De El Salvador llegan pocas noticias. Básicamente sobre su mediático presidente, Nayib Bukele y su guerra contra las llamadas maras. Pero la realidad y la gestión gubernamental sobre todo, tiene muchas más caras, algunas muy oscuras que remiten a los peores tiempos de la represión estatal en América Latina. Del caso concreto de su padre, Atilio Montalvo, pasamos a una visión mucho más general de la situación en esta entrevista que Silvia responde vía telefónica desde Bilbo.
Para empezar, Silvia ¿Quién es Atilio Montalvo?
Atilio Montalvo es un estudiante en los años 70 que decide, como muchos civiles salvadoreños, alzarse contra la dictadura militar de ese momento. Milita en las fuerzas populares de liberación que desde la guerrilla conformarían el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Años después es parte de la comisión negociadora de los acuerdos de paz y firmante de los mismos. A raíz de los acuerdos de paz hubo varias transformaciones como la desaparición de la policía militarizada para crear una Policía Nacional civil en las que Atilio es parte fundamental. Mi padre acompaña la fundación de la Alianza Nacional El Salvador en Paz que la componen veteranos de guerra principalmente del FMLN, algunos sindicatos e independientes de izquierdas. Nace con varias reivindicaciones básicas en las que estaba especialmente involucrado Atilio como derecho a las pensiones de veteranos de guerra, que son muy pequeñas o para oponerse a la eliminación del fondo de lisiados, que en el actual gobierno se eliminó.
Atilio Montalvo tenía el alias de Salvador Guerra y hace dos años y medio se desvinculó del FMLN. Del propio FMLN provienen muchas de las personas que forman Alianza Nacional El Salvador en Paz. Dado que es importante para entender la situación, ¿cómo es la condición de salud de Atilio?
Hace un año mi padre tiene un accidente cerebro vascular isquémico que le produce muchas secuelas en el habla y relación de ideas. Un mes de su detención sufre un infarto de miocardio y se le diagnostica una insuficiencia renal terminal en grado 5, por lo que se le interviene de urgencia para colocarle un catéter por el que hacerle diálisis.
¿Cómo se produce la detención?
La noche del 30 de mayo de este año se presentan en la casa varios policías de civil en carros no identificados. En ese momento mi padre se encontraba en la cama convaleciente. Esa misma noche se le dice que no está detenido, se le fotografía y se le muestran fotografías de sus compañeros en la Alianza para que los identifique e identifica a dos que son miembros públicos de la organización. Pese a su estado de salud es remitido a la División de Crimen Organizado. Se insiste en que no está detenido. Pero por el actual régimen de excepción se le retiene. En un principio no se presentan cargos pero es encarcelado y lleva seis meses en prisión en este momento.
¿De qué se le acusa exactamente? Hubo otras detenciones esa misma noche también ¿no?
Que sepamos hubo siete detenciones. A mi papá y sus compañeros se les acusa de fraguar atentados terroristas previos a la toma de posesión del presidente Nayid Bukele. Los cargos son una cosa bastante impactante, sobre todo porque incluye a mi padre, un señor de 72 años que está casi por morir, en los que incluyen incluso un complot para fabricar explosivos y se escucha todo tipo de acusaciones, incluso de armas biológicas y radiactivas, casi de destrucción masiva. Se les atribuye intentar atentar contra la población civil en puntos estratégicos y durante la toma de posesión del presidente de la República.
Un poco extraño todo ¿no? Y en un momento muy oportuno.
Pues sí, justo al día siguiente es la toma de posesión del presidente de la República y hace jurar a toda la tribuna que no va a protestar y asumir su política. Como él llama su “medicina amarga”, que la estamos sintiendo ya, hace años, la del presidente Bukele.

Es muy poco lo que sabemos de primera mano de tu país. ¿Cómo es la situación general en El Salvador?
Desde la llegada de Nayib Bukele, hace seis años, ha habido un retroceso real y franco deterioro de la democracia que se consiguió tras los acuerdos de paz de 1992. Tengo 46 años y nunca había visto nada así. Casi lo primero que hace el presidente es intervenir el parlamento con militares y policías para que le aprobaran un préstamo por el tema de la seguridad. Cuando Bukele toma el poder, el mismo día se asegura de no tener oposición interna. Sube al estrado rodeado de armados, con un aspecto más de golpe de estado que otra cosa, y coloca a su propio presidente de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General a los que acompaña a sus puestos con una escolta.
¿Cómo podrías definir las consecuencias de ese estado de excepción?
Hay muchísimos retrocesos en proyectos que estaban funcionando en El Salvador, como por ejemplo Ciudad Mujer, que era un proyecto integral y pionero de atención por temas de salud, asesoramiento económico y laboral. La represión se ha cebado con cualquiera que ose ser crítico. En el Salvador toda expresión de descontento con el régimen de Bukele está siendo criminalizada. En el tema de libertad de expresión cualquier persona puede hacerte un vídeo, subirlo a redes y que sirva como denuncia. De resultas de las detenciones indiscriminadas se han producido al menos 330 muertes documentadas bajo el régimen de excepción. Estas muertes incluyen a menores de edad, prácticamente niños. También existen condiciones terribles de encarcelamiento, especialmente para las mujeres. Hay al menos 16.000 mujeres presas de las que no se tienen datos. Pero, a la sombra de las detenciones de delincuentes, se está deteniendo a sindicalistas, personas de los pueblos originarios y miembros de organizaciones de las sociedad civil, incluso ambientalistas, con acusaciones de todo tipo, algunas realmente increíbles.
Bajando un poco a casos concretos... ¿Crees que se está dando algún tipo de limpieza para eliminar cualquier oposición?
Claro y la excusa perfecta es el régimen de excepción. Por ejemplo en nuestro país tenemos dos expresidentes siendo juzgados y que están en el exilio. La persecución judicial que se añade a la persecución política. Hay casos como el de una señora que llevaba la foto de su hija en una manifestación civil sobre los presos inocentes y capturaron a la señora también. Es solo un caso, pero es que están acusando desde el primer salvadoreño de a pie y están deslegitimando las luchas como el movimiento de denuncia de los presos inocentes. Al haber miles de presos sin juicio el número de inocentes encarcelado es muy alto. También con un verdadero lawfare neutralizan con diez años de no poder participar en actividades políticas o postularse a un cargo. Una cosa tan simple como una entrevista o unas declaraciones públicas te llevan a esta situación. Recientemente cinco ambientalistas estuvieron un año en prisión por un presunto crimen de hace décadas. Cualquier cosa sirve de argumento. O hay casos como los de Dennis Córdova o Jaime Váldez, cargos políticos de izquierdas, que, con carta de libertad siguen en prisión. O el de Mauricio Ramírez, ex-director de la Policía Nacional, que estuvo tres años encarcelado sin juicio y tras ello lo condenaron justamente a tres años.
Pero ha habido cierta respuesta popular...
Hay situaciones como las de la congelación salarial de todo el personal sanitario y de educación, que provocaron lo que se llamó las marchas blancas (N. de R: la siguiente tendrá lugar este 23 de noviembre) que han movilizado a miles de personas. El gobierno de El Salvador proyecta recortar 121 millones de dólares en el presupuesto del Ministerio de Salud y el de Educación para el año 2025, mientras el de seguridad se aumenta 53 millones. Eso nos dice mucho de lo que está pasando en el país. La primera respuesta del gobierno, uno o dos días después de la marcha es empezar con despidos de maestros, médicos o líderes de la protesta, como fue el caso de la docente Idalia Zúniga, del Frente Magisterial Salvadoreño.
Pero volviendo a Atilio y sus compañeros... ¿Cuál es su situación ahora mismo?
A mi papá no lo hemos visto desde su detención más que una vez como de lejos cuando fue trasladado al hospital de emergencia por una infección abdominal muy seria por su encarcelamiento. Están 15 personas por celda con un espacio e dos por dos para cada una. Se encuentra en la prisión departamental de Santa Ana. Lo único que sabemos es que ha necesitado varias transfusiones de sangre porque en el Salvador las donaciones no son gratis. Se pide a los familiares donar a cambio. De los demás compañeros no sabemos nada. Pepe Melara, otro miembro de Alianza Salvador en Paz, también anciano y diabético, tuvo que ser trasladado al hospital por su grave condición de salud. Pero estos casos son solo una pequeña parte. Este mismo diciembre tenemos el caso de otro juicio contra otro militante de izquierdas y en el Comité estamos también con el caso de Norma Guevara, pendiente de juicio. Nos quitan a nuestros familiares sin posibilidad de verlos.
Y, ante esta cierta impotencia... ¿Qué podemos hacer?
Somos las familiares de los presos políticos los que estamos movilizándonos, pero el movimiento tiene que saltar fronteras. También pronunciarse las organizaciones de derechos humanos sobre los casos y que se hagan públicos. Lo importante es la conciencia, que abran los ojos y miren hacia El Salvador. No solo a todas las cosas hermosas que tiene nuestro país sino a lo que está sucediendo a nuestro alrededor y a costa de qué. De la libertad de nuestra gente.

