Desde Montesquieu, las tres patas sobre las que se asienta un Estado son los poderes Legislativo, ejecutivo y judicial. Pero la altura democrática de ese mismo Estado depende de que el mecanismo de control sobre cada uno de los tres poderes exista, primero, y funcione, luego, de manera proporcionada y certera. En nuestro país, al igual que en muchos, el poder legislativo está controlado, peor o mejor, por los votos de los ciudadanos. El poder ejecutivo siente el aliento del propio Congreso de los Diputados. Luego, después de la trifulca, algunos se pondrán de acuerdo entre bastidores o no lo …

