Aragón por la paz: ni industria ni objetivo militar

Avalado por el presidente de Aragón, la alcaldesa de Zaragoza y el delegado del Gobierno estatal en Aragón, el 3 de diciembre se presentó en Madrid el proyecto “Hub de Defensa”. La sociedad aragonesa sabe que la industria bélica siempre va acompañada de más violencia, que la guerra empieza donde se fabrican las armas, y no quiere que Aragón sea el origen de ninguna guerra.

22 febrero, 2025. 09:00
Foto: Egor Myznik unsplash

Es curioso que con tantas reuniones políticas que lo han gestado, no haya llegado ninguna información sobre el proyecto “Hub de Defensa” en Aragón a la población a la que afecta que, como es habitual, no ha sido consultada. Los negocios no se hacen en cualquier sitio. El proyecto ha sido aprobado por la ministra de Defensa.

Es curioso que se llame Hub de defensa a un proyecto de fabricación de armas ofensivas, capaces de segar miles de vidas, y que nadie garantiza que no acaben en guerras como la de Ucrania o Gaza, como ya ha ocurrido con otros materiales bélicos españoles (y aragoneses). No olvidemos que el 90 % de las víctimas de las guerras son civiles. Sólo en 2023 murieron 162.000 personas en el mundo por las guerras y 95 millones debieron abandonar sus casas.

Es curioso, también, que la población que va a ser blanco preferente en caso de conflicto, no sea preguntada acerca de si desea tener cerca de sus casas una industria que puede explotar o que puede ser objetivo de misiles enemigos. Las industrias bélicas son los principales objetivos militares de las guerras.

Un proyecto empresarial del que sólo se conoce la intención de su creación y el aporte de dinero público a empresas privadas que fabricarán armas en Aragón. El proyecto está hueco aún. La ciudadanía es la última en enterarse, siempre. Cosas de las democracias representativas que buscan el bienestar... de algunas grandes empresas. No se conoce ninguna nueva empresa que venga a Zaragoza y, ni siquiera, qué terrenos serán expropiados y a quién le tocará ser patriota en pos de alguna empresa privada que, como ha ocurrido con multitud de polígonos industriales, como Plaza, quizás nunca funcionen.

No debemos olvidar que el mayor consumidor de armas es el propio Estado y que, cuanto más dinero gaste en armas y guerras, menos invierte en sanidad, educación, pensiones, vivienda, trenes, carreteras, lucha contra el cambio climático o dependencia, por ejemplo.

El pasado 14 de febrero, una representación de la sociedad civil agrupada bajo el lema “Aragón por la Paz: ni industria ni objetivo militar” exigió “la paralización del Hub militar y de la ampliación de Instalaza” empresa que, a falta de otras candidatas, será la segura beneficiaria de ese dinero público que viene a participar en esa “colaboración público-privada”, que siempre acaba vaciando las arcas públicas y llenando las privadas y de las que la población no percibe, apenas, unas ráfagas de aire.

Zaragoza está pasando de ser un territorio cuya riqueza se basaba en la industria empleointensiva de bienes de consumo a una zona donde industrias como la cochinera (valga la redundancia), las energías renovables y, más recientemente, los proyectos de centros de datos, almacenamiento de electricidad y la ilusoria industria del hidrógeno verde o la del biogás, basada en industrias que no crean riqueza en la zona, que apenas crean empleo y que sí producen afecciones muy importantes sobre el medioambiente (contaminación de aire, tierra y aguas de superficie y subterráneas) y sobre la misma población, porque consumen los recursos propios y ocupan el territorio a cambio de unas migajas que, de seguir esta tendencia, sumirán a nuestro país en una senda de degradación socioeconómica, dada la dependencia de estas grandes empresas extranjeras.

En esta línea, Ecologistas en Acción acaba de presentar alegaciones al proyecto PIGA publicado por el Gobierno de Aragón para que la empresa Amazon, con una gran inversión pero con una escasa aportación a la sociedad aragonesa, pueda beneficiarse de ventajas fiscales y ayudas públicas a su instalación (como si le hiciera falta) y de contratos preferentes de suministro eléctrico y de agua, incluida la extracción de los niveles freáticos del Galligo y del Ebro en nueve puntos.

El consumo energético de las empresas de datos es tan fuerte, que el propio Gobierno de Aragón estima en 3.700 MW conectados en 2030, lo que, según sus estimaciones consumirá casi 11.000 GWh. Esto sólo sería posible si funcionara al 30% de su capacidad. Si funcionara cerca del 100%, Amazon consumiría toda la energía eléctrica producida en Aragón ¿Cómo nos mirarán, entonces Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, hacia donde va el remanente eléctrico aragonés?

Pero el gobierno aragonés va más lejos prometiendo 8.000 MW en conexiones de centros de datos para 2035, cuyo consumo podría multiplicar por 3,5 la producción de electricidad en Aragón. Esto implicará, indudablemente dos fenómenos. En los momentos de sobredemanda eléctrica, si las empresas no paralizan su actividad, deberán hacerlo las empresas y familias aragonesas. Y si paralizan su actividad, las empresas y familias aragonesas deberemos indemnizarlas a través de nuestra factura eléctrica. Y algo similar pasará con el agua, usada para refrigerar los equipos, especialmente en verano, cuando mayor es el estrés hídrico.

Este elemento, esencial en cualquier proyecto industrial de gran calado, ni siquiera aparece en el PIGA que promueve el Gobierno de Aragón para Amazon. Sólo este hecho debería haber impedido su publicación, aunque el gobierno aragonés nunca se ha caracterizado por defender el patrimonio y la sociedad aragoneses.

Sobre este tema, el 15 de febrero se desarrolló en el centro Roncal el debate “El lado oscuro de la nube” donde un nutrido grupo de personas expertas analizó el impacto invisible de los centros de datos y sus costes ecológicos y sociales (muchos frentes a los escasos beneficios reales).

Cuando los proyectos económicos tienen escasa enjundia social, los poderes políticos se encargan de darle mucho bombo y platillo. Por eso iba a venir la ministra de Defensa a Zaragoza el día 24 de febrero para apoyar el proyecto industrial bélico para Aragón, como muñidor el presidente Azcón y el apoyo del delegado de gobierno en Aragón y de la alcaldesa de Zaragoza.

Los más de 50 colectivos sociales que han suscrito el manifiesto “Aragón por la Paz: ni industria ni objetivo militar” piden la paralización de este proyecto. Su presión ha conseguido anular el acto del lunes gracias al rechazo social a la guerra, por muy pintada de colores que la presenten.

Piden que Aragón se enfoque en industrias trabajo-intensivas y relacionadas con usos de provecho civil. Que el trabajo aragonés no sirva para manchar el mundo de sangre. No es cierto que a más ejército, más paz, sino todo lo contrario. La industria bélica siempre va acompañada de más violencia. La guerra empieza donde se fabrican las armas y Aragón no quiere ser el origen de ninguna guerra.

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