Sobre la identidad y la masculinidad obligatoria

En su libro de 1952, Frantz Fanon analiza el racismo de su época, así como su origen y sus implicaciones. El autor analiza conceptos como la negritud, el cómo su apariencia es lo que lo determina socialmente antes de establecer cualquier otro tipo de socialización. En uno de los capítulos se compara a sí mismo y a la gente de color con los judíos siendo este uno de los puntos de más interés de este análisis; que el judío es repudiado en cuanto el otro, el normativo, se da cuenta de que este es judío, lo que requiere un proceso …

masculinidad
Javier Lapuente García.

En su libro de 1952, Frantz Fanon analiza el racismo de su época, así como su origen y sus implicaciones. El autor analiza conceptos como la negritud, el cómo su apariencia es lo que lo determina socialmente antes de establecer cualquier otro tipo de socialización. En uno de los capítulos se compara a sí mismo y a la gente de color con los judíos siendo este uno de los puntos de más interés de este análisis; que el judío es repudiado en cuanto el otro, el normativo, se da cuenta de que este es judío, lo que requiere un proceso de sociabilización que puede ser algo indetectable.

Con las personas racializadas ocurre lo contrario, las etiquetas asociadas a su raza se ponen sobre ellas sin la necesidad de cualquier socialización, simplemente por su forma de presentarse en el mundo, por su apariencia. La gente al ver que el autor es negro le juzga, es inmediato, antes de que él pueda mostrar cómo es realmente tras su tono de piel.

Un judío puede dejar de ser judío, salvando las complejas implicaciones de eso, pero un negro no puede dejar de ser negro.

Con estos paralelismos podemos analizar también a algunas de las categorías del colectivo LGTBI. Por abreviar, el análisis se reducirá a las personas gais y lesbianas. Si bien inicialmente podríamos pensar que el ser gay o lesbiana es algo que se conoce a través de una socialización, como el ser judío, lo cierto es que esto no es así. Ser LGTBI no es algo que se quede en la Casa de Campo, no es una forma de comportarse en la cama, no es una creencia, una ideología.

Muchas veces para esta sociedad heteronormativa ser gay es simplemente no seguir los roles de género, puede ser simplemente que te gusten cosas asociadas tradicionalmente a las mujeres «la cocina, los niños, la moda, las artes...». Ser lesbiana es, en cambio, ser una «marimacho». Es por esto por lo que en cuanto un hombre se viste bien o se pinta las uñas pasa a ser visto como alguien gay y, cuando una chica juega al futbol, las dudas sobre su heterosexualidad se despiertan.

Es decir, en muchos casos, la sociedad es quien otorga a los individuos su sexualidad, aun cuando esta no tiene nada que ver con su sexualidad real. Muchas veces las personas LGTBI somos categorizadas como LGTBI antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que lo somos. Muchos hemos vivido como en la infancia, debido a nuestros gustos, juguetes, o a nuestra forma de hablar, éramos llamados gais y nosotros ni si quiera nos habíamos sentido atraídos por un hombre.

La masculinidad es tan frágil que no concibe que un hombre heterosexual pueda llevar las uñas pintadas, pendiente o croptop.

No podemos negar que haya una cierta correlación entre los gustos transgresores de quienes transgreden las categorías normativas, pero, lejos de todo esto, ser gay no es más que sentirte atraído por las personas de tu mismo género, nada más lo define. A nivel personal, individual, tu sexualidad solo define tu sexualidad y no tus gustos o forma de ser. Es cierto que tu sexualidad te define también como un sujeto político, perteneciente a un colectivo y puede provocarte vivencias que las personas heteronormativas nunca vivirán y eso sin duda, moldea tu ser.

Pero esto, es parte de otro aspecto de la sexualidad el cual no estamos analizando. Si no hay gustos inherentes a una sexualidad, si tu sexualidad solo define tu sexualidad, por tanto, puedes ser un hombre hetero afeminado, un hombre gay masculino o quizás ninguna de las dos, puede gustarte pintarte las uñas o puede gustarte jugar al futbol, puedes vestir con falda y croptop o puedes vestir con chándal; pese a la insistencia de la sociedad, ser gay solo implica un gusto común, el gusto por las personas de tu mismo género.

Meses atrás, durante este verano, los medios se llenaron con noticias de un joven gallego que fue asesinado tras una brutal paliza por aquellos que lo impropiaron como «maricón». Sus asesinos no vieron al gallego besándose con otro hombre, no lo vieron dando un paseo de la mano con un chico, pero algo vieron en él que automáticamente lo convirtió en "maricón".

Ya no es solo que haya cierta homofobia en la sociedad, sino que el objetivo de esa homofobia es todo aquel que no se ajuste a sus cánones heteronormativos. Así que no, una persona no puede renunciar a su sexualidad; mucho menos cuando esta es impuesta por la sociedad y no por el individuo. Corremos peligro ya no solo por ser, sino por mostrarnos al mundo como somos realmente. No hay que banalizar el sufrimiento de cuantas personas han camuflado su sexualidad para sobrevivir, sin embargo, por mucho que lo intentemos, no podemos dejar de ser gais, no podemos dejar de ser.

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