El Giro Donne culminó su 35 edición el pasado 14 de julio, con una gran victoria de Elisa Longo Borghini (Lidl-trek), ocupando Lotte Kopecky (SD Worx) la segunda plaza, y Neve Bradbury (Canyon) la tercera. No ganaba una italiana desde Fabiana Luperini en 2008. Ninguna ciclista repitió victoria de etapa en los ocho días de competición, con un reparto equilibrado de las mismas entre los equipos -Lidl-Trek, UAE Team, SD Worx, EF Education, Movistar, Canyon, AG Insurance-. Una carrera que empezó en Brescia y culminó en L'Aquila, con trazados de todo tipo, donde destacaba la subida al durísimo Blockhaus. Pero vamos a fijarnos un poco en la ciclista que se sitúa en el 21º en la general final.
Ane Santesteban es sencillamente admirable. Tesón, humildad, sacrificio y una buena dosis de feminismo (la entrevista de Ainara Hernando en el último número de Ciclismo a fondo, es una gozada). Sólo así se entiende que tras terminar entre las diez primeras de la Flecha Valona, no había reconocimiento mediático, algo que sí sucede con los chicos. Ane es consciente de que no es valorada por ser mujer. Rabia y frustración. Ane fue 8ª en la general del Tour el año pasado y 10ª en el Giro. Casi nada.
Una mujer de Errenteria (Gipuzkoa), que apostó por el deporte profesional. Su padre actuó como referente, ya que lleva toda la vida ayudando a equipos y organizando carreras; de pequeña estuvo en el Tourmalet, viendo el paso del Tour. Ane tuvo momentos complicados, cuando era sub-23 estuvo a punto de dejarlo: salir fuera a competir, mientras sus amigas estaban de fiesta y llevaban otra vida. Se rehízo y en 2014, tuvo que irse a Italia, al equipo Alé Cipollini. En marzo de 2017 fue atropellada en su zona de entreno. No recuerda nada. Se recuperó. Por esto, decidió irse a vivir a Galiza. Tiene 33 años y una victoria como profesional. Cuesta muchísimo levantar los brazos en cualquier deporte. Le ha tocado vivir la transición entre el olvido del ciclismo femenino y el boom actual. Una ciclista que siempre reivindica la necesidad de un equipo vasco femenino. Un sueño hecho realidad con el Laboral Kutxa de la Fundación Euskadi. Por eso volvió a casa esta temporada. Una historia de superación para una escaladora diésel como pocas.
Un podio histórico en el Tour

Para la tercera semana de la ronda gala masculina teníamos otras seis etapas. Una llana, dos de media montaña, dos de alta montaña y la crono final. Sin Campos Elíseos, el Tour recuperaba el formato de contrarreloj para la última etapa, algo que no sucedía desde 1989, por los malos augurios del parisino Laurent Fignon.
Thomas Gachignard fue el humilde protagonista de la apacible 16ª etapa, otra jornada elegida para los artilleros de los sprints. Thomas anduvo escapado en solitario unos 70 km, en ese deambular entre Gruissan y Nîmes, a los que hay que sumar otros 100 en compañía. El joven rodador de TotalEnergies pedaleó sin presión y de nuevo, esa sensación de pasteleo para que al final Jasper Philipsen se redimiera con su tercer parcial, con un sprint perfecto y sin oposición, ni de Bauhaus ni de Kristoff. Segundo y tercero en la meta de Nîmes. Girmay, su gran rival, se había ido al suelo, en el tramo final de la carrera.
SuperDévoluy era una llegada inédita en el Tour. En el Estado francés hay unas 350 estaciones de esquí, de todo tipo y condición. Así que la cuota de promoción turística apuntaba a este bello paraje de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. Fue una etapa divertida, ya que las fugas fueron frecuentes y pudieron optar a la disputa real de la victoria. Allí el más listo fue Richard Carapaz, experto como pocos en estas lides, reaccionando desde atrás al ataque de Simon Yates en el col de Noyer, para coger la suficiente ventaja con la que estrenar su palmarés de parciales en el Tour. Una etapa de 177 km entre Saint-Paul-Trois-Châteaux y SuperDévoluy, por terreno ascendente, con tres puertos de nivel en los últimos 40 km. Enric Mas fue el tercer ciclista con opciones de ganar la etapa, entre la numerosa fuga. El mallorquín se ha tenido que reciclar a marchas forzadas, visto su nivel para disputar la general. A unos 7 minutos llegó Remco, recortando 10 segundos a Pogacar y Vingegaard. El esloveno atacó en Noyer, de manera un poco sorprendente. Evenepoel aprovechó la debilidad de Jonas para arañar unos segundos en su apuesta por el segundo puesto del podio.
El jueves 18, llegó una victoria muy esperada. La de Victor Campenaerts (Lotto), un rodador y excelente contrarrelojista, que a sus 32 años coronaba su carrera de la mejor forma posible. Ganar en el Tour es otra historia. En una jornada quebrada, entre Gap y Barcelonnette, territorio comanche de preciosos paisajes. Se fugó medio pelotón, con lo que la selección final iba a ser compleja. Al final, en el descenso del último puerto, quedaron en cabeza, Kwiatkowski, Vercher y Campenaerts. Y mucho esfuerzo en cada pedalada, ya que los perseguidores siempre pedalearon a menos de medio minuto. Victor es de los que no escatima esfuerzos, lo da todo. Por eso escribimos en los términos de una victoria esperada y celebrada.
En un Tour igualado las tres últimas etapas hubieran sido de alternativas en la carrera. En esta edición fue un paseo para el Eddy Merckx del siglo XXI. La etapa del viernes era considerada como la reina de los Alpes. No muy larga, unos 144 km en su discurrir entre Embrun e Isola 2000, con tres colosos por encima de los 2000 m de altura y especialmente la tortura de La Bonette, un bicho de puerto, que se corona a 2800 m -la carretera de paso más alta de Europa-, tras 22 largos km a una media cercana al 7%. Se decía que quizás, tal vez, era la última oportunidad de Vingegaard. Y el hecho de que en la fuga colocara su equipo a Jorgenson y Kelderman, hacía pensar en un ataque de lejos. Pero La Bonette se subió sin pelea entre los favoritos y Tadej tenía marcado el ganar en Isola 2000. Y así fue, a 10 km atacó y a ritmo constante, 25 k/h, fue engullendo a todo el mundo. Sentencia total. Ni Simon Yates, ni Carapaz, ni Hindley, ni Matteo Jorgenson pudieron aguantar el ritmo del que algunos llaman el Rey Sol. A 2 minutos llegarían el resto de favoritos. Y una imagen triste, Arnaud Démare (Arkea), sprinter fuerte, llegando a 55 minutos y en fuera de control. Niza quedaba lejos para todo un vencedor de la Milan-Sanremo.
20 de julio de 1999. 173 kilómetros entre Saint Gaudens y Piau Engaly. Se ascendían varios colosos pirenaicos. En orden, Ares, Menté, Portillón, Peyresourde, Val Louron y la subida final a una estación de esquí, bien conocida por los habitantes de Sobrarbe. Territorio Fernando Escartín. Se cumplen 25 años de Su Victoria. Así en mayúsculas. Recuerdo como si fuera ayer ese día. Verano tranquilo en Ateca, tele encendida, cuarto a oscuras. Mi cuadrilla ya en la piscina. Ya me conocen. Siempre bajo cuando acaba el Tour, da igual tostón de etapa o explosión en la montaña. Era 1999. La primera victoria anulada de Lance Armstrong. Era el día elegido para el biesquense, tras esa Vuelta de 1998 que pudo ganar. Recuerdo su ataque en el Peyresourde, a un mundo del final, unos 60 km, Dufaux se pegó a su rueda. Aunque no duraría mucho. Kelme propulsó al aragonés gracias a lanzadores como Pipe Gómez o Javier Otxoa. Y Escartín voló y voló, aumentando su ventaja, haciendo saltar las alarmas del grupo de favoritos, que reaccionaron tarde, ya en la subida tendia a Piau. Tiro de memoria, pero al final, dos minutos a Zülle y Virenque, un poco más al líder Armstrong, y otros ciclistas como Olano y Tonkov a un mundo. El día señalado, la rampa exacta. La última etapa de montaña de ese Tour del 1999. La mayor gesta del ciclismo aragonés. Lloré de emoción ese día, a Fernando le costaba ganar etapas. Ese punch o la fatalidad. Gracias a ello, se aupó al 2º puesto en la general, que luego perdería en la crono de Futuroscope ante Zülle. Si os interesa la biografía deportiva de Fernando Escartín, tenéis Escartín: la vida cuesta arriba (de Miguel Gay-Pobés, 2004). Con un toque un poco sentimentalista, pero bastante interesante de leer.
20 de julio de 2024. En La Couillole venció Pogacar. Quizás no quiso, pero el ritmo de batalla de Soudal, en su intento por asaltar el segundo puesto de la general, dejó en bandeja de plata cualquier opción para el resto. Un diseño de etapa precioso, entre Niza y el citado Col de la Couillole (132 km), un sube y baja por los Alpes marítimos, con las ascensiones a Braus, el automovilístico Turini, La Colmiane y la ascensión final de 15 km al 7%. Al puerto final llegaron con opciones Enric Mas y Richard Carapaz, pero Evenepoel quería probar a Vingegaard. No le salió bien al belga, con un ataque poco persistente pero sí se llevó las esperanzas de los fugados y un posible 4º en la general para Mikel Landa, quien tuvo que endurecer el ritmo para su jefe de filas. Al final, contraataque de Vingegaard, el líder a su rueda y la especulación de si el esloveno cedería la victoria a su querido archienemigo. Honrar la competición es otra cosa y Tadej, sin dificultades, sumaba su quinto parcial.
La crono final como oda al ciclista de los récords. Una victoria incontestable en los 33 km entre Monaco y Niza. Un recorrido complejo, subiendo a balón parado La Turbie, luego el Col d'Èze y bajada rapida hasta la cada vez menos irredenta Niza. Tadej pulverizó todos los registros intermedios, aventajando en 1 minuto a Vingegaard y 1 minutos y 14 segundos a Remco. Poco más.
Se escribió mucho del bajo nivel del Giro de este año. Pero vayamos a los datos. El 10º clasificado de la Corsa Rosa, Michael Storer quedó a 21 minutos de Pogacar. En el Tour, Santiago Buitrago a 29 minutos. Y así todo. Tadej tiene 25 años y ya mira directamente a los grandes de la historia. Su próximo objetivo, la Triple Corona, con el durísimo Mundial de Zúrich incitando a la gesta. El podio de lujo, con Vingegaard y Evenepoel. Jonas y la tensión que ha sufrido estos meses. Remco, feliz, muy regular, pero lejos de los dos monstruos del ciclismo actual. Y la especulación, que rodea al ciclismo, cuando alguien gana con tanta superioridad. Hemos visto de todo. Así que por ahora, presunción de inocencia y a disfrutar, que la vida son dos días.
Ane, Tadej y Fernando. Tres vidas ciclistas. Diferentes en perfil pero que siempre nos cuentan historias, de las que nos gusta leer.





