Jorge Antonio Azcón Navarro, antes que presidente de Aragón es el delegado de zona del PP en nuestro país. Él nunca olvida esta jerarquía y obedece a su jefe, Alberto Núñez Feijoo, anteponiendo los intereses de su partido a los de Aragón, pues sabe que le van las lentejas -y el caviar- en ello, que su sueldo depende más de complacer a Madrid que a la ciudadanía aragonesa.
En la incesante escalada populista y antisistema del PP, su máximo responsable, Alberto Núñez Feijoo, afirma ahora que el Fiscal General del Estado “se comporta como un delincuente común”. Así pues, a juicio del Partido Popular, una de las más altas instancias del Régimen del 78 “se comporta como un delincuente común”, como un ratero en la jerga callejera madrileña. Un “comportamiento delincuencial” como ya hicieran otros antes, desde el jefe de estado huido a las dictaduras de sus hermanos árabes, Juan Carlos Borbón, pasando por expresidentes del gobierno del Estado, jefes de las policías y cuerpos de seguridad del estado, o incluso algunos jueces y fiscales.
Se desconoce si con su feroz crítica antisistema al régimen borbónico el PP echa de menos su pasado, el de sus fundadores franquistas, por que no plantea alternativa alguna, o por el contrario su estrategia política es imitar a la coalición ultraderechista internacional e instalarse en “todos son delincuentes” y “todos están deslegitimados”, una nueva construcción del lema, tan apolítico como ultraderechista, “todos los políticos son iguales”. Menos los del PP, claro, que son seres de luz venidos a este mundo para salvarnos de todos los males. Eso sí, el paraíso será en los cielos, en la tierra sólo para quien pueda pagárselo desviando las rentas de la clase trabajadora a las cuentas corrientes de los empresarios amigos, esos que crean puestos de trabajo como churricos de feria.
Asusta un poco, o no, que sea el PP el que tenga tan claro y afirme públicamente que altas instancias del Estado “se comportan como delincuentes comunes”, por que de otra cosa quizás no, pero de delitos el PP, condenado por “organización criminal” en sentencias firmes, sabe un rato largo.
De “comportarse como un delincuente común” saben mucho todos los presidentes del PP, los anteriores, y el actual. Alberto Núñez Feijoo se está viendo salpicado por numerosas polémicas: chalés a pares, 600.000 euros que aparecen de forma repentina, e incluso una puerta privada para acceder a la playa. Además, tiene a su familia enfangada en otras tramas “de presunto comportamiento delincuencial”: su hermana, Micaela Núñez Feijóo, facturó 1,8 millones en 175 contratos a dedo de la Xunta en 2024.
De mezclar, familia, pelotazos urbanísticos, amistades peligrosas y poder político también sabe mucho Jorge Azcón. Ya en 2022 contábamos a quien quiso escuchar las supuestas irregularidades del pelotazo familiar de Azcón en Zaragoza. Y también publicamos una somera relación de “supuestos comportamientos como un delincuente común” de su equipo de gobierno en su época como alcalde de Zaragoza.
Con todos estos antecedentes, y aplicando la lógica argumental de su jefe Feijoo, ¿es correcto afirmar que Jorge Azcón es un populista antisistema que actúa como un delincuente común?

