#BielayTierra  Ecología

Biela y Tierra inician la vuelta con las últimas visitas en Asturies y se adentran en Cantabria

"Si deseamos un mundo rural vivo, un planeta habitable para las generaciones presentes y futuras, y justicia social hemos de empezar por alimentarnos apoyando a las pequeñas producciones familiares de agricultura y ganadería locales"
| 4 agosto, 2019 11.08
Biela y Tierra inician la vuelta con las últimas visitas en Asturies y se adentran en Cantabria

Biela y Tierra ha superado ya el ecuador de su ruta, y se dirigen de vuelta a Aragón. En esta ocasión, la ruta les ha llevado a seguir conociendo iniciativas en Asturies y a adentrarse en Cantabria.

Salieron de Cabranes con la inestimable compañía de Julio, vecino de Santolaya y horticultor familiar de referencia, en dirección a Antrialgo Empzaron a subir el Alto del Peralín, seguramente si hubieran sabido lo duro que era pedalearlo, hubieran buscado una ruta alternativa. Pero el esfuerzo valió la pena porque las vistas y la bajada fueron un regalo. Esto las hizo pensar en cuántas veces si no conocemos las dificultades nos lanzamos y acabamos haciendo cosas maravillosas. Como Inma y Javier, de Ecokiwi de Asturias .

Cándido, el padre de Javier, había introducido junto con otros técnicos del SERIDA la producción de kiwi en Asturies. El kiwi es una planta muy bien adaptada a las condiciones edafoclimáticas asturianas. Actualmente, el kiwi es el tercer cultivo en extensión en Asturies después de la manzana y los arándanos. Con el tiempo, encontraron lo que querían: una pequeña finca de 1,5 hectáreas en Antrialgo. En el 2009 su producción de kiwi ya estaba certificada en ecológico. Ecokiwi de Asturias es una apuesta por un sistema de producción sostenible que sea compatible con el entorno, “aprovechando los recursos disponibles y minimizando los residuos.” Inma y Javier, de esta forma, han apostado por una vida que conlleva la “revitalización socio-económica del valle Piloña y una vida de disfrute armónico en y con la naturaleza.” Kiwis cultivados con mucho cariño y esmero que su comercialización se hace principalmente a través de canales cortos de distribución.

El kiwi es una planta dioica que tiene pies con flores masculinas y pies con flores femeninas. Para asegurar la polinización es importante contar al menos con 2 pies masculinos para cada 7 femeninos. Para que los kiwis puedan fructificar es necesario que el polen de los pies masculinos llegue a las flores femeninas y por ello, la labor de los polinizadores es fundamental. Las flores del kiwi no son muy atractivas para los polinizadores ya que tienen poco néctar. Por eso, Inma y Javier decidieron poner el seto perimetral con plantas de kiwi y tener en el momento de la floración la hierba bien segada. Es importante que estos pequeños insectos no se despisten con otras flores. Para la salud y el buen funcionamiento de la finca es vital también el equilibrio y la biodiversidad. Han visto como desde que plantaron los kiwis han aumentado las aves que les alegran con sus cantos. Este año, en la plantación, hay topillos. Pero en realidad, a Javier y a Inma no es algo que les preocupe en exceso. Confían en que la naturaleza llegará a un equilibrio. Su perro Odín es un experto cazador y el trabajo lo completan las diversas aves rapaces que acechan en busca de su presa.

Sin embargo, encuentran otras dificultades por el camino. En los últimos años el clima está cambiando. Después de todo lo que les ha costado aprender a ser kiwicultores, ahora les toca aprender a adaptarse al cambio climático. Estiman que este año, las heladas primaverales van a dejar la producción a un 10% respecto al año pasado. Además, Inma habló de las “piedras que va quitando del camino”. Las trabas administrativas y burocráticas han sido una constante en los casi 20 años que lleva haciendo su sueño realidad.  Trámites que en un principio deberían ser sencillos se convierten en una maraña burocrática que no deja avanzar el proyecto. Pérdida de tiempo, dinero y energía que hacen que “después de 20 años no hayamos conseguido nuestro sueño de vivir en el campo”, nos cuenta Inma.

Disponer de kiwis ecológicos y locales es una fortuna de incalculable valor para las gentes asturianas. El padre de Javier, trabajó como capataz agrícola en fincas de manzano convencionales. Las condiciones de producción intensiva de fruta en convencional se basan en el uso de gran cantidad de fitosanitarios. Las manzanas, los melocotones y las cerezas grandes y perfectas que nos encontramos en los supermercados son así por la increíble cantidad de plaguicidas que contaminan el suelo, dejan restos en la piel de la fruta y afectan enormemente a las personas que trabajan en el campo. Bien lo sufrió Antonio Ruiz y también el padre de Javier que tuvo que superar dos cánceres asociados al uso de agroquímicos en su trabajo diario.

Inma lo tiene claro, “los comedores escolares deberían ser todos ecológicos”. El comedor escolar no solamente es un lugar donde se alimentan las niñas y los niños sino que debería ser un lugar de educación y de aprendizaje de los sabores y olores de los verdaderos alimentos”. La importancia de la educación en la familia es algo que vieron también con Inma, Javier y sus hijos Iria y Gabriel, dos adolescentes músicos y artistas que siempre están pendientes de ayudar a la familia.

Siguieron el río Piloña hasta llegar a Cangas de Onís. Un bonito paseo sin apenas desniveles. Un descanso para nuestras piernas. Allí esperaban Fran y Bea, una fantástica pareja que lleva más de diez años dedicándose a la producción de carne ecológica en la Finca de El Coz. Wagner, como llaman a Fran los amigos en referencia a su apellido, nació en Ribadesella y siempre tuvo el sueño de dedicarse a la ganadería. Sus padres, sin embargo, creían que no era buena idea. Su madre, de familia ganadera de Grao, se dedicó a la educación. Su padre, descendiente de alemanes que repoblaron Sierra Morena en el S. XVIII, siempre le intentó quitar la idea de dedicarse al ganado. Pero él persistió, y hace unos 20 años compró una casería en ruinas en el concejo de Cangas de Onís. Lo primero fue la rehabilitación de la vivienda.  Y después, poco a poco, fue comprando vacas casinas. Unas vacas ágiles muy bien adaptadas a las abruptas pendientes kársticas de esta zona.

Bea, estudió trabajo social, habla varios idiomas y le gusta dedicar su tiempo a conocer y compartir con gente a través de su trabajo en hostelería. Oriunda de Avilés, procede de una familia ganadera también. Su abuela paterna era vaqueira de Alzada , un grupo étnico que se dedicaba a la ganadería trashumante desde los puertos de Belmonte a las brañas. El estudio de este grupo todavía sigue muy latente. Tienen un folklore y unas costumbres muy particulares basadas en un sistema clánico. Es una cultura ancestral asturiana muy valiosa que ha guardado sus tradiciones muy distintas de los Xaldos, es el término que utilizaban los vaqueiros para referirse a la población asentada en los pueblos. Los vaqueiros, como eran seminómadas, no se empadronaban en ninguna población, y por tanto no se regían por los derechos ni los deberes que establecía la administración. Por las venas de Bea sigue corriendo el espíritu de las vaqueiras de Alzada.

Su finca en La Parda, es un paraíso lleno de vida, eso sí, remoto. Para llegar a la casería dejas la carretera asfaltada a un lado y avanzas por una estrecha pista rodeada de valles profundos con mosaico de pastos y bosques. Llegas allí y rodeada de naturaleza te conectas con lo esencial de la vida humana. Los animales viven en este entorno de forma plena y feliz: vacas, ovejas, cabras, gallinas, perros, gatos y dos xatinas que crían a mamón. En la Ganadería El Coz se dedican a la cría de vacas Asturiana de la Montaña, también llamadas Casinas. Es una raza autóctona muy rústica y adaptada al medio que vive pastando todos los días del año. Siguiendo el sistema tradicional de pastoreo, en época estival, las vacas pastan en el puerto entorno de los lagos, en el Parque Nacional de Picos de Europa; y en otoño e invierno en la Peña Parda, en los pastos bajos.

Después de dos décadas de experiencia en ganadería decidieron formarse en la Escuela de Pastores de los Picos de Europa para aprender a hacer quesu Gamoneu. Como siempre, trabajo en equipo: Bea se centró en la parte teórica y Fran en la práctica. Pero su mayor escuela han sido los paisanos mayores que han elaborado toda su vida quesu Gamoneu con la recetas y tradiciones de sus familias. El quesu Gamoneu es el queso tradicional de esta zona que puede ser del puertu o del valle. Depende del lugar donde está el ganado en cada época del año. Tradicionalmente, se elaboraba con tres leches: vaca, cabra y oveja. Aunque actualmente el consejo regulador también acepta queso de solo leche de vaca para el Quesu del Valle. Este queso semiprensado, se ahúma para sellar y se madura en cuevas, igual que el famoso Cabrales. Bea y Fran están empezando a elaborar delicioso Quesu Gamoneu con un especial sabor a humo, cabra, humedad, pastos…

Así, poco a poco está viendo la luz su próximo proyecto, Quesería La Casa Vieya. Quieren elaborar Quesu del Puertu y del Valle, pero con una notable diferencia, será el primer queso Gamoneu con certificación en ecológico. Desafortunadamente, unos días después de estar con Fran y Bea, ocurrió una desgracia. Se quemó la quesería . Algo que todavía no pueden creer. Por suerte, ningún animal resultó herido. Mandan toda la fuerza, cariño y apoyo a esta pareja fuerte, valiente y decidida.

Para celebrar que ya habían recorrido la mitad de los kilómetros que se proponían pedalear, quisieron reunirse en Casa Niembro para intercambiar impresiones y evaluar las experiencias con los más de 10 productores que conocieron en Asturies de la mano del COPAE. En este encuentro de celebración se encontraron con las personas que trabajan en varios sectores de la producción ecológica: ovino, caprino, vacuno, leche, carne, frutales, huerta y distintos alimentos elaborados de forma artesanal en diferentes puntos de la región, desde el suroccidente hasta el oriente de Asturies.

El Alto de Ortigueru con 400 m de desnivel y el repechón de 200 m hasta llegar al pueblo hicieron que las piernas se reactivasen y los ojos disfrutaran con vistas inigualables. Entraban en la zona de Picos de Europa y las esperaba Asiego, un pequeño pueblo a 425 m de altitud con vistas espectaculares del Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes). Esta zona es famosa por sus quesos, especialmente por El Cabrales, y por la sidra. Con estos dos productos estrella no parece raro que, a Manolo y a Javi, hermanos Niembro y geógrafos, se les ocurriese montar la Ruta l’Quesu y la Sidra.

Cuando eran jóvenes los padres de Manolo y Javi los orientaron a que marchasen del pueblo y se formasen en la ciudad. Muchas veces los jóvenes de los pueblos y aldeas van a las ciudades a estudiar o trabajar y no vuelven, es un viaje sin retorno. Pero el caso de los hermanos Niembro fue lo opuesto: fueron a Oviedo, estudiaron y volvieron al pueblo para poner en marcha una iniciativa innovadora con el título de geógrafos bajo el brazo que les permitía mirar a Asiego, su tradición e historia, de una forma más completa. Así, en julio de 1999, nació La Ruta´l Quesu y la Sidra. Desde hace 20 años miles de personas han disfrutado de este magnífico recorrido, “un viaje al mundo de Guillermina (su abuela) a través del paisaje, la gastronomía y la cultura asturiana”, como ellos dicen.

La ruta comienza visitando una quesería donde se elabora queso Cabrales. Una parada para entender la importancia de la ganadería y del mundo rural. Como reflexionaba Manolo es importante que no sean solo fuente de materias primas para proveer a la industria, sino un lugar de producción y transformación para la elaboración de productos finales, como el queso Cabrales. También se visita la cueva de maduración de Cabrales. Para llegar a obtener un queso Cabrales de calidad, cremoso y de sabor intenso pero no picante, debe madurar, unos 4 meses, el tiempo debido en un lugar con humedad y temperatura adecuada para que lo mohos transformen las grasas y proteínas.

Después, se sigue con un paseo por el pueblo para conocer la organización tradicional de las zonas rurales en Asturies con caserías, quintanas, parroquia y concejo y cómo han afectado los cambios sociales acontecidos en los pueblos en el último siglo. “Una comunidad campesina es una pequeña sociedad de familias perfectamente organizada vinculada a un territorio que buscaba el objetivo de ser autosuficientes. Lo eran en el conjunto como comunidad y en cada una de las unidades que la forman que son las caserías. Siendo su producción diversificada y teniendo capacidad técnica y legal para aprovechar de forma integral los diferentes recursos que ofrece el territorio, para su transformación y comercialización. Con lo cual, no hacían falta otros canales de comercialización y se aprovechaba todo el valor añadido de esas producciones”.

Ya para terminar, el grupo se dirige al llagar, donde se desvelan los secretos de su sidra Casa Pamirandi que lleva elaborándose desde 1968 por su progenitor, Manolo Niembro. En 2005 Javi se dio de alta como joven agricultor para plantar manzanos y seguir con las riendas del llagar. Tienen 5 pomaradas, 550 árboles, con 16 variedades de manzanas en ecológico, por supuesto.

Cuando en 2011 los padres de Manolo y Javi se jubilaron y dejaron el bar-tienda, Casa Niembro, los hermanos decidieron coger el relevo junto con Clara. La base de su cocina es la gastronomía tradicional asturiana. También ofrecen la posibilidad de comprar quesos de la zona y sidra Casa Pamirandi. “Antes, el bar-tienda vendía cosas de fuera para la gente de aquí. Y ahora vendemos cosas de aquí para la gente de fuera” dijo Javi. Clara, tenía estudios en hostelería y decidieron que el chigre familiar se convertiría un chigre asturianu y un restaurante de casería al mismo tiempo. Cuando a Clara le diagnosticaron que era celiaca lo tuvo claro: Casa Niembro sería una cocina sin gluten. Y se han convertido en un reconocido restaurante que ha recibido diversos premios y con una carta 100% libre de gluten.

Quesu Cabrales, tortos de maíz con picadillo, boronu… No dejéis de probar su especialidad de Cordero Xaldo a la Sidra, corderos criados por ellos mismos en los pastos de Asiego. Y por supuesto, acompañarlo con Sidra Pamarandi muy frutal, menos ácida y sin el toque de amargor final que sentimos en otras sidras.

Clara, Manolo y Javi han conseguido un proyecto integral que nos transmite los valores ancestrales de la comunidad campesina y sus ritos a través de la gastronomía y la cultura rural. Guillermina era su abuela materna. Como contaba Manolo, “los abuelos eran, en la sociedad tradicional, los que se quedaban con los nietos mientras los padres trabajaban, los que transmitían los conocimientos. Los abuelos se dedicaban a contar, a explicar a los nietos cómo funcionaban las cosas. Y para nosotros fueron los que nos contaron cómo era aquel mundo del que ellos venían muy diferente al que nosotros vivíamos y al mundo actual».

Nuestra última parada en Asturies las llevó a Casa La Valleja para conocer a Paula y a su hijo Guillermo. Para llegar hasta Rieña, el diminuto pueblo de 3 vecinos en el que se encuentra La Valleja, pedalearon una hermosa carretera de montaña poco transitada y con vistas a Picos de Europa. La Sierra del Cuera es un pequeño paraíso que merece la pena conocer.

Paula llegó en 1987 a Asturies buscando conectarse con la tierra y criar a su familia en un entorno saludable. Decidieron instalarse en tierras asturianas porque allí había más gente joven creando red. Entre 1985 y 1990 llegaron unas 30 familias a la zona. Con eso, la belleza asturiana y los recursos de la tierra nada podía faltar. Cuando llegaron montaron una granja de cabras, 130 cabezas que les proveían de leche para hacer queso. Se unieron a la cooperativa de quesos. Es cierto que la cooperativa no daba para todo, así que sus integrantes completaban la economía familiar con pequeños oficios:  cestería, madera, se trabajaban frutos del bosque, castaños, avellanos… La clave para vivir en estas zonas era y es diversificar. La economía de todas las familias era mixta. Paula, bióloga, se sacó la certificación de maestra quesera y comenzó a impartir cursos de formación dentro y fuera de Asturies sobre técnicas de elaboración de queso y microbiología.

Con la entrada en Europa, llegaron las cuotas de producción de leche y la sobrerregulación sanitaria y las cabras poco a poco dejaron de ser viables. Entre 1997 y 1998 dejaron progresivamente el ganado y el queso, y comenzaron a elaborar mermeladas. Elaboraban 15 variedades distintas de mermeladas de pequeños frutos y otras frutas que cultivaban. Formaron La Casuca de Pastorias. El acceso a la tierra, también en esta zona, era un problema. Necesitaban una finca grande donde poder cultivar pequeños frutos para poder hacer mermelada. Localizaron un terreno de 5 hectáreas perfecto para ello, pero el propietario solo lo vendía con una casa. Así, en 1996, se plantearon comprar la casa y comenzar con un negocio de agroturismo en el que poner en valor los productos locales y el territorio. Nació Casa La Valleja, que como dijo Paula tiene como objetivo “que la gente se vaya de aquí conociendo, un poco más, la cultura rural. Que no se vayan simplemente pensando que sitio más bonito que gente más maja. Sino comprendiendo, aprehendiendo cómo se vive en la zona y que se marchen con la sensación de haber estado en su casa.”

La Valleja es una enorme casa de indianos construida en 1927 y rehabilitada con materiales tradicionales: piedra, castaño, barro… La planta baja está habilitada para personas con movilidad reducida. Un espacio para todas las gentes. Ofrecen desayunos y cenas con productos ecológicos de cosecha propia y talleres de conservas ya que Paula es una experta. La decoración de la casa está muy cuidada gracias a las lámparas y cabeceros que fabrica Guille, un artista de los pies a la cabeza que utiliza materiales naturales para sus composiciones de La Luz Del Bosque. Al igual que Casa Mario, Casa La Valleja está dentro de la red Ceres Ecotur. Una red de ecoturismo dirigida a la preservación, a la conservación y a la difusión del patrimonio rural, etnográfico y del entorno medioambiental que lo rodea y le concede su razón de existir.  La Casa La Valleja es “un proyecto integral en el que se persigue que cada cosa aumente el valor añadido de la anterior, es un desarrollo en cadena. Yo a mi agricultura le puedo dar un valor añadido porque transformo. Hago productos que a la gente le gustan y pueden probarlos en la misma casa o en mercados de cercanía. Y luego además puedo formar a gente para que haga conservas con garantías sanitarias. Intento sacar el mayor valor posible a cada cosa” dijo Paula.

Para poder catalogar un negocio como Agroturismo es necesario que la persona que lo gestiona sea agricultora o ganadera a título principal. En el caso de Casa La Valleja lo eran por diversos cultivos pero además plantaron manzanos y empezaron a elaborar sidra, la primera ecológica en Asturies. Su sidra se elabora siguiendo el método tradicional de la zona. Los años que tienen buena cosecha, cada vecina elabora su propia sidra. Pero si el año es más flojo, todo el vecindario junta la cosecha y la elaboran de manera conjunta. Actualmente, la sidra que elabora Paula es para consumo propio. Pero hace unos años, aparte de esta sidra también elaboraban sidra dulce que vendían en los mercados junto a las conservas y mermeladas.

Paula, mujer inquieta y comprometida, junto con otras mujeres ha formado el Colectivo Feminista del Mundo Rural del Oriente. Trabajan principalmente dos objetivos: la denuncia de las violencias y el empoderamiento de la mujer rural de manera directa. La mujer rural ha estado y está especialmente invisibilizada con tres grandes brechas a las que hacer frente: la brecha propia del mundo rural, la de servicios y la asociada al género. La falta de servicios básicos relacionados con los cuidados hace que las personas dependientes se queden a cargo de las mujeres. Este trabajo está invisibilizado y no valorado y hace que las mujeres solo dispongan de jornadas parciales para poder acceder al mercado laboral. Por otro lado, en la mayor parte de núcleos rurales, no existen centros para peques de 0 a 3 años. Frente a esta situación, las mujeres rurales de oriente se han organizado para encontrarse, compartir y crear redes de apoyo mutuo y denuncia frente a estas situaciones.

Paula a lo largo de su vida ha aprendido y se ha dedicado a muchos oficios. Estudió biología, fue ganadera y quesera, agricultora, se dedica a la sidra, maestra quesera y conservera y sigue regentando la Casa Rural La Valleja entre otras muchas cosas. Como nos explicó “yo cada cierto tiempo necesito iniciar un proyecto nuevo. Y para mí ha sido muy positivo porque nunca abandonas del todo el conocimiento anterior. Sino que se va sumando en cada una de las etapas vividas.»

En Aldueso se encontraron con María, Lucio y su hija Candela. María, nacida en Torrelavega, estudió sociología en Euskal Herria y allá empezó sus investigaciones en Desarrollo Rural y Antropología Social. Lucio, técnico forestal, hijo de ganaderos cogió el relevo de la ganadería familiar y decidió hacer la conversión a ecológico por dos motivos: su manejo ya seguía gran parte de las pautas que requiere la certificación ecológica y para recuperar la relación directa con el consumidor como era el modelo de ganadería tradicional. El objetivo de María y Lucío es “criar ganado ecológico en extensivo para ofrecer la mejor calidad de la carne de pasto libre a las personas que confían” en ellos.

En la Ganadería La Lejuca tienen más de 70 cabezas de ganado. Está especializada en la recuperación de la Tudanca, una raza autóctona. Han apostado por tener razas rústicas y sus cruces. “Las razas rústicas están completamente adaptadas al medio y tienen más instinto de maternidad y de defensa que las vacas industriales. La industria modifica cualidades y características del animal que le hacen defenderse por si solo y estar adaptado al medio para integrarlo en un sistema de producción industrial donde hay un suelo de hormigón, que se echa en una cama de paja; el animal no tiene cuernos para que entre por los comederos de las naves industriales y quepan un mayor número de animales” explicó María.  La mayoría de las vacas que se utilizan para la industria cárnica convencional tienen modificado el gen culón que hace que se acumule mucha carne en la parte trasera de donde se obtienen los filetes que tienen mayor valor que otras partes del animal. Sin embargo, razas como la Tudanca o la Casina pese a ser más estrechas en la parte trasera, tienen carne de más calidad que infiltra mejor pero no tiene tanto rendimiento de cara a la industria. “La industria quiere mucha carne en poco tiempo y muy barata.” Cuenta María. Así María y Lucio apuestan más por la calidad que por la cantidad. Su producción es ganadería extensiva ecológica certificada, con la característica que es un manejo “en base a pastos, es decir, los animales que se comercializan no han sido engordados con cereal. Hacemos eso porque genera menos huella de carbono, menos huella hídrica y la calidad de la carne es mejor. No lo decimos solo nosotros, sino que hay estudios que señalan que este tipo de carne tiene mejores niveles de ácido linoleico conjugado, omega 3 y omega 6. Y además creemos que aportamos un manejo más tradicional, menos industrial y más artesano.” “Es un producto de temporada que está disponible cuando el pasto está maduro y los animales han engrasado naturalmente en el pasto entre julio y octubre”, completó Lucio.

En Cantabria, en los años 60, se desarticuló la economía campesina y hubo una transición al modelo industrializado: se asume otro modelo de economía y consumo. ”Consumo industrializado a través de supermercados, hipermercados, donde ya no hay km. 0, ni redes cortas de comercialización, y además  entra sanidad con una sobre regulación bestial y absurda en muchos casos” dice María. La economía familiar pasa a ser fundamentalmente obrera mixta. Es necesario completar la renta ganadera con otra fuente de ingresos. Lucio compara con el pasado y cuenta que “ahora la ganadería se sostiene gracias a las subvenciones, pero antiguamente no. Antes con 15 o 20 vacas vivías bien y sin subvención. A día de hoy, las vacas siguen valiendo lo mismo pero la carestía de la vida es mucho mayor.” Por ello, las economías familiares han tenido que ir a distinguirse con otros proyectos o al final están precarizadas. María y Lucio complementan su actividad ganadera con otras ocupaciones: María como socióloga y Lucio se está preparando oposiciones para bombero forestal.

María y Lucio con su ganadería apuestan por una justicia social. “Comer sano no puede ser un lujo, sino que ha de ser un derecho. Por eso apostamos por una ganadería ecológica a un precio justo”. Para esto es imprescindible reducir los intermediarios, es decir, apostar por la venta directa. Forman parte de la cooperativa Siete Valles de la que María es presidenta. Es la primera cooperativa de ganadería ecológica de Cantabria. Venden a restaurantes, particulares y a caterings. Forman parte del Grupo de Restauración Sostenible Deluz y Compañía y a través de él, lanzaron un proyecto pionero con el Ayuntamiento de Santander y el Catering de Personas Cocinando con Sentido: “un catering que cocina menús sanos, ricos, con producto local para colectividades, que promueve el trabajo para personas con discapacidad intelectual y que ya forma un equipo de 15 que cocinan juntos 1000 comidas al día”.

Encontraron a Beatriz Argüeso en Reinosa, vicepresidenta de Siete Valles y miembro de Ganaderas en Red. Beatriz cogió el relevo de la ganadería familiar en Susilla, Valderredible, una zona muy despoblada. Ella fue pionera en la ganadería ecológica en Cantabria y ahora quiere poner en marcha una nueva idea. Está rehabilitando una casa tradicional de la zona para abrirla al público en forma de casa museo. Se recogerán y se visitarán los espacios y las herramientas que tradicionalmente se utilizaban en esta zona en las labores del campo.

La actividad de La Lejuca no para. Están también dentro de SlowFood Cantabria y participan en la red De Granja en Granja: unas jornadas de puertas de abiertas durante un fin de semana en las que la gente puede visitar, conocer, compartir y aprender con las granjas que integran este proyecto y las personas que viven en y del campo. María, es la directora de La Ortiga, proyecto cultural con la filosofía de entender la cultura crítica como base fundamental del cambio social. “Pensamos con mirada local con perspectiva de género, creemos en el estudio transdisciplinar para conocer mejor las distintas realidades sociales”. María y Lucio son una pareja joven, decididos a apostar por un modelo de producción y consumo diferente. Una pareja moderna e informada con inquietudes culturales y sociales que entienden que su paso por el mundo debe ser una fuerza de cambio. María recuerda que cuando hacemos la compra estamos haciendo un acto político, que con nuestro consumo diario estamos apoyando y apostando, muchas veces sin ser conscientes, por el modelo de mundo que queremos. Así que, si deseamos un mundo rural vivo, un planeta habitable para las generaciones presentes y futuras, y justicia social hemos de empezar por alimentarnos apoyando a las pequeñas producciones familiares de agricultura y ganadería locales como Ganadería La Lejuca y toda la gente que está visitando Biela y Tierra.

4 agosto, 2019

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