En defensa de la Revolución cubana

La campaña por la desestabilización de Cuba no es popular, ni espontánea, de hecho, desde el triunfo de la Revolución ningún movimiento opositor es popular ni espontáneo. Estas provocaciones con propósitos desestabilizadores, están orquestadas y financiadas como siempre por quienes llevan más de 60 años en Miami acariciando sus títulos de propiedad de la isla, por quienes quieren que Cuba sea un estado fallido más del Caribe y Centroamérica para poder hacer sin escrúpulos son negocios y enriquecerse. Tratan de construir hacia el mundo el relato de protestas pacíficas en Cuba "reprimidas violentamente" por el Gobierno, para en un contexto …

gobierno París

La campaña por la desestabilización de Cuba no es popular, ni espontánea, de hecho, desde el triunfo de la Revolución ningún movimiento opositor es popular ni espontáneo. Estas provocaciones con propósitos desestabilizadores, están orquestadas y financiadas como siempre por quienes llevan más de 60 años en Miami acariciando sus títulos de propiedad de la isla, por quienes quieren que Cuba sea un estado fallido más del Caribe y Centroamérica para poder hacer sin escrúpulos son negocios y enriquecerse.

Tratan de construir hacia el mundo el relato de protestas pacíficas en Cuba "reprimidas violentamente" por el Gobierno, para en un contexto de repunte de los contagios de la COVID justificar una intervención disimulada como humanitaria y sanitaria como antesala del objetivo final de una intervención militar, el sueño frustrado de esa clase parásita que confían su suerte y propiedades a la entrada en Cuba de los marines yanquis.

La administración Trump puso en marcha 243 medidas de bloqueo económico, comercial y financiero recrudeciendo las medidas restrictivas de un bloqueo que dura ya 60 años. Medidas que provocaron entre abril de 2019 y marzo de 2020 pérdidas de más de 5,500 millones de dólares a Cuba, las mayores para un año a lo largo de seis décadas de bloqueo. Medidas que no han cesado durante la pandemia y que mantiene la administración Biden, a pesar de que hace dos semanas la Asamblea General de Naciones Unidas se pronunció una vez más de forma abrumadora contra el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba. Y son ya 28 veces desde que se comenzó a aprobar en 1992 la declaración contra el embargo a Cuba en la Asamblea General.

Nada importa la opinión del mundo, el bloqueo era indispensable para generar un clima de malestar que permitiese al imperialismo desestabilizar Cuba, una vez logrado comenzó a través de redes sociales la campaña orquestada bajo el hashtag #SOSCuba. Curiosamente la primera cuenta que lanzó ese hashtag estaba en España y puso más de mil tuits en tan solo dos días entre el 10 y 11 de julio, los mismos días que se crearon 1500 cuentas de Twitter que participaron en dar difusión a la campaña. Todo muy espontáneo y popular.

En España es la ultraderecha de Vox y la derecha corrupta del PP quien lideran esta estrategia con sus habituales manipulaciones, algo que debería hacer pensar a algún artista progre que se ha sumado a la crítica diciendo defender la libertad, pero solo les preocupa sus contrataciones en Latinoamérica, por ello nada dijeron de las masacres en Colombia o del criminal bloqueo que sufre Cuba.

Después hay silencios rotundos que duelen, gente que felicita a Biden que mantiene el bloqueo sobre Cuba, pero que no encuentran necesario lanzar unas palabras de apoyo a Cuba ante la amenaza que enfrenta. Desde la arrogancia de la metrópoli se le exige a Cuba que respete el derecho a manifestación, pero no han conseguido una sola imagen de represión en la isla mientras aquí sigue vigente la ley mordaza.

Hay también quienes consideran que es el momento de públicamente plantear matices, criticar lo que denominan “burocratismo” e incluso calificar como dictadura a Cuba. Ahora la contradicción no es si Cuba avanza o no hacia un socialismo más autogestionario, ahora la contradicción es si Cuba sigue siendo Cuba o se convierte en Haití. Ahora que los que tienen todo el poder para mentir sobre Cuba lo hacen por tierra, mar y aire, los que tengan matices que los planteen en privado, pero no les demos balas al enemigo. Cuba es, en definitiva, la prueba del nueve para diferenciar el simple progresismo, de la izquierda antiimperialista.

Por todo ello, mi apoyo a Cuba y su Revolución es sin fisuras, hoy y siempre. La solidaridad con Cuba no es un gesto de solidaridad más con un pueblo y su soberanía. Cuba es mucho más que eso, ha sido mucho más que eso estos 60 años.

Cuba es el único maestro y médico que han visto los pueblos del mundo expoliados, Cuba es Fidel ovacionado en el Bronx, es a pesar del bloqueo dos vacunas contra la COVID ofrecidas al mundo sin intención de enriquecerse, el ejemplo en el que siempre esperanzarte, el faro de los procesos latinoamericanos de comienzo del siglo XX, es la conexión entre las experiencias socialistas del siglo XX y las que están por llegar en el siglo XXI.

Cuando no había nada, Cuba estuvo ahí siendo la llama encendida de la Revolución. Tratando de derribar Cuba, tratan de apagar esa llama, eso es lo que está en juego aquí y ahora. Por eso, por mi parte no hay matices, ni silencios cómplices, estoy desde la modestia y la distancia de España dispuesto a cumplir con la orden de combate lanzada por el compañero Díaz-Canel.

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