Ana Margarita Vijil: “Algo que aprendí en la cárcel es que se puede ser feliz en cualquier circunstancia”

Ella es la presidenta del partido político nicaragüense UNAMOS. Feministas de Aragón por Nicaragua la invitó al Centro de Historias de Zaragoza para visibilizar junto con ex alcalde, Pedro Santisteve, su historia de activismo, cárcel y exilio. Una historia que es la de muchas y muchos.

26 agosto, 2024. 12:54
Entrevista en Zaragoza de Rocío Durán a Ana Margarita Vijil UNAMOS Feministas de Aragón por Nicaragua 1
Foto: Gabriel Rivas

Hacer esta entrevista no ha sido fácil, no tanto por lo que cuenta Ana Margarita, que también, sino porque ha estado atravesada de interrupciones, esperas entre charla y charla, de minutos, días y semanas, de audios desde aeropuertos, de escrituras veraniegas en el suelo de salones ajenos, de voces que se rompen antes de subir un avión, de escuchar esa emoción semanas más tarde cuando la vida me permitía volver a Ana. Otra vez, nos sentamos en torno a una mesa y me vuelves a contar el Chipote. Esa será otra entrevista.

Lo que importa, ella, Ana Margarita Vijil. Abogada y presidenta del partido político nicaragüense UNAMOS. Feministas de Aragón por Nicaragua la invitó al Centro de Historias de Zaragoza para visibilizar su historia, que es la de muchas y muchos, pero sobre todo para mostrarnos lo que está ocurriendo allá.

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Foto: Gabriel Rivas

Así para ponernos en contexto, nos podrías dar tres datos de tu labor como abogada y presidenta de UNAMOS durante los años previos del estallido de 2018 y después del estallido.

Soy activista y profesora de derechos humanos y participo activamente en un partido político. Antes del 2018 daba clases de derechos humanos y género mayoritariamente en la Universidad Politécnica de Nicaragua hasta un tiempo antes del 2018 y en el curso específico de acreditación para mediación, pues soy abogada. En mi activismo me he dedicado a la defensa de los derechos humanos.

Desde que tengo recuerdos he estado activa en las reivindicaciones sociales. En mi rol de presidenta de un partido político del año 2012 al 2017 participé activamente en la denuncia de violaciones a derechos humanos en Nicaragua tanto de derechos políticos como fueron los fraudes electorales y el cierre de los espacios, entre ellos la cancelación de la personalidad jurídica del partido en el que yo estaba que en ese momento se llamaba Movimiento Renovador Sandinista y ahora se llama UNAMOS, pero también en la denuncia y reivindicación de distintas luchas sociales como el derecho de las mujeres, sobre todo, a vivir sin violencia, la lucha en contra de la construcción canalera, del extractivismo, etcétera.

Después del 2018 me incorporé como miles a la demanda por justicia y democracia de las grandes marchas del año 2018 y en las redes de denuncia de lo que estaba pasando y monitoreo de lo que estaba pasando en Nicaragua. Por mi activismo en derechos humanos y mi participación política fui detenida arbitrariamente y mantenida en confinamiento en solitario del 13 de junio del 2021 al 9 de febrero del 2023.

¿Qué es o era UNAMOS? ¿Por qué era peligroso para el régimen de Ortega-Murillo?

UNAMOS antiguamente conocido como Movimiento Renovador Sandinista un partido político progresista fundado en el año 1995 es un partido de corte social demócrata progresista. Es el primer partido en Nicaragua que reconoce cuota y espacio para mujeres y jóvenes con un amplísimo liderazgo, efectivamente, de mujeres y jóvenes y un compromiso con la democracia y con el relevo en los cargos.

De hecho, ha sido el partido que en su en su periodo de vida ha tenido más presidentes y presidentas precisamente por ese relevo. Es un partido y un movimiento. Estamos completamente comprometidos con que Nicaragua tenga un programa que pueda mejorar la condición de vida de cada nicaragüense, en donde podamos vivir en libertad y en democracia donde se respeten las instituciones, pero también donde podamos contar con un Estado que ayude a mejorar la condición de vida de la gente en el segundo país más pobre de América Latina.

Nosotros hemos denunciado abiertamente el régimen y su naturaleza autoritaria desde hace muchísimos años. Tenemos una alternativa para el país y esa alternativa era una alternativa aceptada por la población. Tanto que nuestro candidato a la presidencia en el año 2006 llegó a tener una intención del voto hasta del 50% en algún momento hasta antes de morir en condiciones todavía no explicadas antes de las elecciones.

Aún en esas condiciones en el partido sacó una cantidad de votos muy importantes en cabeceras departamentales urbanas del país y de manera particular en la capital. Eso genera un riesgo altísimo para el régimen que sentía que podíamos disputar esos espacios en las elecciones del 2008 y prefirió quitarnos nuestra personalidad jurídica.

Nosotros hemos sido una amenaza para el régimen porque no nos callamos y no nos han podido callar porque a pesar de que como otros muchos en Nicaragua nuestras dirigencias y nuestros líderes de distintos niveles municipales, departamentales, nacionales, han sufrido cárcel, represión, exilio, seguimos firmes con una propuesta Social Demócrata Progresista que desenmascara al régimen, que demuestra que el régimen es un régimen que tiene un discurso de izquierda pero que es falso. El régimen no tiene ninguna ideología más allá que la necesidad de la familia Ortega-Murillo de controlar, de tener más poder y riqueza a través de la corrupción y el crimen.

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Foto: Gabriel Rivas

Estuviste presa 20 meses, 606 días en una celda de aislamiento de la cárcel El Chipote ¿Qué es El Chipote? ¿Te apetece contarnos cómo fue esa etapa?

El Chipote. El temido y tristemente recordado Chipote es el nombre que se le da a la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía Nacional. Es una instalación policial que ha sido usada, lamentablemente, en distintas décadas para la represión y la tortura. Hubo mucha presión para que el antiguo Chipote se cerrara, donde esas torturas se cometían hasta incluso el 2018, así que en el 2019 se abrió una nueva instalación de Auxilio Judicial en otro lugar de Managua.

Una instalación nueva pero la población automáticamente siguió llamándola Nuevo Chipote porque tenía la misma connotación de ser una instalación policial donde se llevaba la gente. Ahí fui detenida yo. La instalación normalmente servía para que las personas estuvieran un periodo de tiempo.

En principio tendría que haber estado solo 48 horas mientras eras investigada. Si el juez ameritaba que comenzara un proceso en contra tuyo, pues eras trasladada al sistema penitenciario y dejabas la instalación policial.

Eso es lo que decía la ley. A finales del año 2020 se reformó el Código Penal para que el periodo de investigación de la Policía Nacional se trasladara de 48 horas a 90 días. Es una de las leyes represivas del régimen.

Esto les ha permitido mucha discreción a la policía. Eso nunca se ha cumplido de todas formas, las 48 horas, la Policía siempre se ha quedado con gente en sus instalaciones por semanas y meses. La camada de presos en la que yo participé era la primera a la que se le aplicó los 90 días y, prácticamente, nos desaparecieron en ese período por los primeros ochenta días.

Ni mi mamá ni mi familia supo nada de mí y no pudimos ver a un abogado. Y luego decidieron que El Chipote, esa Dirección de Auxilio Judicial, en vez de ser un centro de investigación se iba a constituir como, en nuestro caso, una cárcel de máxima seguridad, entonces nos mantuvieron ahí todo el tiempo que estuvimos presas. Nunca fuimos trasladadas al sistema penitenciario, por lo tanto nunca tuvimos los derechos que tendrían las personas procesadas y condenadas en Nicaragua.

En el caso mío y de tres mujeres más del mismo partido político nuestra presidenta en ese momento Suyen Barahona, Dora María Téllez que es mi pareja y Tamara Dávila que es mi sobrina, estuvimos en confinamiento en solitario, es decir, cada una en una celda, sin derecho a hablar y sufriendo las otras consecuencias de estar en El Chipote. Además de las arbitrariedades que todos sufrían ahí.

No podíamos leer ni escribir, teníamos escaso acceso al sol, escasas visitas, la comida se usaba incluso como método de represión, incluso el acceso a los artículos básicos de higiene eran un mecanismo de represión. No es fácil.

Vivir en la cárcel por motivos... Bueno, vivir en la cárcel en todas las circunstancias es duro pero cuando es por motivos políticos está el elemento adicional de querer hacerte un daño intencional y cuando, además, la vivís en confinamiento en solitario es muy duro, es muy duro... Nosotros sufrimos tortura psicológica.

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Foto: Gabriel Rivas

He leído que como no podíais hablar, establecisteis otros sistema para comunicaros, para romper con el aislamiento y la soledad. Hacíais hasta clases y entrenamientos por señas ¿Hay algo bello en todo eso o creer que se puede sacar algo bueno de la cárcel es romantizar la represión?

Mi experiencia en El Chipote me hizo ver que uno puede no solo sobrevivir, sino sobrevivir lo mejor posible incluso en condiciones adversas, que siempre había un gesto, algo en el día por el cual, yo podía dar gracias, cuando podía sortear la censura y hacerme señas con Suyen que estaba enfrente, cuando lograba una sonrisa de uno de los custodios, cuando lograba ver a alguien pasar y le podía hacer señas, cuando lograba salir al sol y veía el sol y las nubes...

Siempre, siempre hay algo en la vida por el que agradecer incluso en esas condiciones y eso lo aprendí, lo aprendí tal vez de la peor manera, pero lo aprendí y agradezco esa enseñanza que me va a seguir el resto de mi vida. Y creo que me ha ayudado a apreciar de una forma distinta lo que tengo enfrente ahora que estoy también en otra etapa.

El Chipote fue para mí también, el espacio forzado a reflexionar profundamente en mi vida, en los cambios que quería hacer, en mi rol, en mi familia y en esta sociedad y creo que salí más madura, más clara de lo que quiero hacer en la vida, como te digo, incluso en condiciones adversas, uno puede sacar provecho del Chipote, de esa etapa que fue tan dura.

En donde vivimos tantas arbitrariedades... Mi cabeza y mi corazón dice bueno, las viví, las dejo ir y me quedo con lo que aprendí, con la sonrisa de la Suyen que me daba fuerza, con la voz de doña Violeta que desde su celda como estaba con María podían hablar y hablaban más alto para que nosotras las escucháramos... con la sonrisa de quienes me sonrieron, con quienes fueron mis ángeles porque incluso en El Chipote, en ese lugar, tuvimos ángeles.

Durante esos meses, casi que tu único contacto con la comunicación verbal eran los interrogatorios constantes que os hacían, ¿cómo viviste esa contradicción?

De los interrogatorios en algún momento yo decidí que era también mi oportunidad de hablar con esa gente. Algunos eran personas que eran muy agresivas, pero otros que no y ocupar ese espacio de interrogatorio para explicarles a ellos, porque es que luchábamos. Esa Nicaragua linda que queremos en donde ellos son parte también porque son nicaragüenses.

Una Nicaragua en donde no se tenga que usar la violencia en ningún momento y mucho menos para quebrarle la cabeza a quien piensa distinto. Una Nicaragua en donde ellos dejen de ser los policías peor pagados de Centroamérica. Una Nicaragua en donde se elimine, se destierre la desigualdad y la pobreza. Siento que también decidí que los interrogatorios iban a ser mi forma de "evangelizar", de contar mi punto de vista.

Me imagino que algunas cosas habrán pasado como si nada pero me gusta creer que también en algunos momentos fue semilla que cayó en suelo fértil en algunos oídos de los que tuve ahí en los interrogatorios.

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Foto: Gabriel Rivas

Dora Téllez debería haber estado contigo en la charla de Zaragoza pero la burocracia estadounidense no lo ha querido así. Las dos estáis desterradas de Nicaragua. ¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Esta estrategia de destierro y de retirada de nacionalidad de Ortega-Murillo de qué le ha servido?

El destierro, ay, el destierro, (se ríe). Ese es mi dolor ahorita, es el dolor de mi corazón. Yo salí de la cárcel como sale cualquiera de un régimen de privación de libertad y aislamiento con muchas heridas físicas, porque uno se enferma el cuerpo, lo siente, y te enfermás de muchas cosas y también heridas en el alma, me ha costado, me ha costado procesarlas, pero yo decidí que el régimen no me iba a ganar, no me quebró en la cárcel.

Y yo me iba a curar y lo he ido haciendo con ayuda, con apoyo psicológico, con ayuda de mi familia, de mis amigos, lo he hecho. He ido poco a poco dejando atrás, la cárcel, esa secuelas hay cosas que tal vez queden ahí, pero hay otras que he superado, lo siento, siento la diferencia a un año y medio de esa tortura.

Pero no me esperaba el destierro, estar fuera de Nicaragua era algo que yo no había ponderado, siempre pensé que me iba a quedar incluso en la clandestinidad, pero que me iba a quedar. Que me hayan sacado, que me han despojado de la nacionalidad, que me hayan borrado del registro... A ver, yo sé que todo eso lo vamos a recuperar, pero claro que tiene un peso. Tiene un peso haber estado afuera mientras mi mamá se moría dentro.

Y no, no haberla podido abrazar, aunque hablé con ella cada día desde que salí y además yo sé que ella murió en paz, porque me vio libre.

El destierro tiene esas otras secuelas, es también volver a reconstruir tu propia esencia en algunas cosas, ¿no? Yo soy activista, he sido activista toda mi vida, pero es fácil. Bueno, no es fácil, pero es claro, pues es mucho más claro ser activista de calle cuando estás en el país, incluso en la cárcel, yo siento que viví aquí mismo en la cárcel. En el destierro era repensar cómo poder hacer esa labor, cómo volverme útil.

He descubierto a lo largo de los meses que uno puede ser útil en cualquier lugar y he encontrado poco a poco mi lugar ahora en el exilio, siendo una voz de quien no lo puede ser, ayudando a quienes están en este exilio terrible en peores condiciones que yo. Sé que lo puedo hacer, puedo ser testigo en casos de asilo y lo soy, ayudo en las redes humanitarias y lo hago, denuncio lo que está pasando en Nicaragua.

Así he logrado sobrellevar el exilio y también con una firme convicción de algo que aprendí en la cárcel, que era que uno puede ser feliz en cualquier circunstancia. Así que también me he forzado a ver cada día lo afortunada que soy porque puedo abrazar a la Dora, porque puedo hablar con mi familia, porque puedo caminar libremente, porque puedo ver el sol, porque sonrío, porque he abrazado decenas de mis amigos.

Pero así he vivido poquito a poquito el destierro, reencontrándome, realineándome. En ese proceso estoy. Estoy bien, estoy bien y eso es la peor cachetada para el régimen saber que no nos ha podido quebrar y que no me va a quebrar.

Ahora mismo, ¿cuál es el estado anímico del régimen de Ortega y Murillo? ¿Hay esperanza de recuperar la paz y la democracia?

Está viviendo un proceso de descomposición acelerada dentro del régimen Ortega y Murillo. Desde hace varios meses se han vivido detenciones de funcionarios públicos y/o altos dirigentes vinculados a la familia Ortega Murillo que reflejan esta crisis dentro del régimen. Es una reforma de las reformas constitucionales para garantizar mayor control dentro de la policía y el ejército.

Denotan también un temor de potenciales deserciones. El régimen está sintiendo un aislamiento nacional e internacional. Yo no tengo duda que está en su etapa conclusiva, no sé cuánto tiempo falta para poder abrir y ver luces para una transición a la democracia pero sí se ven señales claras de un régimen que no está fuerte, está cada vez más deteriorado, débil y aislado.

En el Estado español, la reconciliación, la memoria, la recuperación y reconocimiento del dolor sufrido, es una materia pendiente ¿Cómo crees que debe ser el proceso de reconciliación en Nicaragua?

Los procesos de verdad y justicia han sido la materia pendiente en los procesos de transición de Nicaragua en toda su historia. Todavía están abiertas las heridas de los horrores vividos por muchas personas en los 70 durante la dictadura somocista y también los vividos en los años 80 por los crímenes de la Revolución. Y ahora lo vivido en esta nueva etapa represiva.

Creo que hay mucha conciencia en los nicaragüenses en esta nueva etapa de que no vamos a poder tener un verdadero proceso de reconciliación que nos lleve a la paz, si lo único que hacemos es esconder los crímenes debajo de la alfombra. Tienen que haber procesos de verdad y de justicia.

Procesos claros de reparación y de tomar medidas claras para que no haya repetición y eso es lo que nos puede llevar a una verdadera reconciliación tan necesaria entre hermanos y hermanas nicaragüenses.

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