A los pocos meses del conflicto, concretamente en julio de 2022, irritado por el falso tratamiento que los medios informativos españoles, casi por completo, aplicaban, edité un libro “Ucrania: la guerra falseada” con el fin de aportar mi modesto grano de arena para la interpretación de la contienda. Resumiendo, y mucho, el libro analizaba:
- El análisis histórico del territorio llamado Ucrania. Idioma-religión-costumbres y relación con los vecinos.
- Situación geo-estratégica de Ucrania. El reforzamiento de la OTAN a instancias de USA. El cerco a Ucrania. Líneas rojas por parte de la Federación rusa.
- Antecedentes inmediatos. Golpes de estado en Ucrania: Maidán. Guerra civil con los Oblast de Lügansk y Donetsk. Protocolos de Minsk incumplidos por el régimen ucraniano.
- Invasión rusa de Ucrania: error de Putin provocado por USA y OTAN. Guerra de USA sin marines muertos.
- Causas económicas del conflicto: enriquecimiento de la industria de armamentos americana en especial. Adquisición de la tarta del gas ruso por parte del gas licuado de USA.
- Objetivos geo-políticos: debilitamiento de la Federación Rusa y, al tiempo, retraso económico de China en función de su previsible apoyo a Rusia. Retrasar, o evitar, el “sorpasso” chino económico a los Estados Unidos.
Año y medio después, en líneas generales, sigo estando satisfecho del análisis efectuado mucho antes de que, actualmente, buena cantidad de medios estén maniobrando de cara a “colar” las falsedades dadas a lo largo de dieciocho meses -que todavía se dan-. Falsedades como el sabotaje de los oleoductos, bombardeo de la central nuclear de Zapohiriya, “fakes” continuadas sobre el bombardeo de hospitales, escuelas o civiles de manera indiscriminada. Todo ello destinado a que la población civil mantenga el apoyo a una organización como la OTAN, que ha sido, siempre y a lo largo de toda su vida, agresiva y ofensiva. Incluso después de la desaparición voluntaria de su homóloga, el “Pacto de Varsovia”.
En estos momentos, es difícil mantener el mismo discurso. Ocultar los deseos de una cuarta parte de la población rusófila en Ucrania que es integrarse en la Federación Rusa (casi tres millones de los exiliados en este conflicto están -casualidad- en Rusia). También les es difícil ocultar los acontecimientos militares, los avances rusos, las fracasadas contraofensivas de la OTAN en base a los muertos y heridos ucranianos. Les es difícil ocultar que, una buena parte de la juventud masculina de Ucrania, se ha fugado evitando el decreto de movilización general. Hoy, una parte del maltrecho ejército ucraniano está formado por soldados de una edad media de 40 años. Les es difícil seguir ocultando las riñas intestinas, luchas internas por el poder, las brutales corruptelas de los mandamases ucranianos con Zelensky y su familia a la cabeza. Muy difícil seguir apostando por esa falsedad desde el inicio como era el objetivo de ganar la guerra.
Intentaremos seguir un cierto orden para seguir analizando el conflicto, dos años después.
Situación anterior
Los Oblast (regiones) del Este y del Sur siempre habían mantenido diferencias por el deseo de mantener lazos con Rusia, idioma, sus costumbres y autonomía administrativa y política que les permitiera seguir manteniéndose dentro del país. La población rusófila mayoritaria estaba en Lügansk, Jharkov, Donetsk, Dniepropetgrovsk, Zaporiyía, Jherson, Mikolaiv y Odessa, además de la península de Crimea, región que, mediante un plebiscito, ya se había anexionado a la Federación Rusa. La guerra civil, el gobierno central ucranio contra las milicias apoyadas por Rusia, era muy cruento y generalizado desde 2013/2014.
Refugiados: primero y gran “Fake”
El conflicto, iniciado en febrero de 2022 por la invasión rusa, generó un enorme aluvión de refugiados del país, primero mujeres, viejos y niños. Después, y mucho más complicado para quienes querían salir, de varones en edad militar (de dieciocho hasta los sesenta años).
Una de las falsedades hechas y dichas desde el inicio de la guerra, fue la de abundar en la enormidad de la magnitud de refugiados, sin discernir de manera concreta el país escogido. Una confusa trascripción de datos, hacía ver que todos los huidos se dirigían a Europa occidental, dando a entender que todos los ucranianos de quién huían eran de los rusos. Todos, sin importar la región de donde fueran. Esa primera falsedad importaba para dar marchamo de certeza a las siguientes en un objetivo de plantear un maniqueísmo diáfano a la contienda: los buenos, los de la OTAN y Zelensky (que venía de un golpe de estado) y los malos, malísimos, los rusos con Putin a la cabeza.
En el gráfico, con fuentes poco sospechosas de Acnur, se demuestra que la mayor parte de los ucranios refugiados fueron, precisamente, a la Federación Rusa. A la fecha, casi tres millones de personas. Algo menos, muy poco, al resto de países europeos: 3,4 millones de personas. Esto demostraría que, una buena parte de ucranianos, donde querían empezar una nueva vida o, por lo menos, refugiarse en país amigo, era en Rusia.
Y el párrafo anterior no quiere disculpar ni poner de ejemplo a Putin. Tampoco es un hermanito de la caridad, pero no más amenazador que Trump, Biden o Rishi Sunak y, de semejantes personajes nadie dice que personifican el mal.
Situación militar actual
Sin querer entrar en detalles escabrosos o precisos, que no hacen al caso, a las fechas actuales, todos los analistas militares de cierto peso coinciden en unas cuantas y enjundiosas cuestiones:
- Ucrania y la Federación Rusa han sufrido pérdidas importantísimas en base a la guerra. Los muertos y bajas por heridas y amputaciones, aunque son secretos militares de ambos bandos, pueden subir, en cada bando, a medio millón de personas. Personas en la flor de su vida, tanto vital como laboral. Es una sangría que, además de ser estúpida, absurda, injusta, puesto que casi todos ellos −en los dos bandos−, provienen de capas populares, no se puede soportar sin consecuencias terribles demográficas. Pero, en una situación en donde uno de los contendientes, Ucrania, no dispone, en realidad, más allá de 26 millones de habitantes (descontados a los 43,5 millones de habitantes en enero de 2022, los más de siete de refugiados, los diez millones de habitantes en regiones rusófilas y el medio millón de bajas), y el otro adversario le supera en una proporción de algo más de uno a cinco, esta brutal sangría es más difícil de aguantar.
- Después de unos pretendidos avances “victoriosos” de las tropas ucranianas, hinchadas al parecer de “voluntarios” polacos y de otras nacionalidades, la realidad militar, después de la desastrosa experiencia de la contraofensiva del verano de 2023, a base a material de la OTAN −tanques Leopard y otros, inteligencia americana e inglesa−, es la que no se puede ocultar demasiado: avances en todas, o casi todas, las líneas y la aproximación de las tropas rusas hacia el Oblast rusófilo de Odesa. En estos momentos, la totalidad de los “Oblast” de Lügansk, Donetsk, Zaporiyía, Jherson, por supuesto, Crimea, están anexionadas, de facto, a la Federación Rusa. Pero, además, buena parte de los de Jherson, Jharkov, Dniepropetrovsk y un leve gajo de Mikolaiev, están en poder de las tropas rusas con satisfacción para la mayor parte de su población. Más de un 25% de la superficie que, conforme la guerra continúe, y Rusia no parece estar dispuesta, ahora, a echar marcha atrás, puede llegar a ser del 30 o del 35% del territorio ucraniano.
Aproximadamente, la situación militar a fecha de mediados de diciembre de 2023, es la que marca la línea negra (hacia el sur) del mapa anterior. El frente real no es así de lineal. Hay multitud de entrantes y de salientes relativamente pequeños que, casi indefectiblemente, serán batidoras de carne, finalmente, para las tropas de Kiev. Todavía, Odesa y parte de la salida ucraniana al mar Negro está en poder de Ucrania, pero, como la guerra se prolongue más allá del año 2024, el “Oblast” de Odesa, netamente rusófilo, pasaría a ser anexionado por la Federación Rusa.
Esta es la línea imaginaria de división del país que circula por analistas militares y que, cada mes que pasa con el conflicto en activo, se podría acercar a la realidad de una futura mesa de negociaciones.
Esa línea englobaría la totalidad del “Oblast” de Jherson, la casi totalidad del de Dnipropetrovsk, buena parte del de Mikolayiv, y una parte del de Odesa, dejando constreñida la salida al mar Negro a una pequeña parte ribereña al delta del Danubio.

Lo que es bastante fácil predecir es la posición de la Federación Rusa conforme pase el tiempo. Cada vez, las pretensiones de una división del país en dos partes, con la zona rusa en progresivo aumento, tendrán más fuerza en el sitial de la parte rusa. Desde luego, una línea roja en la división será el cuarteto de “Oblast” de Jherson, Lügansk y Donetsk y Zaporiyía. Y luego, partes de Dnipropetrovsk y Mikolayiv, añadidos a la perla de Crimea. Más o menos, la zona militar ocupada hasta la fecha.
Situación político-económica mundial
Economías de los bloques contendientes. A dos años del conflicto, empieza a estar claro, incluso hasta para los medios informativos que han falseado el conflicto desde el principio, que los perjudicados, hasta la fecha, han sido los países europeos. Ucrania, por supuesto −el tiempo dirá si seguirá siendo país o entrará en la categoría de los fallidos−, y Europa. Y, sobre todo, los países europeos de la OTAN. De momento, el índice de inflación permanece desbocado, también en los USA; el de crecimiento está muy próximo a cero en las locomotoras esenciales de la UE: Alemania y Francia. La crisis energética, las subidas del gas, las ganancias americanas del mismo producto, los esfuerzos suplementarios para desarrollo armamentístico, la desazón y las crisis de empleo al igual que las políticas, las desigualdades que no dejan de crecer en la llamada Europa del bienestar, amenazan de manera continuada y alarmante. El desafío de las ultraderechas en casi todos los países de la UE es otro motivo de preocupación. Por no decir la alarmante deuda, imposible de cubrir en la mayoría de países miembros, y que pende como una espada afilada para las economías de muchos de los estados, el Estado español entre ellos.
Sin embargo, las enormes sanciones, la imposibilidad de venta del gas ruso, el tratamiento como unos apestados a la población rusa en todos los aspectos: deportivos, culturales, sociales…, no han servido para derrumbar la economía de la Federación Rusa. En estos momentos, al fondo de divisas de Rusia se le puede envidiar, la venta de gas ruso no se ha paralizado, el crecimiento económico es bastante mayor que el de sus homólogos europeos, pasar a una economía de guerra no le ha perjudicado demasiado en sus estándares de calidad de vida (al menos, comparativamente con la del 2021) de sus ciudadanos, la popularidad de Putin está a niveles altísimos y la inflación rusa es bastante menor que la europea. Además, la Federación Rusa, junto a China, lideran la rebelión de los BRICS, países emergentes como Brasil, India, Sudáfrica que forman un nuevo polo en el orden mundial. No solo eso, a esos cinco países BRICS, acaudillados por China y Rusia, se le han añadido países como Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Emiratos, Etiopía e Irán.
Uno de los objetivos en el conflicto era el de ralentizar la economía china para impedir, como fuera, el adelantamiento económico previsible del gigante asiático a los Estados Unidos. Las sanciones a Rusia que le implicarían, más o menos indirectamente, a China iban en esa dirección. Pero, aparentemente, a quienes más están perjudicando es a las economías llamadas occidentales. China está volviendo a tirar de su gigantesco poderío económico y tornando a liderar al mundo que no es de la OTAN.
En un horizonte no muy lejano está la perspectiva de que el dólar esté en declive. Y con él, la economía norteamericana. A menos de que los USA se embarquen en otro conflicto bélico −por ejemplo, el de Taiwan− para que, a la misma usanza que en Ucrania, azuzada la contienda por esa especie de OTAN del Pacífico que está construyendo (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón y, quizá, Filipinas) y sin marines americanos muertos, en la misma línea que en Ucrania: solo muertos chinos. Continentales o taiwaneses, pero solo chinos, retrasando el “sorpasso” el mayor tiempo posible. Es el mismo final de siempre de cualquier imperio: morir matando. Esperemos que no lo haga de forma literal, porque sería la muerte de casi toda la humanidad.
Aventurando un futuro
Futuro que se prevé incierto en cualquiera de los apartados que el género humano tiene delante. El económico, el existencial, el climático, el energético, el espacial, el medio ambiental…
En el caso de la guerra de Ucrania, la posibilidad de una mesa de negociaciones, de paz, está en manos de Rusia, en estos momentos. La economía de guerra que ha planteado le permite mirar el objetivo militar con más desahogo que el que la OTAN y los USA. Evidentemente, Ucrania es un mero dominguillo en este asunto, el perjudicado real, pero un dominguillo junto a Europa que, mientras siga tirando de la levita del tío Sam y se contemple como simple testaferro suyo, no medrará en el necesario orden mundial.
Próximamente habrá elecciones tanto en Rusia como en los USA. En la Federación Rusa, salvo una catástrofe, la victoria de Putin está cantada. En los Estados Unidos, el desconcierto, la inseguridad es mucho mayor. ¿Continuará Biden? ¿Se impondrá Trump? Además, en Europa, el avance de las extremas derechas, rayanas o inmersas en un neofascismo teñido de neoliberalismo radical, tampoco ponen fácil el porvenir. En el caso de este conflicto, salvo una debacle militar como en Afganistán, el conflicto seguirá hasta, al menos, noviembre del año que viene. Conforme pasen los días, la situación militar será peor para Ucrania. Siempre, claro está, que no se pase a mayores y a alguien le dé por apretar algún botón atómico. Las ayudas económicas en armas y en tecnología, cada vez serán menores, regateadas y más discutidas. Y Ucrania, sin armas o con menos, sin dinero o con menos, sin apoyos en la inteligencia, no es nada.
Cuando esa mesa de negociaciones exista, las dos partes parecerán ser imposibles en el acuerdo. Pero la sangría económica, la humana, la militar, la existencial como nación, incluso, serán determinantes. Cuanto más dure el conflicto, más territorio irá a parar al de la Federación Rusa. Ya hemos anunciado las líneas rojas en ese terreno, nunca mejor dicho, siendo sagrados esos “Oblast” enunciados. Quizás, dependiendo de la duración y del estancamiento militar a que se llegue cuando la mesa de negociación, se discuta hasta Odesa. Sería, en ese caso, el 35% del territorio ucraniano el que pasaría a la Federación Rusa.
¿Y Zelensky? A mi juicio, también al de muchos analistas que siguen y han seguido el conflicto, este señor, heredero neofascista de un golpe de estado, habrá caído antes de llegar a esa mesa de paz. La forma de la caída es lo que estará por contemplar. Si una caída con desaparición física o, simplemente, enviado fuera de la circulación para que pueda disfrutar de sus “tacitas a tacitas”, rapiñadas en una economía marcada por la falta completa de libertades a causa del estado de guerra que canaliza todo. Siempre, a mi juicio, esa será la incógnita: si desaparece del todo o su ocaso se ve acolchado por un exilio dorado en cualquier país medio seguro. Las disensiones y broncas internas van apareciendo y el alcalde de Kiev, Klitschko, o el general en jefe ucraniano, Zaluzhny, avanzan la disgregación y el posible “sálvese quien pueda” del futuro. Mi augurio es algo intermedio, sacarlo fuera de la circulación, pero con bronca incluida. Zelensky será un ejemplo más de esa historia de traidores que, al final, cuando ya no sirven, son dejados en la estacada con peor o menor trompazo. El eterno dicho de “Roma no paga a traidores, simplemente los utiliza” se amoldará bastante bien al caso cambiando Roma por los USA.
Mientras dure la guerra, con la Ley Marcial en vigor en Ucrania, ley, por cierto, que prohíbe elecciones, manifestaciones, cualquier derecho de expresión, ley que arrincona las libertades hasta extremos mayores que una dictadura, Zelensky continuará llevando en su mano las cuerdas del país y el resto de dirigentes, por muy mal que se lleven, serán conscientes de seguir, mal que bien, aceptando su mando. El desmoronamiento vendrá cuando la guerra se vea perdida de manera irremediable y la mesa de paz como única alternativa.
Vuelvo al principio y, repasando y contrastando, confirmo el acierto de la mayoría de los análisis que hice, dieciocho meses atrás, en ese libro. Algunas cuestiones sí, están erradas. Por ejemplo, creí que cuando las aves carroñeras que ganan dinero con la guerra, entre ellos los que venden armas, decidieran que las ganancias con la reconstrucción del país, cifradas, hoy, en ochocientos mil millones de euros, fueran tan sustanciosas como atractivas y más seguras que las ganancias por destruir, forzarían para acabar la guerra. No conté con la vuelta de la tortilla en las expectativas militares de los mandos atlantistas que aseguraban la victoria militar de la OTAN-USA en el terreno ucraniano, victoria errada por completo. Al menos, hasta ahora.




