Ella, como las de su quinta, tiene 80 años muy trabajados en la piel. La historia de este país las pilló en la posguerra de los pobres y eso marca para los restos. De aquél tiempo que les robó la infancia, sacaron fuerzas y su secreto mejor guardado: la sonrisa que, como a Miguel Hernández, nadie pudo encerrarles aunque aprendieran a mirar silenciosas cada instante observando el entorno. Por eso, sus ojos acumulan experiencia distinguiendo el anverso y reverso de cada gesto, serenas contra la adversidad año tras año y con tierna nostalgia, nos admiran a los más jóvenes que, …


