Trabajo de pobres

Este 28 de noviembre debería haber empezado una huelga indefinida del sector de limpieza de edificios y locales, de momento suspendida

Somos esenciales y nos tienen olvidadas
Fotos: Comunicación Zaragoza en Común

Las trabajadoras de la limpieza son el paradigma de empleo cutre, mal pagado y menos agradecido. Un trabajo invisible, como tantas otras labores que, sin embargo, son fundamentales para el sostenimiento del sistema económico.

En este artículo usaré el genérico femenino, aviso. El motivo es evidente: más allá de la consigna, la precariedad viste de mujer. Y los sectores de asalariadas con peores condiciones tienen un claro sesgo de género, con pequeñas excepciones.

Limpiar es trabajo de pobres, un trabajo que te mantiene precaria en muchas ocasiones pues el salario es apenas un poco más alto que el salario mínimo y, de las casi 9000 personas que trabajan en el sector en la provincia de Zaragoza más de la mitad no tienen jornada completa.

9000 trabajadoras son muchas. Pero la mirada al trabajo asalariado nos da una cifra de miles y miles de empleadas con condiciones, diciéndolo suave, francamente mejorables.

De las más de 360.000 personas que cotizan como asalariadas por cuenta ajena en la provincia de Zaragoza o las poco menos de 500.000 en Aragón, excluyendo el régimen de empleadas del hogar ¿Cuántas tienen trabajo de pobres?

En Aragón siempre se suele poner como ejemplo de gran empresa con un alto volumen de trabajadores a la antigua GM de Figueruelas, hoy Stellantis.

Pues bien, en este caso estamos hablando de unas cuantas GM de a duras penas mileuristas. De trabajo a turnos que incluye fines de semana e incluso festivos, como en el comercio o la hostelería.

De trabajos muy penosos como limpieza o expuestos a las inclemencias del tiempo como jardinería o alienantes como los call center.

Ya que he citado las teleoperadoras es un sector interesante para empezar.

Entre Abai y Majorel, por ejemplo, que sirven a compañías como Movistar o Vodafone trabajan en torno a 3000 personas, un 80% mujeres y buena parte de la plantilla con contratos parciales.

Por 40h semanales se cobra poco más del salario mínimo y en empresas como Majorel tienen el convenio caducado desde 2019. Hay más empresas de teleoperadoras, algunas de ellas trabajando con el genérico auxiliar de administrativo, la forma legal de cobrar una miseria.

Porque si hablamos de salarios los datos de la Agencia Tributaria reflejan que casi la mitad de los declarantes de IRPF cobran menos de 1000€ mensuales netos. La misma AEAT advierte de que los incrementos salariales no corresponden con la subida del coste de la vida.

En este caso hablamos de salarios reales, porque, en esa cifra, evidentemente, no entra el dinero en negro.

Es el caso más que conocido de la hostelería. Si nos atrevemos a hincarle el diente al sector entramos en la absoluta incertidumbre.

No es ningún secreto: todo tipo de horarios, horas no cotizadas, extras mal pagadas cuando se pagan y un salario base que casi parece una broma. En el sector en Aragón trabajan de media unas 37000 personas, aunque la cifra fluctúa constantemente.

Claro, cuando hablamos del trabajo por el que no se cotiza hablamos de un perjuicio añadido de cara a beneficiarse de ayudas por desempleo o percibir una pensión. Porque cuando la base de cotización es muy baja el futuro (tarde o temprano todas nos jubilamos) se presenta feo. Un futuro que huele a perpetuación de la pobreza.

Bases de cotización como las de los convenios que eran tan bajos que subieron con el salario mínimo, por ejemplo el de trabajadores de gasolinera. En 2021 un vendedor cobraba la mísera cifra base de 987€ al mes. Recordar que hablamos de establecimientos que abren todos los días y algunos también en horario nocturno.

Pero ejemplos de salarios bajos y horarios demenciales por convenio hay muchos.

Uno de los más conocidos es el de los supermercados. Con salarios que, sin llegar a ser tan bajos como los de otros sectores del comercio, sí que implican unas condiciones más duras y unos horarios que pueden incluir desde madrugones a trabajo nocturno y, en algunas cadenas, trabajo en domingos y festivos.

Se acaba de firmar una buena subida salarial en la cadena Dia, por ejemplo, de entre un 8 y un 12%. Puede parecer una cifra alta, pero es que el sueldo medio de cajera son 1093€ por seis días de trabajo semanales pudiendo incluir jornada partida. En Eroski se cobra un poco más y sobre Mercadona y sus, presuntamente, excelentes condiciones habría que aclarar mucho. Denuncias reiteradas en cualquiera de estas superficies son trabajar más allá del horario, labores estresantes, adelantar la incorporación estando de baja o incluso no causar baja cuando la necesitas.

También hay otra realidad: a menudo los puestos son tan cutres que no generan ninguna fidelización de empleadas.

Cualquiera que visite una tienda de cualquier gran superficie puede comprobar cómo cambia su personal con frecuencia. Esto no es nada extraño si entendemos que el convenio provincial del comercio textil, ahora en negociación, tuvo que actualizarse en sus categorías más bajas con el SMI.

Lo mismo sucede con otros convenios como trabajadoras de ópticas, comercio del calzado o del mueble.

Lo dicho: miles de trabajadoras cobraban tan poco que las últimas subidas de salario mínimo han actualizado sus sueldos. En sectores como la limpieza, con el que empezaba el artículo, además suman un mal común a muchos convenios como es que los sueldos hace tiempo que no se actualizan por el IPC.

Esto quiere decir que, en plenas subidas de la inflación en todo el mundo, se están firmando convenios a sabiendas de que se pierde poder adquisitivo y que una inflación acelerada implica que tu sueldo disminuye mes a mes.

Quedaría añadir a este texto la cruda realidad del trabajo por cuenta propia, los autónomos, en muchas ocasiones falsos autónomos, que también se ven abocados a los vaivenes del mercado y perciben cantidades ridículas de dinero. O las empleadas de hogar, exponente máximo del trabajo menos reconocido y mal pagado.

Pero es bueno que enfoquemos la realidad cotidiana.

Meditar sobre quien limpia el baño que vamos a usar, nos vende una camiseta o nos cobra en una caja. Los trabajos que perpetúan la precariedad, los trabajos de pobres pueden ser poco llamativos, pero muchas trabajadoras los padecen día a día. Por ello, cuando estos trabajos se visibilizan y piden un poco de dignidad es hora de dársela, de recordar que la pobreza por convenio debería ser intolerable.

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