No me extenderé mucho en la previa ya que tenemos que ir al lío de la primera semana. 1 de julio y puntual a su cita, tras una temporada marcada por exhibiciones de todo tipo y condición. Los dos favoritos principales a lo suyo, marcando forma y victorias. Jonas Vingegaard en Itzulia y Dauphiné. Tadej Pogaçar en París-Niza y retando a la historia en Flandes, Amstel y Flecha Valona, con caída y lesión en la muñeca en la Lieja, que le hipotecaba su preparación para el Tour. Jumbo contra UAE. Como los superhéroes. Un Tour histórico, con 22 equipos calibrando su temporada. El momento del año para las personas aficionadas al ciclismo.
Pero no voy a abrir esta crónica sin hacerle antes un pequeño homenaje a Gino Mäder. 26 años. Perdió la vida en la vuelta de su país, en la bajada del Albula Pass. Un golpe mortal a 100 km/h. No pudieron hacer nada. Gino se une a esa trágica lista de ciclistas muertos en competición. Que se amplia con los que lo hicieron entrenando. Y aún más, con ciclistas de todo tipo y condición, atropellados en carreteras.
Se ha puesto de moda en los últimos años el diseñar un recorrido de semiclásica para la jornada inaugural -ya lo disfrutamos en Brest, Niza o Bruselas-, así que los 182 km iniciales por territorio vizcaíno y final en Bilbo cumplían con creces esta pauta. El tramo decisivo sería esa subida al Vivero y el muro de Pike, con lo que los gallos pudieron exhibir fuerza y galones. En los rampones de Pike, Jonas y Tadej se quedaron solos, con Victor Lafay de invitado sorpresa, al final, un selecto reagrupamiento donde los más listos fueron los gemelos Yates. Gato y ratón. Con premio final para Adam (UAE), que dejó a Simon (Team Jayco) sin etapa ni liderato en el exigente kilómetro final de la etapa. Y a las primeras de cambio, dos retiradas. Enric Mas y Richard Carapaz, caídos en combate bajando el Vivero. Una pena de cara al espectáculo.
En la segunda etapa, Victor Lafay (Cofidis) no falló, ejecutando una acción de las más complicadas en el pelotón profesional. Atacar desde el grupo tras la pancarta del último kilómetro. La selección final se hizo en la mítica subida a Jaizkibel, por su parte más dura, tras una jornada que salía de Gasteiz con meta en Donostia, 208 km de sinuosidad vasca. Powless fue el último resistente de la fuga, para afrontar una ascensión final con duelo Jonas-Tadej. Ambos desistieron de lanzarse en el descenso y en el regrupamiento parecía subir el hype del multiusos Van Aert. Pero Lafay, que ya avisó de sus piernas en la etapa inaugural, sorprendió de manera brutal. Cofidis volvía a ganar en el Tour tras 15 años de sequía.
El Gobierno vasco se ha gastado una morterada de millones en estas tres etapas iniciales. El famoso efecto retorno de ese dinero es difícil de cuantificar, aunque en sí la imagen es positiva, sobre todo en lo identitario (ikurriñas a tutiplén, la toponimia, pancartas). ¿Necesita una ciudad como Donostia más turistas? Creo que no, igual que tampoco los necesita Florencia el año que viene. Aún con todo el Basque Country siempre sale beneficiado, a pesar de los tontos de siempre, provocando con chinchetas en la carretera.
Quedan lejos los tiempos de la deliciosa anécdota que nos narra Carlos Arribas en "El Afilador" (volumen 2, 2017), cuando los vascos del KAS allá por el año 1974 habían enseñado alguna palabra en euskera al flamenco Eddy Merckx y ese año en una etapa del Tour que acababa en La Seu d'Urgell, justo al cruzar la frontera, al gran Eddy no se le ocurrió mejor idea que gritar “Gora Euskadi Askatuta”. Un gesto peligroso, con la dictadura franquista vivita y coleando. El movimiento ciudadano Gure Esku nos ha vuelto a recordar con su campaña #Basquesdecide, que las soberanías siempre vienen desde abajo, desde el pueblo.
Zorionak, Euskal Herria!
Bilbotik Baionara ikurrin uholdea sortu dugu, herri honen borondatea argi utziz: etorkizun politikoa erabakitzea!
Eta bihar azken etapa izango dugu gure lurretan. Soudeten ikusiko dugu elkar! #Basquesdecide #TdF2023 @LeTour pic.twitter.com/oDk8sSxhpy
— Gure Esku (@gure_esku) July 4, 2023
Y si os va el tema de la fuerte raigambre del ciclismo en el pueblo vasco, os recomiendo leer "Miguel Madariaga, convirtiendo sueños en realidad" (de 2019, publicado por Elkar y Libros de Ruta), en el que el periodista Yon Suinaga ofrece claves a través de un personaje fundamental, que dio la oportunidad a un montón de ciclistas euskaldunes, que a su vez fueron embajadores de su país.
Tras la euforia del fin de semana tocaba calma, por lo menos en cuanto a la resolución de las etapas. Tanto la tercera como la cuarta se resolvieron al sprint y ambas con un mismo vencedor. 187 km de recorrido entre Amorebieta y Baiona, en la despedida vasca de la Grande Boucle, que nos dejó el triunfo de Jasper Philipsen (Alpecin) sobre Phil Bauhaus (Bahrain) y Caleb Ewan (Lotto). Una victoria con polémica, ya que Philipsen cerró en el sprint final a Van Aert, aunque los jueces determinaron que al situarse la meta en curva, no daba lugar a un cambio de vencedor. Al día siguiente más de lo mismo, entre Dax y Nogaro, por el paisaje del Gers, con 181 km, de leve sube y baja, repitiendo victoria el velocista del Alpecin, tras un impresionante lanzamiento de Van der Poel. Ewan y Bauhaus permutan los puestos del día anterior. Una etapa que acababa en un circuito automovilístico situado en un municipio de 2.000 personas, en la sagrada tierra del Armagnac.
Y llegaba la épica, pronto, ¿demasiado pronto? Una gozada de etapas en los Pirineos. Vamos por partes. El martes 4 de julio, jornada con final en Laruns, tras ascender Soudet y Marie Blanque (162 km). Nunca se había subido a estas alturas de la carrera un puerto fuera de categoría y el guión marcaba una fuga de calidad en espera de la batalla entre los favoritos. Y así fue, con 36 escapados, con intereses variopintos escaladores, rodadores trotones, gregarios y alguna sorpresa. Daniel Felipe Martínez, Ciccone, Buchmann, Alaphilippe, Urán, Fraile, el tapado Hindley o el corredor clave de la trama pirenaica, Wout Van Aert- tirando para generar desgaste-. El Soudet hizo mucho daño y ya en las rampas eternas del Marie Blanque, Jai Hindley (Bora) se marchaba en solitario con el austríaco Felix Gall (AG2R), a quien soltaría con un duro cambio de ritmo. Por detrás, Jumbo quería jugar. Algo vieron en Pogaçar. Wout se dejó llevar para ayudar, ritmo infernal de Kelderman y Kuss y estacazo de Vingegaard. El campeón esloveno ni hizo amago de seguirle. En esos muros imposibles al 12%, Jonas abría huecos sobre el universo ciclista. Hindley tuvo margen para hacer un win-win de manual. Etapa y liderato (con 47” sobre Vingegaard) y la sensación de que el danés podía arrasar en este Tour (una renta de 1 minuto sobre el resto de favoritos).
Más disfrute en la etapa del Tourmalet, con 144 km entre Tarbes y Cauterets-Cambasque, una subida tendida donde Miguel Induráin rompió su techo de gregario en 1989. El Tourmalet se coronaba a unos 50 km de meta, con una fuga que empezó el puerto con 4 minutos sobre el gran grupo. Jumbo quería sentenciar la carrera, Van Aert otra vez por delante, ritmo fuerte de Kuss y ataque de Jonas. Hindley cedía. Y se quedó todo en un mano a mano entre el danés y el esloveno, con un mundo por delante. Fueron absorbiendo a los fugados y en la subida final, Tadej sorprendió, en un momento para la historia. Démarrage sin concesiones que Vingegaard no se esperaba y victoria de etapa. Golpe psicológico (le recuperaba medio minuto al danés). Eso sí, el vencedor de 2002 se colocaba como líder de la general. Y sólo llevábamos seis etapas.
Burdeos siempre ha sido una llegada clásica del Tour, por eso resultaba extraño que hubieran pasado 13 años desde la última vez que el pelotón pedaleó por sus calles. Hasta finales de los ochenta era punto de partida de una reliquia ciclista, la Burdeos-París, una prueba de 600 km, cuya segunda parte del recorrido se realizaba tras moto. Llegó el ciclismo moderno y estas competiciones se salían de toda norma. Creada en 1891, tiene grandes campeones en su palmarés pero fue Herman Van Springel su máximo valedor con 7 triunfos. Un gran clasicómano que casi gana el Tour en 1968. Jacques Anquetil también se impuso en esta carrera, que tuvo un efímero y único renacimiento en 2014. Bordèu, reivindicando su topónimo gascón, es conocido por sus viñedos, el grand cru de la enología y las fugas imposibles. Eso debió pensar Simon Guglielmi (Arkéa) cuando sus compañeros de escapada le dejaron solo. Era asumir el guión preestablecido. Hoy, otro sprint. Y así fue. Mientras tanto Guglielmi luchó por las rectas de las Landas, y aún tuvo compañía, Latour y Peters, dos buenos rodadores. Pero al final llegaría el tercer triunfo de Philipsen, con un Mark Cavendish (Astana) que buscó la gloria, la de superar a Merckx, y al final hizo segundo. También Girmay tendrá que esperar.
En la octava etapa (Libourne-Limoges, 200 km), se rodó rapidísimo, a 47,7 km/h. Y las caídas se cobraron su protagonismo: Mark Cavendish decía adiós a su sueño, con la clavícula rota, mientras que Simon Yates y Mikel Landa también besaron el suelo, dejándose 47'', que visto lo visto, pueden ser decisivos en sus cábalas para la general. El sprint fue diferente al de las anteriores etapas, con una llegaba más dura, en la que Mads Pedersen (Lidl-Trek) hizo valer sus fortalezas, sobre Philipsen y Van Aert.

En el Puèi Domat occitano se esperaban muchas historias. Pero el recorrido no dio de más. Etapa unipuerto de 182 km con ese final icónico y prohibido al Puy de Dôme, a los pies de Clermont-Ferrand, ciudad industrial y corazón del Macizo Central. La fuga tuvo su oportunidad, con unos 15 minutos de ventaja para poder gestionar la dureza de la subida a este volcán, por una carretera estrecha, sin público, de unos 13 km con los al 12%, rodeando la montaña basáltica. Árido y duro. La apuesta de Matteo Jorgenson parecía sólida, avanzado de la escapada, con 1 minuto de ventaja sobre sus perseguidores (Mohoric, Powless, Burgaudeau), pero se fue quedando sin ritmo, ahogado en la parte más dura y ahí, de atrás, de menos a más, apareció Michael Woods (Israel), devorando a sus rivales, limando segundos e imponiéndose en esta montaña de postal. Un escalador tenía que ganar en el Puéi Domat, el de Perico y Arroyo, el del codo a codo entre Anquetil y Poulidor. En la general, Pogaçar dio un golpe más sobre Vingegaard, leve. De 8 segundos. Todo muy igualado. Hindley perdía algunos segundos sobre Carlos Rodríguez, mientras que Simon Yates resiste en esa lucha por el podio.
Así que cerramos crónica, tras el día de descanso. Una primera semana que será recordada, por todo. Con un duelo abierto entre los dos superhéroes, una lucha por el tercer puesto apasionante y un renacimiento de este maravilloso deporte para el público generalista. Los récords de audiencia a nivel global así nos lo demuestran. Y aún quedan dos semanas de sorpresas y espectáculo.
Más información, clasificaciones y perfiles de etapa en la web oficial del Tour de Francia.

