La entidad libertaria Centro de Estudios Libertarios (CEL) José Alberola de Fraga -Baix Cinca- recuerda el 90º aniversario de la respuesta popular y obrera al golpe de estado fascista y reivindica la experiencia revolucionaria desarrollada durante la Guerra de 1936-1939, con especial atención al papel desempeñado por Aragón. Sostiene que la Revolución Social constituye “uno de los mayores logros sociales de la historia reciente” y reclama mantener viva su memoria desde una mirada crítica “alejada de la autocomplacencia y de cualquier dogma”.
El CEL Alberola ha hecho público un comunicado con motivo del 90º aniversario del 19 de julio de 1936, una fecha que considera “inseparable de la Revolución Social iniciada tras el fracaso del golpe militar en buena parte del territorio bajo control republicano”. Bajo el título “19 de julio, 90 años de la utopía vivida”, la entidad reivindica la dimensión revolucionaria de aquellos acontecimientos y denuncia que, nueve décadas después, continúa siendo “desconocida para una inmensa mayoría”.
El comunicado se abre con una reflexión del historiador y militante libertario José Peirats, para quien “a pesar de todos los inconvenientes y torpezas, la revolución tuvo el acierto de realizarse a sí misma. La obra revolucionaria de las colectivizaciones será su huella indeleble en el espacio y el tiempo”.
A partir de esa idea, el CEL Alberola sostiene que “si bien el golpe de Estado de los días 17 y 18 de julio de 1936 y la guerra que se prolongó hasta el 1 de abril de 1939 han sido objeto de innumerables interpretaciones desde el punto de vista militar, si hablamos del proceso revolucionario que surgió y acompañó durante todo el conflicto, el silencio se impone de tal manera que, noventa años después, continúa siendo desconocido para una inmensa mayoría”.
La respuesta obrera al golpe militar
El CEL José Alberola recuerda que, apenas unas horas después de la sublevación militar, “las trabajadoras y trabajadores de las organizaciones obreras se echaron a las calles de Barcelona y de otras capitales, pero también en muchas ciudades y pueblos del Estado español para parar el golpe militar”. Según subraya, aquella movilización popular consiguió “frustrar, en un principio, las intenciones criminales de un ejército bregado en las guerras coloniales del Rif y el norte de África”.
La entidad insiste además en contextualizar el origen del levantamiento militar, afirmando que el golpe de estado fue “una conspiración militar y política auspiciada desde las clases privilegiadas”, entre las que sitúa a “la oligarquía económica y aristocrática, grandes empresarios, rentistas, latifundistas y grandes propietarios de tierra, la élite de la iglesia católica y la derecha política más reaccionaria”.
Asimismo, recuerda que la conspiración contó con “el apoyo de los regímenes fascista italiano y nazi alemán”, una colaboración que, según remarca, comenzó antes incluso del inicio de la sublevación mediante “grandes sumas de dinero, material de guerra, además de asesoramiento militar y de los servicios de inteligencia”.
Aragón, escenario de una profunda transformación social
En nuestro país se desarrolló una de las experiencias revolucionarias y libertarias más relevantes de la historia. El Centro de Estudios Libertarios Alberola señala que lo acontecido en el Aragón de aquellos años “representa uno de los mayores logros sociales de la historia reciente”, y afirma que “en aquel breve espacio de tiempo, y en plena guerra, se desarrollaron muchas de las fórmulas organizativas y económicas promulgadas por el anarquismo y el anarcosindicalismo”.
La entidad sostiene que en buena parte del territorio que permaneció fiel a la República “incluyendo ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia, además de amplias zonas rurales de Castilla, Catalunya y el Levante”, además de en casi la mitad de nuestro país “las instituciones del Estado quedaron incautadas”, mientras que ayuntamientos, gobiernos territoriales, fuerzas armadas e incluso el propio ejército “quedaron supeditadas a la voluntad popular”.
En ese contexto recuerda también la creación de las Columnas de Milicianas y Milicianos, formadas por personas voluntarias procedentes del movimiento obrero, que define como “el embrión del Ejército Popular de la República” y a las que atribuye haber conseguido “parar el avance del ejército fascista, determinando y delimitando los diferentes frentes de guerra”.
Comités revolucionarios, colectivizaciones y control obrero
El CEL Alberola repasa igualmente las estructuras políticas y económicas surgidas durante la Revolución Social. Así, señala que aparecieron “organismos revolucionarios como los Comités Revolucionarios Locales, primero, y los Consejos Municipales después”, además de estructuras de mayor alcance como el Consejo de Aragón (gobierno autónomo aragonés precedente de la actual autonomía) “o el Comité de Milicias de Catalunya”.
Según expone el CEL, “se socializaron los medios de producción”, mientras que “la propiedad de la tierra se colectivizó, también la industria, fábricas, talleres, etcétera”. En consecuencia “la economía quedó bajo control obrero”.
Para el colectivo libertario, la experiencia organizativa acumulada por el Movimiento Libertario hizo posible “grandes transformaciones sociales”, orientadas a reforzar unos servicios públicos que califica de “entonces exiguos”, priorizando la atención sanitaria, el asilo para personas mayores, la protección de huérfanas y huérfanos y la acogida de quienes huían de la guerra.
La cultura y la educación, prioridades de la Revolución
El Centro de Estudios Libertarios José Alberola concede un espacio destacado a las políticas culturales y educativas desarrolladas durante aquellos años. En este sentido afirma que “todo lo relacionado con la cultura tuvo una especial atención por la Revolución”, priorizando la enseñanza, reforzando la infraestructura educativa impulsada durante la Segunda República y organizando “un sistema educativo propio, mediante la creación de escuelas allí donde hasta entonces no existían”.
Asimismo, destaca el impulso dado al cine y al teatro, favoreciendo la llegada de estas expresiones culturales “a las zonas rurales y pueblos más recónditos”, además de promover una red de bibliotecas públicas entre las que menciona expresamente la creada en Fraga “la primera en la historia de la ciudad”.
Una memoria “viva, crítica y alejada del dogmatismo”
El CEL Alberola explica que precisamente por todo ello “desde el Movimiento Libertario hemos mantenido siempre viva la memoria”, insistiendo en recordar la Revolución Social del 19 de julio de 1936.
No obstante, precisa que ese ejercicio memorialista debe realizarse “alejado de la autocomplacencia y de cualquier dogma”, estudiando tanto “sus aciertos como sus errores” y aprendiendo “de lo que es capaz de alcanzar la clase trabajadora cuando toma conciencia y se organiza, cuando lo hace por un bien común, al margen de cualquier estructura de poder y poniendo en cuestión las decisiones de las burocracias y jefes sobrevenidos”.
El anarquismo está muy enraizado en Aragón
El CEL Alberola concluye reivindicando la profunda implantación histórica del movimiento libertario en Aragón, y también en amplias zonas del Estado español, y recupera unas palabras del escritor e historiador anarquista Abel Paz: “El anarquismo está muy enraizado. El orgullo, la resistencia, son valores propios de nuestra gente. Entre nosotras, la anarquía es una actitud natural que nace de la rebeldía ante la injusticia. No es una teoría. El ser humano de cualquier época tendrá siempre ese espíritu de rebeldía”, recoge el texto.
Finalmente, el Centro de Estudios Libertarios José Alberola, firmado “desde las Tierras Bajas del Cinca”, hace un llamamiento a mantener viva la memoria de aquella experiencia revolucionaria que, a su juicio “constituye una parte esencial de la historia contemporánea y cuyo legado organizativo, social y cultural sigue siendo objeto de reivindicación y admiración noventa años después”.
Especial | 1936-2026: 90 años del golpe de Estado y la Revolución Social.




