Si fuera un votante de derechas…

14 julio, 2023. 07:10

Algunas veces lo he pensado. ¿Qué haría en estas elecciones y con estos mimbres si lo fuera?

El otro día, en el patio de Monipodio que fue el cuadrilátero de Antena 3, a la vista de algo que llamaron debate y que el espectador inteligente, conservador o progresista, debería de clamar contra moderadores, barro, mentiras y ganas de vender publicidad a cualquier precio, me volví a repetir la frase condicional del título.

Creo que, honestamente, si lo fuera, pero, al tiempo, lo alternara con ser demócrata, me habría dado vergüenza ajena escuchar al líder de mi supuesto partido. Es difícil decir tantas mentiras contrastadas por los hechos, los datos, en tan poco tiempo y con tan mala baba.

Si fuera un conservador demócrata, que debe haberlos, la color de mi tez, ya que no la de cemento armado del que intenta ser presidente del gobierno, se habría puesto tan encendida, las exclamaciones de asombro tantas y tan pasmadas, la estupefacción creciente tan enorme que, de inmediato, habría decidido dejar de votar a un partido que encumbra a tales personajes que cambian derechos, intenciones, principios, mentiras, falsedades, invenciones, tretas, embustes, calumnias, chapucerías, maldades, por unos cuantos votos de aquellos que proceden de los hígados del escuchante.

Si fuera un presunto votante conservador, pero demócrata, tendría que cambiar de voto y de personajes. Mi conciencia me rascaría, como una caja de cambios gripada, cada vez que recordase el voto a semejante caja de Pandora. Incluso, votar en blanco, podría ser una opción acorde con la sabiduría y el discernimiento.

Pero ¿y si fuera un votante de la derecha que aplaude las mentiras, de la cavernícola que celebra eslóganes del tipo “que te vote Txapote”, de esa que, por acción u omisión, se parece como una gota de agua a quienes son, casi, simetría de un franquismo de nuevo cuño, verde que te quiero verde, verde de rencor, verde de bilis? Si fuera ese el caso, habría estado celebrando con risotadas y risas cada una de las numerosas mentiras, embustes, tretas, maldades de un personaje que salió, no del frío, sino de un yate pilotado por Marcial Dorado. Hasta ocho grandes embustes le detectaron, más tarde, los comentaristas. Sin contar la malicia con que se adornó en todo momento: acusar de mentir al oponente, repetidamente, para disfrazar, ocultar, meter debajo de una alfombra de Alí Babá, las falsedades propias y embarrar, hacer ruido permanente sin explicar una sola propuesta de ningún tipo que era de lo que se trataba.

Desde luego, si fuera un presunto votante de un partido de derechas al que le importara un rábano la verdad, la transparencia, pulseras rojigualdas en la muñeca y dineros en paraísos fiscales allende la frontera, uno que incluyera mucho en su vocabulario la palabra patriota, pero muy poco las universales de justicia, igualdad, que se escudara mucho en su neoliberalismo y que, al tiempo, pagara sueldos de miseria a empleados suyos…, si fuera un presunto votante de este tipo de derecha retrógrada o ignorante −quizá ambas cosas−, estaría jaleando, en estos momentos, las mentiras del líder y celebrándolas como victorias. Si fuera ese presunto votante de ese tipo de ideología, aplaudiría los robos, corrupciones, sobres del señor M. Rajoy o los que vinieran después, porque, en el fondo, o en la superficie, si estuviera en su mano ser corrupto, ladrón, prevaricador, mentiroso, ese presunto votante lo sería sin pestañear.

Se acabó el debate, la digresión, la hipótesis. No soy votante de esa derecha demócrata, difícil de encontrar, pero existente. Afortunadamente para mí, mucho menos de aquel votante que duda, en realidad, entre votar a uno azul o a otro verde puesto que se parecen tanto, y que es todo lo contrario a la esencia democrática. Mi conciencia, plácida, no me dará óbolos ni premios ni títulos en esos informativos que jalean, igualmente, la falsedad. Pero da dignidad, satisfacción, decencia, honestidad, esa honra que nada tiene que ver con aquella máxima de “Estos son mis principios, si no le gustan, se los cambio por otros”.

Da lástima, sonrojo y rabia a partes iguales. Es triste comprar votos de ese jaez a costa de mentir sin contemplaciones, a costa de hacerlo de manera consciente, a costa de convertirse en un mitómano, en un mentiroso compulsivo. Pero más lástima, sonrojo y rabia da pensar en los que lo votan, finalmente.

Hoy, más que nunca, sé que esta situación la podemos arreglar votando. Convenciendo a quien, en el derecho de sus opciones, todavía cree que, si no lo hace, no pasará nada. Tener, o no, un gobierno con tales falsarios, tramposos, mitómanos o algo peor, es cuestión de que la opción que representa, hoy, a la inmensa mayoría de la izquierda progresista a nivel de país, tenga un porcentaje alrededor, o por encima, del dieciséis por cien. Esa es la clave.


En este especial toda la información del 23J.

Firma

Noticias relacionadas

· PUBLICIDAD ·
· PUBLICIDAD ·
· PUBLICIDAD ·
· CANAL TELEGRAM ARAINFO ·
· CANAL WHATSAPP ARAINFO ·