Escribir sobre feminismo y mujeres no debería ser una tarea difícil para los hombres feministas. Pero lo es. La culpa la tenemos nosotros (masculino plural). Subsumidos en la comodidad del patriarcado capitalista. De esto va mi artículo de opinión, con gafas moradas pero como hombre heteroblanco del primer mundo. Daniel, un privilegiado. Agradezco a mi buena amiga Yolanda sus consejos sobre el enfoque del texto*
En ‘El problema que no tenía nombre’, Betty Friedan nos explicó en los años 60 que los sueños de la mujer se circunscribían a ser una buena madre para sus hijos y una mejor esposa para su marido. El idílico sueño norteamericano de la posguerra, bien narrado por Betty en ‘La Mística de la feminidad’, una obra que cambió la historia, abordando el problema de la realización personal de la hembra, de la mujer, infeliz ante unos roles de género que no le permitían emanciparse. Ser plenamente libre.
Ahora todo tiene nombre y apellidos, quizá demasiados y eso enturbia muchas veces el debate. La hembra sigue estando cuestionada. A golpe de hemeroteca podemos observar cómo el patriarcado sigue insistiendo en dividir el mundo en dos categorías cuyas ropas, cuerpos, sonrisas, formas de andar, intereses, ocupaciones son diferentes. La humanidad es macho y este sigue definiendo a la mujer (Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949).
Las tradwife: este concepto se popularizó entre 2018 y 2020, pero se venía larvando desde una década antes, en redes de la ultraderecha norteamericana. La cuarta ola feminista y el histórico 2017 marca un punto de inflexión, con la Marcha de las Mujeres y la campaña del #MeToo. La batalla cultural estaba preparada y por supuesto se puso en marcha con hombres machistas -youtubers, influencers-, lanzando mensajes y contenidos claramente misóginos. Pero esto no era una tarea fácil. Necesitaban también mujeres, que reprodujeran los roles patriarcales de sumisión.
Las redes aceleran el paso, con Incels, coaches de seducción, hombres de alto valor, el Movimiento por los derechos de los hombres, la “manosfera” (grupos antifeministas impulsados por hombres). Este hilo de Al Descubierto lo explica con mucho detalle.
Y aquí entra en escena RoRo (22 años), que se hizo viral el pasado verano con sus vídeos cocinando y haciendo tareas para su pareja masculina. Una chica joven, que comunica bien y además autodetermina sus decisiones. Ella aparece colaborando en Valencia, tras el desastre de la DANA, viajando desde Madrid con las organizaciones NN y Hogar Social. Ultras, reaccionarios y triple K. ¡Qué sorpresa! Actualmente está participando en un programa televisivo de gente que aspira a ser chef y ella lo deja claro: “yo no soy una creadora de contenido sin más”. Win-win para la reacción.
Los valores tradicionales que difunde, ni siquiera se corresponden con ese estilo de vida, digamos, reducido al ámbito privado. Que cambie todo para que nada cambie. E incluso se retroceda en vindicación feminista.
Y de aquí saltamos al otro lado del precipicio. Las denominadas creadoras de contenido: un fenómeno que podemos contextualizar en la plataforma OnlyFans (130 millones de usuarios registrados), cuyo lado oscuro deviene en una especie de intercambio de servicios sexuales. Un facilitador de la prostitución virtual (recomiendo este artículo de Lorena Ardanuy).
Lily Phillips (23 años) llora tras un polémico reto que consistía en mantener relaciones sexuales con 100 hombres en 24 horas. El documental que grabó posteriormente ha generado un amplio debate, Lily solloza desconsoladamente en un momento del mismo, “no es para chicas débiles. Fue difícil”… La presión de hacerlo bien y disfrutar, y también el hecho de sentirse como un robot que disociaba el hecho de follar una y otra vez, como si estuviera en una cadena de montaje. Es bien sabido que la pornografía es consumida de forma mayoritaria por hombres. Se sostiene por y para lo masculino. Ella es cuestionada pero detrás de todo esto se esconde un mundo de suscriptores, dinero, fama y también nuevos retos, como tener sexo con 1000 hombres. Algo que otras creadoras de contenido quieren imitar. Capitalismo y barbarie.
El sistema sexo/género ofrece un cuestionamiento eterno de la hembra. Haga lo que haga. Ya lo planteaba Kate Millet en 1969 (Política sexual), el éxito del patriarcado es su carácter universal, es su arma psicológica más poderosa, hacerse pasar por un estado natural que está más arraigado que el sistema de clase.
RoRo y Lily, mujeres de éxito, emprendedoras. Libres y cuestionadas. Es lo que quiere el sistema. Maria Mies lo dejó muy claro en su ‘Patriarcado y acumulación a escala mundial’ (2019): la economía política del capitalismo une violencia, un sistema insostenible en lo económico y ecológico y la necesidad de someter a la mujer.
Alba Carrillo -presentadora de televisión y escritora- resume de manera magistral, en un vídeo de 3 minutos, lo que significa la hembra cuestionada. Y lógicamente, no admitimos matices, se es feminista o no seremos nada.
*Termino por el principio, interpelando a los hombres, a que reflexionen sobre su vida diaria, sus opiniones, actitudes, su masculinidad, que debería ser otra, para evitar volver al pasado y para superar los grilletes tóxicos del patriarcado. Ceder, escuchar, amar y construir en igualdad.





