A pocas semanas del arranque del periodo de escolarización en Aragón, el CEIP Santo Domingo vuelve a enfrentarse a una realidad incómoda: aulas de Infantil con muchas plazas libres en un entorno donde sí hay niños y niñas en edad escolar. No es un problema de oferta ni de proyecto educativo. En el colegio público del zaragozano barrio del Gancho existen plazas disponibles, cuenta con comedor con cocina propia, ofrece actividades extraescolares gratuitas a través del programa PIEE y ha sido reconocido por su apuesta por metodologías activas e innovación pedagógica. Sin embargo, pese a todo ello, arrastra una etiqueta que pesa más que cualquier premio: la de “colegio gueto”.
Los datos de matriculación ilustran esta situación. “En nuestro centro llevamos varios años comenzando el curso con entre cinco y ocho alumnos y alumnas en el aula de tres años. El último curso la cifra fue algo mayor, llegando a trece”, explican desde el equipo directivo del CEIP Santo Domingo. Aun así, la cifra está tremendamente alejada de la ratio máxima, que es de 25 por aula. Una diferencia que refleja la dificultad del centro para atraer nuevas matrículas incluso en su propio entorno.
Una etiqueta negativa que pesa más que un proyecto innovador

El elevado porcentaje de alumnado de origen migrante ha generado un efecto huida de parte de las familias de procedencia española, que optan por otros centros, incluso más alejados de sus domicilios. Entre las alternativas públicas figuran el CEIP Joaquín Costa y el CEIP Tenerías, fuera del barrio del Gancho. Como concertados, los colegios San Vicente de Paúl, La Anunciata y Escuelas Pías, además del centro privado Lycée Français Molière. Ante la elección de estos centros frente al colegio público más cercano, es inevitable preguntarse si en esa decisión pesa más la composición de su alumnado que el proyecto educativo.
Los datos son tozudos: muchas familias de procedencia española evitan llevar a sus hijos e hijas a centros educativos con un alto porcentaje de alumnado migrante o racializado. Se produce así una segregación educativa que en Zaragoza lleva años apuntando a una concentración desigual del alumnado vulnerable en determinados centros públicos, especialmente en barrios con menor renta. El CEIP Santo Domingo no es el único ejemplo. En el barrio Oliver el CEIP Ramiro Solans fue reconocido en 2024 con el Premio Princesa de Girona y ha sido señalado durante años como un ejemplo de transformación educativa en contextos de vulnerabilidad. Pese a su prestigio pedagógico, continúa soportando una matrícula fuertemente segregada.
Pero la segregación no es solo un dato ni un fenómeno estadístico. Es la suma de decisiones individuales que terminan dibujando un mapa escolar profundamente desigual y que interpela al conjunto de la sociedad. ¿Qué mensaje se está enviando a la sociedad? ¿Influyen los discursos de odio sobre inmigración y seguridad en estas decisiones? ¿Las familias están perdiendo la oportunidad de una mejor educación para sus hijos e hijas simplemente por racismo?
El equipo directivo del Santo Domingo reconoce que la percepción social de un centro influye mucho en la elección de las familias, y que en muchos casos las decisiones se basan en comentarios o imágenes históricas. “En nuestro caso esa percepción ha influido en la baja matriculación inicial en los últimos años, y por eso estamos haciendo un esfuerzo para que las decisiones de escolarización se tomen desde el conocimiento real del centro”.
La diversidad, una gran oportunidad educativa

La diversidad cultural y social es una de las características más presentes en el CEIP Santo Domingo. En el centro público convive alumnado descendiente de muchas nacionalidades y contextos culturales, lo cual termina por enriquecer la vida del aula. Esto tiene un gran valor educativo, ya que los niños y niñas crecen aprendiendo respeto, empatía y convivencia con personas de diferentes culturas. Y desde el Santo Domingo entienden la diversidad “no solo como un reto, sino como una gran oportunidad educativa”.
Reconocen que la diversidad exige más esfuerzo educativo, pero para ello llevan años trabajando con metodologías más inclusivas y flexibles, con propuestas de aprendizaje, ambientes, talleres, grupos interactivos y apoyos dentro del aula. “En los últimos años se ha producido un importante proceso de transformación pedagógica, apostando por metodologías activas, reorganizando los espacios de aprendizaje y reforzando el trabajo en educación emocional, convivencia positiva y acompañamiento individualizado”, destacan.
Desmontando bulos: “Mi hijo no se ha quedado atrás”

Sandra, presidenta del AMPA, reconoce a AraInfo que ella misma escuchó muchos mensajes negativos antes de matricular a su hijo. “Se comentaba que era un colegio ‘gueto’ y nadie hablaba bien de él. Me tuve que oír varias veces que si mi hijo iba allí se iba a quedar atrás”. Decidió comprobar por sí misma si los rumores y las advertencias eran ciertas y acudió a las jornadas de puertas abiertas.
Lo que vieron no coincidía para nada con lo que se decía, y fue entonces cuando decidieron de forma definitiva matricular allí a su hijo. A día de hoy Sandra cree que es la mejor decisión que pudo tomar. “Mi hijo no se ha quedado atrás, como todo el mundo me decía. Los niños están muy motivados en las clases y las profesoras trabajan mucho con ellos y saben cómo desarrollar su potencial", sentencia con rotundidad desacreditando los bulos y prejuicios que existen sobre centros como éste. “A las familias nos gustaría eliminar el estigma que existe sobre nuestros hijos, son tan buenos compañeros como cualquier niño de otro cole”, remarca a este Diario Libre.
Idoia, educadora del PIEE del Santo Domingo, corrobora las palabras de Sandra. “La gente piensa que el alumnado no va a llegar bien preparado a secundaria, y no es así. Es otro prejuicio generalizado más”. Idoia tiene una dilatada experiencia como educadora en diferentes centros escolares, y cree que además de este bulo existen otros, como la conflictividad y el aislamiento cultural. “La gente tiene miedo al conflicto, pero en mi experiencia, los peores conflictos no han sido precisamente protagonizados por personas migrantes o personas racializadas, y la forma de afrontarlos como centro es lo que marca la diferencia”, asegura.
En cuanto al aislamiento, esta educadora cree que los padres y madres piensan que no van a hacer lazos con el resto por su origen, lo cual es una creencia errónea. “Al final, como pasa en cualquier otro cole, se terminan haciendo grupos de padres y madres, sin importar de donde viene cada uno o una. Es algo que estamos rompiendo poco a poco como sociedad, quizás más lentamente de lo que nos gustaría, pero ahí vamos. En el Santo Domingo estamos muy contentas por el alto nivel de participación que tienen las familias en las actividades que se programan desde el AMPA y el PIEE, y es algo que destaca respecto a otros colegios”, confirma.
Las jornadas de puertas abiertas donde “muchas familias descubren una escuela innovadora e inclusiva”

Para el equipo directivo del CEIP Santo Domingo es importante que las familias conozcan de primera mano el proyecto educativo. “Muchas veces descubren una escuela innovadora, inclusiva y muy cercana que desconocían por completo”. El centro mantiene una relación estrecha con el barrio de San Pablo y colabora con asociaciones y entidades del entorno. Desde el colegio entienden la escuela como un espacio abierto donde familias, profesorado y alumnado construyen juntos una comunidad educativa inclusiva. Esto queda bien reflejado, sin duda, en el diseño y la distribución de los espacios.
El CEIP Santo Domingo, a pesar de estar ubicado en un edificio antiguo, ha sufrido tal remodelación que ahora mismo todos sus espacios están reformados o pendientes de reforma, como es el patio el cual van a renaturalizar en breve. Lo primero que impacta positivamente es la entrada al espacio, ya que nada más cruzar la puerta se abre una inmensa y diáfana plaza, punto de encuentro entre el alumnado y las familias que vienen a dejarles o recogerles.
Recorrer todos los espacios es descubrir “magia educativa” en cada rincón. Y se hace complicado memorizar la variedad de espacios de los que dispone. Hay zonas destinadas tanto a las familias como al alumnado: juegoteca, ropero, taller, espacio para las familias, aula de música, biblioteca, aula de psicomotricidad, aula con juegos de mesa, sala de construcciones, aula de ciencias, huerto, pabellón polideportivo o comedor. Y todo reformado, cuidado y con muchísima luz. Y es que el CEIP Santo Domingo es una escuela donde no solo se aprenden contenidos, “sino también a convivir, a descubrir capacidades y a desarrollarse como persona”, recalca el equipo directivo.
“El reto ahora es hacer visible este trabajo y acercar al barrio la realidad del centro”. Con el objetivo de dar a conocer de primera mano su proyecto educativo, el centro ha organizado varias jornadas de puertas abiertas bajo el lema “¡Ven y conoce nuestro cole!”. Las visitas se celebrarán el martes 24, miércoles 25 y jueves 26 de marzo, y permitirán recorrer las instalaciones y conocer cómo se trabaja en el aula.
“Muchas familias que visitan el centro se sorprenden al descubrir los espacios, las actividades y el clima cercano que se vive en las aulas”, concluye el equipo directivo.

