A día de hoy, cuesta creer que hubo un tiempo, allá por el siglo XIX, en el que los cántabros se instalaron con sus vacas pasiegas en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao para satisfacer la demanda de productos lácteos que empezaba a haber en las grandes ciudades. Actualmente, Cantabria sigue siendo conocida por su producción lechera, con la diferencia de que sus rojinas autóctonas se encuentran en peligro de extinción, habiéndose dado por desaparecidas durante muchos años, y las autoridades no parecen tener interés en conservarlas.



