Altavoz

A la izquierda no le importan las personas presas

| 3 abril, 2019 11.04
A la izquierda no le importan las personas presas
Foto: Marcha contra la Macrocárcel de Zuera

Se me hace complicado de entender. Las movilizaciones de denuncia de las condiciones de vida en prisión y la crítica del sistema penitenciario no parecen calar mucho en los sectores que sobre el papel deberían ser más receptivos a ello.

No es raro que de las cárceles no se hable en los medios de masas. Es un tema incómodo, espinoso y solo se nombra tangencialmente cuando se producen delitos especialmente graves para azuzar los peores sentimientos de venganza.

Pero me choca el silencio de algunos sectores de la izquierda y hasta me da por pensar mal. Debe ser que hay quien, desde las ideas que se suponen deben cuestionar el sistema, es firme creyente del concepto de lumpenproletariado. Que aquellos que caen en el pozo de la cárcel por motivos sociales, adicciones o falta de recursos no merecen solidaridad. Si no, parece difícil de entender por qué ese evidente desinterés.

Peor es aún pensar que hay quien ya ni tan siquiera confía en la reinserción o la posibilidad de resarcir el daño causado y asuma el concepto de la cárcel como castigo. Creer que los que están encerrados son los malos.

La cárcel es un mundo al que resulta difícil mirar. Cuestionar la prisión no es algo amable ni mucho menos popular. De hecho las personas presas son un colectivo relativamente pequeño, pero, a la hora de la verdad, muy conectado con la existencia del mismo sistema capitalista.

¿Colectivo pequeño he dicho? No tanto. La cárcel está llena de personas que pensaban que no iban a terminar allí, me dijo una vez un ex-preso. Todos y todas somos presos en potencia y son muchos los reveses de la vida por los que se termina entre rejas. Por ejemplo moverse en cauces políticos no contemplados por el sistema. Y para eso no hace falta matar a nadie, que le pregunten sino a los presos independentistas.

Pero la mayor parte de las presas lo son por pequeños delitos contra la propiedad o relacionados con las drogas. Muchos de esos delitos hunden sus raíces en situaciones económicas precarias, la exclusión social y los llevan a cabo las personas que se caen del discurso del éxito.

En esencia pocas cosas han cambiado. A la cárcel siguen yendo los pobres. Los precarios entre los precarios.

Todo esto desde el trazo más grueso, porque lo cierto es que las cárceles son un totum revolutum donde va a parar desde personas que deben multas a enfermos mentales que deberían estar en tratamiento.

Desde esa perspectiva la ayuda solidaria a todas esas personas debería ser una de las prioridades de la gente con ideas sociales, más aún si se dicen de izquierdas. Esa nebulosa donde tantas ideas caben.

También me da por pensar que las macrocárceles han cumplido su función de sacar la realidad del talego del entorno urbano. Lo que no se ve no existe.

Una de las ideas del plan de macrocárceles cuando se diseñó allá por principios de los 90, era, precisamente, que la prisión quedara fuera de plano.

Se sacaron de la ciudad y se hicieron mucho más grandes y más tecnificadas. Fue un eficiente equipo de tecnócratas del PSOE los que pensaron el modelo y parece que el objetivo de su anonimato se ha cumplido.

Desde entonces muchas personas nos hemos movilizado para visibilizar ese anonimato, pero las movilizaciones distan mucho de ser numerosas y solo encuentran eco en algunos medios especialmente comprometidos.

Se echa en falta gente de diversos pelajes, a los movimientos sociales en general. Y tampoco existe, salvo honrosas excepciones, un trabajo teórico a fondo que cuestione la privación de libertad como solución.

Pero quiero pensar bien. Creer que no es un olvido malintencionado, que son muchas las reivindicaciones y que algunos están muy ocupados en batallas electorales y tienen menos tiempo para las luchas sociales. Por otro lado en las campañas es un tema del que ni se habla. Bueno, sí, lo usa la derecha para pedir mano dura.

Peor es si me da por malpensar. Por ver que en realidad es un tema del que no se puede sacar rédito político. Que los derechos penitenciarios no dan un voto ni por asomo, aunque los de los carceleros parece ser que sí. Porque hasta para algunos que se definen progresistas también hay personas de segunda. O porque  hay quien se ha creído que los presos solo son lumpen en su traducción literal del alemán: andrajosos.

3 abril, 2019

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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