Zona de viejas emisiones

Hay mucha gente que no entiende eso del cambio climático, o no lo quiere entender. Se escudan en que no hay pruebas ni se puede ver fácilmente. Igual ocurre con la contaminación. La mayoría de ella no es visible y es imposible saber en qué grado nos afecta, exceptuando cuando pasa un coche cerca y nos deja un desagradable olor. Sin embargo, los humanos hemos creado las máquinas de medición y la ciencia ha estudiado cómo afectan a la salud una serie de gases, algunos de origen natural pero, fundamentalmente, artificial, es decir, generados por la actividad humana por la …

Foto de Carlos J López para ilustrar los artículos entre ellos: sobre Arabia Saudí

Hay mucha gente que no entiende eso del cambio climático, o no lo quiere entender. Se escudan en que no hay pruebas ni se puede ver fácilmente. Igual ocurre con la contaminación. La mayoría de ella no es visible y es imposible saber en qué grado nos afecta, exceptuando cuando pasa un coche cerca y nos deja un desagradable olor.

Sin embargo, los humanos hemos creado las máquinas de medición y la ciencia ha estudiado cómo afectan a la salud una serie de gases, algunos de origen natural pero, fundamentalmente, artificial, es decir, generados por la actividad humana por la quema de combustibles fósiles (en su gran mayoría).

Con la contaminación está ocurriendo algo parecido a lo que ocurrió con el tabaco. Empresas y gobiernos han ido escondiendo informes o suavizando la información dando a elegir entre una dicotomía falsa y peligrosa: derecho a la salud de las personas o libertad para desplazarse (o para fumar) ¿Alguien puede tener libertad de fumar o conducir coches contaminantes que matan a personas?

La Constitución establece los derechos fundamentales “a disfrutar de un medio ambiente adecuado”, a “la protección de la salud” y “a circular libremente”. Pero, como es lógico, no defiende que esta movilidad deba ser en vehículo contaminante, porque impactaría negativamente en la salud humana y en el medioambiente.

La quema de combustibles fósiles produce una serie de gases en cantidades que son tóxicas para la salud humana: óxidos de carbono, nitrógeno o azufre, haluros y cianuro de hidrógeno, hidrocarburos como metano, butano o benceno, benzopireno, ozono y, las aparentemente inocuas, partículas en suspensión, PM-10 y PM-2,5, que mantienen las partículas nocivas en suspensión, facilitando que lleguen directamente a nuestros pulmones.

Esto hace que nuestros cuerpos, sin saber cuándo ni cuánto, se vean afectados y desarrollen enfermedades pulmonares, cardíacas, cerebrales, alérgicas o cancerosas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 7 millones de personas en el mundo (300.000 en la Unión Europea) mueren anualmente de forma prematura por la exposición a partículas de aire contaminado. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, en 2021 fallecieron prematuramente hasta 21.000 personas en el Estado español por enfermedades agravadas por la mala calidad del aire, 10.000 de ellas en episodios de alta contaminación, según el Instituto de Salud Carlos III, 11 veces más que los accidentes de tráfico.

Zaragoza es el foco principal de emisión de gases contaminantes en Aragón. Y el principal causante es el tráfico motorizado. La contaminación se extiende después por el resto del territorio, especialmente a sotavento de la capital.

El IS Global Ranking of Cities calcula que Zaragoza podría evitar la muerte prematura de 423 personas al año si atendiera las recomendaciones de la OMS de calidad del aire, 134 con la mejora de las zonas verdes y la vegetación y 18 si se redujeran los niveles de ruidos asociados al tráfico rodado. Son cifras nada desdeñables.

Pero también mata el aumento de temperaturas. Sanidad estima que 4.700 personas murieron a consecuencia del calor en 2022. La revista Nature Climate Change calcula que el calentamiento global impulsado por el ser humano es responsable del 37 % de las muertes relacionadas con el calor.

El Informe de Calidad del Aire de Ecologistas en Acción de 2023 señala que, desde la pandemia Covid y debido a ella y al aumento de la producción de energía renovable, se han reducido ligeramente los niveles de contaminación. Lo que demuestra que la disminución de la actividad industrial y de la movilidad, o lo que es lo mismo, el ahorro en el consumo energético, son las medidas más efectivas para reducir la contaminación.

Pero no es para alegrarse mucho. Con los laxos baremos de la UE, el 6 % de población española respiró aire insalubre en 2022 (0 % en Aragón). Con los valores aprobados en abril como objetivo europeo para 2030, el 70 % de la población aragonesa respiró aire insano. Pero, si aplicamos los baremos de la OMS, mucho más realistas, el porcentaje se dispara al 100%, la misma situación que a nivel estatal y mundial.

Este problema es especialmente grave en la infancia porque genera propensión a futuras enfermedades. Estudios de Ecologistas en Acción en los entornos escolares han desvelado “que la población infantil está a menudo expuesta a niveles muy elevados de contaminación, por encima de los registrados en las estaciones oficiales de control de la calidad del aire en cada ciudad. Lo que además cuestiona su ubicación”.

A nivel económico, la contaminación causada por el tráfico cuesta a Europa más de 72.000 millones de euros anuales en salud y pérdida de jornadas laborales, de los cuales 52.865 millones son sufragados por los diferentes gobiernos, según la Alianza Europea de Salud Pública (EPHA). Nuestro estado gasta más de 3.600 millones de euros al año en tratar las enfermedades relacionadas con la contaminación del aire por el tráfico, la mitad del presupuesto de Sanidad y el 0,8% de todo el presupuesto del Estado.

Las instituciones europeas, conscientes de la gravedad de este problema, han decidido fomentar la mejora del aire de las ciudades, donde peor es la calidad y mayor la concentración humana. Las ciudades europeas de más de 50.000 habitantes están obligadas a implementar Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) antes de finalizar 2023 (sí, han leído bien). En caso contrario perderán las ayudas europeas y se someterán a multas.

100 ciudades europeas se han comprometido a ser climáticamente neutras en 2030, entre las que están Madrid o Zaragoza, cuyos gobiernos apoyan incondicionalmente el “derecho” de conducir coches por las ciudades sin restricción alguna. El objetivo es cobrar subvenciones europeas, el fracaso ambiental es previsible.

Las ZBE son entornos peatonales que permiten una mejor movilidad no contaminante, mucho menor ruido y un entorno más saludable, física y psicológicamente. Favorecen las relaciones humanas y mejoran el comercio local dando vida a las calles (de hecho, las terrazas de bar en los aparcamientos han sido, sin planearlo, un miniensayo de ello). Implica la mejora de la red de transporte colectivo (no podemos hablar de público en Zaragoza). Deberían ser ambiciosas en objetivos de reducción de contaminación y en extensión espacial, llegando también a los barrios. Y estar apoyados por numerosas estaciones de medición para controlar su evolución.

El Ayuntamiento de Zaragoza, por desgracia, no sólo no es ambicioso, sino que ha presentado un plan tan ridículo que resulta imposible que cumpla las exigencias europeas.

Primero establece una ZBE que corresponde con la Zaragoza romana, una zona muy pequeña y que ya es peatonal en su mayoría. Si lo comparamos con Toulouse, la ciudad gemela francesa, donde hace años ya es peatonal todo el casco medieval (lo que en Zaragoza equivaldría llegar hasta el paseo Pamplona, el Paseo de la Mina y el Paseo de María Agustín), la ZBE propuesta equivaldría a una cuarta parte de la francesa.

Si lo comparamos con Madrid, una de las tres ciudades españolas con una ZBE efectiva (junto a Pontevedra y Barcelona), que se circunscribe al interior de la M30, sería una cincuentava parte.

Pero, además, “la página web del Ayuntamiento de Zaragoza no permite la consulta ni descarga ágil y sencilla de datos ni históricos ni en tiempo real, pese a haber sido renovada en fechas recientes”, denuncia Ecologistas en Acción. “Esta administración no ha contestado, a diferencia de años anteriores, la petición de información realizada para la confección de este informe (de Calidad del Aire 2023), lo que vulnera flagrantemente la legislación de acceso a la información en materia de medio ambiente”.

“Resulta elemental que el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza se esfuercen por mejorar la medición y la información de la calidad del aire en su Comunidad y su municipio, respectivamente, poniendo a disposición de la ciudadanía los datos de todas las estaciones públicas y privadas, de forma clara, comprensible y accesible”. El Eurobarómetro sobre la calidad del aire de abril de 2022 revela que el 61 % de los españoles se consideran mal o nada informados.

El Ayuntamiento de Zaragoza sigue más fiel a sus viejos principios de “libertad” de circulación que a preocuparse por la salud de la ciudadanía. Las enfermedades por contaminación no son visibles para el votante. En Zaragoza no va a haber una Zona de Bajas Emisiones, sino una Zona de Viejas Emisiones, prácticamente las mismas que hay ahora y ha habido antes.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies