El 7 de febrero de 1992 se firmó, en Maastricht, el tratado que lleva el nombre de esta ciudad neerlandesa. Se presentó como la culminación del proceso político vinculante para todos los estados miembro de la UE y para quienes, en el futuro, fuesen a entrar. En Europa se vivía todo lo que había representado la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la URSS que había firmado Yeltsin (1991). Se instalaba ese mito utópico de que el capitalismo iba a dar a las clases populares todas aquellas cosas que el fracasado comunismo había sido incapaz de …


