¡Va, hombre, va! Mujeres, NO anónimas. Dolores J. L.

Ella, como las de su quinta, tiene 80 años muy trabajados en la piel. La historia de este país las pilló en la posguerra de los pobres y eso marca para los restos. De aquél tiempo que les robó la infancia, sacaron fuerzas y su secreto mejor guardado: la sonrisa que, como a Miguel Hernández, nadie pudo encerrarles aunque aprendieran a mirar silenciosas cada instante observando el entorno. Por eso, sus ojos acumulan experiencia distinguiendo el anverso y reverso de cada gesto, serenas contra la adversidad año tras año y con tierna nostalgia, nos admiran a los más jóvenes que, …

fotografía de la firma de Lucía Pérez autora de artículo como el de Dolores o el de la Central de Andorra

Ella, como las de su quinta, tiene 80 años muy trabajados en la piel. La historia de este país las pilló en la posguerra de los pobres y eso marca para los restos. De aquél tiempo que les robó la infancia, sacaron fuerzas y su secreto mejor guardado: la sonrisa que, como a Miguel Hernández, nadie pudo encerrarles aunque aprendieran a mirar silenciosas cada instante observando el entorno.

Por eso, sus ojos acumulan experiencia distinguiendo el anverso y reverso de cada gesto, serenas contra la adversidad año tras año y con tierna nostalgia, nos admiran a los más jóvenes que, ante ellas, poco tenemos de admirable porque con férrea voluntad fueron capaces de superar murallas, llevando en su baúl el sueño que acallaron décadas hasta hacerlo realidad plenas de ilusión. Saben que quien elige qué va primero en el orden de la vida, siente cuándo es “su” hora.

En ese retrato críptico para la mayoría, seguramente se reconocerán muchas Dolores turolenses aunque yo elija a una. Muchas como ella, al jubilarse tendrían cotizado a la Seguridad Social más de medio siglo, si en su tiempo hubiera existido y ahora este país fuera justo y equitativo socialmente. Pero, además, en la hoja laboral de Dolores debería contar una vida de mujer pariendo hijos, criándolos y sacándolos adelante en maltratada soledad, más otra década gratuita y feliz cuidando a nietos.

¡Echen cuentas del ahorro que ha supuesto y supone para el erario público la contribución “gratuita” de millones de casadas y solteras “amas de casa” anónimas y privadas de derechos, obligadas a creer que NO era un trabajo su anónimo trabajo doméstico sin horarios, ni salario, ni vacaciones, ni días de “asuntos propios”, sino “una privilegiada” concesión del patriarcado! La burla se consuma cuando muchas, ya ancianas, reciben a fuerza de “papeles” una mísera pensión “no contributiva” o ni eso. ¿No contributiva? ¡Va, hombre, va! Los Estados son perversamente ciegos, porque SIN ellas…

Las veo, la veo como un símbolo. Sencilla, resuelta, ahora feliz y en paz consigo misma, orgullosa de su pasado como tantas hijas de trabajadores emigrantes a mediados de los años 40 que, sin haber terminado la escolaridad, empezó a trabajar a los 12 años de aprendiza en una peluquería y, al salir, acudían a la escuela nocturna.

Pienso, ¿tendría tiempo de jugar? Y ella contesta que “un rato, solo los domingos”. Así¸ año tras año alcanzó su oficio, se casó con quien solo le dio embarazos, estudió formación profesional yendo en el tren diario de Sagunto a Valencia y volvió al Teruel de los años 60 con sus hijos, el mayor de 18 y el pequeño de 7 años, para empezar otra vez una tesis doctoral sobre la subsistencia: Sacó cum laude.

Menuda, baqueteada por los aconteceres de más de una época, su figura crece sin sombra y asombrada vuelvo a preguntarme como Lope de Vega: “Qué tengo yo…” Porque ella aprendió a ser libre a fuerza de empeño y malos tratos, a conducir por su real esfuerzo, a decidir sus idas y venidas y despojarse del conformismo y la obediencia servil que no es respeto, recibiendo desplantes.

¡Cuántas Dolores que, además, decidieron luchar sin reblar por este territorio, fiel reflejo de su trayectoria, con las armas en las que son maestras de maestras: humildad, constancia, sus manos y trabajo, sabiendo que cada minuto es el hallazgo de un tesoro y que tenían un sueño aguardando “su” hora!

A Dolores le llegó a los 70 años. Fue a la Universidad para hacer Bellas Artes, orgullosa de entrar en un lugar que sentía surgido de su lucha junto a muchos turolenses. “¿Cómo estás?” – pregunté. “Muy feliz” -dijo.

La que empezó a trabajar con solo 12 años, a los 80 camina con sus logros al lado y sigue rebelándose frente a las injusticias, saltando discretamente muros, enseñando día a día memoria histórica y economía circular a quienes quieran aprenderla. Contestataria sin aspavientos ni proclamas, MUJER por los cuatro costados: Dolores J. L. Cuando la veas, escúchala con atención, se aprende VIDA.


Este 8 de marzo verás que en las imágenes los hombres cis han sido cubiertos por un borrón morado. Si quieres saber por qué lee nuestra editorial.

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