesto de seguridad. En Grecia pasó 3 meses en un centro para  extranjeros, «una cárcel en la que me metieron simplemente por ser argelino”. De Lesbos llegó a Atenas escondido de polizón en los bajos de un camión, “con una postura muy incómoda durante 7 horas y una sensación nada agradable”, apunta.  Hoy nos encontramos en Bosnia dispuestos a tomar un café y tener una buena conversación. Sin embargo, el café tendrá que esperar porque necesitamos andar mucho hasta encontrar un bar que admita a migrantes y ya nos han echado de otro café por lo mismo. No volveremos a exponernos a un rechazo así que acabamos en el parque.

Lleva un año en Bosnia, y aunque conoce la desesperación y la humillación , vive aferrado a la esperanza y a la confianza en sí mismo.

Los eventos traumáticos que presenta están asociados al proceso migratorio. Ayer fue deportado de nuevo y dice necesitar tiempo para repensar y diseñar la siguiente estrategia. A lo largo de las dos horas de conversación, un tema es recurrente, la desaparición y muerte de su amigo Said a lo largo de la travesía. Así como  la culpabilidad que arrastra por ser él quien le explicó la ruta a trazar. Ambos habían quedado en Sarajevo después de que Said intentará cruzar repetidamente la frontera de Serbia con Hungría y no lo hubiese conseguido. Eran más que buenos amigos, “era un compañero de viaje que se convirtió en mi hermano. Aquí es muy importante poder contar con alguien en quien confiar porque las traiciones y robos son habituales, necesitas tener confianza en alguien. Yo le guardaba algunas cosas, y el pasaporte, para que no le deportaran.Habíamos quedado en que se las daría en Sarajevo.” Sin embargo, Said nunca llegó, murió en uno de los ríos que tenía que atravesar para reunirse con Ibrahim y este último sigue lamentando la muerte de su amigo al que le dijo que cruzase el puente y que no atravesara el río. Pasó 20 días buscando el cuerpo, pidiendo ayuda a asociaciones, ongs y activistas independientes, pero el cuerpo nunca apareció.

Dice que las experiencias “del viaje”, como él le llama, le han cambiado su forma de sentir.Ahora se encuentra distante de la gente, sin confianza en los demás, con pesadillas y problemas para dormir, con sentimientos y estallidos de rabia y con pérdida de interés por las actividades cotidianas que no sean hacer “el game”. Entendiendo por “game” el nombre que se ha puesto en esta zona al cruce de fronteras, game por juego de videojuego, una pantalla con obstáculos que nadie sabe si pasarás.

La conversación prosigue y le comento que son bastante comunes su reacciones a nivel psicológico, que aunque parezcan desajustadas son respuestas normales ante eventos extremos, anormales. Le transmito mi esperanza de que remitan con el tiempo cuando lleve una vida más estable. Mashallah.

A lo lejos se oyen varios sonidos, yo los identifico como fuegos artificiales e Ibrahim me sonríe y cabecea, me dice que no.Señala la fuente del sonido, añadiendo que ahí está la frontera y que lo que hemos oído son disparos. Con rostro serio y seguro me explica que es el primer encuentro que tienes con la policía croata. “Suelen disparar al aire, a veces apuntan en otra dirección pero nunca hacia ti. Entonces tienes dos opciones, detenerte, que revisen y rompan tus cosas, meterte en el camión y esperar el turno para que peguen y te devuelvan a Bosnia.La otra opción es correr. Yo corrí y me persiguieron hasta que me atraparon. Ellos van tapados, nunca puedes ver sus rostros y pueden ver por la oscuridad”, describiendo una especie de máscaras o gafas especiales. “Me estaban esperando y no les ví, me pusieron la zancadilla, caí, me apalearon y no sé cómo pude levantarme y seguir corriendo. Tras un rato, estaba exhausto, dolorido y sin fuerzas para nada, decidí tumbarme en el suelo y esperar a que vinieran a por mí. No veía a nadie, estaba sólo y no podía más. Cuando llegaron, me volvieron a golpear con porras, con la mano, con patadas, en el cuerpo, en la cabeza. Golpes y más golpes, aunque lo peor estaba por llegar. Sacaron un taser y me lo pusieron en el cuello, en la espalda, en el costado, en los brazos, las piernas y en los testículos. No
pude controlar nada y me oriné y defequé encima”, expresa avergonzado. “Cuando desperté estaba totalmente ido, deseando que todo acabase, subirme en el camión y esperar la deportación a Bosnia. Sin embargo, aún tendría que esperar. En el bosque había una colina de unos 8 metros, me subieron arriba y me lanzaron “haciendo la
croqueta”. Caí a un riachuelo, ni me moví, creo que estuve un rato, me subieron a la camioneta y me deportaron en algún lugar fronterizo de Bosnia”.

Se hace el silencio y sonriendo me repite que efectivamente, eran disparos y que han cogido a un grupo haciendo el game.

¿Y qué pasa después de estos episodios de tortura?, me pregunto.

La respuesta es que generalmente nada, Ibrahim se dará un tiempo para la recuperación tanto física como psicológica y volverá a intentarlo.Tendrá que volver a conseguir todo lo que la policía croata le arrebató en frontera, dinero, zapatillas, ropa, mochila,móvil, pero él volverá a intentarlo porque todavía mantiene el sueño europeo.

Yo, con mi pasaporte europeo, con mi familia y mis amig@s sin riesgo en mi ciudad, con mi amigo y compañero de este viaje esperándome para una buena cena, yo hoy no me veo con herramientas para desmontarle este mito del sueño europeo y hacer añicos la ilusión que le mantiene en pie.

Hoy no, no puedo, pero mañana nos planteamos que igual sería un buen punto por el que empezar.

Texto extraído literal y completamente del blog alasombradesuvalla.wordpress.com


Durante todo el verano, van a escribir sobre sus experiencias en el blog alasombradesuvalla. Asimismo, quien quiera aportar a nivel económico, han habilitado una cuenta bancaria con número ES20 1491 0001 25 3000116526 e informan con claridad y trasparencia en el blog sobre del destino de lo aportado.

1 agosto, 2019

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