Cuando el hombre más rico del mundo se ha convertido en ministro plenipotenciario de un delincuente narcisista convertido en presidente de USA, elegido por millones de votos de quienes, a fuerza de espectáculo, han perdido la fe en la democracia y el capitalismo financiero está dispuesto a ordeñar al Planeta Tierra hasta las últimas gotas de sus recursos naturales, lo que suceda en Ribagorza parece una nadería. Esta claro que las escalas son incomparables, pero sería injusto desdeñar lo que pasa cerca, porque todo está relacionado y de los más cercano podemos sacar conclusiones que nos ayuden a comprender el intrincado mecanismo de la convivencia humana y además, de paso, creamos comunidad.
Por mucho "influyente" (influencers se dicen llamar) que se cuele por las rendijas de las pantallas en ese alarde de ignorancia y estupidez que se ha convertido la esperanza de la "red de redes", no deberíamos olvidar el valor de la plaza pública y procurar que el encuentro con lo cotidiano se escape, siquiera un poco, del patrón de la espectacularidad abrasadora.
Esta claro que ante el genocidio de Gaza, la invasión de Ucrania o el resto de guerras que estremecen al mundo, el teleférico de Cerler-Sarllé o las obras de protección de Benasque-Benás contra las avenidas de periodo de retorno de diez años, pueden parecer positivas y hace falta una lectura más allá del titular para ver las dimensiones reales de estas aparentes "intrascendencias". Mirar más allá del titular es una buena forma de captar la realidad que hay tras la apariencia y, quién sabe, puede que desarrollando esa habilidad, podamos perforar un poco la cascara de los acontecimientos, empezando por lo próximo que es el solar de nuestra responsabilidad directa.
De teleféricos aragoneses ya escribimos hace más de un año. Ahora nos gustaría mirar un sorprendente proyecto que consiste en hacer una obra para proteger al pueblo de Benasque-Benás del peligro de las avenidas del río Ésera. Sin duda una idea magnífica y necesaria, a no ser que esa protección ya exista en cuyo caso la valoración debería ser distinta. Por eso no es de extrañar que desde Ecologistas en Acción quieran salir de dudas antes de enjuiciar la lógica de esta obra, que no andan los ecologistas muy sobrados de credibilidad como para aventurarse en valoraciones abstractas.
A lo que parece, esta protección estaba ya garantizada por las actuaciones ejecutadas después de la avenida de 2013. Aunque no parece que haya muchas noticias sobre esta aparente contradicción, tras más de 10 años de realizar las obras que la CHE estimó competentes para la salvaguarda de las avenidas del Ésera, se presente este proyecto que sólo dice prevenir avenidas de periodo de retorno de diez años. Podría entenderse la idoneidad de un nuevo proyecto si de su aplicación cupiera esperar una protección para avenidas de un periodo de retorno mayor, dado el mayor nivel de fluctuación que cabe esperar de los efectos del cambio climático. La triste experiencia de Valencia está haciendo a los científicos reconsiderar sus modelos de inundabilidad y en pura lógica sería razonable que los organismos de cuenca, en este caso la Confederación Hidrográfica del Ebro, adelantaran los planeamientos para precaverse ante futuras avenidas.
Para algunos vecinos y colectivos medioambientalistas, esta nueva actuación podría ir incluso en detrimento de la conformación natural que ha alcanzado el río a su paso por Benasque-Benás. Después de 10 años de la anterior reparación del muro, de la revegetación y naturalización del cauce no se acaba de entender una nueva modificación si no fuera para obtener un beneficio mayor. El sentido común aconseja que si algo ya esta hecho y cumple su función, mejor no hacer nada.
En el contexto de esta nueva actuación hay que situar que el Ayuntamiento de Benasque-Benás ha aprobado el proyecto de la Telecabina entre Benasque-Benás y Cerler-Sarllé cuyas instalaciones, al margen de valoraciones sobre su oportunidad y financiación, presenta inconvenientes en cuanto a la instalación de su estación de salida en zona inundable de flujo preferente lo que debería inhabilitar su ejecución en la situación actual. No se acaba de conocer si parte del movimiento de tierras de la nueva obra de protección pudieran servir para resolver esta contingencia y eso sería una anomalía formal y de diseño .que no parece justificada.
En este estado de cosas, sería adecuado conocer los motivos por los que se promueve esta actuación que cuesta 1,6 millones de dinero público para “reducir la vulnerabilidad a inundaciones del casco histórico Benasque-Benás frente avenidas de periodo de retorno de 10 años” cuando el casco histórico ya está salvaguardado de estas avenidas y sólo se modifica, fundamentalmente, la inundabilidad de flujo preferente de zonas que no pertenecen al casco histórico.
Debemos y queremos confiar que los organismos consultados den cumplida satisfacción a estas peticiones y que la sociedad civil pueda evaluar si las actuaciones relacionadas con la explotación turística de la montaña aragonesa están mesurada a la realidad climática y social que emerge por todas partes. Sería un grave error fiar el desarrollo de una comarca de forma unidireccional repitiendo formas y modelos de actuación que habiendo sido de éxito en otros tiempo tiempo, requieren ahora una profunda revisión.
Progreso, desarrollo y crecimiento son tres palabras distintas que marcan realidades distintas y haríamos muy mal, por una lectura apresurada de los titulares, perder el hilo de la actualidad seducidos por el glamour del espectáculo que, incluso desde algunos medios de esperable prestigio, nos inunda cada día.
Publicado originalmente en La Ribagorzana.




